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Sobre los alcances del método freudiano: en los límites de la histeria




Enviado por Rodrigo Barraza



Partes: 1, 2

    1. Apropiación de la
      histeria
    2. Apropiación de la
      historia
    3. Entre la
      sugestión y la resistencia: hacia la
      transferencia
    4. Condiciones
      necesarias de la técnica: a modo de
      conclusión

    El presente ensayo busca
    reflexionar sobre los límites
    que se plantea desde su constitución el método
    psicoanalítico de Freud, entendido
    como modo de intervención e investigación. En este sentido se aborda el
    problema desde dos dimensiones: la histeria, cuadro
    psicopatológico asociado por excelencia al descubrimiento
    freudiano; y la historia, biografía del
    paciente y su particular comprensión desde el psicoanálisis. Desde estas coordenadas se
    pondrán en discusión dos núcleos
    conceptuales (agrupados para el presente trabajo)
    centrales para la técnica del psicoanálisis, a
    saber la sugestión, la transferencia y la resistencia por
    una parte; la neutralidad y la asociación libre por
    otra.

    APROPIACIÓN DE LA HISTERIA

    ¿Qué entendemos por la dimensión de
    la histeria desde la obra de Freud? Para él supone un
    encuentro patológico de importancia práctica, en el
    Hospicio de la Salpêtrière, en el marco de sus
    estudios sobre neuropatología (Freud, 1956[1886]). En este
    contexto se familiariza con los postulados de la escuela francesa
    sobre el tema, particularmente a través de Jean-Martin
    Charcot. Este autor venía dedicando su trabajo desde
    hacía años al problema de la neurosis, en
    particular de la histeria (Freud, 1956[1886]). Desde la
    neuropatología la neurosis supone una enfermedad de los
    nervios, siendo la histeria "apenas un rótulo de
    significado relativamente circunscrito; el estado
    clínico a que se lo aplica se singulariza en
    términos científicos sólo por unos rasgos
    negativos, poco estudiados, y estudiados a disgusto, sobre los
    que por añadidura pesan unos muy difundidos
    prejuicios"
    (Freud, 1950[1886]). Es decir, agrupaba una serie
    de rasgos distintivos (estigmas histéricos según
    Charcot) de corte somático dentro de los que se contaban
    grandes ataques, anestesias, perturbaciones de la vista, etc. En
    gran medida Freud debe a Charcot la circunscripción de la
    histeria en un marco de genuina enfermedad desmarcándose
    de connotaciones simuladoras o fraudulentas.

    Su interés en
    la histeria resulta evidente ya que al poco tiempo le
    dedica un artículo buscando definirla, describir su
    sintomatología, su evolución y posible tratamiento. Siguiendo
    los postulados de Charcot para Freud la histeria toma forma como
    una alteración de la excitación nerviosa, cuyo
    excedente se distribuye por representaciones concientes o
    inconcientes. Las intervenciones apuntan a una
    redistribución de las excitaciones (Freud, 1888). Ya en
    este artículo refiere como método muy eficaz de
    trabajo la hipnosis de Breuer que reconduce al enfermo al origen
    del malestar haciéndolo confesar (Freud, 1888), con
    consecuente efecto catártico.

    Los descubrimientos que Freud realiza consecutivamente
    en el campo de la histeria van circunscribiendo la teoría
    al tiempo que se perfecciona el método de
    intervención/investigación. Se pasa de pensar la
    enfermedad desde el órgano o su función a
    concebir un malestar del sistema nervioso
    en su conjunto (Freud, 1890). La comparación de las
    parálisis conversivas muestran que las histéricas,
    a diferencia de las orgánicas, se comportan como si la
    anatomía
    no existiera (Freud, 1893), al tiempo que la escucha corrobora el
    cariz psíquico y simbólico del síntoma. Se
    homologa desde la histeria una clínica de la defensa a las
    neurosis obsesiva y fóbica (Freud, 1896). Eventualmente se
    suceden el descubrimiento y formalización de lo
    inconciente, la doctrina de la represión y la existencia
    de una sexualidad
    infantil, encontrando el psicoanálisis los pilares
    básicos de su cuerpo teórico (Freud, 1923[1922]).
    Dicho recorrido va aparejado de complicaciones clínicas
    que movilizan la modificación de la teoría para
    poder dar
    cuenta de los distintos fenómenos psicopatológicos
    que, desde la histeria, fue progresivamente abordando el
    psicoanálisis. Ejemplo paradigmático de esto es la
    hipótesis del narcisismo primario y la
    noción de libido narcisista (Freud, 1914-1) que permiten
    dar cuenta en cierto aspecto de la psicosis. Luego
    las neurosis narcisistas se entenderían, desde la segunda
    tópica, como producto de un
    conflicto
    entre el Yo y el Superyó (Freud, 1924[1923]).

