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La iniciación (página 3)

Enviado por HERBERT ORE



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Por lo que se refiere al maestro albañil, ese inmenso personaje de la época medieval, se encarga de dirigir la logia y de orientarla hacia la Luz. Es el sabio, sucesor del rey Salomón cuya cátedra ocupa; a cada nuevo iniciado, repite esta frase: "Quien quiera ser maestro puede serlo, siempre que sepa el oficio". Y el aprendiz sueña con igualar a Pedro de Montreuil, el Príncipe de los Albañiles, o al Maestro Geómetra Colin Tranchant que construyó Saint-Sernin de Toulouse.

El Maestro de Obras, tras los años de aprendizaje y los años de viaje, pasa dos años más en la cámara de los trazos donde se le revelan claves técnicas y simbólicas de la construcción. Ningún maestro de la Edad Media revelo el secreto. A nosotros nos corresponde contemplar las catedrales y comprender su ordenamiento y su significado.

La Obra que dirige el Maestro designa el conjunto formado por la construcción y la cofradía de los albañiles; vela por la perfección de los esbozos. por el riguroso tallado de los sillares y sigue con la mayor atención todas las etapas de la construcción. Con los demás maestros de obras, mantiene la unidad del cuerpo de élite de la francmasonería; en estas reuniones, temas como la alquimia, la astrología y la teología están a la orden del día. Puesto que las Sagradas Escrituras y las ciencias herméticas proporcionan a los escultores la sustancia iconográfica, los maestros estudian estos campos sin cesar. En la logia, el maestro se adosa al este, identificándose con la luz naciente que ilumina a los miembros de la cofradía.

En el plano material, se advierte que la condición social del arquitecto es excelente a partir del siglo XI. Gozan de una reputación favorable entre el pueblo y reciben 52 ventajas por parte de los monarcas y de los eclesiásticos. Ante todos, el maestro aparece vestido con una larga túnica y tocado con un gorro ritual. Los guantes cubren sus manos, de acuerdo con una costumbre instaurada por Carlomagno. Sus emblemas son la escuadra, el compás, la plomada y la regla graduada; con su largo bastón, camina con paso sereno hacia la próxima obra. Un Maestro de Obras, en efecto, nunca termina de construir; a pesar de su gloria y de su prestigio, respeta una sorprendente regla de humildad: tras haber dirigido la construcción de un monumento, se coloca a las ordenes de otro Maestro para ayudarle en sus trabajos. Terminado este tiempo de obediencia, retoma la dirección de una nueva obra. El presidente de una logia masónica contemporánea se denomina "Venerable Maestro"; ese austero titulo es muy antiguo, puesto que era ya llevado por los abades del siglo VI. Las Logias, como se sabe, encontraron a menudo refugio en los monasterios cuyo abad era Maestro de Obras y recibía de sus hermanos el título de "Venerable hermano" o de "Venerable maestro".

Este detalle nos lleva al examen de la jerarquía masónica en la Edad Media. No olvidemos que el término "jerarquía" designaba primitivamente la arquitectura de los distintos coros de ángeles que la humanidad debía reproducir en la tierra. La estructura masónica comprendía tres "grados": aprendiz, compañero constructor y Maestro de Obras. Al aprendiz le correspondía el trabajo de colocador de piedras, y al compañero constructor, el de tallador, valiéndose para ello de un mazo o un cincel. El Maestro, por su parte, terminaba las esculturas más difíciles o rectificaba la obra imperfecta. En las obras, el Maestro era ayudado por un "vocero" o "hablador" que transmitía a los compañeros las órdenes de aquél. Siendo su ayudante directo, da las piedras a los escultores cuyo trabajo vigila; el hablador abre la obra por la mañana, la cierra al anochecer tras haber comprobado que todo está como corresponde. Cuando desea dar una orden, da dos golpes en una tablilla colgada en la logia; si se oyen tres golpes, es que el Maestro en persona se dispone a hablar. Según otras fuentes, habría tres tablillas tras el vigilante: una de 36 pies, utilizada para nivelar; la segunda de 34, para achaflanar; la tercera de 31, para medir la tierra. El oficio de "hablador" es, en realidad, una muy estricta preparación para el cargo de Maestro de Obras.

Los rituales iniciáticos de los francmasones medievales nos son aún muy poco conocidos; se sabe que el nuevo iniciado prestaba un juramento y que se comprometía a guardar en secreto lo que viera y escuchara. Durante la ceremonia se le comunicaban los signos de reconocimiento que utilizaría en sus viajes. El Maestro resumía para el novicio la historia simbólica de la Orden y le explicaba el significado del oficio, insistiendo especialmente en los deberes del hombre iniciado. Todos los símbolos de los masones eran comentados: el delantal, las herramientas, las dos columnas, el arca de la alianza, etc. El momento más importante de la ceremonia era aquel en el que se creaba un masón: arrodillado ante el altar, el futuro masón ponía su mano derecha sobre el libro sagrado que sostenía un anciano; el maestro oficiante leía las obligaciones de los francmasones y anunciaba solemnemente el nacimiento de un nuevo hermano.

Organizaciones ortodoxas.

Como todas las religiones, el Islam tuvo, desde el origen, sus místicos, unos ortodoxos, otros heréticos; entre los primeros, fueron los sufitas quienes desarrollaron las Sociedades secretas de iniciación, aun cuando permanecían fieles a los preceptos coránicos. Aún hoy existe gran número de sociedades secretas musulmanas, principalmente en el norte de África. Estas sociedades tienen al frente un Jeque, señor absoluto, que reside por lo general en la Zawiya donde se halla la tumba del fundador de la Orden. A sus órdenes se encuentran los mokaddem, que van a lo lejos a conferir la iniciación (werdi) a los neófitos; las instrucciones secretas se les trasmiten siempre verbalmente. "Los afiliados deben esforzarse por seguir el trik (tariq), la vía, que, por etapas, los lleva a la perfección, gracias a las reglas, prácticas, fórmulas y signos especiales de cada congregación. Cada una constituye lo que se llama el Ahl-as-Sílsilat (el clan de la cadena). Esta cadena comienza generalmente en el ángel Gabriel, el mismo que trasmitió al profeta Mahoma la ciencia de la verdad. Continúa por el fundador de la Orden hasta los jefes actuales, conservando los nombres de sus predecesores. Ciertas congregaciones llegan a atribuir el conocimiento de la cadena a la revelación directa. Muy a menudo, esta revelación se produce por intermedio de Sidi-el-Jadir, es decir, el profeta Elías, que, como el profeta Idrís (Enoc), bebió en la fuente de vida y así quedó exento de la muerte."

