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La era de la expansión capitalista




Enviado por fernanda



Partes: 1, 2

    1- Europa y
    América del Norte en la segunda mitad del siglo
    XIX

    2-
    Napoleón
    III y el Segundo Imperio Francés

    3-
    El gobierno de
    Francia

    4-

    5-
    La fase
    revolucionaria

    6-
    La fase
    diplomática y militar

    7-
    Unificación
    Alemana

    8-
    Bismarck y la
    cuestión de Schleswig-Holstein

    9-
    La Guerra
    Austro-prusiana (1866)

    10-
    La
    Confederación de Alemania del Norte

    11-
    La Guerra Franco
    – prusiana y la unificación alemana

    12-
    La Inglaterra
    Victoriana

    13-
    Inglaterra
    durante el reinado de Victoria

    14-
    Estados
    Unidos

    15-
    La
    guerra de Secesión

    17-
    La
    controversia regional

    18-
    La aprobación de la
    esclavitud

    19-
    La
    crisis secesionista

    20-
    La
    guerra civil

    21-
    La guerra y las relaciones
    exteriores

    22-
    El
    final de la esclavitud

    23-
    Resultados de la
    guerra

    24-
    La
    Reconstrucción en los estados del
    Sur

    25-
    Lo
    ocurrido en America y Europa a mediados del siglo
    XIX

    26-
    Bibliografía

    1- Europa y América
    del Norte en la segunda mitad del siglo XIX

    La Revolución
    Francesa y la Revolución
    Industrial habían determinado el nacimiento de una
    nueva sociedad en la
    que la burguesía iba a ocupar el lugar de clase dominante.
    La formación de Estados Nacionales fue uno de los procesos
    característicos de la constitución de la sociedad
    burguesa. Así, Estados poderosos (basándose en la
    similitud del idioma, el parentesco racial, la religión común
    o la situación geográfica) alegando el principio de
    identidad
    nacional y la comunidad de
    intereses, confederaron grupos
    íntegros de naciones.

    Entonces, los acontecimientos mas importantes de esta
    época fueron, en Europa, la
    constitución de los Estados Nacionales, y
    en América
    fue la guerra civil
    de los Estados
    Unidos.

    2- Napoleón III y el Segundo Imperio
    Francés.

    Carlos Luis Napoleón
    Bonaparte nació en París el 20 de abril de
    1808. Era el menor de los tres hijos de Luis Bonaparte (rey de
    Holanda) y Hortensia Beauharnais, y sobrino de Napoleón I
    Bonaparte. Su familia
    había sido desterrada de Francia
    después de la caída de su tío, por lo que el
    joven se educó en Suiza y Baviera. Su madre le
    instruyó en la gloria de la leyenda napoleónica y
    orientó su camino para que restableciera el poder de los
    Bonaparte.

    El joven Luis escribió ensayos y
    tratados con el
    propósito de adquirir popularidad y exponer su programa
    político, en el que se presentaba como un reformador
    social de talante liberal, un militar con experiencia y un firme
    promotor del desarrollo
    agrícola e industrial.

    Encabezó entonces dos rebeliones destinadas a
    derrocar el régimen del rey Luis Felipe I de Orleans en
    1836 y 1840. Fue condenado a cadena perpetua tras ser capturado
    en la última revuelta, pero consiguió escapar de
    prisión en 1846, atrayendo nuevamente la atención del pueblo sobre su persona.

    3- El gobierno de
    Francia

    Una vez que Luis Felipe fue derrocado en 1848, Luis
    Napoleón se presentó como candidato a la
    presidencia de la nueva República francesa y, ante el
    asombro de los políticos veteranos, ganó por una
    mayoría abrumadora, ya que recibió mas de 5.000.000
    de los 7.000.000 de votos.

    Napoleón III reformó el ministerio para
    asegurarse un gabinete devoto de su persona.
    Desacreditó a los legisladores al apelar directamente al
    pueblo por encima de sus cabezas.

    La Constitución prohibía un segundo
    periodo consecutivo para el presidente, y cuando no logró
    que se hiciera una enmienda a esa disposición, Luis
    Napoleón y sus consejeros íntimos prepararon un
    golpe de
    Estado que estalló el 2 de diciembre de 1851.
    Destacados periodistas y diputados de la oposición fueron
    detenidos durante la noche; un levantamiento popular en el barrio
    de Saint Antoine fue aplastado con gran derramamiento de sangre; se
    proclamó el estado de
    sitio en las provincias trastornadas; y Luis Napoleón
    anunció que había salvado las libertades del
    pueblo.

    Después del golpe, se promulgó la
    constitución de 1852 que estableció el
    régimen imperial; el poder
    ejecutivo estaba concentrado en las manos de Napoleón
    III y el poder
    legislativo, dividido entre el emperador y dos asambleas, el
    Senado y el Cuerpo Legislativo, que carecían de poder.

