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La cultura cubana en la revolución (1959-1971) (página 2)

Enviado por Ramón Guerra Díaz



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La poderosa reacción de las fuerzas populares al apoyar a los revolucionarios y la rapidez del desplazamiento de las tropas del Ejército Rebelde desarmaron todas las maniobras por escamotear el triunfo a la Revolución y al pueblo.

El 3 de enero de 1959 se formó en Santiago de Cuba el Gobierno Provisional Revolucionario encabezado por el ex magistrado Manuel Urrutia como presidente y José Miró Cardona en el premierato. Del gobierno formaron parte figuras de la derecha moderada y reformistas que se habían sumado en los últimos momentos a los acontecimientos, junto a militantes revolucionarios, protagonistas verdaderos de la Revolución.

El gobierno era un reflejo de la amalgama política de estos primeros momentos y tenía por contrapeso al Ejército Rebelde y su líder el Comandante Fidel Castro que impidieron la inclinación reformista y lastrante de los primeros momentos.

Con el nombramiento de Fidel Castro como Primer Ministro, el 15 de febrero de 1959, se le dio un impulso dinamizador al cumplimiento del programa democrático-popular por él expuesto en su alegato de defensa por el asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba.[1]

Lo primero que hizo la Revolución fue desmontar el aparato legal que había servido para la politiquería de la seudo-república. El Gobierno Revolucionario adquiere plenos poderes legislativo y ejecutivo; disuelve las fuerzas armadas y los organismos del estado burgués, a los partidos políticos tradicionales, el sindicalismo oligárquico y a los tribunales de urgencia. En su lugar crea nuevos mecanismos de poder basados en el derecho soberano de las mayorías desclasadas y explotadas del país. La burguesía cubana pierde el poder político.

Pero no bastaba, el 17 de mayo de 1959 se promulga en la Sierra Maestra la Ley de Reforma Agraria, paso trascendental que de un solo golpe acaba con el latifundio en Cuba. Lastre más pesado para el desarrollo del campesinado cubano. Al disponer tal medida el Gobierno Revolucionario entregó títulos de propiedad a millares de campesinos que poseían la tierra como aparceros o precarista, pero no disolvió las grandes haciendas privadas sino que las convirtió en Granjas del Pueblo y Cooperativas. La reforma agraria pasó al poder del estado cubano el 40 % de las tierras cultivables, muchas de ellas en manos de empresas y particulares estadounidenses y el resto de la oligarquía nacional.

La Ley creó también el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), organismo encargado de aplicar la ley agraria y de impulsar el desarrollo de los planes económicos de la Revolución, no solo en la agricultura, sino en otros sectores como fueron la pesca y el turismo.

En la práctica el INRA funcionó como un gobierno dentro del gobierno, dándole en los primeros momentos el impulso dinamizados que la composición del gabinete provisional impedía.

También se lleva a cabo el proceso de confiscación de los bienes mal habido de los personeros del antiguo régimen, antesala de las grandes nacionalizaciones que vendrían después.

La dinámica popular y de transformaciones de la sociedad cubana determina que a mediados de 1959 se definieran los campos políticos dentro del panorama nacional. La burguesía y sus aliados se alinean abiertamente contra la Revolución y junto a la Revolución las grandes mayorías de los humildes y desplazados.

Contra la Revolución se esgrimieron acusaciones como la violación de los derechos humanos y el ajusticiamiento indiscriminado de los opositores, tratando de desprestigiar al proceso revolucionario. En tanto desde el gobierno los elementos reformistas presionan, tratando de revertir a la revolución, al no lograrlo comenzaron las conspiraciones y confrontaciones directas con las nuevas autoridades y el pueblo.

El 14 de junio de 1959 se produce la reorganización del Gobierno Provisional, entran al mismo el Comandante del Ejército Rebelde Pedro Miret, Raquel Pérez y Raúl Roa. Estos cambios dejan cada vez más aislado al Presidente de la República en su tibia política reformista y retardadora del proceso revolucionario.