El origen del islam es muy diferente al del cristianismo. Mientras los discípulos de Cristo fueron una minoría perseguida dentro de un Estado legal y socialmente organizado -el romano- el islam fue además de religión, el Estado y la ley que organizó una sociedad.

Mahoma, además de profeta, fue un hombre de Estado que levantó un imperio, y el islam no sólo organiza y ordena lo espiritual y religioso, sino también lo político, lo social e incluso lo económico

El islam es una religión, pero también un código de honor, un sistema legislativo y una forma de vida. Las obligaciones espirituales básicas del islam se resumen en los llamados cinco pilares de la fe, que son estos:

  • 1. Aceptar la shahada o profesión de fe.

  • 2. Las oraciones diarias a Dios, mirando hacia La Meca.

  • 3. Hacer obras de caridad.

  • 4. Ayunar durante las horas de luz del Ramadán, un mes de 29 o 30 días del calendario lunar del islam, que se inicia con la Hégira, la huida de Mahoma a Medina.

  • 5. El "hach", o peregrinaje a La Meca, al menos una vez en la vida de cada musulmán.

Mahoma, Árabe de la tribu de Coraix (Quraysh). nació en La Meca en 570. Meca. se encuentra en la región de Hiyaz en la actual Arabia Saudí. Hijo póstumo de Abd Allah ibn Abd al-Muttalib, miembro del clan de los hashimí.

La costumbre de los más honorables de la tribu de Quraysh era enviar a sus hijos con niñeras beduinas con el propósito de que crecieran libres y saludables en el desierto, para poder también robustecerse y aprender de los beduinos, que eran reconocidos por su honradez y la carencia de numerosos vicios, y Mahoma fue confiado a Bani S"ad.

El primer milagro que se narra sobre Mahoma en la compilación de los hadices es que el Ángel Gabriel descendió y abrió su pecho para sacar su corazón. Entonces extrajo un coágulo negro de éste y dijo "Esta era la parte por donde Satán podría seducirte" luego lo lavó con agua Zam Zam en un recipiente de oro, después volvió el corazón a su sitio, los niños y compañeros de juego con los que se encontraba corrieron hacia su nodriza y dijeron: "Mahoma ha sido asesinado". Todos se dirigieron a él y lo hallaron en buen estado excepto con el rostro pálido. Los musulmanes ven este acontecimiento como una protección para que él se apartara desde su infancia de la adoración de los ídolos.

Para que todos se rijan por la misma regla, existen dos textos, el Corán que significa recitación y la Sunna que es producto de la unión de todos los Hadith. El Corán es la palabra de Dios a través de Mahoma y estaba escrita por sus amigos en hojas de palmera, en tablillas de piedra, pieles y huesos de animales, y hasta en los pechos de los hombres; 19 años después de la muerte de Mahoma fueron recopilados y unidos en un solo texto que es ahora el libro oficial del Islam que ha sufrido solo pequeñas modificaciones a través de todos estos años.

El Hadith son los dichos, hechos y gestos del profeta trasmitidos en relatos, que han sido soluciones políticas y jurídicas que no eran contempladas por el Corán, la unión de todos los Hadith es la Sunna. El Corán conjuntamente con la Sunna contienen las fuentes de derecho y la religión.

Los ismaelitas y los grupos conexos.

La secta herética musulmana de los ismaelíes fue fundada en Siria por el persa Abdalá, hijo de Maimún (863). De las doctrinas ismaelitas se desprenden fuertes influencias gnósticas. Adelantándose al Corán, agregan a los seis profetas del Verbo (Adán, Noé, Abraham, Moisés Jesús, Mahoma) un séptimo Imán ("envíado"), Ismaíl, hijo de Dschafer, el "señor de tiempo" o "jefe de las edades". Es una religión iniciática por excelencia, que comprende siete grados sucesivos. Hubo momento en que los ismaelitas desempeñaron un papel político guerrero de los más importantes; hoy son todavía muy numerosos, sobre todo en las India: donde reside su jefe, que ostenta poderes espirituales y temporales: el Aga Khan.

De los ismaelitas nació cierto número de ramas, de las cuales las más célebres son los "asesinos", los drusos y los ansarieh. Los "asesinos", más exactamente le hashishíes ("comedores de hashish"), dieron mucho que hablar, y entraron en la leyenda. Esta secta memorable nació a fines del siglo XI; el fundador de esos "ismaelitas di Este" fue el célebre Hasán-ben-Sabbah, natural del Jorasán (Persia). Luego de apoderar; de la fortaleza de Alamut, al norte de Persia pretendió ser el "hudshet",'o encarnación del último imán, y reclutó buen número de adeptos. El "Viejo de la Montaña" se apoderó de muchísimos castillos, tanto en Persia como en Siria, y su dominación se extendió rápidamente, gracias a secuaces devotos, fanatizados por el hashish o cáñamo de India (de ahí el nombre "asesinos"), encargados de suprimir a cuantos obstaculizaban sus designios de dominación. La jerarquía iniciática, estrechamente subordinada al Jeque o Gran Maestro, comprendía siete grados, como en el ismaelismo clásico. Luego de la muerte de Hasán, en 1124, a la edad de noventa años, el poder de los asesinos siguió ampliándose. Pero, en Siria, chocaron con los Templarios, que poseían numerosos castillos al sur de los montes Ansariyah y les llevaron encarnizada guerra, hasta los obligaron a pagarles tributo (Se ha pretendido, sin pruebas decisivas, que los templarios copiaron de los asesinos sus doctrinas esotéricas). La segunda mitad del siglo XIII vio el fin definitivo, tanto en Siria como en Persia, del poder político de los asesinos, cuyas fortalezas fueron tomadas por las tropas de los soberanos de esos dos países.

Los "assesinos".

Los "asesinos", más exactamente los hashishíes dieron mucho que hablar, y entraron en la leyenda. Nosotros hemos optado por denominarlos Assessinos, palabra más acorde con su denominación de origen y que según algunos estudiosos de este tema podría significar "fumadores o comedores de hashish". Los "asesinos" deban quizás este erróneo apelativo a la involuntaria equivocación de Marco Polo al traducirlo de la palabra persa "Ashashins". Fue Marco Polo el primer europeo que narró en occidente las costumbres de esta sociedad secreta de los ashashins y su Jardín del Paraíso.

