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La necesidad de aprender a filosofar (página 8)

Enviado por Lus ngel Ros Perea



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El filósofo Diógenes, desde la antigua Grecia, con sus actos y sus planteamientos nos llamaba a pensar por nosotros mismos; mediante su sarcasmo, burla, mordacidad, "cinismo" e ironía a revelarnos contra la opresión, la alienación, la doble moral y a subvertir el orden establecido. Con su legado filosófico nos enseñó a cuestionar la "legitimidad" vigente, transmutar los valores convencionales, revaluar lo establecido y sacudir los cimientos de la cultura impuesta. Como contestatario e iconoclasta, rechazaba cualquier símbolo que representara el poder dominante. Sus enseñanzas y las de todos los "cínicos" permanecen vigentes porque "atacan puntos clave que siempre estarán presentes en los imaginarios sociales, como son la autonomía, la libertad de expresión y el derecho a la protesta"287.

El docente de filosofía, que tiene que estar muy comprometido con su misión como educador, deberá implementar estrategias y desarrollar habilidades que, inexorablemente, lo orienten por el difícil camino de "enseñar" a los estudiantes a pensar por sí mismos, porque muchos de los jóvenes de nuestro tiempo, tan alienados, "entusiasmados", influenciados y seducidos por el poder, la fascinación y "el canto de sirenas" de la tecnología, la revolución informática, el consumismo, los medios masivos de información, la cultura "ligh", los sucedáneos y su estilo de vida superficial e inauténtico, no tienen ningún interés de pensar, ni mucho menos de pensar por sí mismos. "¿Por qué para la mayor parte de la gente resulta tan difícil pensar por sí misma? Obviamente, por pereza. En vez de esforzarse en encontrar una respuesta propia, trabajo duro donde los haya, es mucho más cómodo consumir las que nos vienen de fuera. En un mundo en el que se puede comprar todo, ¿por qué no las respuestas que se precisan en las distintas esferas de la vida? Si puedo pagar, no necesito pensar. Todos tendemos a la pereza, pero los que tienen posibles pueden permitírsela más fácilmente. Además, el rico vive convencido de que se halla en el mejor de los mundos posibles, opinión que termina por imponer a la sociedad toda; de ahí que pocos se pregunten cómo mejorarlo, ni cómo organizarse fuera de las infinitas opciones que ofrece el mercado堐or cobardía renunciamos a pensar y nos abandonamos a las directrices de otros. Si pensar por sí mismo resulta altamente arriesgado, no ha de extrañar que sean pocos los que se decidan a hacerlo. Aunque por doquier oigamos un clamor que nos invita a pensar por uno mismo, los pedagogos proclamen que la educación consiste en enseñar a pensar y sean muchos los que de puertas a fuera blasonan de no admitir directrices ajenas, se precisa mucho arrojo para pensar por uno mismo"288. Martín Heidegger (considerado por Juan Pablo Feimann como el "filósofo más importante del siglo XX"), ya por allá en 1955, advertía que "la pobreza del pensamiento en el mundo contemporáneo" era un mal que afectaba hasta los mismos filósofos, con lo que se estaba renunciando a nuestra capacidad de pensar. Por ello invitaba a meditar, a pensar, sobre todo cuanto existe. Heidegger precisaba que la vida trivial, la vida inauténtica, es simplemente una huida ante uno mismo para olvidarse y para perderse. El profesor Félix María Moriyón señala que "la enseñanza de la filosofía debe potenciar en el alumno la capacidad de crítica y cuestionamiento de los saberes recibidos, así como la posibilidad de integración de todos esos saberes parciales en un sistema global, en permanente proceso de construcción y reconstrucción"289. El filósofo Fernando Estrada Gallego plantea que la pedagogía del filósofo ha de estar funda en la sensibilización de sus estudiantes para que descubran los sentidos ocultos de las cosas, empezando con sus propias palabras. El educador en filosofía, además de enseñar a aprender a aprender, debe ir "desarrollando en el alumnado la capacidad de pensar por si mismos en cooperación con sus compañeros, de forma crítica y creativa堁demás ayuda a que el alumnado desarrolle una capacidad de criticar lo establecido para poder hacer frente en mejores condiciones a las enormes presiones manipuladoras de los potentes medios de comunicación y de los poderes reales. ...hay que desarrollar la capacidad de pensamiento crítico y creativo del alumnado y dotarles de los instrumentos necesarios para que aprendan a aprender y puedan dar sentido a su vida y al mundo que les rodea堎o se trata de demostrar tan sólo que nuestros alumnos aprenden a razonar en un ejercicio de filosofía, sino que esa capacidad de razonar críticamente la van a ejercer en otros ámbitos de su vida cotidiana, profesional o social"290.

Dentro del horizonte de las "competencias clave o básicas" (combinación de destrezas, conocimientos y actitudes para el desarrollo personal de ciudadanos activos e integrados en la sociedad), que se incorporan al currículo académico, encontramos que las competencia "social y ciudadana" y la competencia "autonomía e iniciativa personal" contribuyen al aprendizaje de pensar por sí mismo, por cuanto la primera permite "formar" estudiantes empáticos y respetuosos de las diferencias y de los principios democráticos, y la segunda fortalece la capacidad de elegir una opción de vida de manera libre, autónoma y responsable, e interiorizar valores como la dignidad, la libertad, la autoestima y desarrollar habilidades para la dimensión personal de afrontamiento.

Para aprender a pensar, es necesario aprender a escuchar. Y "escuchar", en el amplio sentido del término, implica oír o escuchar a los profesores, tutores, orientadores, padres de familia, periodistas, analistas, políticos, personas del "común" y hasta sacerdotes堅n fin, cada uno piensa y opina desde su sabiduría o desde su ignorancia. "Escuchar" también es leer, releer, dialogar, debatir, refutar, controvertir, disentir堐ero no para pensar de acuerdo con nuestros ocasionales interlocutores, sino para embarcarse en la riesgosa aventura de pensar por uno mismo. Con cada uno de nuestros interlocutores tenemos que "ponernos los guantes" (como dijera Nietzsche) para hacer uso de nuestro entendimiento, de nuestra razón, de nuestro espíritu crítico. Ninguno de nuestros interlocutores podrá convertirse en "autoridad" incuestionable, en el poseedor de la "verdad". Cada palabra, cada expresión, cada proposición, cada juicio y cada silogismo deberán someterse al tribunal de la razón, del análisis, de la crítica, del cuestionamiento, del disenso; nada podrá aceptarse como "verdad", así aparezca como una "verdad" provisional. Los demás tiene sus "verdades"; uno tiene la imperiosa necesidad, si es que en realidad quiere ser auténtico, libre y autónomo, de construir sus propias "verdades".

El pensar por sí mismo tiene una íntima relación, un estrecho vínculo y una intrincada dialéctica con el sentido crítico; pensar por sí mismo tiene profundas implicaciones en el desarrollo de nuestro espíritu crítico, de nuestra criticidad. El sentido crítico es la aptitud, la destreza o la habilidad mental para ver los hechos tal como son, para tener en cuenta todas las circunstancias, para desconfiar prudente y racionalmente de uno mismo y de los demás, y para liberarse de todos los prejuicios, dogmas e imposturas. Es esa capacidad para plantearle problemas a la realidad, en búsqueda de respuestas. El estudiante debe saber que el que duda con sentido crítico es un sabio. Pensar por sí mismo nutre el sentido crítico, y éste fortalece en pensar por sí mismo. El espíritu crítico concierne a una actividad intelectual racional destinada a juzgar y a cribar los productos del pensamiento que se articula con el pensar por sí mismo. Si no se piensa por sí mismo y no se desarrolla una mentalidad crítica estamos expuestos a permanecer en "el rebaño", a convertirnos en masa, pensando como el grupo. Si no somos capaces de pensar por nosotros mismos para desarrollar y fortalecer nuestro espíritu crítico, terminaremos pensando como los demás, optando por un pensamiento grupal, que eclipsa el pensamiento crítico. En el prólogo al Discurso del método (www.librodot.com) del filósofo René Descartes se nos dice que "cuando la conciencia del individuo queda reducida a reflejar la conciencia colectiva del grupo social, el pensamiento se hace siervo de los dogmas colectivos; el hombre se recluye en el organismo superior de la nación o clase, y el concepto de lo humano se disuelve y desaparece bajo el montón de reales jerarquías y de objetivas imposiciones sociales". Por lo tanto, es un imperativo despertar, acrecentar y fortalecer nuestro espíritu crítico, nuestra mentalidad crítica, para evitar ser masificados, convertirnos en masa. Como el hombre no existe exclusivamente para sí mismo sino que vive en comunidad con los demás, debe evitar convertirse en masa. El hombre, como ser viviente que convive con otros, experimenta sentimientos de agradecimiento y de reproche, de compañerismo y de amistad, y como es un ser condicionado por su entorno cultural, social, político, religioso, económico, científico y filosófico, debe estar alerta para no masificarse.

