Monografías Plus      Agregar a favoritos      Ayuda      Português      Ingles     
 Página anterior Volver al principio del trabajoPágina siguiente 

El imperio de los incas (página 3)




Partes: 1, 2, 3

Las constelaciones de la copa de la coca (Kukaa Manka) era una constelación que cuidaba de las hierbas mágicas, como la constelación de la copa de maíz (Sara Manca) lo hacía con los alimentos vegetales, y la del jaguar (Chinchay) se encargaba de los felinos. El Wasikamayuq era el dios tutelar del hogar, mientras que el Qhaxra-kamayuq se esforzaba por evitar que los ladrones entraran en esa misma casa, y los Auquis asumían la vigilancia de cada poblado. Había también un dios de las tormentas y otro dios del granizo; tras Pacha Mama, la diosa de la Tierra, estaban Apu katikil y Pikiru, como dioses tutelares de los gemelos; la serpiente Hurkaway era la divinidad de lo que estaba bajo tierra, mientras que el ávido Supay reinaba en el mundo de los muertos y no cesaba de reclamar más y más víctimas para su causa, lo que hizo que los españoles le dieran el nombre de diablo, aunque tenía cualidades benignas y malignas.

También estaba el dios Wakon o Kon, un hermano de Pachacamac expulsado por éste y que se llevó con él, al ser forzado a irse, la lluvia y dejó a la franja costera del Perú seca para siempre, un dios maligno y devorador de niños, de risa cruel y habilidad para rodar por las montañas; otros hermanos, Temenduare y Arikuté, dieron origen al diluvio con sus querellas conjurando a un temible monstruo de cientos de patas de agua.

En total y según algunas tradiciones orales El primer sol del mundo antiguo (Ñaupa pacha) el cual era Viracocha, fue el creador con su corte tuvo 4 hijos: Kon o Wakon dios de las sequías, Mallko (temenduare?) dios de la ley, Vichama (Arikute?) dios de la guerra y la venganza y Pachacamac, quienes regentaron sucesivamente el mundo actual destruyéndolo sucesivamente. Estos guardan relación con los 4 hermanos del mito de los hermanos Ayar, uno de los mitos de la creación del Imperio inca. Pachakamac a su vez tuvo de hijos al sol y la luna del mundo actual Kay Pacha. Pachakamac se autoexilio al mar desde donde domina los terremotos, dejando el mundo en mando del Inti o sol del mundo actual.

Existen otros wakas o dioses, como Catequil, poderoso dios oráculo. Huallallo Carhuincho dios de fuego con rasgos malignos, Wari, dios gigante de la guerra referido a la cultura del mismo nombre, Amaru, la serpiente mitológica divina, entre muchos otros nombrados en sin número de tradiciones orales recopiladas recientemente por aficionados como Toro Montalvo y los miembros de la asociación dragones de sur.

Organización militar

  • El ejercito incaico 

Los incas organizaron un poderoso, eficiente y bien equipado ejercito con el fin de asegurar una supremacía en el territorio andino, mantener la paz, estar seguros ante ataques de enemigos exteriores y expandirse territorialmente. En el incanato el servicio militar era obligatorio. La gran expansión del Imperio fue posible gracias a la cuidada organización de la fuerza militar. Todo poblador del incanato entre 25 y 50 años tenía la obligación de servir en el ejército, pero estaban exceptuados del servicio militar las personas con defectos físicos que les impidan realizar tareas militares.

Con los incas la guerra logró un grado de desarrollo tan grande que no fue igualado por ningún otro pueblo de la América precolombina. Si bien las primeras guerras tuvieron para los incas motivos económicos; posteriormente, las causan no respondían a otro propósito que el deseo del Inca de aumentar su prestigio, pues cada emperador inca tenía el deseo de sobrepasar a los anteriores.