    En este sentido podemos decir que la dimensión de
    la histeria comporta el abordaje particular que Freud realiza
    sobre un cuadro previamente descrito y bautizado, desde ciertas
    coordenadas de formación, que rinde como frutos el
    perfeccionamiento de un método particular de
    investigación y tratamiento que permite la
    re-inscripción de la histeria en el marco de la
    teoría psicoanalítica.

    APROPIACIÓN DE LA
    HISTORIA

    La historia individual del sujeto constituye un tema
    fundamental desde los albores del desarrollo
    freudiano. La teoría traumática de la
    seducción, como explicación etiológica de
    las neurosis, postula un estricto nexo entre el trauma
    ocasionador (escena de seducción) y la
    sintomatología, en el campo de lo psíquico (Breuer,
    Freud, 1893-95), siendo relevante para la adquisición de
    una neurosis u otra si tal trauma histórico fue vivido de
    forma pasiva, en la histeria, o activa, en la obsesión
    (Freud, 1896). Sin embargo esta teoría es abandonada por
    cuanto Freud encuentra un sinfín de eventos
    traumáticos que debieron sustentarse en la realidad desde
    la multiplicidad de padres perversos (Freud, 1950[1897]). Por
    otra parte, en lo inconciente no se distingue un signo de
    realidad que permita distinguir la verdad de la ficción
    investida afectivamente; en consecuencia incorpora la
    dimensión de la fantasía sexual (Freud, 1950[1897])
    reformulando radicalmente el problema de la historia y su
    valor de
    verdad. El psicoanálisis no concibe la verdad
    histórica del trauma en su dimensión real, la
    concibe en su dimensión simbólica por medio de la
    incorporación del registro
    afectivo; se desplaza el valor etiológico de la neurosis
    desde lo general a lo particular.

    En este sentido la historia se enlaza con el
    cumplimiento de deseo: la verdad histórica del individuo es
    la verdad de sus modos de satisfacción pulsional, de lo
    cual dan testimonio sueños, fantasías y
    síntomas "dentro de una concatenación que puede
    abarcar también otras formaciones psíquicas"

    (Freud, 1900). De esta forma el síntoma, en tanto
    formación de lo inconciente, ocupa un lugar
    simbólico en relación a los traumas en la medida
    que es sustituto del retorno asociativo de dichas vivencias
    traumáticas (Freud, 1908). En tal sentido el
    síntoma cumple un deseo de forma efectiva en la medida que
    es realización de una fantasía inconciente, al
    servicio
    también del cumplimiento de deseo (Freud,
    1908).

    ¿Por qué la preponderancia del
    cumplimiento de deseo? Porque la pulsión se encuentra
    esencialmente insatisfecha, buscando constantemente su
    satisfacción. Si hay algo que caracteriza la
    prohibición cultural del incesto, y por ende el complejo
    de Edipo, es que existen objetos prohibidos a los que no se puede
    tener acceso sexual. Casualmente, y de ahí que resulte tan
    complejo, dichos objetos son los primeros objetos de
    satisfacción pulsional. "Empieza a anhelar a su propia
    madre en el sentido recién adquirido y a odiar de nuevo al
    padre como un competidor que estorba ese deseo; en nuestra
    terminología: cae bajo el imperio del complejo de
    Edipo"
    (Freud, 1910-1).En este sentido existe un
    núcleo inconciente reprimido primordialmente que determina
    desde la sobreinvestidura del lenguaje
    (Freud, 1915) aquello prohibido: lo que no se puede decir. Parte
    de la historia es indecible para el individuo, en la medida que
    comporta un saber intolerable sobre su deseo.

    Sin embargo existen retoños (representaciones)
    inconcientes de lo reprimido originariamente que buscan retorno a
    la conciencia
    pulsando por su satisfacción. En caso de ser efectivo tal
    retorno, el recuerdo (huella mnémica) puede producir un
    desprendimiento afectivo más intenso para la conciencia
    que la vivencia efectiva antaño reprimida. Por lo tanto la
    dimensión histórica en el psicoanálisis
    considera la función del wiederkehr o retorno de lo
    reprimido, y del nachträglich o efecto a
    posteriori
    . En otras palabras la historia ejerce sus efectos
    resignificando su propio pasado, el cual opera con actual
    vigencia.

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