    A pesar de que existían pequeños grupos de
    oposición, el amplio respaldo popular alentó a Luis
    Napoleón a trasformar la II República en el Segundo
    Imperio. Dado que el hijo de Napoleón I fue conocido entre
    sus seguidores como Napoleón II, Luis decidió
    adoptar el título imperial con el nombre de
    Napoleón III.

    Los historiadores dividen su reinado en dos periodos:
    uno de carácter
    dictatorial o Imperio autoritario, que se mantuvo hasta 1860 y
    una segunda etapa marcada por una serie de reformas liberales que
    culminó en una monarquía limitada —el Imperio
    liberal— hasta 1870.

    Durante la primera etapa, Napoleón III
    ejerció un poder despótico. Suprimió casi
    todas las libertades políticas.
    La prensa fue
    vigilada y amenazada incesantemente. Se suprimieron las
    libertades de asociación y de reunión; la
    oposición fue amordazada por la policía. En 1858, a
    raíz de un atentado, se dicto la Ley de Seguridad
    General, que otorgo al gobierno un arma
    terrible contra todos lo adversarios políticos. La
    oposición fue imponente. La mayoría del
    país, satisfecha del orden y de a notable prosperidad, y
    seducida por los éxitos aparentes de la política exterior,
    aprobaba y sostenía al gobierno.

    El casamiento de Napoleón con la condesa
    española Eugenia de Montijo y el nacimiento del
    príncipe imperial parecieron consolidar el
    régimen.

    La segunda etapa liberalizadora se caracterizó
    por el desarrollo de
    una legislación sobre asuntos laborales, la apertura hacia
    el librecambismo y la rehabilitación de los partidos de la
    oposición. Es posible que la empresa
    más perdurable de Napoleón III fuera la
    reordenación urbanística de París
    planificada y dirigida por George Eugène Haussmann. No
    obstante sus éxitos se vieron ensombrecidos por una
    política
    exterior demasiado idealista en ocasiones, que impidió al
    emperador advertir los peligros que se cernían sobre
    Francia:

    • Napoleón III hizo intervenir a Francia en la
      guerra de
      Crimea: el desarrollo de la potencia
      rusa en Oriente y las pretensiones del zar Nicolás I
      sobre Turquía, desataron la guerra de Crimea; la
      batalla de Alma y el sitio de Sebastropol fueron sus
      principales episodios; el tratado de Paris puso fin al
      conflicto.
    • Apoyó al Piamonte en las guerras
      que tuvieron como consecuencia la unificación
      italiana: la alianza de Francia el Piamonte, afianzada por
      la
      entrevista de Plombieres, provoco la guerra con Austria;
      la campaña de 1859, señalada por las victorias
      de Magenta y Solferino, termino con la Paz de Zurich; la
      Lombardia quedo para Piamonte, que cedió a Francia la
      Saboya y el condado de Niza.
    • Inició una serie de expediciones cuyo fin
      era aumentar el prestigio y el territorio del Imperio tanto
      en Indochina como en América
      Latina, concretamente en México donde con el apoyo de los grupos
      políticos más conservadores promovió la
      instauración de un efímero Imperio, en la
      persona de su sobrino Maximiliano de Austria.
    • La amenaza que representaba Prusia, concretamente,
      fue percibida demasiado tarde y el país no estaba
      preparado para hacer frente al conflicto
      que sobrevino en 1870.

    La derrota fulminante del ejercito francés en la
    batalla de Sedan durante la Guerra Franco-prusiana. La ruptura
    estallo en 1870, entre Francia y Prusia. Tuvo como pretexto la
    candidatura de Leopoldo de Hohenzollern al trono de España;
    desde el principio de la guerra, los ejércitos franceses
    fueron aplastados en Alsacia y Lorena. Metz fue sitiada y
    obligada a capitular. La derrota de Napoleón en Sedan
    provocó la captura del emperador, y su régimen fue
    derrocado en París el 4 de septiembre de 1870. Huyó
    al exilio y falleció en Chislehurst (Inglaterra) el 9
    de enero de 1873.

    4- Unificación Italiana

    En el Congreso de Viena de 1815, posterior a las
    Guerras
    Napoleónicas, Italia
    quedó totalmente dividida, sin ningún tipo de
    institución unificadora. Existían tres
    obstáculos para la unidad. El primero era la
    ocupación del reino de Lombardía y Venecia, bajo
    soberanía austríaca, en el norte y
    noreste de la península Itálica. El segundo eran
    los Estados Pontificios, bajo la soberanía del Papa, situados en el centro
    de la península. El tercer obstáculo lo
    constituían un grupo de
    estados independientes.