Por ese motivo el Comandante Fidel Castro, Primer Ministro del Gobierno y líder de la Revolución, renuncia al cargo el 16 de julio del 59 y denuncia la posición del Presidente. La respuesta del pueblo en respaldo Fidel fue unánime, hecho que obliga al presidente Urrutia a renunciar a su cargo al siguiente día.

El 18 de julio asume la Presidencia de la República el doctor Osvaldo Dorticós Torrado, prestigioso abogado identificado plenamente con la revolución en marcha, en tanto Fidel reasume la jefatura del gobierno el 26 de julio ante una multitudinaria concentración en la Plaza de la Revolución para conmemorar el sexto aniversario del Asalto al Cuartel Moncada.

Completando el programa de satisfacciones y demandas populares el Gobierno Revolucionario decreta la rebaja de los alquileres de las viviendas, de las tarifas eléctricas y telefónicas y la reposición en sus puestos de trabajo de todos aquellos que fueron cesanteados por motivos políticos.

Junto a ello la Revolución supo encaminar el justo reclamo de la clase obrera por lograr conquistas sectoriales que amenazaban la realización de la zafra azucarera y otras actividades vitales de la economía, demostrando que los cambios iban más allá que la conquista parcial de determinados reclamos, sino a la base estructural de la sociedad burguesa en Cuba.

El líder de la Revolución en sus constantes orientaciones explica a las masas trabajadoras, la necesidad de posponer los anhelos y evitar el caos del país; tener confianza en el proceso revolucionario como forma de alcanzar aquellos sueños inalcanzables durante años en la república y que podían ser tan peligrosos como la acción de la oligarquía nacional y sus seguidores, al correrse el riesgo de hacer ingobernable el país.

Los meses finales de 1959 fueron el inicio de la reacción terrorista contra la Revolución, sabotajes, vuelos piratas desde Estados Unidos para incendiar cañaverales y atacar objetivos económicos, las conspiraciones, como el complot del gobierno dominicano de Rafael Leonidas Trujillo contra Cuba, la sedición del comandante del Ejército Rebelde Hubert Matos en Camaguey y los esfuerzos de las autoridades norteamericanas y sus organismos de subversión por desestabilizar la Revolución y hacer fracasar el proceso democrático-popular cubano.

Para defender a la Revolución Cubana y dar una respuesta enérgica a los violentos actos de lucha contra el país, se crean las Milicias Nacionales Revolucionarias el 26 de octubre de 1959, brazo armado popular del nuevo estado cubano.

Al iniciarse el año de 1960 los líderes cubanos están dispuestos a seguir adelante con las transformaciones estructurales que necesita el país. Enfrentan a una oposición poderosa y violenta encabezada por la oligarquía nacional y el gobierno de los Estados Unidos, que apoyan los grupos de alzados contrarrevolucionarios que ya están en acción en muchas partes del país.

El 13 de febrero de 1960 llega a Cuba la primera delegación de alto nivel del Gobierno de la URSS encabezado por el vice-premier Anastas Mikoyan, quien firma en La Habana un convenio comercial que incluye la compra de más de 400 mil toneladas de azúcar en el año 1960 y un millón de toneladas en 1961 y hasta 1965. La parte cubana adquiere en la Unión Soviética, maquinarias e insumos para la economía de la isla, para realizar estas compras el gobierno soviético concede a Cuba un crédito de 100 millones de dólares al 2,5 % de interés anual.

Mientras el gobierno de los Estados Unidos arrecia su campaña para lograr la condena y el aislamiento de Cuba en el ámbito latinoamericano, al tiempo que aplica medidas punitivas contra el país por el "peligro que representaba su gobierno".

La dependencia económica de Cuba de los mercados yanquis es utilizada por el gobierno de ese país para dificultar los suministros de combustibles a la isla. Ante esta situación el Gobierno revolucionario acepta la oferta de la Unión Soviética de enviar petróleo a Cuba, en el mes de abril de 1960 llega el primer barco con el combustible ofrecido y las compañía extranjeras dueñas de la refinería del país, se niegan a refinar el crudo, por lo que el estado cubano decide intervenir estas plantas el 1º de julio, iniciándose una cadena de confrontaciones directas con las compañías extranjeras radicadas en la isla, en su mayoría estadounidenses.