Monografias.com

6.2. Organización del ejército inca 

El ejército inca estaba organizado:

El Chunca-Camayoc, al mando de 10 hombres, el Piccka-Chuncamayoc, con 50 hombres a su cargo, el Pachac-Camayoc, al mando de una compañía, vendría siendo el Capitán, el Huaranca-Camayoc, tenia a su cargo 10 compañías y el Hatun-Apu, con 5,000 hombres a su mando. y la jefatura suprema del ejército la tenía el propio Inca, que podía delegarla en alguno de sus generales o parientes cercanos.Los jefes de mayor cargo eran los Apusquipays, eran siempre miembros de las panacas nobles de Cuzco.

Portaban el estandarte imperial llamado el suntur paucar que contenía los colores del arco iris. Paralelamente a este ejército, se fue formando un grupo de militares de profesión, incluso a niveles medios y bajos de la tropa, reclutados especialmente entre ciertas etnias vencidas y luego incorporadas a esta tarea.

La acción militar se iniciaba con un desfile para impresionar al adversario. Los soldados marchaban con sus distintivos. El generalísimo iba en su litera y llevaba en su mano el emblema de su mando. A la vista del ejército enemigo, se hacía el alarde. El general o el Inca, pasaba revista a sus tropas mientras se hacían sonar instrumentos musicales. Luego venía la arenga y, finalmente, se efectuaba el ataque. El poder del ejército Inca residió en dos elementos: la intendencia y la disciplina. Para facilitar el desplazamiento de sus ejércitos, los incas construyeron una vasta red de caminos. La existencia de postas a lo largo de esos caminos, servía para el descanso de las tropas en campaña y para el recambio de animales y armas. En cuanto a la disciplina, era muy rígida. No se permitía que un soldado abandonase la formación, ni siquiera durante la marcha de aproximación. El ejército se dividía de dos formas: El permanente y el variable o por reclutamiento. Al primero pertenecían los militares de oficio y la alta aristocracia Inca, quienes tenían los más altos rangos. Estos solados de élite, gozaban de grandes privilegios. El ejército variable, lo conformaban todos los Incas físicamente aptos, ya que estaban obligados a prestar el servicio militar o los guerreros de las naciones conquistadas para aprovechar sus conocimientos bélicos, en muy contadas ocasiones se usaban prisioneros para estas campañas. Su disciplina militar era muy rígida, ya que para iniciar la guerra se hacía un desfile ante el pueblo que se pretendía conquistar, a modo de amedrentarlos e impresionarlos y durante este desfile no se permitía a ningún soldado por ningún motivo que abandonara la formación. Las unidades se acuartelaban en campamentos establecidos en las tierras estatales y en los campos abiertos durante las campañas. Estaba prohibido en forma terminante acampar en tierras útiles, el saqueo y la destrucción innecesaria era delitos severamente castigados.

Los soldados que se distinguían en la lucha demostrando su valentía recibían recompensas. Los soldados comunes eran premiados con objetos de metal, medallas o vestidos. La escala de los mandos se iba consiguiendo, en base a la bravura, conocimiento, nobleza, fortaleza física y el ejemplo combativo que el Jefe daba a sus subordinados. Algunos puestos militares podían ser obtenidos gracias al mérito personal en el curso de las guerras, aunque los altos cargos estaban reservados a quienes pertenecían a la nobleza Inca. Los alimentos estaban asegurados, pues a lo largo de la red caminera había depósitos de provisiones, siempre a punto; si debían desplazarse muy lejos recuas de llamas, eran las encargadas de transportar lo necesario. Las Armas utilizadas en las campañas militares de los Incas Entre sus armas principales contaban con hondas, mazas con o sin púas, "champi" (hachas de guerra) y boleadoras, como secundarias usaban el arco y la lanza, sus armaduras eran unas túnicas de algodón gruesas, corazas hechas de bronce y en algunos casos de plata u oro, llevaban además escudos de madera en su espalda y otros redondos o rectangulares en la mano, fabricaban sus yelmos de madera o caña. Contaban con unidades de flecheros, lanceros y honderos. El emperador mismo acostumbraba dirigir al ejército, después de él, los rangos se dividían entre generales y oficiales.

Los ejércitos incas contaban con dos tipos de armas en primer lugar las armas ofensivas y luego las armas defensivas.