    El reino de Piamonte-Cerdeña se ocupaba la region
    noroeste de Italia, que se
    había ido extendiendo lentamente desde la edad media y
    era el Estado
    más avanzado de Italia, con capital en
    Turín. Un segundo reino, el de las Dos Sicilias, ocupaba
    la mitad sur de la península. Tres ducados más
    pequeños, Toscana, Parma y Módena, eran gobernados
    por miembros de la dinastía Habsburgo austríaca.
    Todos estos estados eran absolutistas.

    5- La fase
    revolucionaria

    Con anterioridad a 1848, el sentimiento nacionalista
    italiano se limitaba a pequeños grupos de la aristocracia
    y de la clase media. Entre estos últimos eran muy
    numerosos los oficiales del Ejército retirados que
    habían luchado contra Napoleón. En 1820 estos
    grupos ya habían formado sociedades
    secretas, siendo la más importante la de los carbonarios.
    Posiblemente estuvieron más interesados en conseguir
    constituciones y reformas liberales para sus reinos absolutistas
    que en lograr un gran objetivo
    nacional. En 1820 se produjeron revoluciones en Nápoles y
    Piamonte, encabezadas por los carbonarios, y en 1831 tuvieron
    lugar otras en Bolonia, contra el papa Gregorio XVI, y en los
    pequeños ducados de Parma y Módena. Todos estos
    levantamientos fueron reprimidos por la intervención
    armada de Austria.

    El movimiento
    revolucionario adquirió un marcado carácter
    nacionalista gracias al trabajo de Giuseppe Mazzini. Creía
    que Italia debía conseguir, no sólo la independencia,
    sino también la unidad como república integrada. Su
    sociedad secreta, Joven Italia, formó células
    revolucionarias en toda la península. El nuevo papa,
    Pío IX, elegido en 1846, se sumó al fervor
    nacionalista que culminó en las revoluciones de 1848. La
    primera de ellas obligó a Fernando II de Borbón,
    rey de las Dos Sicilias, a otorgar una Constitución a todo
    su reino. Mientras tanto, en Roma, Pío
    IX concedía reformas sorprendentemente radicales. El rey
    de Piamonte-Cerdeña, Carlos Alberto, levantó la
    censura impuesta a la prensa y
    otorgó el denominado Estatuto Fundamental. Tras la
    revolución
    en Viena se sucedieron los levantamientos italianos en contra de
    los austríacos en Milán y Venecia, y Carlos Alberto
    se convenció de la necesidad de declarar la guerra a
    Austria.

    En la primavera de 1848 la independencia,
    o incluso la unidad, de Italia parecía una posibilidad
    inmediata. Sin embargo, los piamonteses fueron derrotados por los
    austríacos, y Carlos Alberto hubo de abdicar en favor de
    Víctor Manuel II. La intervención francesa, que fue
    solicitada por el Papa (lo que le supuso la antipatía de
    numerosos patriotas italianos), acabó con la
    República instituida por Mazzini en Roma, a pesar de
    la heroica defensa de Giuseppe Garibaldi. Sólo en Piamonte
    logró sobrevivir un régimen constitucional. El
    nombramiento del conde Camillo Benso di Cavour como presidente
    del Consejo en 1852, que mantuvo el sistema
    parlamentario y permitió un gran desarrollo
    económico del reino, atrajo la simpatía de
    numerosos liberales italianos que apoyaban la unificación.
    Una política perspicaz, oportunista y flexible
    permitió realizar la unificación de Italia en poco
    más de una década.

    6- La fase
    diplomática y militar

    Cavour, tras involucrar a Piamonte en la guerra de
    Crimea como aliada de Francia, planteó en el Congreso de
    París (1856) la cuestión italiana a Europa.
    Después intentó asegurarse el apoyo
    diplomático y militar del II Imperio Francés,
    encabezado por Napoleón III. En la entrevista y
    acuerdo secreto de Plombières ambos planearon una guerra
    contra Austria, y acordaron que Francia recibiría la
    cesión de Niza y Saboya por parte del Piamonte.

    En la primavera de 1859 Cavour provocó que los
    austríacos enviaran un ultimátum a la capital
    piamontesa de Turín exigiendo el desarme piamontés.
    Cavour rechazó el ultimátum, y en la guerra
    posterior los franceses apoyaron a los piamonteses. Los
    austríacos fueron derrotados en las dos sangrientas
    batallas de Magenta y Solferino; Napoleon III
    firmo, con el emperador Francisco José, el armisticio de
    Villafranca, ratificado por un tratado de paz mediante el cual
    Austria cedía la Lombardia, con su gran ciudad de
    Milán, al Piamonte.

    Los ducados de Toscana, Parma y Módena, y la
    provincia pontificia de la Romania, optaron, mediante plebiscitos
    populares, por la unión con Piamonte, que se había
    convertido en el reino de Italia del Norte en el transcurso de la
    primera mitad de 1860. La inquietud que estos cambios provocaron
    en Napoleón III se calmó con la decisión de
    Cavour, acordada en el Tratado de Turín (1860), de ceder
    las provincias de Saboya y Niza a Francia. Esta medida no tuvo
    buena aceptación en Italia, y enfureció a
    Garibaldi, que había nacido en Niza.