Sólo a través del espíritu crítico el hombre experimenta su libertad; solamente una conciencia crítica es libre. No es posible la libertad si no está alimentada por la crítica. La criticidad sólo puede ser ejercida a partir de la autenticidad del sujeto. La conciencia crítica nos ayuda a encontrar nuestro yo auténtico, nuestro yo verdadero.

El espíritu crítico nos permite reflexionar sobre la problemática de nuestro mundo contemporáneo, afectado por las profundas transformaciones científicas, tecnológicas, políticas y el poder de los medios masivos de información, que se reflejan en la forma en que se alteran el cuidado con el planeta y las relaciones interpersonales. La falta de ética en la investigación científica y tecnológica viene afectando notoriamente el equilibrio ecológico y poniendo en peligro el futuro de la tierra. En el campo político, las decisiones tomadas por los gobernantes y los "poderosos" sólo tienen en cuenta sus intereses económicos, ignorando los principios de equidad y de justicia. Los medios de información, dentro de la dinámica consumista, acuden a todo tipo de sofismas para convencernos de que sólo comprando mercancías seremos felices y que la competencia es la única manera de alcanzar el éxito, sin importar que haya que instrumentalizar a los demás "competidores". En este sentido el filósofo, el pensador, debe preguntarse no sólo por su papel frente a la sociedad, por su responsabilidad con el planeta y con las personas que habitan en él, sino con el sentido de su existencia. El hombre no puede perderse y alienarse en la masa. "Las comunicaciones masivas –señala Rafael Méndez Bernal en su análisis de El hombre unidimensional de Marcuse- consiguen reunir de manera armónica, e incluso inadvertida, al arte, la política, la religión y la filosofía con los avisos comerciales, y de esta manera las hermanan con un destino común, indiferenciado e integrador: la condición de mercancía". En opinión de Skinner, las muchedumbres son desagradables e insanas. Son innecesarias para las formas más valiosas de relaciones personales y sociales, y son peligrosas. La masa corre hacia donde los individuos temen pisar弯font>

Pero ¿qué es la masa? El psicólogo social Heinz Dirks define la masa como una "pluralidad de individuos unidos por un vínculo psíquico común de todo tipo puramente instintivo y sentimental... La masa significa una unión interna sin estructuración. Dentro de la masa no existe ningún orden jerárquico o funcional con obligaciones y prescripciones determinadas sino una pluralidad de individuos de igual clase, que, por una voluntad instintiva común, se hallan regidos del mismo modo. La dirección espontánea se realiza a través de una influencia sugestiva, quedando excluida toda crítica racional y sus acciones tienen lugar sin gobierno ni reflexión"291. El hombre masa no es un ser libre y autónomo. En la masa se pierde la individualidad. "El hombre masa es el hombre cuya vida carece de proyectos y va a la deriva. Por eso no construye nada, aunque sus posibilidades, sus poderes, sean enormes"292. Por ello es imperativo huir de la masificación, porque dentro de la masa la persona renuncia cada vez más a su independencia y sólo se rige por lo que hacen y dicen los demás, con el concomitante fenómeno de la despersonalización. Es necesario estar expectante para no perderse en la masa. La inclusión de un individuo en la masa es tanto más fácil cuanto más limitada sea su personalidad. La masa no respeta la diferencia. "La masa -¡quién lo diría al ver su aspecto compacto y multitudinario!- no desea la convivencia con lo que no es ella. Odia a muerte lo que no es ella"293. En consecuencia, no reconoce el derecho a la diferencia.

Según las investigaciones del psicólogo social Gustavo Le Bon, expuestas en su Psicología de las multitudes, las características principales de la masa son la exclusión de la razón en el obrar, el reaccionar de un modo rápido y emocional y una capacidad especial para ser influenciada. Es sorprendente el hecho de que personas tranquilas y razonables puedan sucumbir a la sugestión de la masa y se comporten sin freno bajo su influencia. Es por eso que los fanáticos del fútbol, luego de un episodio de desmanes, no logran comprender después cómo se han podido comportar de tal manera, cosa que nunca habrían hecho en su estado normal. Hay que hacer todo lo posible, a través de las auténticas relaciones sociales, para evitar que nos sumerjamos en el mundo difuso y pegajoso de la masa; mundo que imposibilita la comunicación auténtica.

Las reflexiones del pensador José Ortega y Gasset (compendiadas por Rafael Méndez) refieren que la masa, "la multitud", "el vulgo", es una entidad voluble y vana que constituye el modo de ser de la sociedad occidental. Según el mismo Ortega y Gasset, "masa es todo aquel que no se valora a sí mismo -en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente 룯mo todo el mundo령, sin embargo, no se angustia, se siente a saber al sentirse idéntico a los demás"294. El hombre masa no se exige nada. "No pretende hacer con su vida ninguna cosa particular. No intenta construirse de ninguna manera. Para él, la vida consiste en vivir en cada instante lo que ese instante ya es. La perfección sobre sí mismo es inconcebible. 宯 se valora a sí mismo, no se construye en ningún sentido. 峩ente, decide, obra, piensa y se expresa como todo el mundo. Pero su condición definitiva, que le otorga todo su sentido y significación, es que, ante semejante característica, que llenaría de angustia a un hombre genuino, el hombre masa, se siente tranquilo... A partir de su inauténtica realidad construye su cotidianidad y su proyecto de vida. Su máxima satisfacción reside en fundirse con la multitud, en saberse y sentirse como todos los demás堌a seguridad y comodidad de un tipo de vida semejante redunda en que la masa no soporta nada distinto de ella misma. Cualquier mínima variación le resulta intolerable. Sabiéndose vulgar, el alma masiva se afirma en su vulgaridad, la defiende y afirma, y la pretende en todos los lugares y condiciones. Su voluntad es absolutista y expansiva. La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea, piense, sienta y se exprese como todo el mundo, es rechazado y se encuentra en peligro de perecer"295. Stefan Zweig, en su libro Erasmo de Rótterdam, triunfo y tragedia, señala que "para la masa siempre será más accesible lo abstracto que lo concreto y aprehensible; por ello, en lo político siempre encontrará más fácilmente partidarios todo programa que, en lugar de un ideal, proclame una hostilidad, una oposición bien comprensible y manejable, que se dirija contra otra clase social, otra raza, otra religión, pues, con el odio puede encender fácilmente el fanatismo sus criminales llamas"296.

Sigmund Freud plantea en su Psicología de las masas y análisis del yo que la masa "carece de todo sentimiento de responsabilidad y respetabilidad, y se halla siempre pronta a dejarse arrastrar por la consciencia de su fuerza hasta violencias propias de un poder absoluto e irresponsable. Se comporta, pues, como un niño mal educado o como un salvaje apasionado y no vigilado en una situación que no le es familiar. En los casos más graves, se conduce más bien como un rebaño de animales salvajes que como una reunión de seres humanos". La filosofía de la masa es que nadie debe querer sobresalir; todos deben ser y obtener lo mismo. Dentro de la masa impera "la desaparición de la personalidad individual consciente, la orientación de los pensamientos y los sentimientos en un mismo sentido, el predominio de la afectividad y de la vida psíquica inconsciente, la tendencia a la realización inmediata de las intenciones que puedan surgir"297. La masa, ávida de autoridad, tiene, según las palabras de Gustavo Le Bon, una inagotable sed de sometimiento.