Esta secta memorable nació a fines del siglo XI como orden religiosa; el fundador de esos "ismaelitas del Este" fue el célebre Hassan-Ben-Sabbah (también Hassan-E-Sabbah, Hassam-i-Sabbah), natural de Jorasán (Persia). Estos assessinos o Guardianes de la Tierra Santa son o fueron una Sociedad Secreta islámica casi idéntica a la Orden del Templo.

Los Assessinos fueron la facción más extremista del grupo religioso ismaelita (chiitas), musulmanes gnósticos de influencia zoroástrica que disputaron la herencia de Mahoma a los sunnitas ortodoxos, defensores del califato de Bagdag como el legítimo líder del Islam. La facción ismaelita apoyaba a los imanes como los legítimos herederos y sucesores espirituales del profeta. Estos musulmanes de acentuada influencia gnóstica defendían el sentido esotérico del Corán, igual que los cabalistas judíos defienden el sentido esotérico de la Biblia. Estaban convencidos de que los imanes poseían el conocimiento que emana la luz divina, trasmitida desde Adán a través del profeta Mahoma.

La Orden de los Ismaelitas fue fundada en el año 760 por Ismael, futuro imán legítimo, desheredado, al haber sido sorprendido bebiendo vino a pesar de la prohibición coránica. Ismael se convirtió de este modo en el Imán Oculto, predicó a lo largo del mundo musulmán una interpretación simbólica del Corán. Siglos después, los herederos de esta doctrina fundaron una sociedad secreta de naturaleza político-religiosa, llamada de los Assessinos.

La doctrina de los assessinos se fundamentaba en el hermetismo, la cábala y la gnosis. Poseían en Alamont un importante observatorio astronómico y una inmensa biblioteca de ciencia y filosofía donde abundaban los tratados alquímicos, cabalísticos y gnósticos.

El primer Gran Maestre conocido de los assessinos fue Hassan el Sabbah, conocido como el Viejo de la Montaña. Refugiado con sus discípulos en el fuerte Alamont, en una zona casi inaccesible de las montañas de Irán. Cuenta la leyenda que construyó junto a su castillo un jardín semejante al Paraíso de Mahoma con sus correspondientes huríes de ojos rasgados negros. Sus discípulos gozaban una especie de vacaciones en aquel paradisíaco lugar como premio, entre misión y misión, tras haber cumplido sus órdenes de asesinar a algún enemigo.

Hassan-Ben-Sabbah, después de apoderarse de la fortaleza de Alamut, al norte de Persia, pretendió ser el hudshet, o encarnación del último imán, y reclutó un buen número de adeptos. El "Viejo de la Montaña" se apoderó de numerosos castillos, tanto en Persia como en Siria, y su dominación se extendió rápidamente, gracias a secuaces devotos, fanatizados por el hashish o cáñamo de India, encargados de suprimir a cuantos obstaculizaban sus designios de dominación.

La traición o ruptura del silencio que guardaban celosamente de sus secretos era duramente castigado. Aquel que divulgara la existencia del grupo era condenado a muerte. El conocimiento de esta secta generó una leyenda terrorífica que se extendió por todo el orbe, cargando sobre ellos todos los magnicidios que se sucedían por Asia y Europa.

La jerarquía iniciática, estrechamente subordinada al Jeque o Gran Maestro, comprendió siete grados, como en el ismaelismo clásico. Luego de la muerte de Hassam, en 1124, a la edad de noventa años, el poder de los asesinos siguió ampliándose. Pero, en Siria, chocaron con los Templarios, que poseían numerosos castillos al sur de los montes Ansariyah y les llevaron encarnizada guerra, hasta los obligaron a pagar tributo (se ha pretendido, sin pruebas decisivas, que los templarios copiaron de los asesinos sus doctrinas esotéricas).

La estructura y graduación de los assessinos era asombrosamente similar a la de la Orden del Templo. Los grados de poder eran equivalentes, el Viejo de la Montaña se correspondía con el Gran Maestro, los Dais a los Grandes Priores, los Refik a los caballeros, los Fidavi a los escuderos y los Lassik a los simples hermanos sirvientes. Pero son la analogía de sus indumentarias la que hace evidente el parecido entre ambas Órdenes, ambos vestían capas blancas sobre las que portaban un distintivo rojo; la pretina los assessinos y la cruz los templarios. Ambas órdenes estaban relacionadas con la construcción, los edificios octogonales son patrimonio de ambas órdenes iniciáticas.

Igual que los masones del medievo, en todos los cultos evolucionados los hombres han tenido la necesidad de levantar templos que inmortalizaran la presencia de la divinidad. Los que tallaban la piedra levantaban monumentos sagrados, que utilizaron para la transmisión de su arte una enseñanza iniciática de forma que ésta no pudiera ser emulada. La ubicación, la orientación, su simbología, especialmente elegidas en relación con antiguos cultos a las fuerzas telúricas son una constante que se repite en las sociedades secretas iniciáticas desde la construcción del Templo de Salomón, lo que nos lleva a "suponer" que todas ellas tienen algún tipo de parentesco esotérico.

Los assessinos organizaron los Taouq, corporaciones de constructores que, después de una laboriosa iniciación, estaban capacitados para levantar templos y castillos con técnicas precisas y que se remontan, igual que el Templo de Salomón, al antiguo Egipto. En sus estatutos secretos se recoge; "Allá donde construyáis grandes edificios, practicad los signos de reconocimiento". Ello nos recuerda a los Templarios y sus sucesores los francmasones, que actuaban del mismo modo.

Si los Templarios, como todo parece indicar, aprendieron de los assessinos su organización piramidal, y sus reglas secretas de la construcción, no sería extraño que también de ellos aprendieran los conocimientos de la cábala, la gnosis y la alquimia, lo que les propició alcanzar su peculiar posición en la Europa medieval cristiana. El saber es poder, y el saber oculto otorga a quienes lo practican un aura de dioses o demonios. Gran parte del misterio que envuelve a assessinos y templarios, y más tarde a francmasones, radica en el conocimiento de ciertos saberes inaccesibles a los profanos.

Y es en este terreno del saber oculto donde germinan las leyendas, la hermenéutica que rodea a estas sociedades secretas. Los iniciados saben que los mensajes que les conducirán al Conocimiento han de hallarlos entre el simbolismo de la sabiduría antigua, el hermetismo, la cábala y la gnosis y el sendero que los conducirá hasta él ha sido marcado por los assessinos, los templarios y la antigua francmasonería.