6.2.1. Armas ofensivas de los Incas

Que eran utilizadas en el ataque y entre las que destacan: Las hondas o huaraca que servía para arrojar piedras a distancias regulares .Esta arma mato al hermano de Francisco Pizarro, Juan

La boleadora o liwi, que era una cuerda que terminaba en tres ramales, en cada una de las cuales se ataban piedras que al ser lanzadas, justamente con la cuerda , derribaban al enemigo. El arco y la flecha: que eran los q mas comúnmente se usaban. La lanza que terminaba en una punta de metal y que convenientemente arrojaba hería o mataba al enemigo. La makana o porra, que terminaba en puntas en formas de estrella, hecha con material de bronce o de piedra El hacha que era confeccionada de piedra pulimentada con mango de madera.

6.2.2. Armas defensivas Incas

Que eran utilizadas en la defensa personal del guerrero incaico: - Los humachinas o cascos, que eran confeccionados de madera o de metal que cubrían la cavidad craneal ( la cabeza) - Los chalecos , que a manera de petos rellenos de algodón protegían el tórax.

- El escudo o rodela ,que también era de metal y usado por los grandes jefe. Los soldados usaban escudos de cuero.

  • Las Guerras conquistadoras en Tahuantinsuyo

La hegemonía del ejército Inca, se debió a una excelente organización, a la enorme cantidad de caminos y a todos los puentes, fortalezas (Pucaras) y posadas construidas a lo largo de estas rutas. La forma de conquistar a los pueblos vecinos era de dos formas:

  • Conquistas pacificas 

Se enviaban embajadas para persuadir a los jefes vecinos con tratados que les convenían para la adición al imperio que hacían ver al pueblo o tribu por conquistar las ventajas de pertenecer al imperio por su organización política ,administrativa,religiosa ,lingüística, etc En cambio ofrecían respetar las costumbres de la religión y a sus autoridades Si el pueblo acepta la conquista pacifica ,el inca y su ejercito ocupaba pacíficamente el territorio.Luego enseñaban a su población las diversas artes de la cultura inca , su arquitectura, agricultura

6.3.2. Conquista violenta

La conquista violenta se utilizaba solo en casos que los habitantes de la zona no acepten las propuestas de sometimiento pacifico , rechazando ala autoridades imperiales y a sus embajadas.El ejercito inca tomaba las medidas pertinentes para ponerse en acción y conquistar o invadir tales territorios para el imperio incaico, el pueblo era destruido y los sobrevivientes pasaban a ser yanaconas (sirvientes perpetuos ) Luego el inca realizaba las tareas para reconstruir y reorginazar tal región por medio de la ayuda de los mitimaes (colonizadores incaicos) Los imponian sus costumbres : idioma , obediencia al inca y adoración al dios sol o inti Para usar la forma violenta, los Incas se preparaban enviando a sus mensajeros para espiar y obtener información sobre cantidad de guerreros, armas o sistemas de defensa del pueblo atacado. Lo que les daba una gran ventaja en el calculo del envío de sus tropas. Como la vida estaba tan ordenada la guerra era la única manera de competir y sobresalir, empleaban hondas, boleadoras y mazas que tenían encajadas, un palo afilado y escudos. Se usaban con ambas manos. También empleaban espadas de madera durísima, llamadas macanas, además de hachas de guerra con hojas de piedra o cobre y largas lanzas de madera, con la punta endurecida al fuego.

Para protegerse usaban camisas de algodón acolchados y eran tan eficaces que los españoles las adoptaron descartando las suyas de acero, calurosas y pesadas. En la cabeza usaban cascos de madera o caña trenzada.

  • Después de la Conquista: Asimilacion de la cultura Inca Se les obligaba a reverenciar al Dios Inti y a Viracocha. Se les dejaban sus antiguos dioses, y a los jefes locales se los nombraba curacas. A veces, las zonas conquistaban eran tan pobres que más que ganancia, era una responsabilidad para los gobernadores incas.

Los soldados llevaban ídolos, altares y también estatuillas con la figura de incas fallecidos para que les dieran suerte. Al vencer al enemigo se hacían un censo de la población y posteriormente, se elegía una nueva capital donde se asentaban los edificios oficiales. Las poblaciones eran trasladadas cerca de campos cultivables. Si eran muy belicosos, se trasladaba a la población integra a otro lugar geográfico distante. Este operativo se llamaba –reiteramos– mitima.