Le Bon precisa que el más singular de los fenómenos presentados por una masa psicológica, es que "cualesquiera que sean los individuos que la componen y por diversos o semejantes que puedan ser su género de vida, sus ocupaciones, su carácter o su inteligencia, el simple hecho de hallarse transformados en una multitud le dota de una especie de alma colectiva", y agrega que "esta alma les hace sentir, pensar y obrar de una manera por completo distinta de como sentiría, pensaría y obraría cada uno de ellos aisladamente. Ciertas ideas y ciertos sentimientos no surgen ni se transforman en actos sino en los individuos constituidos en multitud"298. Mijail Bakunin señala en su Dios y el estado que "desde el punto de vista de su existencia terrestre, es decir, no ficticia, sino real, la masa de los hombres presenta un espectáculo de tal modo degradante, tan melancólicamente pobre de iniciativa, de voluntad y de espíritu, que es preciso estar dotado verdaderamente de una gran capacidad de ilusionarse para encontrar en ellos un alma inmortal y la sombra de un libre arbitrio cualquiera se presentan a nosotros como seres absoluta y fatalmente determinados: determinados ante todo por la naturaleza exterior, por la configuración del suelo y por todas las condiciones materiales de su existencia; determinados por las innumerables relaciones políticas, religiosas y sociales, por los hábitos, las costumbres, las leyes, por todo un mundo de prejuicios o de pensamientos elaborados lentamente por los siglos pasados, y que se encuentran al nacer a la vida en sociedad, de la cual ellos no fueron jamás los creadores, sino los productos, primero, y más tarde los instrumentos. Sobre mil hombres apenas se encontrará uno del que se pueda decir, desde un punto de vista, no absoluto, sino solamente relativo, que quiere y que piensa por sí mismo. La inmensa mayoría de los individuos humanos, no solamente en las masas ignorantes, sino también en las clases privilegiadas, no quieren y no piensan más que lo que todo el mundo quiere y piensa a su alrededor; creen sin duda querer y pensar por sí mismos, pero no hacen más que reproducir servilmente, rutinariamente, con modificaciones por completo imperceptibles y nulas, los pensamientos y las voluntades ajenas. Esa servilidad, esa rutina, fuentes inagotables de la trivialidad, esa ausencia de rebelión en la voluntad de iniciativa, en el pensamiento de los individuos son las causas principales de la lentitud desoladora del desenvolvimiento histórico de la humanidad".

La masificación, según el filósofo Eudoro Rodríguez Albarracín, se refiere a un fenómeno sociológico e histórico inherente al tipo de sociedad industrial, a la cultura de las grandes ciudades, a la insurgencia de grandes conglomerados sociales y, por lo tanto, a procesos que tienen que ver con el tipo actual de civilización. La masificación como fenómeno cultural alude al papel decreciente de la individualidad ante el paso acelerado de una cultura estandarizada hecha para multitudes. La masificación sumerge a las personas en el anonimato y en el aislamiento que generan una vida y forma de vida impersonal, comportamientos masivos y controlables por los medios de información social. Es por eso que en las grandes ciudades el hombre no está tan solo como cuando camina en medio de las grandes multitudes. "Al contemplar en las grandes ciudades –señala Ortega y Gasset- esas inmensas aglomeraciones de seres humanos que van y vienen por sus calles y se concentran en festivales y manifestaciones políticas, se incorpora en mí, obsesionante, este pensamiento: ¿Puede hoy un hombre de veinte años formarse un proyecto de vida que tenga figura individual y que, por lo tanto, necesitaría realizarse mediante sus iniciativas independientes, mediante sus esfuerzos particulares? Al intentar el despliegue de esta imagen en su fantasía, ¿no notará que es, si no imposible, casi improbable, porque no hay a su disposición espacio en que poder alojarla y en que poder moverse según su propio dictamen? Pronto advertirá que su proyecto tropieza con el prójimo, como la vida del prójimo aprieta la suya. El desánimo le llevará, con la facilidad de adaptación propia de su edad, a renunciar no sólo a todo acto, sino hasta a todo deseo personal, y buscará la solución opuesta: imaginará para sí una vida estándar, compuesta de desiderata comunes a todos, y verá que para lograrla tiene que solicitarla o exigirla en colectividad con los demás"299.

¿Cómo sabemos que hemos logrado el desarrollo del sentido crítico, que hemos aprendido a pensar por sí mismos? Cuando se cuestionan sistemáticamente las evidencias. Cuando ningún enunciado logra penetrar en nuestros oídos sin haber sido previa y metódicamente examinado. Cuando hemos comprobado la validez de una proposición. Pero, ¡cuidado! No podemos llevar al extremo el sentido crítico y el pensar por sí mismos. Todo con moderación, inclusive la moderación. En la adopción e interiorización de estas facultades debemos se un poco aristotélicos: estar en el centro y no irnos a los extremos. Hay que ocupar el término medio entre los extremos. Si somos demasiado críticos y exageramos el pensar por nosotros mismos, corremos el riego del alejarnos del "termino medio", del "justo medio", y tornarnos en seres excesivamente racionales, psicorrígidos, inflexibles, "acartonados" y "fríos", con el concomitante riesgo de ser rechazados o "eludidos" por las personas que piensan distinto o que tienen plenamente direccionado su proyecto de vida bueno sin el aporte de ninguna filosofía, ciencia, ideología o religión. Cegados por nuestro exceso de criticidad y de pensar por sí mismos, podemos tropezar con el inconveniente de ir en contra de la realidad; de volvernos defensores acérrimos de ideologías, de dogmas y de modelos de vida. El filósofo, antes que un "reformador", es un intelectual, un pensador.

Si bien es cierto que no sólo los que se dedican al filosofar aprenden a pensar por sí mismo; cualquiera que sepa vivir sabe pensar por sí mismo. Pero la reflexión filosófica facilita esta alta actividad tan crucial en la existencia humana, debido a que nos brinda las herramientas más expeditas y prácticas que lo orientan a uno en tan difícil quehacer, que otras ciencias y otros saberes no poseen o no ofrecen de manera tan evidente.

Filosofar como arte vivir y como "medicina" para la mente

A. Filosofar como arte de vivir.

Si todo lo expuesto en el presente texto con respecto a la importancia de la filosofía y por qué es necesario aprender a filosofar no lo motivan a aprender a filosofar, la temática que prosigue es muy posible que lo interese a ingresar en el universo de la filosofía y del filosofar por cuanto disertaré sobre la filosofía como herramienta, instrumento o mecanismo para aprender el difícil arte de vivir.

Si la filosofía es "amor a la sabiduría", el filosofar nos puede enseñar a saber vivir, a buscar la felicidad, bien u objetivo supremo de nuestra existencia. Precisamente, el quehacer filosófico, el pensamiento filosófico, en sus albores centró sus esfuerzos en la reflexión sobre el arte de vivir, específicamente después de los presocráticos, quienes orientaron sus pensamientos en la investigación de la naturaleza física en búsqueda de las leyes o principios explicativos de la realidad o el ser. La reflexión sobre el ser que iniciaron éstos ha servido de base a todas las ciencias que han surgido desde entonces, porque la reflexión sobre el ser es la reflexión sobre la realidad como totalidad, y cada ciencia es una parte de esa realidad, es una parte de ese todo, de esa totalidad. Sin los presocráticos, por ejemplo, ¿qué sería de la medicina actual, tan útil para aliviar nuestros padecimientos físicos y psicológicos? A partir de los sofistas se inició la indagación profunda sobre el quehacer del hombre, su estilo de vida y su búsqueda de la felicidad. Entonces se originó el estudio de las acciones o actos humanos a través de la ética, considerada como la herramienta para la construcción del hombre, porque éste no nace hecho y terminado, sino que tiene que darse a la tarea de hacerse; tiene que construirse; y así mismo, tiene que darse cuenta y dar cuenta de lo que hace. En procura de nuestro bien ético es procedente reflexionar sobre lo que uno quiere y fijarse en lo uno hace. "Nos corresponde a todos, en cada circunstancia particular y concreta, proyectar y decidir responsablemente lo que vamos a hacer. Para que un hombre pueda vivir éticamente es necesario que tome conciencia de sí mismo tan profundamente que ninguna contingencia se le escape堓ólo cuando se considera la vida éticamente tiene esa belleza, verdad, importancia, seguridad, existencia; sólo cuando se vive éticamente tendrá la propia vida belleza, verdad, importancia, seguridad堠Sólo veo la belleza de la vida cuando la miro éticamente; sólo cuando miro mi propia vida éticamente veo su belleza妱uot;300.