Para los assessinos la dualidad eran las dos caras de una misma cosa, cielo e infierno eran lo mismo, el bien y el mal no existiría fuera de la virtud de la obediencia ciega al imán.

La segunda mitad de siglo XIII vio el fin definitivo, tanto en Siria como en Persia, del poder político de los assesinos, cuyas fortalezas fueron tomadas por las tropas de los soberanos de esos dos países. Su historia sus secretos, sus escritos y rituales se perdieron en ese siglo XIII, cuando el último Viejo de la Montaña conocido se rindió a los mongoles de Genghis Khan. Algunos de los discípulos assessinos consiguieron salvarse refugiándose en la India, de ellos algunos refundaron la orden ismaelita cuyo actual imán es el Agha Khan, de los otros, si es que aún existen, nunca más se supo.

Otra rama salida de los ismaelitas fue la religión de los drusos, quienes, establecidos en el macizo del mismo nombre, dieron mucho que hacer a las tropas francesas de Siria. Los fundadores de la secta fueron Hakem, sexto jalifa fatimita de Egipto, y su consejero, el persa Hamza, que convirtió a los drusos del Líbano a la doctrina (siglo XI). El Libro sagrado de los drusos es el Kitab-al Híkmat ("Libro de la Sabiduría"). He aquí, un resumen de sus creencias fundamentales: "Dios es uno; se ha manifestado a los hombres en varias oportunidades por su encarnación, visible por última vez en la persona de Hakem Biamr Alá; Hakem no murió; desapareció para atestiguar la fe de sus fieles, pero reaparecerá en su gloria y extenderá su imperio sobre el mundo. Sostienen, además, que Dios creó primero la Inteligencia universal, y que ésta se reveló a la tierra en cada una de las manifestaciones divinas: cuando Dios se encarnó en Hakem, ella tomó la forma de Hamza. Veamos ahora la reencarnación: el número de humanos es siempre el mismo, y sus almas pasan sucesivamente por diferentes cuerpos, subiendo o bajando en la escala de los seres, según hayan observado o descuidado los preceptos de la verdadera religión y la práctica de sus siete mandamientos." Los drusos están divididos en dos clases: los yákil o "guerreros" y los ákil o "ancianos", únicos admitidos en los Misterios. Para llegar a ákil, el neófito debe salir victorioso de tres pruebas temibles: después de prolongado ayuno, resistir el hambre ante una mesa colmada de manjares apetitosos; luego de cabalgar tres días en el desierto, no tocar una jarra de agua fresca; en fin, ha de ser capaz de no ceder a la voluptuosidad, durante toda una noche a solas con una bella mujer.

Como los drusos y los asesinos, los ansaríes o nusairíes, herejes musulmanes que habitan la cadena montañosa del mismo nombre (Líbano), proceden de los ismaelitas. "Los ansaríes creen en un solo Dios, existente en síy eterno: son, pues, unitarios. Afirman, sin embargo, que ese Dios se encarnó siete veces en la persona de Abel, Set, José, Josué, Asaf, Simón (Cefas) y Alí. En cada una de esas manifestaciones, Dios se sirvió de otras dos personas divinas, una de las cuales era emanación de su propia esencia, creada por él, y la segunda era creada por la primera." Fácilmente se adivina la influencia de las gnosis cristianas en toda una serie de especulaciones. En sus Misterios celebran una suerte de misa bajo las apariencias del vino, rito destinado a procurar la iluminación: la Divinidad se oculta en la luz, pero se manifiesta en el vino, servidor de la luz" (Abd-el-Nur). Creen en la metempsicosis: después de cierto número de transmigraciones, las almas de los creyentes se trasforman en estrellas en el "mundo de Luz". Vemos, pues, como las doctrinas gnósticas tuvieron gran influencia sobre los musulmanes heterodoxos.

Las iniciaciones en el Medioevo

Los cataros.

Los cataros son un movimiento cristiano que a lo largo del siglo XII se expandió por toda Europa. En Francia, fueron conocidos como Albigenses y en Bulgaria como Bogomilos. Surge como un fenómeno profundamente religioso, como un movimiento que busco organizarse hasta constituirse en una Iglesia Cristiana diferente a la de su tiempo. Se inspiraban en la idea de retornar a la pureza y los ideales de la Iglesia primitiva.

Existen diferencies versiones respecto al origen del catarismo. En una carta datada en 1143, de Everin, preboste de Steinfeld, a San Bernardo, se decía "Quienes fueron quemados nos dijeron, en su defensa, que esta herejía había permanecido oculta hasta nuestros días desde el tiempo de los mártires y que se había mantenido en Grecia y otras tierras" .

Los cataros eran célibes y rechazaban los sacramentos. Tampoco aceptaban los textos del Antiguo Testamento, así el culto a los imágenes y reliquias. Se oponían a la Iglesia Romana por considerarla fastuosa. Juzgaban inadecuada la vida de obispos y sacerdotes.

Sostenían cierto dualismo al considerar que el bien y el mal eran esferas separadas. Creían en la transmigración de las almas. Negaban la transustanciación de la Eucaristía (el pan que se convierte en el Cuerpo de Cristo). Negaban la naturaleza humana de Cristo en beneficio de una única naturaleza divina. La Pasión de Cristo y su muerte, no tenían significado alguno. Despreciaban el simbolismo de la cruz.

Los cataros practicaban un ritual de imposición de manos o "consolament", que podía ser realizado no solo por los "Buenos Hombres" sino también por mujeres. La imposición de manos se aplicaba a los enfermos.

Dentro del catarismo, las mujeres tuvieron un importante papel dentro de la religión y es muy probable que su presencia en los rituales, convirtieron a los cataros en los protagonistas de una herejía muy significativa para la Iglesia Romana, ya que en tiempos medievales la presencia femenina no era aceptada dentro de lo sagrado.

En efecto, las mujeres cátaras compartían con los hombres la función sacerdotal, e incluso predicaban ante el público femenino. Hombres y mujeres practicaban el rito de la bendición del pan de la santa Oración, lo que sustituía sacramento de la Eucaristía.

Muchas mujeres se unían a los cataros luego de enviudar o incluso, habiendo abandonado a los cónyuges para consagrar su vida a la fe.

