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Principio del uti possidetis




Enviado por juanflo52



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    Indice
    1.
    Introducción

    2. El uti possidetis
    3. La cuestión de
    límites

    4. Con la República de
    Bolivia

    5. Tensión en las
    relaciones

    6. Empréstitos
    extranjeros, sangre y luto en el Chaco.

    7. Las negociaciones
    diplomáticas.

    8. Consideraciones
    finales

    9.
    Bibliografía

    1.
    Introducción

    A lo largo del discurrir de las páginas del
    presente trabajo, será analizado el principio sostenido
    por la República del Paraguay en
    incontables ocasiones, defendiendo el territorio que
    históricamente le correspondió ante potencias
    extranjeras, primero para lograr la consolidación de la
    independencia
    nacional ante los embates anexionistas tanto de la
    Confederación Argentina como
    del Imperio del Brasil, luego
    ante los intereses mezquinos e insaciable necesidad de
    expansión y predominio mundial.

    Y fue esa incansable e insaciable necesidad de
    expansión del gran imperio dominador de la época,
    que usando como tenaza a los gigantes del Plata, fue agotando a
    la floreciente economía del Paraguay, la
    cual, le hacía sombra erigiéndose en la potencia del
    Hemisferio Sur.

    Históricamente el Paraguay defendió su
    territorio aplicando el principio del uti possidetis, pero
    lamentablemente, la barbarie pudo más que la razón,
    pues hasta nuestros días, la República del Paraguay
    jamás contó con una hábil diplomacia capaz
    de hacer primar la tesis
    paraguaya por sobre los sables.

    Nuestro país, pues, fue saqueado, desmembrado,
    diezmado y humillado por naciones hermanas que, pisoteando cuanto
    tratado internacional se haya firmado con el Paraguay y,
    respondiendo a intereses ingleses, hace un siglo se convirtieron
    en los sepultureros del vasto territorio superior en recursos e
    infraestructura.

    Ya dentro del siglo veinte, aún cuando el
    Paraguay se reconstruía sobre sus cenizas, nuevamente
    intereses anglosajones en el Plata inician un conflicto
    "casualmente", de límites
    con la hermana República de Bolivia y,
    estalla una conflagración absurda como todas,
    tiñendo de sangre el
    desierto chaqueño.

    Como se dijo al principio, el presente trabajo, pretende
    hacer una revisión histórica del principio
    sostenido por el Paraguay en cuanto a límites con sus
    vecinos se refiere.

    2. El uti
    possidetis

    Uti possidetis, ita posessionis, voz latina que denota
    "como poseéis, así poseáis", la cual, tiende
    a mantener las situaciones actuales hasta la decisión que
    corresponde en un conflicto de
    límites.

    Según el Derecho
    Romano, la posesión es el poder que
    el hombre
    ejerce sobre una cosa corporal, hecha abstracción de la
    cuestión de saber si se tiene derecho o no a ejercerlo. La
    posesión romana contiene, por consiguiente, dos elementos,
    a saber, la voluntad del hombre
    (animus) y una cosa sometida a ésta voluntad (corpus), es
    decir, que requiere del señorío real y efectivo del
    hombre sobre
    la cosa.

    El sentido de la fórmula analizada, es
    rectilíneo, pues se refiere siempre al hecho material de
    la posesión. El uti possidetis, es pues, la
    posesión mansa y pacífica, independientemente de
    cualquier otro título; es la base natural para delimitar
    entre los Estados las tierras que real y efectivamente
    ocupan.

    No se confunde con la ocupación, la cual, tiene
    por elemento básico un territorio considerado res nullius.
    Por el contrario, el uti possidetis juris, constituye una
    contradicción en sí mismo, desde el momento en que
    juris se refiere a título dominial.

    Algunos publicistas hispanoamericanos, llaman uti
    possidetis juris a una posesión virtual que se deriva de
    la Bula de Alejandro VI y de los tratados que se
    celebraron entre España y
    Portugal delimitando sus posesiones en América, desde el de Tordesillas hasta el
    de San Idelfonso.