    Cavour, con mucha habilidad, no procedió a la
    anexión del reino de las Dos Sicilias, sino que
    dejó, en apariencia, la iniciativa a un independiente:
    José Garibaldi. Garibaldi en mayo de 1860 embarcó
    en dos pequeños barcos, desde un punto próximo a
    Génova, con un contingente formado por poco más de
    mil jóvenes soldados (‘expedición de los
    Mil’, también llamados los ‘camisas
    rojas’). Desembarcó en Sicilia, que fue ocupada
    rápidamente. Su extraordinaria campaña
    culminó en el mes de septiembre con la entrada en
    Nápoles, poniendo fin al reino de las Dos Sicilias.
    Garibaldi creó un sistema
    dictatorial en Nápoles y se preparó para marchar a
    Roma, lo que
    provocaría un conflicto internacional.

    Con el fin de recuperar la iniciativa, y para
    contrarrestar la proyectada marcha de los Mil hacia Roma, Cavour
    ocupó los territorios pontificios y trasladó un
    ejército piamontés a Nápoles, donde el
    antiguo republicano reconoció como rey a Víctor
    Manuel. Un parlamento que representaba a toda Italia, excepto a
    Roma y a Venecia, proclamó a Víctor Manuel II rey
    de Italia el 17 de marzo de 1861. Cavour murió poco
    después.

    Tras su intervención en la Guerra Austro-prusiana
    (1866) como aliada a Prusia, Italia obtuvo el Estado de
    Venecia por la Paz de Viena.

    A fines de 1861, solo faltaba para completar la unidad
    del reino, incorporar Venecia (en poder de los austríacos)
    y el Lacio, ultima provincia pontificia. El Lacio era importante,
    porque allí estaba Roma, única capital posible para
    los italianos. Los sucesores de Cavour, siguiendo sus métodos,
    terminaron la unión nacional.

    La cuestión veneciana se resolvió mediante
    una nueva guerra con Austria, llevada a cabo en 1866. La firma de
    la Paz de Viena permitió la incorporación de
    Venecia a Italia después de otro plebiscito.

    La cuestión romana solo fue resuelta
    después de la caída del Segundo Imperio
    Francés, en 1870. Los italianos ocuparon Roma. La
    proclamación de la milenaria ciudad como capital de Italia
    fue ratificada, por la mayoría del pueblo romano, en
    octubre de 1870. Pero el Papa Pío IX rehuso de reconocer
    el hecho consumado, y se considero prisionero en su palacio de
    Vaticano. Desaparecieron los Estados Pontificios y,
    transitoriamente, el poder temporal del Papado.

    En 1929, por el tratado de Letrán, firmado por el
    cardenal Gasparini y Benito Mussollini, el Estado
    italiano reconoció la soberanía papal dentro del
    pequeño Estado del Vaticano.

    7- Unificación Alemana

    Alemania, como Italia, había repetido desde 1850,
    el modelo
    político previo a 1848: dividida en múltiples
    Estados, la Confederación Alemana era solo un nombre.
    Restablecido el régimen reaccionario, la influencia
    austríaca se hizo sentir nuevamente. Esta situación
    no mejoró entre 1850 y 1862. Los gobiernos se volvieron
    cada vez más autoritarios y Austria reforzó su
    predominio. Todo parecía impedir la puesta en marcha de un
    plan de unidad
    nacional.

    A pesar de los graves factores que conspiraban contra la
    unidad alemana, había algunos que le eran favorables. En
    primer lugar, la potencia
    económica de Prusia; en segundo lugar, las industrias
    prusianas que revitalizaron a Alemania
    gracias a la Unión Aduanera; por ultimo, la construcción de una importante red ferroviaria. Y si muchos
    patriotas desconfiaban de Prusia, como Estado reaccionario, los
    hombres de negocios
    alemanes deseaban la unión del país bajo la
    dirección prusiana. Consideraban que una
    Alemania,
    así unificada, llegaría a ser la nación
    mas prospera de Europa.

    Otto von Bismarck, un aristócrata prusiano y el
    artífice de la unificación alemana, fue nombrado
    ministro – presidente de Prusia por el kaiser Guillermo I en
    septiembre de 1862. En estas fechas, el gobierno prusiano y la
    Dieta (parlamento) de Berlín se hallaban enfrentados a
    causa del proyecto de
    reforma del ejército elaborado por el Ministerio de la
    Guerra, y que consistía en la ampliación del
    periodo de servicio
    militar obligatorio y en la abolición de los Landwehr, una
    milicia compuesta por ciudadanos. El sector liberal de Prusia,
    que contaba con mayoría en el Landtag (parlamento),
    rechazó esta propuesta por considerarla un conjunto de
    medidas reaccionarias destinadas a incrementar los poderes de la
    corona prusiana y se negó a aprobar el presupuesto de
    defensa. Bismarck, decidido a vencer, gobernó el
    país y recaudó los impuestos sin
    contar con el consentimiento del parlamento.