Los cataros es decir: los "puros", llamados también albigenses, porque eran particularmente numerosos en la región de Albi, son célebres sobre todo por la encarnizada lucha que la Iglesia y la Realeza emprendieron contra ellos, exterminándolos por todos los medios. Sus doctrinas, que se distinguen por su pesimismo, son bien conocidas: llevando al extremo la doctrina de los dos principios del Bien y del Mal, declaraban que el universo entero había sido creado por el Príncipe de las Tinieblas, y de ahí concluían en una moral ascética, que condenaba el casamiento, la generación, y la vida misma, mala en sí, puesto que aprisiona el alma luminosa en la materia tenebrosa. A decir verdad, únicamente los Perfectos estaban sujetos a estricto ascetismo; en cuanto a los simples Auditores, gozaban de una moral más suave. Paradójicamente, por lo demás, esos herejes eran, en cierto sentido, mucho más "optimistas" que la Iglesia: al hacer de la Tierra el "Reino de Satanás", los cataros excluían el infierno del más allá, del mundo suprasensible y espiritual; al cabo de los tiempos, todos los espíritus, luego de pasar por gran número de reencarnaciones, quedarían salvados, toda la Luz librada de las Tinieblas. La literatura ocultista atribuyó a los cataros toda clase de creencias esotéricas que les eran extrañas. No por eso dejaban de tener ceremonias y ritos iniciáticos, prácticas diversas que tenían por finalidad separar el espíritu de este mundo y librar el alma, cautiva de su cuerpo; algunos hasta querían conseguirlo bruscamente por la Endura, acto que consistía en dejarse morir de hambre; pero la mayoría se limitaba a los ritos iniciáticos propiamente dichos, para lograr alcanzar la iluminación espiritual por el ascetismo y diversas técnicas que permitían separar momentáneamente el alma del cuerpo. "Los cataros tenían ya en el siglo XII signos de reconocimiento, santo y seña, y una doctrina astrológica."

Debe señalarse que las doctrinas cátaras sobrevivieron a la degollina de sus sacerdotes. Los Trovadores, que habían demostrado ser auxiliares fervientes y devotos de la herejía albigense, siguieron propagando en su "gaya ciencia" las ideas proscritas por la Inquisición.

Durante la Edad Media el esoterismo no dejó de caminar más o menos subterráneamente, a pesar de la lucha encarnizada emprendida por el Papado contra todas las herejías. Durante ese dilatado período, hubo gran número de organizaciones iniciáticas, algunas de las cuales trataban de mantenerse apartadas de las controversias teológicas, como el Compañonaje, otras eran francamente anticatólicas y depositarías de doctrinas heterodoxas. Doctrinas teosóficas de todas clases que se abrevaban en las más diversas fuentes, desempeñaron un gran papel: la Cabala o tradición hebraica; las doctrinas iluministas, en que reaparecen las antiguas tradiciones gnósticas; la alquimia y las especulaciones propiamente herméticas. Las corrientes ocultas de aquel período son aún muy mal conocidas, particularmente sus relaciones con las doctrinas orientales: es conocido el papel desempeñado por las Cruzadas sobre el particular. (Sería interesante, en particular, estudiar los vínculos de la tradición hermética con el simbolismo utilizado por las órdenes de Caballería que se constituyeron en el momento de aquellas expediciones: los blasones usan abundantemente los colores simbólicos).

Las corporaciones.

Entre las múltiples agrupaciones medievales, las más célebres son las Guildas o corporaciones de oficios, en las cuales existían ritos iniciáticos, y cuyos usos se perpetuaron hasta mucho después.

Los gremios de artesanos, también conocidos como Corporaciones de Oficios. Son entidades asociativas o societarias que aparecen en la Europa del siglo XII, sobre todo en Italia, Alemania y Francia, como una respuesta contestataria al monopolio de los Gremios de Comerciantes y con el ánimo de defenderse precisamente de ellos. En Italia se les conoce como Arte, en Alemania como Zünft o Innung, y en Francia como Corporation de Métier.

La mayoría de los Gremios de Artesanos estaban constituidos por hombres, como correspondía a la cultura cristiana medieval en la que los varones poseían y ejercían muchos más derechos de los que llegaron a tener las mujeres. Sin embargo, en una sociedad sólidamente categorizada existían oficios reservados para las mujeres, como por ejemplo los relacionados con el bordado y el tejido. Fueron famosas las Corporaciones de Tejedoras en el siglo XV, de las que incluso se desprende en apariencia una rama Masónica poseedora de un rito derivado de las herramientas del bordado y no del de la construcción.

En algunos Gremios de Artesanos cuyos oficios tradicionalmente eran desempeñados por hombres, era lícito admitir mujeres, como un privilegio especial otorgado a las viudas y huérfanas de los miembros que hubieran fallecido o en virtud de una circunstancia excepcional.

Estas Corporaciones de Oficios se establecieron alrededor del castillo feudal o en las afueras de las ciudades para realizar actividades artesanales. En su apogeo, tuvieron gran influencia política y social, y al parecer, su origen primigenio se encuentra en las Cofradías religiosas fundadas inicialmente con el objeto de venerar al santo patrón de los oficios. Por ejemplo, el de los joyeros en torno al culto de San Ives. El punto crítico se presentó cuando empezaron a preocuparse por las necesidades económicas de los cofrades.

Poco a poco estos Gremios de Artesanos fueron concentrando el monopolio de sus oficios, sobre el que llegaron a ejercer un poder absoluto en muchas ciudades europeas, y estratificaron a sus miembros de acuerdo a sus destrezas y conocimientos en tres clases: Aprendiz, Compañero u Oficial y Maestro. El artesano que no perteneciera al Gremio dominante no podía hacer su trabajo en la jurisdicción de este.

La voz cantante en los Gremios de Artesanos la llevaban los Maestros, que más que funcionarios, eran propietarios de la unidad económica, de las materias primas y controlaban la comercialización del producto.

Estos Maestros tenían tantos aprendices y oficiales como lo aconsejaran las necesidades de los trabajos contratados.

Un Taller era al mismo tiempo una escuela. Dentro del Gremio de Artesanos, los aprendices se iniciaban en el oficio de la mano del Maestro y mientras duraba el proceso de aprendizaje solo recibían comida y alojamiento. Muchas veces vivían en la misma casa o taller del Maestro. Cuando el Maestro consideraba que el Aprendiz ya había asimilado lo que le correspondía, lo convertía en Oficial con un sueldo fijo, para posteriormente, mediante la ejecutoria de un trabajo al que se le denominaba Obra Maestra, acceder al rango de Maestro.