La reacción del gobierno de los Estados Unidos fue la suspensión de la cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano, 2 de julio de 1960, cuota que de inmediata fue asumida por los soviéticos. La cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano tenía un peso vital en la economía cubana y la supresión de esta era un duro golpe al país. Se iniciaba el bloqueo económico como medida coercitiva para rendir por hambre al pueblo cubano.

La contra-respuesta cubana contundente y radical, el 6 de agosto se dispone la nacionalización de las compañías: Cubana de Electricidad, Cuban Telephone Company, las empresas petroleras Esso, Texaco y Sinclair y los 36 centrales azucareros propiedad de estadounidenses en Cuba. La resolución establecía la indemnización del 2 % anual de los bonos que vencería a los 50 años.

Pasaban a manos del estado cubano propiedades que alcanzaban un valor superior a los 700 millones de dólares, lo que agudizó la confrontación entre la Revolución Cubana y su principal enemigo el gobierno de los Estados Unidos.

Ese mismo mes de agosto los Estados Unidos logran una declaración de condena a Cuba en la reunión de Cancilleres de la Organización de estados Americanos (OEA) efectuada en San José, Costa Rica; la delegación cubana se retira y la respuesta llega de forma multitudinaria cuando el 2 de septiembre el pueblo aprueba la Primera Declaración de La Habana, leída por Fidel Castro y en la que se hace una clara denuncia a la situación de explotación imperante en los países de la América Latina.

El 26 de septiembre Fidel viaja a Nueva York para hablar ante la Asamblea General de Naciones Unidas, allí denuncia las agresiones terroristas que parten de territorio norteamericano y el apoyo y abrigo que ese gobierno daba a las bandas contrarrevolucionarias y a la reacción interna. En el acto de recibimiento a Fidel en La Habana, el 28 de septiembre, en respuesta al incremento de sabotajes y acciones contra la revolución, Fidel anuncia la creación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la organización más dinámica y popular de la Revolución, base del sistema participativo defensivo y ejecutivo de la Cuba revolucionaria.

La fuerte oposición del bloque oligárquico y las dificultades que crean a la economía nacional con sus sabotajes, llevó al Gobierno Revolucionario a promulgar la Ley 890 del 13 de octubre de 1960, que nacionaliza 382 empresas de capital nacional, que incluye 105 centrales azucareros, fábricas, ferrocarriles, grandes almacenes, centrales eléctricas y otros importantes objetivos económicos. Con esta medida se estataliza el grueso de la economía de capital cubano, lo que unidos al completamiento de la nacionalización de las propiedades norteamericanas en Cuba, el 24 de octubre, afianza el control estatal sobre la economía nacional.

Como respuesta a tales medidas se produce un recrudecimiento de los sabotajes y enfrentamientos dentro del país, mientras en el plano internacional los Estados Unidos establece un sistema de sanciones (bloqueo económico) que implica a terceros países. Cuba se ha visto privada de sus mercados tradicionales de los cuales dependía de una manera desproporcionada, provocando que la economía cubana tuviera que sustituir su tecnología industrial, equipamientos, maquinarias agrícolas, etc., por suministros procedentes de la Unión Soviética y los países socialistas europeos. Con ello pudo sobrevivir al bloqueo, pero no pudo evitar la gestación de un nuevo mecanismo de dependencia que a la larga afectaría no solo desde el punto de vista económico, sino político.

Después del fracaso de la conspiración del presidente dominicano Rafael Leonidas Trujillo para derrocar a la Revolución Cubana, fueron apareciendo en la zona del Escambray, en la entonces provincia de Las Villas, grupos de alzados, alentados por elementos resentidos del II Frente Escambray, que no estaban de acuerdo con el proceso revolucionario y desde el primer momento trataron de frenarlo y sabotearlo.