Los ingenieros militares construyeron una formidable red caminera cuyo tramo más largo unía la actual Colombia con Tucumán, en Argentina. En todos los caminos había tambos o posadas y pequeños puestos que eran los lugares de relevo de los chasquis o mensajeros. Para cruzar los impetuosos ríos de montaña hicieron puentes colgantes. Asimismo, edificaron el las laderas de las montañas (basándose en conocimiento de otras culturas), grandes terrazas de cultivo, similares a escaleras gigantes, que servían para aprovechar al máximo la difícil naturaleza.

Decadencia imperial

  • La caída del impero incaico

La derrota en Cajamarca no se explica simplemente por el arrojo de los españoles ni por el miedo de los indios. Tampoco se explica por los factores sobrehumanos alegados por ambas partes: ni el milagro del apóstol Santiago ayudando con su espada formidable a los españoles, ni la profecía de Huayna Cápac de que habla Garcilaso sobre la próxima terminación del Imperio y venida de unos hombres blancos y barbudos, a los que debían obedecer. Aunque estas alucinaciones tuvieron poder sobre el ánimo de ambos pueblos contendientes, no fueron las fuerzas determinantes.

Tampoco fueron los elementos materiales: las armas y los caballos de los españoles. Es cierto que infundían espanto los arcabuces y las cargas de caballería, pero la superioridad de armas españolas estaba compensada en la enorme superioridad numérica de los indios y el espanto primitivo causado por los caballos desapareció pronto. Los indios trataban de evitar a éstos eludiendo los llanos, combatiendo en las breñas, abriendo hoyos en los campos para que se despernancaran los equinos. En el sitio de Cuzco varios indios se cogían de las colas de los caballos impidiéndoles caminar. En la campaña de Benalcázar contra Rumiñahui las cabezas de los caballos muertos eran colocadas en estacas coronadas de flores.

En realidad el Imperio Incaico empezaba a derrumbarse solo. Era un organismo caduco y viciado, que tenía en su enormidad territorial el más activo germen de disolución. La grandeza del Imperio estaba ligada esencialmente a la existencia al frente de él de grandes espíritus guerreros y conquistadores como los de los últimos Incas, Pachacútec y Túpac Yupanqui, y, sobre todo, a la conservación de una casta militar, sobria y virtuosa como la de los orejones. Con Huayna Cápac se inició la decadencia. Huayna Cápac era aún un gran conquistador como su padre y abuelo, pero en él se presentan y se afirman ya los síntomas de una corrupción. Las victorias incaicas son más difíciles y lentas, no se siente ya el ímpetu irresistible de las legiones quechuas. La conquista de Quito es la pérdida del Tahuantinsuyo. Las tribus se rebelan apenas sometidas y escarmientan a los vencedores. Los orejones, la invencible y austera casta de los anteriores reinados, educada en la abstinencia, la privación y el trabajo, había perdido su vigor. Ya no comían maíz crudo ni viandas sin sal, no se abstenían de mujer durante los ejercicios preparatorios de su carrera militar, ni realizaban trabajos de mano, ni eran los primeros en el salto y la carrera. De las clásicas ceremonias instituidas por Túpac Yupanqui para discernir el título de orejón, sólo conservaban el amor a la chicha. Mientras más beber, más señor es, llegó a decirse. Los Pastos les sorprenden y les diezman, después de una victoria, porque según cuenta Sarmiento estaban «comiendo y bebiendo a discreción». Los cayambis, un pueblo rudo y desconocido, resisten al ejército incaico, y hacen huir por primera vez a los orejones, dejando en el campo indefenso y en peligro de muerte al Inca. Éste tiene que usar para someter a los cayambis métodos que contradicen la proverbial humanidad de su raza y las tradiciones pacificadoras del Imperio: matanzas de prisioneros, guerra sin cuartel a mujeres y a niños, incendio y saqueo de poblaciones. El vínculo federativo que era el sostén del Imperio, no era ya así libre y voluntario o conseguido por la persuasión, sino impuesto por la fuerza. La cohesión incaica estaba desde ese momento amenazada por el odio de los pueblos vencidos y afrentados. Las sublevaciones se suceden y los enormes cambios de poblaciones ordenadas por Huayna Cápac, verdaderos destierros colectivos de grandes masas, no hacen sino aumentar el descontento de vasallos y sometidos.

