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Niños hiperactivos: Cómo reconocerlos




Enviado por Eduardo Pinto



Partes: 1, 2

    1. Trastornos asociados
    2. ¿Cuál es la causa de este
      trastorno?
    3. ¿Cuáles
      son los síntomas? ¿cómo
      reconocerlos?
    4. Bibliografía
      recomendada

    Autora:

    Isabel Menéndez Benavente

    Comencemos por definir lo que es la hiperactividad o lo que es
    más exacto de qué hablamos cuando se diagnostica a
    un niño de déficit de atención con hiperactividad. Para que nos
    entendamos, esto quiere decir que es un niño muy inquieto
    y al que le falta la atención de una forma muy
    llamativa.

    La hiperactividad de los niños
    es considerada como normal, cuando se produce dentro de una etapa
    de la vida infantil alrededor de los dos o tres años. El
    que un niño sea inquieto no tiene nada que ver con la
    sintomatología que hoy vamos a abordar en esta información. La falta de atención y
    la inquietud constante en el niño son síntomas que,
    por lo general, los padres comentan primero al médico de
    atención primaria, con frecuencia alertados por los
    profesores y educadores.

    Este trastorno ha recibido muchos nombres en el pasado,
    daño o
    disfunción cerebral mínima, hiperkinesia,
    hiperactividad y déficit de atención…. Pero
    en realidad todo ello engloba una alteración importante de
    la atención que, muy a menudo, se da con una extrema
    actividad en el niño…

    El porcentaje de niños con este problema se estima
    entre el 3 y el 5%, entre los niños en edad escolar,
    siendo seis veces más frecuente en los varones.

    TRASTORNOS
    ASOCIADOS

    Además, aproximadamente, el 40% de los niños con
    este trastorno tienen dificultades en el aprendizaje,
    lo que motiva, si no es tratado adecuadamente, el abandono de los
    estudios en la adolescencia.
    Y casi el 50% de estos niños tienen asociada alguna
    alteración psiquiátrica, sobretodo problemas de
    ansiedad, con rabietas y miedos o depresión
    y baja autoestima, en
    un 20% de los casos, también trastorno de oposición
    en un 25% y todo tipo de trastornos de conducta. La baja
    autoestima, está presente al menos en un 25%. Presentan
    también mayor riesgo de
    presentar conductas antisociales en la adolescencia,
    especialmente si se da en familias de riesgo (abuso de drogas,
    alcoholismo,
    violencia).

    Aunque la sintomatología mejora notablemente con la
    edad, los síntomas pueden persistir en la edad adulta,
    hasta en un 40 a 60% de los casos.

    Fig. 1

    ¿CUÁL ES LA
    CAUSA DE ESTE TRASTORNO?

    Existen factores biológicos y genéticos. Entre
    los no genéticos podemos hablar de complicaciones
    prenatales, perinatales y postnatales.

    Se sabe que predispone a padecer el trastorno el consumo
    materno de alcohol y
    drogas, incluso de tabaco
    también influye el bajo peso al nacer, la anoxia, lesiones
    cerebrales, etc… Los factores ambientales pueden contribuir a
    su desarrollo
    aunque no hablaríamos en este caso de etiología
    pura. Las psicopatologías paternas, el bajo nivel
    económico, la marginalidad, el
    estrés
    familiar, en fin, un entorno inestable podría agravar el
    trastorno.

    Por otra parte desde el punto de vista genético, todos
    los estudios inciden en que la existencia del mismo trastorno en
    hermanos es de un 17 a un 41%. En cuanto a gemelos univitelinos
    el porcentaje de trastorno común es hasta del 80%. Si el
    padre o la madre ha padecido el síndrome sus hijos tienen
    un riesgo del 44% de heredarlo.

    Parece que existe una disfunción del lóbulo
    frontal y por otra parte desde el punto de vista
    neuroquímico existe una deficiencia en la producción de importantes neurotransmisores
    cerebrales. Los neurotransmisores son sustancias químicas
    que producen las neuronas, es decir las células
    nerviosas. Para que se produzca una buena comunicación entre las neuronas y todo
    funcione normalmente debe existir la cantidad adecuada de
    determinados neurotransmisores que en este caso son la dopamina y
    la noradrenalina. En el niño con TDAH existe una
    producción irregular en estos dos neurotransmisores y, por
    ello, la medicación que se les da y de la que hablaremos
    más adelante, está orientada a regularizar la
    producción de esas sustancias…

    Con los adelantos científicos actuales es posible
    visualizar el funcionamiento del cerebro como
    vemos en esta imagen realizada
    por PET (tomografía por emisión de positrones) en
    la que se ven dos cerebros.


    Fig. 2. Tomografía por emisión de positrones
    (PET)

    Uno es el de un niño sin el trastorno y el otro es un
    niño aquejado de TDAH. La parte roja, anaranjada y blanca
    del cerebro del niño sin el trastorno nos indica que
    existe mucha más actividad ante una tarea que requiere
    atención continuada… Falla por tanto la actividad que es
    necesaria para focalizar la atención.

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