El popular Walter Riso nos demuestra, en su libro El camino de los sabios, cómo un sector de la filosofía grecorromana puede orientar nuestro "arte de vivir", para "vivir con sabiduría", con el aporte de algunos principios o premisas que son el andamiaje para la construcción de nuestro proyecto de vida, como "la coherencia como forma de vida", el "ocuparse de sí mismo", "la tranquilidad del alma", "la autosuficiencia del sabio" y el "vivir conforme a la naturaleza", extraídos de manera ecléctica del pensamiento filosófico de Sócrates, Epicuro, Diógenes (el "cínico"), Epicteto, Marco Aurelio, Cicerón, Aristipo, entre otros. Estos filósofos, que afrontaron las tensiones propias de su contexto, nos dejaron un precioso legado de extraordinario para valor, que ha servido, tanto en esa época como en la nuestra, para "encontrar los medios y las razones que permitan que la vida humana no sólo sea vida, sino vida buena". El camino de los sabios, según su prologuista (el filósofo Miguel Ángel Ruiz García), muestra que mediante "un diálogo vivo con los filósofos antiguos podemos alcanzar y diseñar despectivas sobre nosotros mismos, a pesar de distancia que existe entre el mundo histórico en el que tuvieron lugar sus vidas y sus ideas y el mundo histórico en el que nosotros vivimos y deseamos seguir viviendo las nuestras". Su autor nos invita a reflexionar sobre uno mismo y a elegir concientemente una opción existencial que nos aproxime a una vida mejor, más plena y feliz. Nos pide que nos hagamos cargo de nosotros mismos.

Considero que no sólo los planteamientos filosóficos a que hace alusión Riso en su libro nos brindan valiosos aportes para nuestro "arte de vivir", para "vivir con sabiduría"; también la filosofía de los sofistas, Platón, Aristóteles, Santo Tomás, Descartes, Locke, Spinoza, Kant, Hegel, Marx, Kierkegaard, Nietzsche, Bergson, Sartre, Habermas y muchos otros reconocidos pensadores nos brindan herramientas útiles para la construcción de un proyecto de vida buena, para "el arte de vivir".

Epicuro, que consideraba a la filosofía como la "medicina para la mente", sentenció que era vacío el razonamiento del filósofo que no aliviara ningún sufrimiento humano, "pues de la misma manera que de nada sirve un arte médico que no erradique la enfermedad de los cuerpos, tampoco hay utilidad ninguna en la filosofía sino erradica el sufrimiento del alma" (El camino de los sabios). Este pensador griego, además de proponer que la filosofía era la medicina del alma, planteó que la infelicidad se debía a las supersticiones y a las falsas creencias. ¿Será que aprender a vivir auténticamente (que es uno de los tantos valiosos aportes de la filosofía) no es un quehacer práctico? Marinoff es consciente de que "la filosofía está recobrando su legitimidad perdida como un modo útil de examinar el mundo que nos rodea, mientras el universo nos proporciona nuevos misterios antes de que ni la teología ni la ciencia hayan podido reconciliar los enigmas existentes"301.

Muchos de los llamados libros de "autoayuda" o "autosuperación", en diversas ocasiones, se apoyan en la filosofía; sus autores acuden a ésta para extraer algunos principios, puntos de vista, doctrinas o ideas para sustentar sus "orientaciones". Es verdad que este tipo de "literatura" es objeto de controversia, debate y cuestionamiento; pero si se leen con auténtico sentido o espíritu crítico, sacaremos algún provecho "práctico" de sus "orientaciones", evitando ser alienados, domesticados, cosificados, masificados堼/font>

Además de todo lo anterior, la filosofía genera un inefable goce espiritual y existencial, ya que el amante de la filosofía se solaza con los sorprendentes e interesantes planteamientos y disfruta el zambullirse en la profundidad de los textos filosóficos, que son un extenso mar de sabiduría. El estudiante, el lector de ese tipo de textos, por sí mismo debe experimentar el grato placer y la difícil tarea de encontrar lo que éstos dicen y sugieren en forma clara y ordenada; así mismo, extasiarse con el efecto intelectual y estético que genera este delicioso proceso mental. Según el filósofo Miguel Ángel Ruiz García, el efecto intelectual ocurre cuando los libros remueven nuestros esquemas, prejuicios e ideas con los cuales solemos interpretar nuestra existencia y la de los demás; y el otro efecto, el estético, lo percibimos cuando asumimos como centro de la reflexión filosófica "dimensiones de la vida afectiva y emocional a las que con frecuencia no prestamos la atención que es debida". Pero para entender los textos de filosofía es necesario contextualizarnos, porque "toda obra filosófica hay que enmarcarla dentro del contexto en el cual fue escrita, si bien su alcance explicativo no se limita al marco de una cultura situada y circunscrita, sino que puede seguir iluminando el desarrollo posterior de la humanidad. En este sentido hoy leemos a Aristóteles, Platón y otros filósofos clásicos y nos encontramos con elementos que nos ayudan a entender no sólo su mundo sino también el nuestro", señala la filósofa Blanca Inés Prada Márquez en una conferencia (Filosofía y cultura) dictada en la Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, en 1998.

B. Filosofar como "medicina" para la mente.

A pesar de que "filosofía" y "práctica" son dos términos que algunos no suelen relacionar, lo cierto es que la filosofía siempre ha proporcionado herramientas que las personas puedan usar en la vida cotidiana堅s tan "práctica" la filosofía, que muchas personas acuden a los denominados "consejeros filosóficos", cuando en la psicología, el sicoanálisis o la siquiatría (algunas veces por prejuicios, desconfianza o hipocondría) no encuentran "solución" a sus problemas de "salud mental". Todos llevamos un equipaje psicológico, pero librarse del exceso quizá exija asesoramiento filosófico.

Lou Marinoff, como "consejero filosófico", en su libro Más Platón y menos prozac, señala que existe otra opción para las personas que se muestran insatisfechas o contrarias a las terapias psiquiátricas y psicológicas: el asesoramiento filosófico. "Puesto que las instituciones religiosas oficiales pierden autoridad ante un número creciente de personas –señala-, y que la psicología y la psiquiatría traspasan los límites de su utilidad en la vida de la gente (y comienzan a hacer más mal que bien), muchas personas están cayendo en la cuenta de que la pericia filosófica abarca la lógica, la ética, los valores, los significados, la racionalidad, la toma de decisiones en situaciones conflictivas o arriesgadas; en suma, toda la inmensa complejidad que caracteriza la vida humana". Marinoff aclara que este asesoramiento no ofrece enfoques pseudocientíficos orientados a las patologías ni propone superficiales principios propios de la Nueva Era, sino una sabiduría puesta a prueba por el tiempo y adaptada específicamente para ayudarnos a vivir con plenitud e integridad en un mundo que cada vez resulta más desafiante. "Entre los beneficios de la práctica filosófica se cuentan el modo de hallar la esencia de uno mismo y la valentía de vivir conforme a ella堅l asesoramiento filosófico consiste en ayudarle a dar forma a sus pensamientos sobre todos los retos importantes de la vida y organizar los principios en los que cree, de modo que pueda obrar de acuerdo con ellos堌o que obtendría después de abordar desde una óptica filosófica el asunto que le atañera sería una forma duradera, profundamente arraigada e imparcial, de hacer frente a cualquier obstáculo que surja en su camino, ahora y en el futuro. Encontraría esta verdadera tranquilidad de espíritu mediante la contemplación, no con medicamentos. Platón sí, prozac no. Ello exige pensar con claridad y agudeza, lo cual no está fuera de su alcance. 嬡 psicología y la psiquiatría no tienen nada que decir acerca de la injusticia. Si lo que usted quiere es resolver un problema filosófico, solicite ayuda filosófica", señala Marinoff.