    Y, mientras España
    tomaba posesión efectiva del Perú, México,
    Tierra Firme,
    Río de la Plata, y otras tierras, Portugal se
    adueñaba del Brasil, y
    más tarde, de casi toda América
    meridional, sin hacer caso de la Bula Papal, ni de los tratados
    mencionados.

    Ésta ocupación territorial lusitana, se
    debía a que Portugal rechazaba el uti possidetis virtual,
    aplicando el principio romano de la posesión
    material.

    El uti possidetis en la época de la
    emancipación de las colonias españolas, era la
    posesión natural de España, lo que España
    poseía real y efectivamente, con cualquier título o
    sin título alguno, no lo que España tenía
    derecho de poseer y no poseía.

    La tesis del uti
    possidetis, fue siempre sostenida por el Paraguay, el cual
    ocupó de forma pacífica, ininterrumpida y
    efectivamente las tierras de las Misiones, el Chaco Boreal y,
    parte de Matto Grosso hasta el río Yguazu, que luego en
    sucesivas modificaciones administrativas y conflictos
    armados fue perdiendo.

    Los límites primitivos y sus
    desmembraciones.

    Para el análisis de los límites primitivos,
    debemos remontarnos a los antecedentes coloniales, donde
    sucesivas modificaciones administrativas introducidas por la
    Corona Española, y los pactos internacionales de
    ésta con la de Portugal, fueron reduciendo el territorio
    de la Provincia del Paraguay, la cual, durante la conquista
    constituía un dominio bi
    – oceánico, mono oceánico durante la colonia
    y a oceánico al tiempo de la
    independencia.

    Los límites primitivos de la Provincia del
    Paraguay, eran fijados en la Capitulación de Don Pedro de
    Mendoza, cuyas tierras se extendían hacia el norte hasta
    el sur de la Guyanas (línea del Ecuador), al
    oeste hasta las tierras de Almagro y Pizarro y a
    continuación de éstas, tenía doscientas
    leguas de costas sobre el Océano
    Pacífico.

    Hacia el sur, la Capitulación se extendía
    hasta el paralelo 36°57’09", límite austral de
    las doscientas leguas sobre el Pacífico, por
    último, al este lindaba con el Atlántico y la
    línea de Tordesillas.

    En el año de mil quinientos sesenta, a
    raíz de un litigio surgido entre Ñufrio de
    Chávez y Andrés Manso sobre la propiedad de
    la orilla derecha del Río Guapay, comprendida entre
    éste y el Río Parapití, surgió la
    primera desmembración de la Provincia del Paraguay.
    Éste terreno se desmembró con el nombre de Santa
    Cruz, cuyo límite con éste era el Río
    Parapití.

    La segunda desmembración se produjo en el
    año de mil quinientos sesenta y nueve, cuando algunos de
    los territorios de la Provincia fueron excluidos de la
    Capitulación de Juan Ortíz de Zárate, cuyo
    territorio al norte fue limitado hasta el paralelo
    06°20’00", quedando excluida la Amazonia de los
    territorios de la Provincia del Paraguay y, al oeste, la
    región de Cuyo, pasó a la Gobernación de
    Chile.

    En el año de mil seiscientos diecisiete, tuvo
    lugar la tercera desmembración, cuando el Gobernador
    Hernando Arias de Saavedra, solicitó al rey que las
    ciudades que conformaban el Guaira, Villarrica, Santiago de Xeres
    y Ciudad Real, formaran una gobernación aparte, con el fin
    de que contasen con recursos propios
    ante las incursiones de los bandeirantes paulistas; pero, ante
    ésta solicitud, prevaleció el parecer del Virrey
    del Perú, quien propugnó que Asunción
    formara parte de las tres ciudades citadas, conformando
    así la Gobernación del Guairá o Paraguay,
    desmembrándose de ésta la Gobernación de
    Buenos Aires,
    que en ese entonces estaba conformadas por Concepción del
    Bermejo, Corrientes y Santa Fe, siendo el límite entre las
    dos gobernaciones una línea que dividía la tierra
    entre el Pilcomayo y el Bermejo en dos partes iguales, hasta ocho
    leguas antes de llegar al río Paraguay; y entre
    Asunción y Corrientes, el Río
    Paraná.