Esas bandas contrarrevolucionarias recibían avituallamiento logístico de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), a través de organizaciones opuestas a la Revolución. En los meses finales de 1960 se produce un incremento de estas actividades armadas en el Escambray que fueron frenadas por una amplia ofensiva en los primeros meses del año 1961 por fuerzas conjuntas de las milicias y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que derrotaron o dispersaron a estos grupos armados.

En enero de 1961 el gobierno de los Estados Unidos rompe sus relaciones diplomáticas con Cuba y prioriza un plan de invasión directa al país por fuerzas mercenarias entrenadas por la CIA y que tenían por misión el establecimiento de una "cabeza de playa" para instaurar un gobierno provisional que pidiera la intervención militar directa del gobierno de Estados Unidos para derrocar a la revolución Cubana.

El 15 de abril de 1961 aviones mercenarios procedentes de bases en Nicaragua y con insignias de las FAR, bombardean los aeropuertos de Ciudad Libertad en La Habana, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, con el objetivo de destruir la mayor parte de los pocos aviones de combate con los que disponía la Revolución.

Al día siguiente, 16 de abril, en la despedida de duelo de las víctimas de los bombardeos, Fidel proclama el carácter socialista de la Revolución, como colofón a la radicalización ascendente que vive el proceso revolucionario.

Se declara la movilización general, la dirección de la Revolución comprende que está en marcha una agresión directa y al amanecer del día 17, una fuerza de tarea formada por cerca de dos mil hombres, reclutados entre los exiliados cubanos y conformada en su gran mayoría por antiguos soldados batistianos y afectados por las leyes revolucionarias, desembarcaron por la Bahía de Cochinos, al sur de la provincia de Matanzas.

La respuesta fue contundente, todo el país se puso en pie de guerra y miles de milicianos marcharon a sus trincheras dispuestos a repeler cualquier golpe, interno o externo. Mientras en la zona del desembarco el combate fue sin tregua desde que los invasores pisan tierra y en menos de 72 horas las milicias junto al Ejército Rebelde y la Policía, con la dirección en la primera línea de Fidel, derrotan a los mercenarios.

El golpe fue tan demoledor que el presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy, acepta su responsabilidad directa en los hechos.

Tras la derrota de los invasores los grupos contrarrevolucionarios del Escambray se reorganizan, pero sin lograr la unidad bajo un solo mando. La baja catadura moral de sus integrantes, sus ambiciones personales más el efectivo y decisivo enfrentamiento de las fuerzas revolucionarias, lo impidieron.

Operaban en bandas pequeñas de gran movilidad, apoyadas por campesinos de la zona, comprometidos con ellos por vínculos familiares o por miedo. Su táctica era atacar a la población civil que no cooperaba con ellos, asaltaban a milicianos aislados tratando de sembrar el terror y la desmoralización en los pobladores de la zona, evitando el combate directo con las fuerzas armadas, lo que da la catadura moral de estos hombres y sus cabecillas.

La composición social de estos alzados era principalmente de desclasados de todo tipo: lumpen proletario, testaferros de los antiguos oligarcas, antiguos soldados de la dictadura y otras lacras sociales, condenadas a desaparecer con la revolución.

En 1962 las autoridades cubanas deciden dar una batida definitiva a los bandidos en el Escambray, para ello en principio trajeron a la zona fuerzas de milicias de otros territorios del país pero, dado lo costoso de este proceder, la falta de especialización en la guerra irregular en estos intrincados parajes y el desconocimiento de la zona, se decidió en junio de 1962 crear el Buró y las Tropas de Lucha Contra Bandidos(LCB), integrada por hombres de la región, con conocimientos del territorio, entrenados y armados, lo que unido a su valor personal y alta moral combativa, permitió ir batiendo a los diseminados grupos que afectaban la serranía del Escambray.