    8- Bismarck y la
    cuestión de Schleswig-Holstein

    El ministro – presidente deseaba ampliar el territorio
    de Prusia y aumentar su poder a expensas de los estados vecinos
    de Alemania del norte; a su juicio, este plan
    uniría a la mayoría de los prusianos en torno a la Corona
    y, por lo tanto, los liberales quedarían
    aislados.

    Bismarck no contaba con un plan diseñado de
    antemano para llevar a cabo la unificación alemana, como
    declaró en sus memorias. Era
    un hombre
    implacable y estaba dispuesto a aprovechar las divergencias entre
    las otras grandes potencias para lograr sus objetivos. El
    ejército prusiano, recientemente reorganizado y mejor
    equipado, sería el instrumento con el que
    alcanzaría sus objetivos en
    política exterior.

    Su oportunidad llegó en 1863, cuando la
    Confederación Germánica, una unión de
    estados alemanes presidida por el Imperio austriaco,
    protestó ante el intento de Cristián IX de
    Dinamarca por incorporar a su reino el ducado de Schleswig, que
    en esa época se encontraba bajo el control oficial
    de Dinamarca. En el Protocolo de
    Londres de 1852, se había dispuesto que Schleswig quedara
    "indisolublemente" unida al ducado vecino de Holstein, que,
    además, también era miembro de la
    Confederación Germánica. Bismarck pretendía
    sacar provecho de esta complicada disputa en favor de los
    intereses de Prusia y persuadió al emperador austriaco,
    Francisco José I, para que se uniera a Prusia en su
    defensa de los términos del Protocolo de
    Londres, lo que obligaría a Dinamarca a renunciar a su
    soberanía sobre las dos provincias. Se inició
    así la llamada guerra de los Ducados. Las fuerzas
    austríacas y prusianas invadieron Jutlandia. El rey de
    Dinamarca se vio forzado a transferir Schleswig-Holstein a los
    dos vencedores tras la derrota de su ejército en el mes de
    agosto, y las fuerzas de Austria y Prusia ocuparon el territorio
    conquistado.

    9- La Guerra
    Austro-prusiana (1866)

    Después de la victoria, era preciso decidir el
    futuro de los dos ducados: Bismarck deseaba anexionarlos a
    Prusia, una solución a la que Austria se oponía
    rotundamente. Se intentó resolver este asunto de distintas
    formas: en primer lugar, se celebró una conferencia en
    Londres a la que asistieron las grandes potencias; tras el
    fracaso de esta reunión, negociaron directamente las
    naciones en conflicto. Esta última vía tampoco
    condujo a ningún acuerdo y, finalmente, Prusia y Austria
    entraron en guerra el 14 de junio de 1866. Austria contaba con el
    apoyo de gran parte de la Confederación Germánica.
    Prusia firmó una alianza con Italia (a la que
    prometió la provincia austriaca de Venecia en el caso de
    que vencieran), con el fin de presentar dos frentes de
    batalla.

    Los estados alemanes proaustriacos no tardaron en ser
    derrotados por Prusia. El ejército austríaco fue
    completamente aniquilado en Sadowa (Köninggrätz),
    situada en Bohemia, el 3 de julio de 1866. Austria se vio
    obligada a firmar el Tratado de Praga en el que se
    comprometía a renunciar a sus anteriores competencias en
    Alemania.

    10- La
    Confederación de Alemania del Norte

    Prusia se anexionó el reino de Hannover, los
    ducados y otros Estados pequeños. La Confederación
    Germánica fue disuelta. Prusia constituyó, con los
    demás Estados del norte del Main y Sajonia, la
    Confederación de Alemania del Norte. Los reinos de
    Baviera, Wurttenberg y el gran ducado de Baden permanecieron
    independientes, pero firmaron alianzas con Prusia en el campo
    militar y aduanero.

    Tras la victoria prusiana, Italia se apoderó de
    Venecia a pesar de que había sido derrotada por Austria
    tanto en los combates terrestres como navales.

    Bismarck promulgó una nueva Constitución
    para la recién creada Confederación en 1867.
    Guillermo I, rey de Prusia, fue nombrado presidente hereditario
    de la Confederación, mientras que el poder real de la
    misma era otorgado a Bismarck como canciller. Se
    constituyó un Reichstag (parlamento o asamblea
    representativa), elegido por sufragio universal masculino, pero
    con poderes limitados. Los ministros del nuevo gabinete fueron
    nombrados por el Rey. Los liberales prusianos apoyaron a Bismarck
    en esos momentos por sus éxitos recientes, y la Dieta
    prusiana aprobó una ley de
    indemnización para absolverle de todas las acciones
    ilegales realizadas desde 1862.