Estos "consejeros", con fundamento en planteamientos filosóficos, tanto orientales como occidentales, logran asesorar con éxito a sus pacientes, porque hay aspectos de la psiquis humana que no encuentran "sosiego" en dichas ciencias. Los asesores apartan la filosofía de los contextos puramente teóricos o hipotéticos y la aplican a los problemas cotidianos de la vida personal, social y profesional. El asesoramiento filosófico, tal como lo concibe Marinoff, permite "aplicar la filosofía al hacer frente a dilemas morales; a conflictos éticos en el ámbito profesional; a dificultades para reconciliar su experiencia con sus creencias; a conflictos entre la razón y la emoción; a crisis de sentido, propósito o valores; a la búsqueda de la identidad personal; a las estrategias que es preciso seguir como padres; a la ansiedad ante un cambio en su trayectoria profesional; a la incapacidad para alcanzar sus objetivos; a los cambios de la mediana edad; a los problemas en sus relaciones personales; a la muerte de un ser querido o su propia mortalidad堅s una guía práctica para los dilemas más frecuentes de la vida堔rata sobre las grandes cuestiones con las que todo el mundo se encuentra en la vida y facilita las respuestas que dieron algunas de las mentes más privilegiadas de todos los tiempos, así como estrategias que le conducirán a la respuesta más valiosa para usted: la suya propia. 峩 usted es curioso, especulativo, reflexivo, analítico y elocuente, puede beneficiarse en gran medida del asesoramiento filosófico堁 diferencia de los médicos y abogados, a quien solemos recurrir porque poseen conocimientos especializados de los que carecemos, los consejeros filosóficos no confiamos forzosamente en la pericia sino en la habilidad general para dirigir una investigación. No le proporcionamos respuestas, sino que le ayudamos a formularse las preguntas más pertinentes. No actuamos necesariamente como autoridades que revelan información que usted desconocía, sino que facilitamos la guía que muchas personas necesitan tras haber olvidado o descuidado el significado de examinarse a sí mismas". La filosofía nos brinda las herramientas para explorar nuestra vida. Cuando uno empieza a descubrirse filosóficamente, la vida puede cambiar.

Gran número de los auténticos problemas que inquietan la existencia humana (en múltiples sentidos) escapan al dominio de estas ciencias, y en búsqueda de respuestas debemos acudir a la filosofía. ¿Será que estas ramas del conocimiento científico podrán decirnos quiénes somos, cuál es el sentido de la vida y cómo conocernos genuinamente a nosotros mismos? ¿Será que tienen la solución "concreta" o la respuesta adecuada para una persona que no le encuentra sentido a su vida o que esté sumido en una profunda angustia existencial, producto de no abordar con sentido crítico el aparente pesimismo implícito en el Existencialismo? El psicólogo y filósofo Víctor Frankl aclara que muchas personas con problemas, no están enfermas de la psique sino de su dimensión espiritual, es decir, no le encuentran sentido a la vida. Abraham Maslow, psicólogo de la llamada "tercera fuerza", precisa que la búsqueda de sentido de la vida, de la verdad, de la relación profunda, de la libertad interior, de la realización de un ideal a favor de los demás, son motivaciones de crecimiento y de autorrealización. Pero, ¡eso sí! Encontrarle sentido a la vida, más que una búsqueda es una construcción. Y esto nos lo advierte claramente el aludido Ricardo Peter en el texto citado cuando afirma que la expresión "búsqueda del sentido" si no se entiende como algo que hay que edificar, levantar, cimentar, más que escrutar, perseguir, encontrar, no devela, pues, valga la redundancia, su verdadero sentido. En términos propios, no hay búsqueda, sino construcción, del sentido de la vida. Para construir el sentido de la vida, hay que encontrar primero el sentido del ser, y éste lo ha ayuda a encontrar la reflexión metafísica, la reflexión filosófica. Aceptar el sentido del ser es la primera inversión ética y antropológica; el segundo, el sentido de la vida, hay que construirlo, realizarlo堓in el sentido del ser se produciría, usando una expresión de Frankl, la "ontización del ser" y, en este contexto, el sentido de la vida se debilita, se desvanece. El fluir de la vida se diluye: se nos escapa de las manos堅l sentido de la vida está subordinado al sentido del ser, como la existencia lo está al ser y como, a su vez, el sentido está supeditado a la orientación堐ara construirnos como seres humanos lo primero es no fallarnos como seres humanos.

No se puede desconocer que la psicología otrora era parte de la filosofía, y que "científicos" como Sigmund Freud (sicoanalista), Carl Jung (sicoanalista), Wilhelm Wundt, Burrhus Frederic Skinner, William James, John Dewey y Jean Piaget (sicólogos) y Karl Jásper (siquiatra), entre otros, elaboraron algunos planteamientos filosóficos, es decir, filosofaron. "Incluso después de que la psicología cobrara un peso importante, la filosofía y la psicología siguieron siendo disciplinas gemelas hasta entrado el siglo XX", aclara Marinoff. El psicoanálisis, considerado como una terapéutica y como una interpretación de la realidad humana en su conjunto, en opinión del filósofo Jaime Rubio Angulo, no es una disciplina filosófica, sino una disciplina al servicio de la filosofía. No olvidemos que el filósofo Tomás Hobbes fue el primer científico político y el primer psicólogo empírico. Hay quienes afirman que el filósofo Federico Nietzsche fue el más profundo de los sicólogos. "Efectivamente, sus críticas contra el cristianismo en su esencia misma堳on trabajos de psicología más que de apologética o crítica, y los argumentos que utiliza son de la misma especie con que ataca la civilización contemporánea, a la que acusa de nihilista y decadente", aclara Fernando Savater en su libro Nietzsche en la historia de la ética. Por su parte, el filósofo Herbert Frey, en su libro Nietzsche, el filósofo de nuestro tiempo y del mañana: reflexiones sobre Nietzsche como filósofo, afirma que "Nietzsche visualizó filosóficamente y con maestría psicológica el nihilismo europeo en su origen histórico y la modernidad manifiesta en todas sus formas: en la ciencia y el arte, en la economía y la política." Así mismo, señala que "la psicología de Nietzsche apareció como clave de su obra con una significación creciente". El mismo Nietzsche planteó que "concebir la psicología como yo lo hago, bajo las especies de una morfología y de una genética de la voluntad de poder, es una idea que no se le ha ocurrido a nadie, si bien es cierto que a partir de todo lo que se ha escrito, se puede adivinar también lo que ha pasado en silencio". François de la Rochefoucauld, escritor y filósofo moralista francés, en sus obras analiza las motivaciones y la psicología del ser humano.

A pesar de ser dos saberes interdependientes, la aparente "ruptura" entre filosofía y psicología se presentó cuando surgió la psicología conductista (en pleno auge del Positivismo), desconociéndose que la filosofía es incompleta sin la cosmovisión sicológica. Un psicólogo conductista (precisamente) como Rubén Ardila, quien reconoce que hubo un período de desconfianza mutua entre psicología y filosofía, que se está comenzando a superar, nos dice en su Síntesis experimental del comportamiento que "gran parte de la psicología contemporánea se caracteriza por un profundo interés por los fundamentos filosóficos堬os psicólogos han empezado a reconocer la importancia que tiene la filosofía para comprender las bases conceptuales de su disciplina堅n este interés filosófico los psicólogos han seguido muy de cerca los físicos, que comenzaron hace varias décadas a interesarse por los problemas filosóficos". En concepto de Miguel Ángel Ruiz García, entre la psicología y la filosofía existe una relación práctica que beneficia a éstas. Walter Riso indica que la filosofía y la psicología son los caminos para abrir las puertas de la "buena vida". "La primera tiende a generar las metas, la orientación, la significación y la reflexión general, la sana costumbre de saber hacer preguntas. La segunda se interesa más en las técnicas, en lo operativo y en lo que la ciencia aporta, la sana costumbre de buscar soluciones" (El camino de los sabios).