Sus conquistas, su valor personal, el respeto supersticioso de sus súbditos, no bastan para ocultar la condición viciosa y decadente del monarca. Reúne aún las condiciones viriles de sus antepasados, pero relajadas por su tendencia invencible al placer, al fausto y a la bebida. Su afán de construir en Tumibamba palacios que superasen a los del Cuzco, aparte de revelar su frivolidad suntuaria es, por haber provocado el resentimiento cuzqueño, una de las causas de la disolución del Imperio. Fiestas y diversiones llenan las últimas etapas de su reinado, transcurrido en la sede sensual y enervadora de Quito. Bailes y borracheras amenizaban el paso del cortejo de Huayna Cápac, –formado de aduladores y cortesanos– por todo el Tahuantisuyo. El Inca encabezaba estos desbordes livianos. Era "vicioso de mujeres" dice Cieza, privaban con él los aduladores y lisonjeros y era el primer borracho del reino. "Bebía mucho más que tres indios juntos" cuenta Pedro Pizarro, y cuando le preguntaban cómo no perdía el juicio bebiendo tanto, respondía el viejo Baco vicioso "que bebía por los pobres que él muchos sustentaba".

Huayna Cápac era, a pesar de estos vicios, grave, valiente y justiciero. Los indios le querían y le respetaban. "Era muy querido de todos sus vasallos" dice Pedro Pizarro y Cieza afirma que "quería ser tan temido que de noche le soñaran los indios". En sus manos no corría peligro la unidad del Imperio. Pero él creó el germen fatal de la disolución: una sede rival del Cuzco, en regiones distantes y apenas conquistadas y al crear la causa de la futura división incaica, allanó el camino de los españoles. Si la tierra no hubiera estado dividida –dice uno de los primeros conquistadores– o si Huayna Cápac hubiera vivido, "no la pudiéramos entrar ni ganar".

La decadencia iniciada, aunque envuelta en fausto, en el reinado de Huayna Cápac se acentúa a la muerte de éste. Huáscar, el heredero legítimo, carecía de don directivo y de la firmeza de ánimo necesaria para conducir tan vasto y heterogéneo Imperio. Su padre le había creado además un problema político, para ser resuelto por voluntad y capacidad superiores a la suya. Le faltaba hasta el valor físico para enfrentar y desarmar con su prestigio de hijo del Sol, a sus enemigos. El estigma de la indisciplina y la desobediencia se apoderaba de sus vasallos. El espíritu regional ambicioso de los quiteños, alentado irresponsablemente por la frivolidad sensual de Huayna Cápac, se alzaba contra él retando su poder. Cuzqueños y quiteños habían llegado por causa de rivalidad, a odiarse irreconciliablemente.

Huayna Cápac completó su error no acordándose, en el devaneo de su vida sensual, de preparar y asegurar la sucesión normal del Imperio. Con una acción previsora en este sentido, y con el respeto que le tenían sus súbditos, su decisión testamentaria claramente expresada y reafirmada, hubiera evitado la confusión y la discordia que sobrevinieron a su muerte.

No interesa aclarar para éste si dictó a última hora, como quieren algunos cronistas, por medio de unas rayas pintadas sobre un bastón su decisión dinástica. Hubiese ordenado en su testamento como único señor del Imperio indivisible a Huáscar, Ninán Cuyochi o Manco Inca, o dispuesto la división del Imperio entre Huáscar y Atahualpa, dejándole a aquél el Cuzco y a éste Quito, la separación del Norte y del Sur se hubiera irreparablemente producido. Atahualpa no fue sino el nombre propio de una insurrección regional incontenible contra el espíritu absorcionista y despótico de la capital: el Cuzco.