Naturalmente, los Maestros no estaban ansiosos por aumentar su competencia y ceder parte del mercado que dominaban, por lo que cada vez las trabas y las pruebas eran más difíciles de superar para los Oficiales.

Con el tiempo, ya en los siglos XIV y XV, los Oficiales se fueron confabulando para exigir mayores sueldos y condiciones de trabajo, llegando hasta el extremo de incluso organizar huelgas. De estas asociaciones de Oficiales de los Gremios de Artesanos se dice que son los antecedentes más directos de los sindicatos.

Los Gremios de Artesanos llegaron a establecer condiciones al mercado a partir de su posicionamiento monopolístico: precio único de bienes y servicios, salarios regulados, márgenes de utilidad controlados, jornada laboral, y estándares de cantidad y calidad de los productos a elaborar y precio de los bienes y servicios finales. Esto trajo consigo la eliminación de la competencia y el no mejoramiento de técnicas. Por ejemplo: Hacia el año 1300 el Gremio de los Tintoreros de la ciudad de Derby, en Inglaterra, había logrado que nadie más pudiera teñir dentro de un radio de 10 leguas a la redonda. En el siglo XIV los Gremios de Artesanos participaban en el poder político de las ciudades cuyo comercio habían controlado. Y el asunto no es de poca monta ya que para la misma época en París existían más de 130 Gremios de oficios, entre ellos el de los Médicos.

Para un mayor control sobre las Corporaciones de Oficio, cada una de ellas se organizaba sobre unos Estatutos, los cuales buscaban principalmente asegurar unas relaciones comerciales monopolísticas y reducir la iniciativa individual, el libre comercio y el desarrollo de la industria independiente.

Los Estatutos señalaban, en la mayoría de los casos, las siguientes prescripciones, redactadas en un lenguaje religioso de corte judeocristiano, acorde con el contexto social de la Edad Media, en donde el cristianismo poseía un gran poder político y económico:

1) Jerarquización de la Corporación en los niveles de Maestro, Compañero (Oficial) y Aprendiz;

2) Reglamentación de las relaciones de trabajo, con énfasis en la protección del Maestro;

3) Prohibición del trabajo nocturno para garantizar la calidad del producto;

4) Descanso dominical por razones religiosas;

5) Prohibición del trabajo a domicilio para no fomentar la competencia;

6) Fijación de los salarios a los Compañeros; y

7) Diseño de un rígido sistema de valores relacionados con la moral pública y privada de sus miembros.

El monopolio de los Gremios de Artesanos comienza a decaer con el advenimiento del capitalismo como nuevo sistema económico que permite la producción a mayor escala, favoreciéndose de paso la creación de más canales expeditos de distribución y nuevas técnicas impulsadas por la mayor competencia entre actores de diferentes mercados.

Los Gremios de Artesanos fueron desapareciendo, o sobreviviendo al incorporar a nuevos miembros que sin ser operarios del Oficio respectivo, sí desempeñaban labores, profesiones u oficios relacionados con el objeto inicial del Gremio, tales como proveedores de materiales o insumos, abogados, médicos del gremio, contratistas, etc.

Es decir, que entre el siglo XVI y comienzos del XVIII, solo sobrevivían en Europa los Gremios de Artesanos que tomaron la decisión de transformarse en asociaciones económicas sectoriales. Entre ellos, algunos Gremios de Constructores, llamados también Masones, devotos de San Juan Bautista, que fueron admitiendo en su seno durante todo el siglo XVI a miembros no albañiles en calidad de "Aceptados".

Un ejemplo ilustrativo acerca de la forma en que funcionaba en el Renacimiento la habilitación de los nuevos Maestros y su vinculación a los Gremios lo constituye la preparación de Leonardo Da Vinci para contratar legalmente en Florencia.

Fruto de los amores juveniles de un futuro notario de la República de Florencia con una humilde campesina, y adoptado posteriormente por el matrimonio de su propio padre a la edad de cuatro años, Leonardo ingresó en 1465, con 13 años de edad, en calidad de aprendiz, al Taller de Andrea del Verrochio, uno de los más grandes artistas florentinos.

Verrochio, a su vez, había comenzado su vida de Maestro como orfebre, pero después de haber trabajado en Roma para el Papa Sixto IV, se radicó en Florencia y montó un Taller que le proporcionó dinero y fama.

Además de limpiar y asear el Taller, Leonardo debía preparar las tablas para pintar, moler las tierras y pigmentos, preparar el barniz y realizar toda clase de trabajos mecánicos.

Leonardo contó con la suerte de prepararse en un Taller polifacético, pues al prestigioso maestro Verrochio le confiaban la elaboración de objetos de bronce y plata, bajorrelieves para altares, esculturas, pinturas religiosas, etc. Incluso trabajos de ingeniería y arquitectura. La esfera de cobre dorado que corona la cúpula de la catedral Santa María del Fiore, la patrona de Florencia, es fruto de su afamado Taller, y a Leonardo le correspondió aplicar la soldadura de la obra.

En 1472, Leonardo Da Vinci terminó su período de aprendizaje y se inscribió como Maestro en la Corporación de Pintores de Florencia. Profesionalmente ya estaba habilitado para recibir encargos y montar su propio Taller. De ahí en adelante, su prestigio y talento lo llevaría a recibir múltiples y variados encargos. Sus principales clientes en adelante fueron los adinerados monasterios, los Médicis de Florencia, los Sforza de Milán, los invasores franceses, los papas Borgia, los republicanos de Venecia, y finalmente el Rey de Francia.

Por otro lado la existencia de guildas era muy difundida, la más sabia de esas Guildas era la de los "Albañiles" (maçons), constructores de los palacios y de las catedrales, adeptos del Arte real que entonces era la arquitectura, y depositarios de antiguos secretos: "Con todo derecho puede afirmarse que la geometría esotérica pitagóníca se trasmitió desde la antigüedad hasta el siglo XVIII, por un lado a través de las cofradías de constructores (que a la vez se trasmitieron, de generación en generación, un ritual iniciático en que la geometría desempeñaba un papel preponderante), y por otro, por la Magia, por los rosetones de las catedrales y los pentáculos de los magos". De esos "Maestros de Obra", de esa masonería operativa, nació la francmasonería especulativa. En cuanto al Compañonaje, cuyos diferentes "Deberes" rivales se repartían los picapedreros, los cerrajeros, los carpinteros, y que por lo demás subsiste hoy, numerosas novelas han popularizado las costumbres: los lazos y el bastón simbólicos; la "Vuelta de Francia"; las "cayennes", especies de mesones donde la "Madre" se ocupa del albergue y de la ropa de los compañeros.