    La cuarta desmembración durante la colonia, se
    produjo en el año de mil setecientos setenta y siete, tras
    el Tratado de San Idelfonso, el cual legitimaba las
    transposiciones de la Línea de Tordesillas por parte de
    los bandeirantes paulistas, legalizándolas por medio del
    mencionado tratado, el cual dividía al Paraguay con la
    provincia portuguesa del Brasil por medio de los ríos
    Yguazú, Paraná, Ygurey, Corrientes, Paraguay y
    Jaurú.

    En éste sentido, la República del
    Paraguay, después de ser la provincia gigante de las
    indias, pasó a ser, al tiempo de su
    independencia de la Corona Española, en mil ochocientos
    once, una República mediterránea, rodeada por los
    gigantes del Plata – Argentina y
    Brasil -, quienes de una u otra forma, siempre asediaron las
    fronteras del Paraguay, hasta llegar a la primera "guerra total"
    de la historia,
    aún siendo reconocida la tesis del uti
    possidetis

    Pero, de las constantes turbaciones de los
    límites de la República del Paraguay, nos
    ocuparemos caso por caso y, en qué momento el Paraguay
    esgrimió la doctrina del uti possidetis.

    3. La cuestión de
    límites

    Con la República Argentina

    Por el año de mil ochocientos once, el uti
    possidetis del Paraguay estaba constituido por la zona del Chaco,
    desde el Bermejo hasta Bahía Negra y por los treinta
    pueblos de las Misiones ubicados en la banda izquierda del
    Bermejo, los cuales, fueron segregados de él por
    algún tiempo, se le añadieron nuevamente en los
    últimos años del siglo XVIII, límites que
    nunca fueron turbados por la Gobernación de Buenos
    Aires.

    El Real Despacho del veintidós de agosto del
    año de mil setecientos ochenta y tres, nombra Gobernador
    Intendente de la Provincia de Paraguay a Don Pedro Melo de
    Portugal y añade los trece pueblos de las Misiones. En el
    año de mil ochocientos tres, los trece pueblos y otros
    diecisiete, situados entre el Paraná y el Uruguay,
    fueron constituidos en un solo gobierno; pero,
    por Real Provisión del año de mil ochocientos seis,
    Don Bernardo de Velazco se constituyó Gobernador del
    Paraguay y de los treinta pueblos de los indios guaraníes
    y tapes de las Misiones.

    De manera que el Paraguay, al declararse independiente
    de en mil ochocientos diez, por la disolución del
    Virreinato del Río de la Plata, estaba constituido
    territorialmente por Asunción, el país de su
    asiento, el Chaco y los treinta pueblos de las
    Misiones.

    En el año de mil ochocientos diez, siendo
    Tomás de Rocamora el Gobernador de la Provincia de
    Misiones, firmó el acta de reconocimiento de la revolución
    de mayo y de la Junta de Gobierno Buenos
    Aires. Pero los cabildantes, corregidores y caciques de los
    pueblos de Cosme, San Ignacio Guazú, Santa Rosa y
    Santiago, no firmaron, señalando que no entendían
    el significado del nuevo gobierno de Buenos Aires. En realidad,
    fueron influenciados por el subdelegado del Gobierno de
    Asunción, el Coronel Espínola, quien los
    convenció de que estaban más ligados a
    Asunción que a Buenos Aires. Así comenzó la
    disputa por los territorios misioneros entre Asunción y
    Buenos Aires.

    El Gobierno de Buenos Aires reconoció el uti
    possidetis paraguayo mediante el Tratado del doce de octubre de
    mil ochocientos once, donde incluso caía bajo el dominio del
    Paraguay el pueblo de Candelaria.

    El Tratado del doce de octubre de mil ochocientos
    once

    El Tratado del doce de octubre, fue el primer
    instrumento internacional firmado por la República del
    Paraguay, el mismo constituye un Tratado de comercio,
    límites y alianza, que, al cabo de laboriosas gestiones,
    en la mencionada fecha se firmó la Convención que
    articuló los acuerdos "convenientes a la unión y
    común felicidad de ambas provincias y demás
    confederadas".