Atahualpa, acaso, más audaz e inteligente que Huáscar, hubiera podido, de haber sido el heredero legítimo y no un bastardo, contener la disolución del Imperio a base de astucia y de tino político, de enérgica violencia en último caso, pero no es dable suponer que llegara a obtener la adhesión sincera y leal del bando cuzqueño. La insurrección habría estallado tarde o temprano o en su lugar Atahualpa habría tenido que imponer un sangriento despotismo como el que inauguraron en el Cuzco, sus generales Quisquis y Calcuchima a raíz de la derrota y apresamiento de Huáscar.

Cuzqueños y quiteños no formaban ya una sola nación, eran extranjeros y enemigos. Nacido en el Cuzco o en Quito, de una ñusta quechua o de una princesa quiteña, Atahualpa criado lejos del Cuzco, de sus instituciones y costumbres, era un extraño que no merecía la confianza de la ciudad imperial y de sus ayllus ancestrales.

Otra señal de la disolución era el abandono de los más fuertes principios de su propia cohesión social. La fuerza y la estabilidad del Imperio provenían de las sanas normas agrícolas de los ayllus, trabajo obligatorio y colectivo, comunidad de la tierra, igualdad y proporción en el reparto de los frutos, tutela paternal de los jefes. Todo esto que había creado la alegría incaica, en "el buen tiempo de Túpac Yupanqui", era abandonado con imprevisora insensatez. El Inca y sus parientes, la nobleza privilegiada, bajo el pretexto de las guerras, habían formado una casta aparte, excluida del trabajo, parásita y holgazana. En torno de ella se quebraban todos los viejos principios. El pueblo trabaja rudamente para ellos; tenía que labrar no solamente las tierras del Inca y del Sol, y las de la comunidad, sino la de estos nuevos señores. El Inca, rompiendo la unidad económica del Imperio, obsequiaba tierras a los nobles y curacas, quienes las daban en arrendamiento a indios que las cultivasen, con obligación de entregar cierta parte de los frutos. Estas propiedades individuales, dentro de un pueblo acostumbrado al colectivismo, herían el espíritu mismo de la raza y presagiaban la disolución, o un ciclo nuevo bajo normas diversas. Los nobles favorecidos trataban de perpetuar el favor recibido, trasmitiendo la propiedad individual. El reparto periódico de las tierras se hacía cada vez más formal y simbólico. El Inca o el llacta camayoc confirmaban cada año a los ocupantes en sus mismos lotes de terreno, existiendo casi en realidad propietarios de por vida. Lo que se hacía anualmente era el reparto de lotes adicionales para los hijos que nacían o el de las tierras llamadas de descanso. Las tierras mejores eran en todo caso las de los nobles y curacas y éstos no trabajaban. Por allí empezaba a destruirse el gran Imperio de trabajadores incaicos. En el momento de la llegada de los españoles, la antigua unidad incaica estaba corroída por tales gérmenes de división; uno económico, el descontento de clase del pueblo contra la aristocracia militar dominante, otro político, el odio entre cuzqueños y quiteños. Todos los primeros testigos de la conquista, acreditaron la existencia de este último. Pero el malestar social y económico se percibe en el cronista de mayor intuición y levadura jurídica de los primeros tiempos. Gonzalo Fernández de Oviedo, después de interrogar acuciosamente a los primeros conquistadores que regresaban a España, tras de la captura de Atahualpa, consigna esta impresión inmediata y sagaz: "la gente de guerra tiene muy sojuzgada a los que son labradores o gente del campo que entienden la agricultura".

La lucha entre los dos hermanos –Huáscar y Atahualpa– pone en evidencia todos los males íntimos del Imperio. La traición y la cobardía, la incapacidad, tejen la trama de la guerra civil. En cada general indio alentaba un auca o traidor. En el Cuzco se sospechaba de la fidelidad de Huanca Auqui, el jefe de las tropas de Huáscar, inexplicablemente derrotado en sucesivas batallas por los generales de Atahualpa, Quisquis y Calcuchima. Éstos, vencedores arrogantes, no guardan ningún respeto por el linaje imperial de Huáscar, ultrajan de palabra a la Coya viuda de Huayna Cápac y a la mujer de Huáscar y exterminan a todos sus parientes hasta las mujeres preñadas.