Son muchos los que no comparten los fundamentos del conductismo (que no tiene en cuenta la conciencia ni la vida mental, y plantea que toda conducta es una respuesta a algún estímulo o agente del ambiente, que el ser humano puede ser condicionado, y que la conducta humana puede explicarse siempre con la fórmula estímulo-respuesta), como en el caso de Lou Marinoff que indica que "嬡 psicología conductista nunca nos proporcionará unos principios éticos, los cuales constituyen una de las piezas clave de la vida humana, y un tema al que se consagra toda una rama de la filosofía... los conductistas convierten a las personas en unos seres demasiado superficiales y omiten nuestros ricos universos mentales"; en tanto que el psiquiatra y filósofo Luís Carlos Restrepo precisa que el conductismo considera al ser humano como simple producto del ambiente, resultado de la interacción de variables que pueden ser medidas, corregidas y manipuladas. En su libro La Trampa de la Razón, Restrepo nos advierte que un hombre reducido a sus hábitos, obligado a la adaptación y la eficacia, es el siervo que necesitan los señores de la industria y de la guerra para jugar en el ajedrez del mundo sus ambiciones geopolíticas. Según el psicólogo Charles Morris, una de las premisas del conductismo es "si no puedes ver algo ni medirlo, más vale que nos olvidemos de ello" ya que la psicología sólo se debe limitar al estudio del comportamiento observable y medible.

El conductismo reduce los actos a mera causa-efecto, en una concepción determinista del ser humano, queriendo desconocer que somos mucho más que nuestros condicionantes y que la vida va más allá de una serie de respuestas establecidas. "La psicología, a su vez, fracasa cuando está desprovista de un punto de vista filosófico, y ambas disciplinas no han hecho sino empobrecerse como resultado de su bifurcación. Algunas áreas de la filosofía, como la lógica, están situadas claramente al margen de la psicología, lo cual no implica que, por regla general, la filosofía se fundamente en la observación, en los datos, en la percepción, en las impresiones; y todo ello se adentra en el territorio de la psicología. Cuando contemplamos el mundo, no siempre vemos con claridad lo que tenemos delante; los rasgos peculiares fisiológicos y las interpretaciones subjetivas casi siempre intervienen. Esta interpolación (la diferencia entre objeto y experiencia) es pura psicología, y ningún punto de vista filosófico se sostiene sin ella", agrega Marinoff.

Es cierto que algunas personas sacan un relativo provecho de la psicología, pero la comprensión de las cosas no termina ahí, porque la psicología fracasa cuando está desprovista de un punto de vista filosófico. "El equilibrio entre los enfoques psicológico y filosófico es lo que en definitiva será más ventajoso para la mayoría de la gente", precisa Marinoff. Muchos buenos psicólogos son muy filosóficos. Y los mejores filósofos también son psicológicos. Aunque la psicología quizá logre entresacar algunos hilos de conocimiento, ésta jamás revelará el complejo tapiz de la naturaleza humana en toda su extensión. "La psicología no puede llevarle tan lejos, por más promesas que lea en la cubierta del último éxito de ventas. Para integrar todas las revelaciones concebibles (las psicológicas son sólo un tipo de ellas) en una visión del mundo (una filosofía personal) que resulte coherente y práctica, lo que necesita es filosofía堌a atención psiquiátrica o el asesoramiento psicológico de buena calidad pueden constituir un apoyo valioso y eficaz para solucionar muchas clases de trastornos personales堐or desgracia, con demasiada frecuencia la psicología y la psiquiatría han aspirado a catalogar las enfermedades de todo el mundo, tratando de diagnosticar a cualquiera que entrara en sus consultas en busca del síndrome o trastorno que sería la causa de su problema堠Las personas que luchan por hallar una manera de comprender y manejarse en un mundo que cada día es más complejo no tienen por qué verse etiquetadas con un trastorno, cuando lo que en realidad están haciendo es avanzar por caminos consagrados a la búsqueda de una vida más satisfactoria. 奬 asesoramiento filosófico es el que ofrece una mayor variedad de enfoques prácticos y duraderos de los problemas más comunes que llevan a las personas a pedir ayuda, y obviamente llena los espacios en blanco que dejan otras clases de asesoramiento", advierte Marinoff."

La psiquiatría tampoco consigue manejar de forma conveniente los problemas cotidianos de los que la mayor parte de la gente siente necesidad de hablar. A causa del énfasis posfreudiano que se pone en las enfermedades de origen biológico con síntomas mentales o emocionales (y en la receta de medicamentos para controlarlos), la psiquiatría únicamente afecta a una parte muy pequeña de la población. Quienes padecen disfunciones debido a enfermedades físicas que escapan por completo a su control (como los maníacos depresivos) se ven aliviados con la medicación. Para hacer frente a un problema de esta clase, debe dirigirse a la consulta del psiquiatra. Ahora bien, si su problema está relacionado con la identidad, los valores o la ética, lo peor que puede hacer es permitir que alguien le endilgue una enfermedad mental y le extienda una receta. Ninguna pastilla hará que se encuentre a sí mismo, que alcance sus metas o que obre como es debido. Si la raíz de su problema es filosófica, no hallará nada en los estantes de la farmacia que le proporcione un alivio duradero堁sí como la medicación es posible que resulte útil en casos puramente psicológicos o físicos, la filosofía puede proporcionar una ayuda complementaria en cualquier caso que sea tratado con medios físicos o psicológicos. Incluso en los casos psiquiátricos en el sentido más estricto de la palabra, como la necesidad de litio para un maníaco depresivo, la filosofía puede ser de ayuda una vez que el enfermo se muestre médicamente estable堕na de las razones por la que tantos pacientes tropiezan con dificultades para ser fieles a la medicación (incluso cuando dicha medicación les da buen resultado) es que, de un modo u otro, no se sienten ellos mismos cuando la toman. Esto nos lleva al núcleo de la más filosófica de todas las preguntas: "¿Quién soy yo?" Tal vez necesite redescubrir su propio ser bajo el influjo de la medicación. Y esto, a su vez, conduce al tipo de preguntas "¿Qué me hace ser yo?" y "¿Qué soy además de mi cuerpo físico?" que constituyen el pan de cada día de los filósofos堦iquest;Cómo sabrá lo que debe hacer si no se conoce a sí mismo?... Por supuesto, conocerse a sí mismo tiene una vertiente psicológica, así como otra física, pero, a la larga, descubrir la esencia más íntima de su ser es una tarea filosófica. La idea de que todos los problemas personales son enfermedades mentales constituye prácticamente una enfermedad mental en sí misma. Su principal causante es la irreflexión y la mejor cura la lucidez. Y ahí es donde la filosofía entra en juego堃omo consejero filosófico soy un abogado en defensa de los intereses de mis clientes. Mi trabajo consiste en ayudar a las personas a comprender con qué clase de problema se enfrentan y, mediante el diálogo, desenmarañar y clasificar sus componentes e implicaciones. Les ayudo a encontrar las mejores soluciones: un enfoque filosófico compatible con su propio sistema de creencias y, al mismo tiempo, en consonancia con principios de sabiduría consagrados que contribuyen a llevar una vida más virtuosa y efectiva堅s el diálogo, el intercambio de ideas en sí mismo, lo que resulta terapéutico", indica Marinoff.