El rasgo común de todas esas Hermandades es la existencia de signos de reconocimiento, de ritos iniciáticos de afiliación, de tradiciones que llegan a la más remota antigüedad, algunas de las cuales se encuentran en la Masonería moderna.

Emilia Pardo Bazan en su narración titulada "El Xeste" describe el compañonaje: "Eran obreros –no condenados, como los de la ciudad, a la eterna rueda de Ixión de un trabajo siempre el mismo-.Mestizos de cantero y labriego, en verano sentaban piedra, en invierno atendían a sus heredades. Organizados en cuadrilla, iban a donde les llamasen, prefiriendo la labor en el campo, se ahorra casi todo el jornal, para llevarlo, bien guardado en una media de lana, a la mujer, y mercar el ternero y el cerdo y las gallinas y la ropa y la simiente del trigo y algún pedacillo de terruño. No sentían la punzada del ansia de gozar como los ricos, que asalta al obrero en los grandes centros; el contacto de la tierra les conservaba la sencillez, las aspiraciones limitadas del niño; disfrutaban de un inagotable buen humor; y la menor satisfacción material les transportaba de jubilo. Sus almas eran todavía las transparentes y venturosas almas de los villanos medioevales".

Los Templarios.

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (latín: Pauperes commilitones Christi Templique Solomonici), comúnmente conocida como los Caballeros Templarios o la Orden del Templo (francés: Ordre du Temple o Templiers) fue una de las más famosas órdenes militares cristianas. Esta organización se mantuvo activa durante poco más de dos siglos. Fue fundada en 1118 por nueve caballeros franceses liderados por Hugo de Payens tras la Primera Cruzada. Su propósito original era proteger las vidas de los cristianos que peregrinaron a Jerusalén tras su conquista.

Aprobada de manera oficial por la Iglesia Católica en 1129, la Orden del Templo creció rápidamente en tamaño y poder. Los Caballeros Templarios empleaban como distintivo un manto blanco con una cruz roja dibujada. Los miembros de la Orden del Templo se encontraban entre las unidades militares mejor entrenadas que participaron en las Cruzadas. Los miembros no combatientes de la orden gestionaron una compleja estructura económica a lo largo del mundo cristiano, creando nuevas técnicas financieras que constituyen una forma primitiva del moderno banco, y edificando una serie de fortificaciones por todo el Mediterráneo y Tierra Santa.

El éxito de los templarios se encuentra estrechamente vinculado a las Cruzadas; la pérdida de Tierra Santa derivó en la desaparición de los apoyos de la Orden. Además, los rumores generados en torno a la secreta ceremonia de iniciación de los templarios creó una gran desconfianza. Felipe IV de Francia, considerablemente endeudado con la Orden, comenzó a presionar al Papa Clemente V con el objeto de que éste tomara medidas contra sus integrantes. En 1307, un gran número de templarios fueron arrestados, inducidos a confesar bajo tortura y posteriormente quemados en la hoguera. En 1312, Clemente V cedió a las presiones de Felipe y disolvió la Orden. La brusca desaparición de su estructura social dio lugar a numerosas especulaciones y leyendas, que han mantenido vivo el nombre de los Caballeros Templarios hasta nuestros días.

Para entrar en la Orden del Temple, los caballeros debían escuchar, conocer y aceptar las Reglas de la Orden. La ceremonia empezaba con una reunión del Capitulo, al neófito se le conducía a una sala aparte, cercana al Capitulo y se le vestía con una túnica blanca.

El Maestre, enviaba a dos caballeros, que le preguntaban:

Nombre

¿Porque deseas entrar en la Orden?.

¿Conoces las duras condiciones de la Orden?.

¿Estas dispuesto a Ingresar en la Orden?.

Los caballeros regresaban al Capitulo:

Caballeros: Señor, hemos hablado con el hombre que aguarda y le hemos expuesto las durezas de nuestra Orden. Afirma, que desea ser siervo y esclavo de ella.

Maestre: Hacerle venir en nombre de Dios.

Capitulo: Si que venga en nombre de Dios.

El aspirante era llevado por los dos caballeros a la sala del Capitulo y se arrodillaba ante el Maestre:

Aspirante a Templario: Señor, me presento ante Dios, ante Vos y ante los Hermanos y os ruego, que en nombre de Dios y de Nuestra Señora, que me admitáis en vuestra Orden, para ser de ahora en adelante su siervo y esclavo.

Maestre: Hermano mucho pedís, ya que lo que veis de la Orden... Meditad, hermano si podréis soportar tantas durezas.

Aspirante a Templario: Las sufriré todas, con la ayuda de Dios.

El Maestre, ordenaba al aspirante salir del Capitulo y dirigiéndose al mismo proclamaba:

Maestre: Si alguno de vosotros conociere alguna razón por la cual este hombre no tuviera derecho a ser un hermano, que la declare porque mejor será decirla ahora y no cundo él éste en nuestra presencia.

Si no había objeción, el Maestre preguntaba:

Maestre: ¿Queréis, pues, que le haga venir en nombre de Dios?

Capitulo: Si que venga en nombre de Dios.

Traían al aspirante al Capitulo y arrodillándose:

Aspirante a Templario: Señor, me presento ante Dios, ante Vos y ante los Hermanos y os ruego, que en nombre de Dios y de Nuestra Señora, que me admitáis en vuestra Orden , para ser de ahora en adelante su siervo y esclavo.

El Maestre procedía a interrogara al aspirante:

Maestre:¿Sois Caballero?

Maestre: ¿Estáis sano de cuerpo?

Maestre:¿Estáis casado?

Maestre:¿Habéis estado casado?

Maestre:¿Habéis pertenecido a otra Orden?

Maestre:¿Tenéis deudas?

Si el interrogatorio era favorable, se pasaba a la jura de votos, que tomaba el Maestre:

Maestre:¿ Prometéis a dios ya Nuestra Señora, que de ahora en adelante y durante todos los días de vuestra vida, obedeceréis al maestre del temple y a los que sean vuestros superiores?.

Maestre:¿ Prometéis a dios ya Nuestra Señora, que de ahora en adelante y durante todos los días de vuestra vida, viviréis castamente?

Maestre:¿ Que viviréis sin nada propio?