    11- La Guerra Franco
    – prusiana y la unificación alemana

    Las otras grandes potencias, Francia, Gran
    Bretaña y Rusia, que habían permanecido neutrales
    durante el conflicto, no habían previsto la rapidez y
    magnitud de la derrota austríaca. Napoleón III, el
    emperador francés, exigió a Prusia compensaciones
    por la ampliación de su territorio, y sugirió a
    Bismarck la cesión de algunas zonas de Renania,
    Bélgica o Luxemburgo como posibles
    retribuciones.

    Hacia finales de la década de los sesenta,
    España,
    cuya reina, Isabel II, había sido depuesta recientemente,
    por la revolución
    de 1868, ofreció su trono al príncipe Leopoldo de
    Hohenzollern, pariente de Guillermo I. Napoleón III, que
    no deseaba verse rodeado por Prusia, protestó por esta
    propuesta y la candidatura de Leopoldo fue retirada bajo la
    presión
    del Kaiser. No obstante, Napoleón III insistió
    nuevamente para que Guillermo I ofreciera garantías de que
    la candidatura de Leopoldo no se volvería a presentar.
    Ante esta situación, el embajador francés de Prusia
    se trasladó a Ems para entrevistarse con Guillermo, que se
    encontraba descansando. Éste, indignado porque se pusiera
    en duda su palabra, telegrafió a Bismarck, que se
    encontraba en Berlín, para comunicarle que se negaba a
    ofrecer ninguna otra confirmación al embajador
    francés, al que había despedido. Bismarck
    manipuló el telegrama para que produjera la
    impresión de que un rey de la dinastía Hohenzollern
    había sido insultado, y lo publicó en la prensa.
    Las opiniones de corte nacionalista proliferaron en ambos
    países y Francia declaró la guerra a Prusia el 19
    de julio, encolerizada por el supuesto agravio cometido contra su
    embajador.

    Bismarck también hizo públicas las
    demandas de Napoleón III sobre Bélgica y
    Luxemburgo, lo que reafirmó a Gran Bretaña en su
    decisión de permanecer neutral en el conflicto. Los
    estados alemanes del sur, irritados por los proyectos
    previstos por el Emperador francés para el territorio
    renano, que Bismarck también se encargó de filtrar
    a la prensa, se unieron a Prusia. Los ejércitos de
    Napoleón III fueron derrotados en la batalla de Sedan y en
    Metz; a continuación, los prusianos sitiaron París.
    Napoleón abdicó y se proclamó la III
    República en Francia.

    Se formó un Gobierno de Defensa Nacional que
    intentó organizar la resistencia en
    las zonas no ocupadas del sur del país. Los nuevos
    ejércitos franceses, apoyados por guerrilleros, lucharon
    durante un tiempo contra
    unas fuerzas muy superiores, pero las autoridades se vieron
    obligadas a firmar un armisticio con Prusia el 28 de enero de
    1871, que incluía la capitulación de Parias,
    agotada por el largo sitio sufrido. Francia tuvo que ceder a
    Prusia las provincias de Alsacia y Lorena y pagar una gravosa
    indemnización de guerra (5 mil millones de francos) en
    virtud de lo establecido en el Tratado de Frankfurt.

    El rey de Prusia, Guillermo I, fue proclamado emperador
    de Alemania por otros príncipes alemanes en enero de 1871;
    la ceremonia tuvo lugar en Versalles, donde se encontraba en
    estos momentos el cuartel general del ejército prusiano.
    La Constitución de la ya inexistente Confederación
    de Alemania del Norte fue aprobada definitivamente el 16 de abril
    de 1871, por el segundo Imperio alemán.

    11- La
    Inglaterra
    Victoriana

    Victoria de Hannover

    Alejandrina Victoria nació en el palacio de
    Kensington (Londres) el 24 de mayo de 1819. Su madre, Victoria
    María Luisa, era hija del duque de
    Sajonia-Coburgo-Saafeld; su padre, Eduardo Augusto, duque de
    Kent, era el cuarto hijo de Jorge III y el hermano menor de Jorge
    IV y Guillermo IV, reyes ambos de Gran Bretaña. Cuando
    Guillermo IV ascendió al trono en 1830, Victoria se
    convirtió en su futura sucesora, dado que su tío no
    tenía descendencia legítima. Guillermo IV
    falleció el 20 de junio de 1837 y Victoria fue coronada
    reina a los 18 años.

    Victoria contrajo matrimonio en
    1840 con su primo carnal, Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, a
    quien había conocido cuatro años antes. A pesar de
    que se trataba de un matrimonio de
    Estado, ambos cónyuges se enamoraron, y la reina se
    ocupó de los asuntos de la vida familiar. Tuvo nueve
    hijos.