"¿De dónde os viene, vieja presuntuosa, el orgullo que os anima?" dice Quisquis a Mama Rahua Ocllo, ex emperatriz venerada. El olvido o desdén por las tradiciones incaicas llega, en este proceso de disolución, hasta la profanación. Atahualpa allana la huaca de Huamachuco que le presagia mal fin, derriba al ídolo y decapita al sacerdote. Huáscar desdeñaba las momias de sus antepasados, según Pedro Pizarro; y Santa Cruz Pachacutic le acusa de haber autorizado la violación de las vírgenes del Sol. Quisquis y Calcuchima realizan, aun, el mayor desacato concebible a la majestad de los Incas: la momia de Túpac Inka Yupanki fue extraída de su palacio, donde era reverenciada, y quemada públicamente. Pero, la nota más característica de este desquiciamiento, que perfila ya el desprestigio de la autoridad y el desborde sacrílego, es la acentuación de la crueldad. Atahualpa escarmienta ferozmente a los cañaris, haciendo abrir el vientre a las mujeres en cinta, y dar muerte a sus hijos. Sarmiento de Gamboa, dice que Atahualpa hizo las mayores crueldades, robos, insultos, tiranías, "que jamás allí se habían hecho en esta tierra". El relato de las crueldades realizadas por los generales de Atahualpa en el campo y Yahuarpampa contra los parientes de Huáscar, –mujeres, niños, ancianos–, ahorcados, ahogados, muertos por hambre, es de una siniestra verdad. El final del Imperio de los Incas estaba decretado no por el mandato vacío de los oráculos, sino por el abandono de las normas esenciales de humanidad y severidad moral, y de las fuerzas tradicionales que habían hecho la grandeza de la cultura incaica.

Conclusiones

  • 1. El consenso grupal apunta a que, debido al colapso del reino de Taypiqala se produjo la migración de su pueblo. Este grupo de cerca de 500 hombres se habría establecido paulatinamente en el valle del río Huatanay, proceso que culminaría con la fundación del Cuzco. Posteriormente, los nobles cusqueños fueron pactando alianzas y conquistando otras rutas. Hacia fines del siglo XV, gobernaban sobre las zonas altas y medias del valle del Vilcanota y vivían en constante fricción con los Estados colindantes. Fundó el Imperio incaico, aproximadamente el año 1200 d.C. y fue su primer gobernante. Se caracterizó por el dominio de las tribus preincaicas que vivían dispersas en el Cuzco y sus alrededores. Manco Cápac unificó a los huallas, poques y lares, y con ellos se estableció en la parte baja de la ciudad. De este modo se inició la dinastía de los Urin Cuzco. Poco tiempo después ordenó la construcción de la primera residencia de los incas, el Inticancha o Templo del Sol. Su hermana y esposa fue Mama Ocllo.

  • 2.  En la leyenda de Manco Capac y Mama Ocllo, señalamos que Manco Capac representa a toda una nación posiblemente de tiawanakenses que vivía en la región del lago sagrado; como se sabe, los terrenos más fértiles allá están precisamente alrededor del lago de tal modo que hubo un momento en que la explosión demográfica y la escasez de tierras obligó a la nación a buscar otra región rica y amplia. Se aduce además, que posiblemente el estado Tiawanako cuya capital estuvo en Taypiqala fue destruido por invasores aymaras venidos de la zona de Tucumán y Coquimbo en el sur y sus habitantes obligados así a emigrar hacia el Valle del Qosqo. Está demostrado que la civilización Tiawanako o Tiwanaku (nombre boliviano) tuvo participación decisiva en la formación del Tawantinsuyo

  • 3. Con respecto a la Leyenda de los Hermanos Ayar, determinamos que dicho episodio mitológico se basado en un valle el "Cuzco" por tribus quechuas. Los cuatro hermanos, al decir del mismo Dr. Valcárcel , representan a cuatro tribus los Mara ,los Tampus, los Mascas y los Chilkes, que procedentes del sur del valle de Apurímac, ocuparon lo que mas tarde seria la capital del imperio ,el Cuzco. . De la lucha entablada entre las cuatro tribus la mas aguerrida, la de los mascas, capitaneada por Ayar Manco, habría vencido a todas las demás, constituyéndose, de esa manera, en fundador de la que después seria la dinastía de los incas, el imperio incaico.