    Los tres primeros artículos reglaron las
    cuestiones económicas en un todo de acuerdo con las
    pretensiones del Paraguay.

    El artículo cuarto expresaba que "los
    límites de ésta Provincia del Paraguay en la forma
    en que actualmente se hallan, encargándose
    consiguientemente su gobierno de custodiar el departamento de
    Candelaria", hasta tanto el Congreso General estableciera la
    demarcación territorial.

    A pesar de lo establecido en el tratado,
    reconocióse la jurisdicción paraguaya en los
    partidos de Pedro González y Candelaria, – cuyos
    límites eran al norte el río Paraná, al
    oeste el estero del Yverá, al sur, la Sierra Grande de las
    Misiones y al este el río Yguazú-.

    El límite entre el Paraguay y la Argentina, era
    pues, la Sierra Grande de las Misiones. El mencionado Tratado no
    fue ratificado por la Junta de Buenos Aires

    Durante el gobierno del Dr. Francia, no se
    mantuvo ninguna relación diplomática con Buenos
    Aires, pero aún con el férreo auto aislamiento del
    Paraguay por parte del Dr. Francia,
    éste hacía conocer sus puntos de vista sobre los
    derechos
    territoriales del Paraguay de manera indirecta, pues, lo
    hacía a través de la correspondencia con sus
    comandantes de frontera, quienes a su vez, daban a conocer copias
    a los pocos comerciantes que ingresaban al Paraguay.

    En esa correspondencia, el dictador reivindicaba los
    límites del país, afirmando que el Paraguay
    tenía derechos sobre todo el
    Chaco, hasta el río Jaurú y hasta la isla del Atajo
    al sur y, sobre las Misiones hasta el río Uruguay. Esas
    reivindicaciones eran respaldadas por varios fuertes y se
    procedió a la ocupación permanente de las Misiones
    al sur del Paraná. La violación de la soberanía nacional en tiempos de Francia,
    aparejaba una terrible sanción.

    Al asumir Don Carlos Antonio López los designios
    de la república, envió a un comisionado para
    comunicar la ratificación de la independencia, el Gobierno
    de Buenos Aires se negó a hacerlo, por "poderosos e
    invencibles motivos", manteniéndose el statu quo en las
    relaciones entre el Paraguay y Buenos Aires.

    Posteriormente, se firmó en Asunción un
    tratado de límites que nunca ratificado por Buenos Aires,
    que a su vez, tenía interés
    por todo el Chaco, desmembrando de esa manera, la mitad del
    territorio paraguayo, siempre la Argentina demostró una
    actitud hostil
    en cuanto a los límites con la República del
    Paraguay.

    El diecisiete de julio del año de mil ochocientos
    cincuenta y dos, en Asunción, durante un solemne e
    histórico acontecimiento, Juan Ramón
    Derqui firmó un documento que ponía fin a cuarenta
    y un años de incesantes hostigamientos y reanudaba los
    lazos de amistad entre las
    dos naciones del Plata; decía Derqui: "En virtud de los
    plenos poderes que me ha conferido el Excelentísimo
    señor Gobernador y Capitán General de la Provincia
    de Entre Ríos, encargado de las relaciones exteriores de
    la Confederación Argentina y actual Director Provisorio de
    la misma, Brigadier Don Juan José de Urquiza, reconozco en
    nombre de la expresada Confederación Argentina, la
    independencia y la soberanía de la República del
    Paraguay como un hecho consumado, competentemente comunicado al
    Gobierno Argentino en demanda de su
    reconocimiento; hallándose, además, establecidos
    los límites territoriales entre ambos Estados. Declaro en
    nombre y por orden del Excelentísimo Director, que si bien
    éste reconocimiento ha de ser llevado al conocimiento
    del próximo Congreso General de la Confederación
    Argentina, será en el concepto de un
    hecho practicado con la adhesión de los Gobiernos
    Provisionales que lo encargan de representar a la Nación;
    tomando sobre sí el mismo Magistrado Supremo la responsabilidad de instruir de todo ello al
    mencionado Congreso General, sosteniendo su justicia,
    ventajas e importancia; declarando, por tanto, que la
    República del Paraguay está en el derecho de
    ejercer todas las grandes prerrogativas que son inherentes a su
    independencia y soberanía nacional".