Por más que tratemos de confiar "ciegamente" en el conocimiento y la investigación rigurosamente científica, acudiendo a las "comprobadas" y reputadas ciencias como la psicología, el sicoanálisis o la psiquiatría, hay "problemas" del dominio exclusivo de la filosofía que estas ciencias no podrán solucionar o darles una respuesta, especialmente los dilemas éticos, morales o políticos que también perturban la psiquis humana堦quot;Aunque filosofía y práctica son dos palabras que la mayor parte de la gente no suele relacionar, lo cierto es que la filosofía siempre ha proporcionado herramientas que las personas puedan usar en la vida cotidiana. Tanto Sócrates, que se pasaba el día debatiendo cuestiones de gran importancia en el Ágora, como Laozi, que recopiló sus consejos sobre cómo seguir el camino del éxito evitando todo perjuicio, querían que sus ideas fuesen de utilidad. La filosofía, al principio, era una forma de vida, no una disciplina académica; es decir, no solo objeto de estudio sino también de aplicación. No fue hasta el siglo pasado, aproximadamente, cuando la filosofía se vio consignada a un ala esotérica de la torre de marfil, llena de avances teóricos pero desprovista de toda aplicación práctica", puntualiza Marinoff.

Influencia de la filosofía y de los sistemas filosóficos

La influencia de la filosofía y de los sistemas filosóficos ha sido, es y será demasiado valiosa. Desde el mismo instante en que surgió el pensamiento racional, el amor por la sabiduría, la filosofía, los paradigmas que ésta viene estableciendo, de acuerdo con su auténtica naturaleza, han venido sufriendo cambios radicales que de, una u otra manera, afectan e inciden en la historia y en algunas ciencias como la física, la astrofísica, las matemáticas, la química, la antropología, la epistemología, la pedagogía, la lógica, la política, el derecho, la economía, la medicina, la psicología, el psicoanálisis, la sociología, la tecnología y otros aspectos de la existencia: ética, moral, valores, educación, investigación, ontología, metafísica, gnoseología堼/font>

El saber reflexivo, riguroso y sistematizado (la filosofía) es el más práctico de todos los saberes, debido a que todo hombre, aun el de la vida cotidiana y el científico que no hace profesión de filosofía, construye su imagen total de la vida y del mundo y de ella vive; sin la reflexión filosófica, ni se encuentra el hombre a sí mismo en el mundo, ni puede encauzar su obrar, ni poner en paz su vida afectiva. La filosofía occidental ha sido la que ha plasmado nuestra civilización.

La filosofía griega (que comenzó con los Presocráticos, quienes se preguntaron por el origen y la naturaleza de las cosas) inició una marcha que nos ha llevado a las profundidades de la naturaleza con los últimos descubrimientos de la física atómica; nos ha acercado a los astros con la maravillosa tecnología de la astrofísica, ha unido a todos los hombres con los hilos invisibles pero efectivos de las comunicaciones modernas y nos ha permitido penetrar y descubrir los arcanos misterios del hombre a través de la medicina, sociología y psicología actuales. Los primeros filósofos tuvieron una inquietud común: buscar el fundamento de todo, es decir, el principio de donde todo procede, de lo que todo está hecho. Un principio es un comienzo, algo que impulsa el inicio de algo.

Los filósofos clásicos, Sócrates, Platón y Aristóteles, retomando, confrontando y perfeccionando los planteamientos de sus predecesores, y creando sus planteamientos propios, establecieron un extraordinario y genial sistema de pensamiento que ha influido demasiado en la cultura occidental y que tiene una formidable vigencia en la actualidad.

Los filósofos presocráticos constituyen el fundamento histórico y sistemático del platonismo. Platón y Aristóteles crearon sistemas tan profundamente pensados que sirvieron de fundamento a toda la filosofía occidental posterior. Sus sistemas, de máxima altura en la historia del filosofar, han permanecido como modelos de la más profunda y verdadera reflexión filosófica.

Aristóteles, considerado por el consenso histórico como el más grande filósofo de todos los tiempos, sistematizó todo el pensamiento griego e implementó el llamado realismo aristotélico que sirvió de paradigma ontológico y metafísico hasta el Renacimiento, sin que su vigencia como filósofo hubiera llegado sólo hasta esa época.

El francés Renato Descartes (1596-1650), con su espíritu moderno, partiendo de un pensamiento auténticamente original, instauró un nuevo sistema (idealismo) que se convirtió en el paradigma de la modernidad que impulsó la ciencia y el progreso, y que aún conserva cierta vigencia, dada la genialidad de este formidable pensador, que incursionó también en el campo de las matemáticas y otras ciencias. El idealismo cartesiano, que contribuyó al surgimiento del racionalismo y el empirismo, se consolidó con pensadores como Benito Spinoza (1632-1677), Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), John Locke (1632-1704), George Berkeley (1685-1753) y David Hume (1711-1776), y fue llevado hacia sus más altas cumbres de perfección por Inmanuel Kant (1724-1804) y Georg Wilhelm Hegel (1770-1831). Con Hegel, el idealismo alcanza su más alto grado de desarrollo y perfección. El idealismo ha sido el sistema que más profundamente ha incidido en la cultura occidental moderna, debido a que dio origen a la ciencia y al progreso, y, de una u otra manera, todavía sentimos su evidente influencia en nuestra manera de hacer, de ser y de pensar.

Con el surgimiento de filósofos como el alemán Kart Marx (1818-1888) y el francés Augusto Comte (1798-1857), en el siglo XIX, se supera, en cierta medida, el idealismo y se inauguran otros paradigmas: el marxismo, producto de la genialidad de Marx, y el Positivismo, planteado por Comte. El marxismo (reacción y superación del idealismo) se constituyó en el paradigma de lucha del socialismo en contra del capitalismo, además de ser el modelo del materialismo ateísta. El Positivismo, como reacción a la metafísica (y contra la filosofía misma), se convirtió en el paradigma que despertó una exagerada pasión por los hechos y la ciencia (hasta degenerar en un cientificismo o cientismo, que consiste en otorgar demasiada importancia a las ciencias, aun por encima de las demás actividades humanas, porque supuestamente la ciencia es capaz de resolver todas las inquietudes que el hombre pueda plantearse). Estos dos últimos paradigmas tuvieron gran vigencia durante la segunda parte del siglo XIX y comienzos del XX.

Con el ánimo de superar el universo frío, mecánico y materialista, tanto de la mecánica clásica (con su noción de reversibilidad y eternidad) como del positivismo (y su cientificismo), aparece el pensador Henri Bergson (1859-1941) tomando como punto de partida de su análisis la crítica a la consideración positivista acerca de los fenómenos psíquicos. Bergson, para quien la filosofía del ser es la filosofía de la vida, se entregó con renovado empeño a la empresa de representar la vida y la libertad en su específica realidad y significado. Disentía de la mecánica clásica y del positivismo porque, con su visión unilateral, se centraba en lo externo, en lo superficial de las cosas, el espacio y la extensión, desconociendo la interioridad del hombre, la vida de la conciencia, la libertad y la espontaneidad. Es así, como en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, como reacción a la subjetividad, producto del idealismo, nacieron otros sistemas que dieron origen a nuevos paradigmas, como el vitalismo, el personalismo y el historicismo con una corta y relativa influencia, excepto el utilitarismo y el pragmatismo que son paradigmas y formas de vida y de producción en Inglaterra y los Estados Unidos con una evidente y contundente vigencia. Pero a mediados del siglo XX entró en escena el existencialismo (reacción contra el idealismo, el racionalismo, el positivismo y el materialismo), un revolucionario sistema que centró su quehacer y su pensamiento en la existencia del hombre concreto con toda su problemática existencial. Este paradigma ejerció gran influencia en su tiempo y continúa, aunque no tan arrolladoramente, hasta nuestros días. A pesar de que cada paradigma filosófico ha sido superado por otro, cada uno sigue ejerciendo alguna vigencia en la actualidad; ninguno de ellos ha sido superado, desechado u olvidado definitivamente.