  • 4. Señalamos que en el Inca residía un principio fundamental, por el cual todos le debían obediencia, pues era el Principio de Autoridad; en razón de que el Inca era el jefe supremo o autoridadmáxima era el Inca, el "inca único", considerado como un dios vivo: el "hijo del Sol". Para gobernar y administrar el inmenso territorio que abarcaba el imperio inca, llamado Tawantinsuyu, se lo dividió en cuatro regiones o "suyus". En la sociedad inca, la obediencia al jefe supremo era un valor fundamental; de allí que existieran normas para que la desobediencia fuera severamente castigada. Los castigos eran la censura pública, el exilio, la pérdida de funciones, la tortura y la muerte. Los incas distinguían los delitos cometidos por los grupos privilegiados de los cometidos por el resto de la población. Los primeros eran castigados con el ridículo público y la pérdida de funciones, y los segundos, con el exilio y la tortura.

  • 5. Por ultimo llegamos a la conclusión de que la económica en el Imperio Incaico fue controlada y sostenible, puesto que estuvo marcada por principios básicos y aplicados de manera pertinente, en donde el principio de Reciprocidad se conjugaba en armonía con el principio de Redistribución y de Control ecológico vertical. En tal sentido concebimos como Principio de Reciprocidad a las relaciones de ayuda mutua pero también de prestaciones de servicios que muchas veces eran retribuidas en forma desigual dentro del imperio; por Principio de Redistribución entendemos a la capacidad que tenía el Estado guiado por el Inka de controlar adecuadamente los excedentes económicos generados por el pueblo, y de brindárselos en un su omento idóneo cuando esta pasará por momentos de necesidad extrema; y por ultimo, entendemos por principio de Control ecológico vertical, a la autoridad que ejercía el Inka para controlar la producción generada en cada una de las regiones del Tahuantinsuyo.

Bibliografía

  • I. BAUDIN, Luís

1940 El Imperio Socialista de los Incas. Quinta edición. Santiago de Chile: Zig zag Editorial.

  • II. JESÙS PAREDES, Aníbal

2005 Historia del Perú: Siglo XXI. Tomo II. Lima: San Marcos Editorial.

  • III. LORA CAM, José F. W.

2006 Mitologías Universales y Latinoamericanas. Tercera edición. Arequipa: Tercer Mundo Editorial.

  • IV. PORRAS BARNECHEA, Raúl

1990 Cronistas del Perú: Clásico peruanos. Volumen 2. Lima: Banco central del Perù Editorial.

  • V. ROSTWOROWSKI, Maria

2006 Incas. Edición única. Lima: El Comercio S.A. Editorial.

  • VI. VALCARCEL. Luís E.

1981 Historia del Perú: Perú Antiguo. Tomo III. Lima: Juan Mejia Baca Editorial.

  • VII. ROSTWOROWSKI, Maria

2001 «Los Incas y su legado» Pagina de información. Fecha de consulta: 03/09/2010. .

  • VIII. SANZ, Nestor

2001 «Imperio de los Incas» Pagina de información. Fecha de consulta: 04/09/2010. .

 

 

Autor:

Jorge Julio Chávez Pacheco

Estudiante de:

9º. Ciclo de la Escuela profesional de Historia Y Geografía ---- "San Luis Gonzaga" de Ica

6º. Ciclo de la Escuela profesional de Derecho ---- "San Juan Bautista"

UNIVERSIDAD NACIONAL "SAN LUÌS GONZAGA" DE ICA

Partes: 1, 2, 3


 Página anterior Volver al principio del trabajoPágina siguiente 

Comentarios


Trabajos relacionados

Ver mas trabajos de Historia

 

Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.


Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.