    Los albores de la mutilación

    En el año de mil ochocientos sesenta y tres, el
    nuevo mandatario de la Confederación Argentina –
    Mitre – dirigió un mensaje al novel Presidente de la
    República del Paraguay, el Gral. Francisco Solano
    López, – quien asumía ésta investidura en
    mil ochocientos sesenta y dos, al igual que Mitre -,
    indicándole que desearía iniciar una negociación para el arreglo definitivo de
    la cuestión de límites. El gobernante paraguayo
    aceptó tal proposición.

    El Gral. López propuso a Mitre que las
    negociaciones se lleven a cabo en Asunción, a lo que Mitre
    respondió que debían llevarse adelante en Buenos
    Aires, a lo que López respondió con su
    negación, la Confederación declinó de llevar
    a cabo las negociaciones, nombróse entonces como
    plenipotenciario de límites por parte de la
    Confederación a José Mármol.

    Todo éste contacto epistolar a nada condujo, pues
    ni Mármol vino al Paraguay, ni se pudo arreglar
    pacíficamente la cuestión de límites, a
    pesar del ambiente
    aparentemente tranquilo en que se perfilaba, desatándose
    posteriormente la Guerra contra
    la Triple Alianza.

    Desatado el catastrófico conflicto armado contra
    el Paraguay, éste heroicamente y hasta el fin
    defendió la integridad territorial y la independencia de
    la República.

    Tras el fin de la contienda, los aliados se propusieron
    terminar su empresa,
    aniquilar el Paraguay, desmembrarlo territorialmente y terminar
    de saquearlo, la República Argentina siempre sostuvo la
    idea anexionista de "tragarse" la "Provincia Rebelde del
    Paraguay", pretendiendo toda posesión del Paraguay,
    después del año diez, desde la margen derecha del
    río Pilcomayo hasta Bahía Negra, es decir, toda la
    Villa Occidental, pero el Brasil le salió al paso
    postergando ésta pretensión.

    Con respecto a las pretensiones argentinas
    Bartolomé Mitre, profundo conocedor de la historia Americana,
    sostenía que su país sería ampliamente
    beneficiado con el territorio comprendido entre el Bermejo y el
    Pilcomayo, tierra
    ésta que nunca poseyó.

    Tras arduas negociaciones, intrigas, tejes y manejes,
    finalmente en el año de mil ochocientos setenta y seis, se
    procedió a la firma del Tratado de paz, amistad y
    límites entre el Paraguay y la Argentina, conocido como el
    Tratado Machaín – Irigoyen, en éste Tratado,
    se concedía todo territorio comprendido entre el Bermejo y
    el Pilcomayo y se sometía los territorios comprendidos
    entre el río Pilcomayo y el río Verde al arbitraje de los
    Estados
    Unidos, desistiendo la Argentina sus pretensiones sobre los
    territorios situados entre el río Verde y Bahía
    Negra.

    Durante la ocupación del Paraguay, todos los
    archivos
    fueron saqueados por las fuerzas aliadas, pese a esto – las
    escasas pruebas -, el
    Paraguay envió un emisario a Washington para defender los
    derechos de la República, el emisario fue Benjamín
    Aceval, por parte de la Argentina participó en las
    negociaciones su Ministro Plenipotenciario
    García.

    Casi toda la prueba se basó sobre los territorios
    al sur del Pilcomayo, inclusive demostró mejor derecho
    sobre las Misiones, territorio cedido a la Argentina en el
    Tratado Machaín – Irigoyen, todo éste pobre
    alegato desestimó las pruebas
    argentinas.

    En éstas condiciones, el presidente de los
    Estado Unidos
    de América, Mr. Rutheford B. Hayes, dictó su fallo
    el doce de noviembre del año de mil ochocientos setenta y
    siete con éstas palabras: "Hago saber que yo, Rotheford B.
    Hayes, Presidente de los Estados Unidos de
    América, habiendo tomado en debida consideración
    las referidas exposiciones y documentos, vengo
    a decidir por la presente que la expresada República del
    Paraguay, tiene legal y justo título a dicho territorio
    situado entre los ríos Pilcomayo y Verde, así como
    a la Villa Occidental, comprendida dentro de
    él".

