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Las formas lúdicas en los escritos de José Martí




Enviado por Ramón Guerra Díaz



Partes: 1, 2

  1. Resumen
  2. Conclusiones
  3. Bibliografía

Resumen

El estudio de la obra martiana nos ha permitido
reunir un conjunto de escritos e ideas de nuestro Apóstol
que abordan de un modo especial las actividades lúdicas
del hombre de su época, no solo del juego, tal vez la
más estudiada y practicada forma de la lúdica, sino
la recreación y el entretenimiento que ya alcanzaban un
alto desarrollo como negocio dentro de los más de
avanzados países del capitalismo decimonónico.
Tales escritos no solo aportan el testimonio de lo que ocurre en
materia de entretenimiento es los Estados Unidos, sino que
Martí pone énfasis en destacar la falta de
espiritualidad que hay en estas acciones masivas de
participación humana donde las personas se embriagan en el
disfrute, enajenados y alejados de su realidad o envueltos en un
mundo artificial de banalidades y
cursilería.

En 1889 en el primer número de la revista La
Edad de Oro
, redactada por él para los niños,
José Martí publica el primer trabajo escrito por un
cubano referido a la importancia de los juegos y de lo
lúdico en general, en el desarrollo de la cultura y de la
educación en particular. Con una muy buena
selección de ejemplos Martí va demostrando cuan
importante es el juego para el desarrollo humano y con una clara
exposición expone su tesis central que guarda una vigencia
muy importante y anterior a la que elaboran ludistas
contemporáneos: "Los pueblos, lo mismo que los
niños necesitan de tiempo en tiempo algo así como
correr mucho, reírse mucho y dar gritos y saltos. Es que
en la vida no se puede hacer todo lo que se quiere, y lo que se
va quedando sin hacer sale así de tiempo en tiempo, como
una locura."
[1]

El juego y el entretenimiento son muy importante en la
vida del ser humano, desde que nace juega y busca esparcimiento,
a través de ellos se socializa y va aprendiendo las reglas
del grupo en que crece y creando patrones que lo harán
parte de un pueblo y una sociedad, es decir consume, consume y
crea cultura.

Martí en sus crónicas para la prensa
latinoamericana desde Nueva York, se ocupa profusamente de los
temas lúdicos no solo de los juegos y los deportes, sino
del entretenimiento y los espectáculos; no para dar
visiones folkloristas o sensacionalistas de esos temas, sino para
exponer de forma objetiva, una visión más completa
de esta sociedad que deslumbra a los lectores de América
Latina.

Los criterios de Martí, ganan en vigencia y
actualidad en la sociedad posmoderna cargada de acciones
lúdicas tendiente a la enajenación del individuo,
que hacen del entretenimiento y la vida frívola el ideal
del ser humano, convertido en muchas ocasiones en consumidor de
placeres artificiales y condicionados a las emociones duras y
violentas. A estos contrapone Martí la espiritualidad como
antídoto, el humanismo como escudo y la virtud como
regla.

La llegada de José Martí a Nueva York en
1880 es el inicio de una nueva etapa en su vida, no solo por la
consolidación de la obra política a la que
consagró su vida, la independencia de Cuba, sino por la
maduración de su intelecto y sus vínculos
más amplios con la sociedad norteamericana, a la que
conoce en pleno momento de expansión de la
Revolución Industrial y de maduración de
fenómenos como sus apetencias imperialistas.

Ante estos procesos que se desarrollan delante de sus
ojos, el pensamiento revolucionario y progresista de Martí
evoluciona hacia posiciones, primero de observación
crítica y luego de advertencia a los gobiernos y pueblos
de Latinoamérica, a quienes previene de los males que
están en esta sociedad que los deslumbra con su abundancia
y parafernalia.

La observación del mundo lúdico
norteamericano de su tiempo, no es casual, ni contemplativo, sino
por el contrario sistemático, prudente y
advertidor.

Dentro de sus crónicas periodísticas de la
década de los ochenta abundan las referencias a las
costumbres recreativas, deportivas y los juegos de ese pueblo,
deteniéndose en reflexiones que conservan su
vigencia.

Uno de los principales ejemplos de esto se encuentra en
la crónica que describe una visita a la famosa isla de
Coney Island en la ciudad de Nueva York, en ella hace un
derroche de descripciones sobre este enorme parque de diversiones
y esparcimientos. El Apóstol en breves pinceladas describe
las reacciones humanas ante las "maravillas" de aquel precursor
de los actuales "parques temáticos", con una mezcla de
asombro y reproche por la compartimentación que hace el
dinero en zonas de diferentes categorías de precio y
lujo:

"Cada vapor lleva un ejército a las playas
serenas de Coney Island, que atrae a la gente con el fragor de
sus hoteles, la algazara y chirridos de los columpios y las
ventas, sus cantos de tiroleses y de minstrels, sus orquestas de
mujeres descoloridas y huesudas, sus hediondos museos de
elefantiacos y de enanos, su elefante de madera, que tiene en el
vientre un teatro, y es como símbolo y altar monstruoso de
aquella parte glotona y fea de la isla, a cuyo alrededor, como
columnas de incienso, se eleva de los ventorrillos que le
hormiguean a los pies el humo de las freideras de
salchichas(…)"[2]

Partes: 1, 2

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