    Su primogénita, Victoria Adelaida María
    Luisa, fue más tarde emperatriz de Alemania. Su primer
    hijo, Alberto Eduardo, príncipe de Gales y posteriormente
    el rey de Gran Bretaña con el nombre de Eduardo VII,
    nació en 1841. Cuando el
    príncipe Alberto, de mentalidad conservadora,
    convenció a Victoria de que la política liberal
    hacía peligrar el futuro de la Corona, comenzó a
    disminuir la admiración de la reina por este
    partido.

    A partir de 1841, tras la caída del gobierno de
    Melbourne y el ascenso de sir Robert Peel, era ya una ferviente
    defensora del Partido Conservador. Asimismo, la influencia de su
    marido la llevó a cuestionarse hasta qué punto el
    soberano británico debía limitarse a
    desempeñar un papel
    consultivo.

    En 1850, Victoria desafió la autoridad de
    lord Palmerston, ministro de Asuntos Exteriores del gabinete
    liberal que asumió el poder en 1846. En opinión de
    la reina, se debería al menos discutir con el monarca lo
    referente a la política exterior del país.
    Palmerston, independiente y enérgico, ignoró la
    solicitud de la reina. Esta pugna alcanzó su momento de
    máxima tensión en 1851, cuando el primer ministro,
    lord John Russell, que también desaprobaba los métodos
    arbitrarios de Palmerston, le destituyó de su cargo. La
    estima que el pueblo sentía por los soberanos
    disminuyó a causa de sus diferencias con Palmerston, uno
    de los líderes políticos más populares de
    Gran Bretaña. Su imagen
    pública se vio aún más afectada en 1854,
    cuando intentaron impedir la guerra de Crimea. No obstante,
    brindaron su apoyo incondicional a esta causa una vez iniciado el
    conflicto. La reina instituyó en 1856 la Cruz Victoria, el
    más alto reconocimiento al valor en
    tiempo de
    guerra.

    Victoria concedió a Alberto el título de
    príncipe consorte en 1857. Éste falleció
    cuatro años después, y la reina acusó este
    hecho durante el resto de su vida. Evitó las apariciones
    en público y dejó que fuera el príncipe de
    Gales quien cumpliera con la mayoría de los deberes
    protocolarios de la Corona. No obstante, persistió su gran
    interés
    por los asuntos de Estado.

    Varios políticos ocuparon el cargo de primer
    ministro durante la última etapa del reinado de Victoria
    I, pero únicamente el jefe del Partido Conservador,
    Benjamin Disraeli, que presidió el gobierno en 1868 y
    desde 1874 a 1880, se ganó su confianza gracias a su gran
    cultura y
    talento para los halagos. Asimismo, le permitió seguir su
    propio criterio en el nombramiento de cargos religiosos,
    militares y, en ocasiones, políticos.

    Victoria respaldó firmemente la política
    de fortalecimiento y expansión del Imperio
    Británico de su primer ministro; gracias a la
    política emprendida por Disraeli en este sentido, Victoria
    se convirtió en emperatriz de la India en 1876
    (a lo que ella correspondió otorgándole el
    título de conde de Beaconsfield). Sin embargo, Victoria I
    no mantuvo el mismo entendimiento con el jefe del Partido
    Liberal, William E. Gladstone, quien ejerció como primer
    ministro en cuatro ocasiones entre 1868 y 1894; desaprobó
    las reformas democráticas que éste anunció,
    tales como la abolición de la compra de nombramientos
    militares y la legalización de los sindicatos, y
    se opuso firmemente a la concesión del Home Rule
    (autogobierno) a Irlanda propugnada por Gladstone. El líder
    del Partido Conservador, lord Salisbury, que presidió el
    gobierno en tres ocasiones entre 1885 y 1902, contó con
    mayor respaldo por parte de la reina.

    La popularidad de la reina Victoria entre todas las
    clases
    sociales del país culminó en las dos
    últimas décadas de su reinado. Las celebraciones de
    su quincuagésimo (1887) y sexagésimo aniversario
    (1897) en el trono fueron motivo de gran regocijo popular. Muchos
    de sus súbditos disfrutaban en esos momentos de un periodo
    de prosperidad sin precedentes, y el entusiasmo con que
    emprendió la Guerra Boer (1899-1902), hizo aumentar la
    admiración que se sentía por ella en Gran
    Bretaña y en el extranjero.

    Falleció el 22 de enero de 1901. Su reinado, que
    duró 63 años, fue el más largo de la
    historia de Gran
    Bretaña. La mayoría de sus descendientes, entre los
    que se contaban cuarenta nietos, contrajeron matrimonio con
    miembros de diversas casas reales europeas.

    El reinado de Victoria I, al que se denominó 'Era
    Victoriana' se convirtió en símbolo de la
    consolidación del Imperio Británico, fue testigo
    del ascenso de las clases medias y se caracterizó por una
    moralidad profundamente conservadora y un intenso nacionalismo.