    Después de éste fallo, el Paraguay
    tomó posesión efectiva del territorio acordado el
    catorce de mayo del año de mil ochocientos setenta y
    nueve, ante las tropas paraguayas y argentinas formadas, fueron
    saludadas las banderas de ambas naciones con sendas salvas de
    veintiún cañonazos.

    La mutilación estaba consumada, por el mencionado
    tratado que daba finalización a la guerra con la
    Argentina, ésta nos había arrancado la parte del
    Chaco que va desde el Bermejo hasta el Pilcomayo, área que
    abarca una superficie de setenta y cinco mil ciento diez
    kilómetros cuadrados, aparte de los territorios de las
    Misiones, los cuales históricamente dependieron de
    Asunción, siendo reconocidos por el tratado del doce de
    octubre del mil ochocientos once, el cual fue pisoteado por los
    vencedores. Así culmina el Capítulo de
    límites con la Argentina.

    Con la República Federativa del
    Brasil

    Las cuestiones limítrofes con la República
    Federativa del Brasil, son de larga data, pues ellas empiezan con
    el Tratado de Tordesillas, ya que Portugal ambicionaba con un
    férreo espíritu anexionista parte de los
    territorios de la Provincia del Río de la Plata, como se
    dijo en líneas anteriores.

    También, como ya se dijo, Portugal ponía
    en práctica el uti possidetis activo, por medio de las
    ocupaciones de sus bandeirantes paulistas, lo cual dio fruto al
    Tratado de San Idelfonso en el año de mil setecientos
    setenta y siete.

    Pero pese a los compromisos firmados con la corona
    española, los lusitanos, continuaron la ocupación
    de tierras de aquella, llegando a fundar al sur del río
    Jaurú y al oeste del río Paraguay los fuertes de
    Coimbra y Albuquerque, haciendo caso omiso a las protestas de la
    Provincia del Paraguay.

    En el año de mil ochocientos doce, los
    portugueses del Brasil se apoderaron del Fuerte Borbón,
    actualmente Fuerte Olimpo, posesión paraguaya en el Chaco,
    lo cual se demuestra con los innumerables archivos donde
    constaba que Asunción desde la fundación de dicho
    fuerte, siempre había enviado víveres, trasladando
    hacienda, etc., ante éste hecho, la Junta Superior
    Gubernativa, a través del comandante de Villa Real de la
    Concepción, intimó a los portugueses que abandonen
    la posesión chaqueña.

    Los invasores se negaron a abandonar el fuerte, por lo
    que se convocó una reunión de la Junta, el cabildo,
    los oficiales del cuartel, entre otros, para iniciar una
    expedición hacia la Villa Occidental y desalojar a los
    lusitanos que permanecían en el lugar, con una declarada
    actitud
    hostil.

    Entonces, los reunidos iniciaron la campaña para
    la retoma del Fuerte Borbón solicitando donativos de parte
    de los integrantes de la Junta, a de costear los gastos de la
    expedición.

    La expedición partió rumbo al Fuerte
    Borbón al mando de Fernando de la Mora, haciendo escala en Villa
    Real de la Concepción, donde fue informado que fuerzas
    nacionales salidas de esa ciudad, retomaron el fuerte ocupado por
    los portugueses, reincorporándose para siempre al
    territorio nacional.

    En el año de mil ochocientos cuarenta y cuatro,
    el enviado del Imperio del Brasil, José Antonio Pimenta
    Bueno, firmó con la República del Paraguay, un
    tratado de alianza, comercio,
    navegación y límites, con respecto a éstos
    últimos, las partes contratantes se comprometieron a
    nombrar comisarios que examinen y reconozcan los límites
    indicados por el Tratado de San Idelfonso del primero de octubre
    del año de mil setecientos setenta y siete, a fin de
    establecer límites definitivos entre ambos pueblos, Don
    Pedro II se negó a ratificar dicho tratado, pues
    caducó el Tratado de San Idelfonso por medio de la paz de
    Badajoz.