Durante este año de 1962 se acrecentó la agresividad de los enemigos de la Revolución, encabezados por el gobierno de los Estados Unidos. Cuba continuó en pie de guerra, mejorando cada día más su capacidad combativa, reorganizando sus fuerzas armadas, con un moderno equipamiento bélico y asesoría de militares soviéticos.

El apoyo soviético incluyó la gradual y riesgosa instalación en Cuba de misiles estratégicos de mediano alcance con cabezas nucleares, atendidos directamente por las fuerzas militares de ese país. Secretamente fueron llegando a Cuba durante el año 1962, con autorización del gobierno de Cuba que estaba convencido de la posibilidad de una agresión directa de los Estados Unidos.

El descubrimiento de esta operación en octubre de 1962, por los organismos de inteligencia norteamericanos, provocó que el presidente Kennedy decretara el bloqueo naval y aéreo de la isla para impedir que continuaran llegando los misiles y con ellos cualquier ayuda al país.

La tensión en el área del Caribe subió al máximo, en Cuba se decretó la movilización general de todas las fuerzas, igual paso dieron los soviéticos y el mundo se vio abocado a un imprevisible choque entre las dos mayores potencias nucleares de la época, en un episodio que ha pasado a la historia como la "Crisis de Octubre" o "Crisis de los Misiles".

Con al mediación de las Naciones Unidas, los Estados Unidos y la URSS iniciaron conversaciones sin la presencia de Cuba; por su parte el gobierno cubano proclama a través de su Primer Ministro Fidel Castro su derecho a defenderse, proponiendo una plataforma de entendimiento de cinco puntos, que abarca desde el cese del bloqueo económico, fin de las actividades subversivas contra la Revolución y la retirada de los Estados Unidos de la ilegal base naval de la bahía de Guantánamo.

Los cinco puntos cubanos no fueron tomados en cuenta por las grandes potencias que se atuvieron a garantizar su seguridad interna con la retirada mutua de misiles de corto alcance de las fronteras de ambos y una promesa formal del gobierno de los Estados Unidos de que no agrediría directamente a Cuba, a cambio de la retirada de los cohetes nucleares de la isla.

La Crisis de Octubre provocó una aguda divergencia entre el Gobierno Revolucionario de Cuba y las autoridades soviéticas. Cuba no estuvo de acuerdo en la manera en que se manejó la crisis, ni con las frágiles garantías que daba el gobierno de los Estados Unidos, por lo que sus relaciones con la dirección de la Unión Soviética, aunque siguieron siendo cordiales, se enfriaron.

La dirección de la Revolución llegó al convencimiento realista y objetivo de que la defensa de la soberanía nacional y las conquistas alcanzadas por el pueblo, pasaban por su capacidad de defenderse.

En 1964 las fuerzas revolucionarias habían neutralizado el terror contrarrevolucionario y el país pudo tomarse un respiro para dedicarse al desarrollo económico. La producción de azúcar de caña continuó siendo la principal fuente de ingreso del país. Los esfuerzos del estado fueron encaminados a recuperar la capacidad productiva de la industria azucarera con vista a estabilizar zafras grandes que permitieran al gobierno cumplir sus compromisos principalmente con la Unión Soviética y los países socialistas. Hacer una zafra en Cuba por estos años era muy duro, porque las principales faenas agrícolas había que hacerlas a mano desde el cultivo al corte y ya no había una mano de obra "sobrante" que se ocupara de las duras faenas del corte.

La solución hubo que hallarla en la movilización de miles de voluntarios de todo el país para hacer la "Zafra del Pueblo", con un alto costo en el aseguramiento material de los trabajadores y una productividad no muy alta, donde la compulsión ideológica suplía la destreza y la calidad del trabajo.

Este período 65-70 estuvo caracterizado por el idealismo que primó en la aplicación de las políticas económicas y sociales, que repercutieron en etapas posteriores de nuestra historia. Se implanta el sistema de financiamiento presupuestario acompañado de un nuevo registro económico y precedido por la erradicación de toda forma de intercambio mercantil: se suprimieron los cobros y pagos inter empresariales a partir de 1967; se elimina el presupuesto estatal, sustituido