¿Quedan dudas sobre la utilidad de la filosofía? Como queda demostrado, la filosofía fue, es y será demasiado útil en la cultura, la política, la sociedad, la economía, la ideología, la ciencia, la educación, en fin, en la vida misma堦quot;La aventura del pensamiento filosófico comenzó hace dos mil quinientos años. Pero no vaya a creerse que, por ejemplo, la obra de Platón sólo sirve para satisfacer la frívola curiosidad de los eruditos. Por el contrario continúa siendo una útil y fascinante herramienta para mejorar nuestra destreza en la comprensión de la realidad, dar mayor rigor a nuestro pensamiento, afinar nuestra capacidad de juicio, favorecer criterios propios, acertar más nuestras decisiones"302.

Reflexión inquietante.

Muchos sostienen (¿con cierto fundamento?) que algunas personas del "rebaño" ("borregos"), sin mentalidad crítica, adormecidos con el aletargador somnífero del éxito, también son "felices". En su mundo de alienación y masificación religiosa, deportiva o consumista, encuentran ingredientes para orientar su búsqueda de la esquiva felicidad. Su cotidianidad, ajena al quehacer filosófico, igualmente les permite construir proyectos de vida relativamente buena. Si la finalidad principal de la vida, de la existencia, es la búsqueda de la felicidad, quien sabe buscarla, logrará acercarse a ella, viviendo su aquí y su ahora, lejos de la ansiedad, de la depresión, de las neurosis, del estrés y las preocupaciones de la vida moderna, pensando, sintiendo y actuando coherentemente, con alegría, entusiasmo y optimismo.

A pesar de la vehemente defensa de la filosofía realizada en el presente trabajo y de su comprobada eficacia como herramienta para pensar y vivir mejor, no solamente ella es el camino hacia la lejana felicidad, puesto que en otros saberes y quehaceres, el ser humano es posible que encuentre sentido a su vida, triunfe y trate de ser feliz, en la medida en que las circunstancias internas y externas así lo permitan堓in embargo, la persona, para ser genuinamente, auténticamente feliz necesita filosofar. Porque ¿cómo se puede ser feliz sin saber de dónde vengo, a dónde voy, dónde me encuentro, qué sentido tiene mi vida, que va a ser de mí, qué caminos me pueden conducir a alguna parte?

Referencias bibliográficas

(1) SAVATER, Fernando. Las preguntas de la vida. Ariel, Barcelona, 1999, p. 279.

(2) SAINT-DROME, Orestes. ¿Cómo elegir a su filósofo? Editorial Vergara, España, 2003.

(3) MENDEZ, Rafael. Clásicos del pensamiento resumidos. Círculo de Lectores, 2000.

(4) SAVATER, Fernando. Op. Cit. P. 266.

(5) Ibídem. Op. Cit. P. 268.

(6) ADLER, Mortimer J. Cómo leer un libro. Universidad de la Tercera Edad.

(7) CRUZ VELEZ, Danilo. El Misterio del Lenguaje. Planeta, Bogotá, 1995, p. 106.

(8) Ibídem. Op. Cit. P. 106.

(9) Ibídem. Op. cit. p. 106.

(10) Ibídem. Op. cit. p. 196.

(11) Ibídem. Op. cit. p. 108.

(12) Ibídem. Op. Cit. P. 109.

(13) DEHÁQUIZ M., Jorge. ¿Enseñar filosofía o aprender a filosofar? Editorial ASED, Bucaramanga, 1995, p. 17.

(14) Ibídem. Op. Cit. P. 18.

(15) SALCEDO, Andrés. Sofía en el país de las maravillas. Revista Cromos. Bogotá, julio 3 de 1.995, p. 80.

(16) SAINT-DROME, Orestes. Op. cit. p. 180.

(17) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. La Ciudadanía Mundial. Planeta, Bogotá, 1993, p. 213.

(18) SAVATER, Fernando. Op. Cit. P. 16.

(19) VARIOS. Filosofía 5º. Búho, Bogotá, 1987, p. 203.

(20) Ibídem. Op. Cit. P. 9.

(21) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. Op. Cit. P. 40.

(22) LYOTARD, Juan Francisco. ¿Por qué filosofar? Paidos, Barcelona, 1996, p. 80.

(23) RODO, José Enrique. Ariel. Ediciones Universales, Bogotá, 1986, p. 93.

(24) Ibídem. Op. cit. p. 95

(25) Ibídem. Op. cit. p. 98

(26) SAVATER, Fernando. Op. Cit. P. 15.

(27) VELEZ CORREA, Jaime. Op. cit. p. 25.

(28) Ibídem. p. 1.

(29) Ibídem. p. 2.

(30) Ibídem. p. 4.

(31) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. Op. cit. p. 41

(32) SALAZAR BONDY, Augusto. Iniciación filosófica. Editorial Arica, Lima, 1969, p. 16

(33) MONDOLFO, Rodolfo. En los Orígenes de la Filosofía de la Cultura. Editorial Imán, Buenos Aires, 1942.

(34) GARCIA TUDURI, Mercedes y Rosaura. Introducción a la Filosofía. Minerva brooks, La Habana, 1973, P. 26.

(35) DEHÁQUIZ M., Jorge. Op. Cit. P. 18.

(36) SAVATER, Fernando. Op. Cit. P. 204

(37) VELEZ CORREA, Jaime. Op. Cit. P 25.

(38)VARIOS. Enciclopedia Temática Guinness. Editorial Printer Latinoamericana, Bogotá, 1995.

(39) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. Op. cit. p. 39

(40) SAINT-DROME, Orestes. Op. Cit.

(41) DICCIONARIO BREVE DE FILOSOFIA. P. 356.

(42) SAINT-DROME, Orestes. Op. cit. p. 182.

(43) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José. Antropología. USTA, Bogotá, 1993, p. 54

(44) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. Op. Cit. P. 20.

(45) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José. Op. Cit. P. 60.

(46) ENCICLOPEDIA SUPERIOR DEL CIRCULO DE LECTORES. Ediciones Nauta, Bogotá, 1994, p. 64.

(47) BARRAGAN LINARES, Hernando. Filosofía moderna. Usta, Bogotá, 1993, p. 128.

(48) Ibídem. Op. Cit. P. 132.

(49) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José. Op. Cit. P. 60.

(50) SAVATER, Fernando. P. 20 y 21.

(51) Ibídem. Op. cit. p. 21.

(52) Ibídem. Op. cit. p. 21.

(53) HAWKING, Stepehn W. La Historia del Tiempo. Editorial Crítica. Barcelona, 1992, p. 223.

(54) SAVATER, Fernando. Op. Cit. P. 18.

(55) VARIOS. "Albert Einstein. Sobre la teoría de la relatividad y otras aportaciones científicas". Sarpe, Españana, 1984, p. 99.

(56) Ibídem. P. 206.

(57) SAVATER, Fernando. Op. Cit. P. 269.

(58) Ibídem. P. 269.

(59) BARRAGAN LINARES, Hernando. Op. Cit. P. 132.

(60) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José. Op. Cit. P. 60.

(61) VENTURA GOMEZ, Ignacio. Revista Muy Interesante No. 84, p. 59.

(62) Ibídem.

(63) Ibídem.

(64) MENDEZ BERNAL, Rafael. Clásicos del pensamiento universal resumidos. Círculo de Lectores, Bogotá, 2000.

(65) Revista ¡Despertad! 22-sep-03, p. 19.

(66) Ibídem. P. 20.

(67) Revista Muy Interesante No. 42, p. 35.

(68) Revista Muy Interesante No. 20, p. 30.

(69) Revista Muy Interesante No. 81, p 20.

(70) Revista Muy Interesante No. 55. p. 61.

(71) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José. Op. Cit. P. 49.

(72) Ibídem. P. 54.

(73) FERRATER MORA, José. Las crisis humanas. Salvat, Españana, 1972. p. 128.

(74) MASSUH, Víctor. De la Ciencia a la Sabiduría. El Dominical, Vanguardia Liberal, Bucaramanga, 2 de julio 2000.

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