    En vista a la respuesta del Emperador del Brasil, Don
    Carlos A. López, envió en carácter
    de Ministro Plenipotenciario a Juan Andrés Gelly para
    gestionar otro tratado en Río de Janeiro.

    El Brasil pretendía, proyecto de
    tratado de límites mediante, que la frontera con el
    Imperio siga el cauce del Paraná, desde la boca del
    Yguazú hasta el Salto del Guairá, la Sierra del
    Mbaracayú y la del Amambay, hasta las vertientes del
    río Blanco hasta su confluencia con la margen izquierda
    del río Paraguay, quedando neutral el territorio entre
    éste río y el Apa, no pudiendo ser ocupado por
    ninguno de los Estados contratantes en una distancia superior a
    dos leguas del río Blanco.

    Decía el mismo proyecto, en
    cuanto al Chaco, que "la línea divisoria de los
    territorios de ambas partes contratantes sería el arroyo
    Negro, que desagua en el río Paraguay un poco más
    arriba de Fuerte Olimpo".

    El plenipotenciario paraguayo, renunciaba el derecho al
    litoral que se extendía desde bahía Negra hasta el
    río Jaurú, usurpado por los portugueses durante la
    colonia, siempre y cuando con ésta propuesta se redujeran
    las pretensiones brasileñas sobre la Región
    Oriental.

    Inexplicablemente Gelly proponía la
    neutralización de la zona litigiosa situada entre el
    Blanco y el Apa, cediendo el terreno situado entre el Ivinheima y
    el Ygatimí, ofreciendo la zona situada entre éste y
    la cordillera del Mbaracayú, por suerte, el Emperador
    consideró inaceptable la neutralización de dichos
    territorios.

    El mil ochocientos cincuenta, cuando aún quedaba
    pendiente un arreglo de límites la zona del Pan de
    Azúcar,
    tropas brasileñas invadieron de éste cerro, pese a
    los esfuerzos diplomáticos llevados a cabo, el Paraguay
    tuvo que enviar tropas para expulsar a los invasores y, la
    Argentina estaba decidida a reincorporar al Paraguay y
    reconstruir el Virreinato del Río de la Plata, idea que
    inquietaba al Imperio, fue en éstas circunstancias que
    firmó un tratado de mutua asistencia en caso de
    hostilidades de la Confederación.

    En mil ochocientos cincuenta y dos, el Paraguay
    proponía otra vez la misma línea del Salto del
    Guairá al río Blanco, con la neutralización
    del territorio situado entre éste y el Apa; nuevamente fue
    rechazada tal propuesta. En mil ochocientos cincuenta y tres, el
    Imperio dio un ultimátum al Gobierno paraguayo,
    intimándolo a que reconozca la margen derecha del Apa,
    pretensión por demás exagerada e
    inaceptable.

    En mil ochocientos cincuenta y cinco, se expulsó
    a los brasileños que habían ingresado
    clandestinamente a la zona de Salinas, originando un inpasse con
    el Brasil y un apresto bélico de las dos naciones,
    fortificándose Humaitá en espera de la escuadra
    Imperial, enviada por Don Pedro II, quien se sintió
    ofendido por tal expulsión.

    La escuadra al mando del Almirante Ferreira
    d’Oliveira – quien tenía la misión de
    obtener del Paraguay una amplia satisfacción por la ofensa
    recibida y al mismo tiempo un tratado de navegación y si
    fuera posible de límites -, fondeó en Tres Bocas y
    solicitó permiso para continuar hasta Asunción,
    pues venía en misión
    diplomática, recibió permiso de continuar con
    sólo un buque y que la escuadra, se retire de aguas
    territoriales paraguayas, siendo finalmente finiquitado el
    impasse, luego de algunas negociaciones.

    Al verse subsanado tal acontecimiento, se
    procedió a las negociaciones sobre límites. Tales
    negociaciones fueron encaradas por Ferreira d’Oliveira y el
    general Francisco Solano López.

    El proyecto expuesto por el negociador imperial, sentaba
    como única base para cuestiones limítrofes el uti
    possidetis, estableciendo como límites el río
    Paraná, el río Ygatimí, la cordillera del
    Amambay, el río Apa y el río Paraguay, aplicando
    las pretensiones brasileñas de forma
    unilateral.