    13- Inglaterra durante el reinado de
    Victoria

    El cartismo.

    En 1838, algunos miembros del partido liberal
    organizaron una nueva campaña política en favor del
    sufragio universal. Su programa,
    la Carta del
    Pueblo, incluía Seis Puntos:

    • sufragio universal
    • votación secreta
    • elecciones anuales
    • distritos electorales
    • iguales salarios
      para los miembros del Parlamento
    • abolición de los requisitos de la propiedad
      para quienes se presentaban a una elección.

    Los carlistas organizaron mitines, manifestaciones y
    petitorios durante 1838, 1842 y 1848. Los Seis Puntos del
    cartismo (que hoy son inofensivos) parecieron demasiado
    extremistas en 1839 y 1840, y desagradaron a una legislatura
    dominada por las clases acomodadas. El Parlamento rechazó
    las reformas v encarceló a los agitadores.

    Después de 1848 el cartismo, desgastado,
    perdió fuerza. Las
    revueltas y las manifestaciones fueron duramente reprimidas; la
    oposición y el desprestigio minaron sus filas. El cartismo
    fracasó. No obstante, años más tarde, muchas
    de sus demandas fueron satisfechas.

    La transformación política
    inglesa.

    La transformación de las estructuras
    políticas inglesas comenzó en 1832.
    Las camarillas aristocráticas perdieron influencia en los
    partidos
    políticos e hicieron lugar a los nuevos dirigentes
    burgueses. Los lories y wighs se convirtieron en conservadores y
    liberales. Se estableció un régimen parlamentario
    por el cual, la elección del primer ministro
    dependería, en adelante, del resultado de una
    elección.

    La vida política, dentro del nuevo esquema,
    mantuvo gran regularidad. Ambos partidos alternaron en el poder.
    Hasta 1851, hubo una sucesión de ministerios liberales y
    conservadores. Robert Peel fue, sin duda, el hombre de
    Estado más notable. Entre 1851 y 1865, existió un
    período de predominio liberal, durante el cual Henry
    Palmerston mantuvo la dirección de los negocios. Un
    tercer período se inició después de su
    muerte, con la
    entrada de dos hombres prestigiosos: el conservador
    Benjamín Disraeli y el liberal William Gladstone.
    Aquél hizo votar una segunda reforma electoral que
    otorgó el sufragio a casi un millón de nuevos
    electores; Gladstone instituyó el voto secreto, para
    reforzar la honestidad del
    sufragio.

    El librecambio: motor de la
    economía
    británica.

    El librecambismo era un sistema económico que
    apuntaba a la supresión de todas las tarifas aduaneras.
    Organizado y dirigido por industriales de Manchester tuvo, en
    Richard Cobden, su iniciador. Según él, el
    establecimiento de este sistema resolvería el problema
    social, al mismo tiempo que acrecentaría la riqueza de la
    industria. Se
    podría, en adelante, importar a bajo precio el
    trigo de América; bajaría el costo de vida;
    podrían reducirse los salarios y
    aumentaría la exportación de las manufacturas
    británicas.

    En 1846, Gran Bretaña adoptó el sistema.
    El ministro conservador Richard Peel (apoyando las ideas de
    Cobden) propuso e hizo votar la ley. Tal como Cobden asegurara,
    el librecambio impulsó las industrias
    británicas. Las exportaciones
    hacia la India y los
    países orientales, así como las dirigidas hacia el
    continente, se multiplicaron cada vez más y sus beneficios
    fueron considerables.

    La condición de los obreros especializados
    (recargados a causa del progreso de la producción) mejoró sensiblemente.
    Sin embargo, el crecimiento de la población y la ausencia de una verdadera
    legislación social, hicieron que las masas obreras, a
    pesar del menor costo de vida,
    continuaran en la indigencia.

    La situación social.

    Ya en 1815, Inglaterra había experimentado un
    avance sobre los otros países, desde el punto de vista
    técnico y económico, que se acrecentó hasta
    1840. Durante esos veinticinco años el problema social se
    agudizó. La población había crecido
    rápidamente: de 18 millones de habitantes en 1815, se
    pasó a más de 26 millones hacia 1840. La miseria
    popular aumentó en forma paralela.

    Los campesinos, todavía numerosos, eran apenas
    arrendatarios reducidos por los grandes terratenientes. Los
    obreros, hacinados en tugurios, trabajaban 15 horas por
    día por un salario
    insignificante. Una Ley de Indigentes permitía, en caso de
    desempleo, su
    internación en Casas de Trabajo, más parecidas a
    prisiones que a asilos. No obstante, el escándalo mayor
    consistía en la suerte reservada a las mujeres y a los
    niños,
    empleados masivamente en las nuevas manufacturas o en las
    minas.

     

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