    El Paraguay nunca hizo efectiva la posesión, sin
    embargo, el Brasil, sosteniendo la misma tesis que el Portugal
    – la de ocupación efectiva y no virtual -,
    ocupó esa zona, de modo que no había lugar al uti
    possidetis pasivo; no se suscribió tratado alguno con
    respecto a los límites; empero fueron firmados tratados de
    comercio y libre navegación entre los Plenipotenciarios de
    las partes contratantes.

    Los tratados de López – Ferreira
    d’Oliveira, produjeron gran indignación en
    Río de Janeiro, se consideró que el Almirante
    había sido burlado, pues, la concesión paraguaya
    era una limosna denigrante para la dignidad del Imperio, por lo
    que el Emperador se negó a ratificar los
    tratados.

    Finalmente, fue enviado José Berges a la capital del
    Imperio, siendo destacado por parte del Brasil José
    María da Silva Paranhos y, tras arduas negociaciones, fue
    mantenido el statu quo de seis años sobre los territorios
    litigiosos.

    El mil ochocientos sesenta y dos, vencía el plazo
    acordado para solucionar el conflicto sobre límites que se
    había acordado luego de las negociaciones entre Berges y
    Paranhos, pese a esto, el Imperio se mostró reticente a
    dar nuevamente inicio a las negociaciones, muy por el contrario,
    burló el statu quo sostenido hasta le fecha, fundando en
    la zona litigiosa las colonias de Miranda y Dourados.

    El Brasil, mantenía la tesis de que todo
    sería arreglado por el uti possidetis, pero por otro lado,
    seguía quebrando el statu quo ingresando sin prisa, pero
    sin pausa al territorio litigioso.

    El gobierno Imperial, se sentía mortificado por
    los reveses diplomáticos sufridos con el Paraguay, pues
    consideraba una indignante afrenta la expulsión del
    Ministro Pereira Leal y el fracaso de la misión Ferreira
    d’Oliveira, desatando el espíritu belicoso del
    Brasil

    Esa agresividad fue denotada de manera inocultable en
    las palabras del diputado Amaro da Silveira: " la guerra, que es
    una calamidad, será un mal, pero entiendo también
    que es un gran medio para que hagamos valer nuestros derechos…
    Por consiguiente, para no renunciar a lo que es nuestro, para
    sostener nuestra dignidad, no debemos retroceder ante este
    medio"

    Como se dijo en su momento, se desató el
    conflicto armado contra el Brasil, la Argentina y el Uruguay, el
    cual asoló el territorio nacional.

    Consumada la aplastante victoria de las fuerzas aliadas,
    se inició la negociación con ellas por separado, pues
    los gigantes de América, aliados para la contienda, luego
    de ella, estuvieron al borde de la guerra por sus pretensiones
    desmedidas.

    El Paraguay, finalmente firmó el tratado de paz,
    comercio, navegación y límites, el cual, lo
    suscribieron el Plenipotenciario brasileño – el
    Barón de Cotegipe – y Carlos Loizaga por parte de la
    República del Paraguay, quien suplantó al Ministro
    de relaciones Exteriores – José Falcón -,
    quien poseía un gran conocimiento y
    capacidad para sostener una discusión histórico
    – jurídica con respecto al uti possidetis
    paraguayo.

    Loizaga firmó el tratado que consagraba las
    estipulaciones del Tratado de la Triple Alianza sin
    variación alguna, perdiendo todo territorio comprendido
    entre el río Ygurey hasta la cordillera del
    Mbaracayú, territorios al norte del río Blanco
    hasta el río Apa, arrancando de la heredad nacional una
    superficie total de sesenta y dos mil trescientos veinticinco
    kilómetros cuadrados.

    Con éste tratado, se puso fin a la guerra con el
    Brasil, que a lo largo de cinco años en alianza con la
    Argentina, desangró sin piedad el suelo paraguayo
    y, de no haber terminado la contienda, el Imperio contaba
    aún con dos millones de negros para seguir la
    campaña contra el Paraguay.

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