Maestre:¿ Que respetareis lo buenos usos y costumbres de nuestra casa?.

Maestre:¿ Que ayudareis a conquistar la tierra Santa de Jerusalén?

Maestre:¿ Que no abandonareis esta Orden?

Aspirante a Templario: Si Señor, si Dios lo quiere.

A continuación el aspirante, pasaba a ser investido como Caballero y se le entrega:

El Manto blanco de la Orden del Temple.

La Cruz.

La Espada

El Maestre, le abrazaba dándose el ósculo fraternal.

A continuación se entonaba el salmo 133:

Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos igualmente en uno.

Henri De Curzon en su libro "La Regla Primitiva de los Templarios" menciona que el postulante a templario debía pasar por una prueba previa: "11. Si cualquier caballero seglar o cualquier otro hombre, desea dejar la masa de perdición y abandonar la vida secular escogiendo la vuestra en comunidad, no consintais en recibirlo inmediatamente, porque según ha dicho mi Señor San Pablo: Probate spiritus si ex Deo sunt. Que quiere decir: "Prueba el alma a ver si viene de Dios" Sin embargo, si la compañía de sus hermanos le debe ser concedida, dejad que le sea leída la Regla, y si desea explícitamente obedecer los mandamientos de la Regla, y complace tanto al Maestre como a los hermanos el recibirle, dejadle revelar su deseo ante todos los hermanos reunidos en capítulo y hacer su solicitud con corazón digno". Y refiriendose al silencio dice: "32. Porque está escrito: In multiloquio non effugies peccatum. Que quiere decir que el hablar en demasía no está libre de pecado. Y en algún otro lugar: Mors et vita in manibus lingue. Que significa: 'La vida y la muerte están bajo el poder de la lengua.' Y durante esa conversación nosotros conjuntamente prohibimos palabras vanas y estruendosos ataques de risa. Y si algo se dice, durante esa conversación, que no debería haberse dicho, ordenamos que al acostaros recéis un paternoster con notable humildad y sincera devoción".

El esoterismo de los templarios sigue siendo un enigma. Es conocida la historia de esa famosa Orden, fundada en 1117 para la protección de los peregrinos en Tierra Santa, cuya regla había sido establecida por San Bernardo.

Solo hemos conservado algunos retazos de la iniciación templaría –Anota Christian Jack en su libro La Masonería Historia e Iniciación- . "Antes de la entrada del neófito, el maestro del lugar preguntaba a los hermanos: "¿Queréis que le hagamos venir por Dios?"; a eso responden: "Hacedlo venir por Dios". Cuando el neófito entra en el templo, todos los iniciados se vuelven hacia él y le preguntan: "¿Os halláis todavía en vuestra buena voluntad?"; fórmula que la francmasonería transformara ligeramente preguntando al profano si es libre y de buenas costumbres. "Requerís algo muy grande", dice el maestro al postulante, "pues solo veis la corteza de nuestra orden. Ignoráis los duros mandamientos de nuestra sociedad, pues es duro que vos, que sois dueño de vos mismo, os hagáis siervo de otro". Durante la ceremonia, una pregunta reaparece vanas veces: "¿Sois de buena voluntad?". Y todas las veces el postulante se compromete más y manifiesta su deseo de proseguir. El instante supremo es el de la "creación" del nuevo templario. El maestro se dirige entonces a los hermanos: "Si entre vosotros hubiera alguno que conoce en él (el postulante) algo que le impida ser un hermano según la Regla, que lo diga; pues mejor sería que lo dijese antes que cuando haya acudido ante nosotros". Esta fase ritual se conserva íntegramente en la iniciación masónica contemporánea. Los templarios empleaban ya la calavera que se encuentra en el "gabinete de reflexión" de los masones, honraban de modo particular una piedra procedente del cielo que puede confundirse con la piedra cúbica del compañero masón. Además, cuando el iniciado templario pasa por encima del crucifijo, lleva a cabo un acto análogo al del maestro masón cuando pasa por encima del ataúd de Hiram. El Gran Maestre de los templarios se afirma, por lo demás, como arquitecto, puesto que posee el ábaco, el bastón sagrado de los constructores. La fiesta del solsticio del san Juan de invierno reúne a templarios y francmasones, y los grandes maestros de ambas órdenes encienden personalmente las hogueras rituales.

¿Tenían los templarios una doctrina secreta? El problema ha suscitado gran número de interpretaciones; ciertos historiadores niegan categóricamente la existencia de un esoterismo templario, y otros, al contrario, no vacilan en hacer derivar la francmasonería de la Orden mártir. En realidad, bien parece que los templarios tuvieron un culto secreto y doctrinas reservadas a los iniciados, y que esas doctrinas heterodoxas les fueron trasmitidas por heréticos musulmanes —quizá los asesinos, con quienes tuvieron relaciones—, herederos de especulaciones gnósticas. Pero conocemos muy mal dicho esoterismo, debido a que los documentos fueron casi totalmente desaparecidos. El historiador se ve reducido a conjeturas, con respecto a las figuras bafométicas (de bafometo = "inspiración del Espíritu"), especie de ídolos andróginos, que representan la unión de los principios masculinos y femeninos, cuyo papel en los rituales secretos no ha podido ser precisado; con suficiente certeza. En "símbolos gnósticos impresos en un talismán hallado, en el siglo XVII, en la tumba de un templario, muerto antes de la destrucción de la Orden", y asimismo a "dos cofrecillos descubiertos, uno en Borgoña, el otro en Toscana, sobre los cuales se reconocen esos mismos símbolos, principalmente la cadena de Eones, representada por la houppe las pruebas del fuego y del agua, el falo, el cteis, el toro de Mitra y la cruz ansada de los egipcios", y también a "esos emblemas extraños esculpidos en la puerta de algunas iglesias, donde parecen querer mostrarse y ocultarse, a un mismo tiempo, las doctrinas interiores del templo" (por ejemplo, en lo alto de la puerta principal de la iglesia Saint Merri se halla un Bafometo, entre dos ángeles que le echan incienso). Pero ignoramos casi todo del esoterismo templario, y el historiador debe desconfiar de las descripciones demasiado precisas que dan ciertos ocultistas de los misterios practicados por los Caballeros.

En esta época de gran proliferación soterrada de ritos surge una figura muy especial, y este es dante.

Dante Alighieri.

Dante Alighieri (1265-1321) es el más célebre "iniciado" de la Edad Media: ese gran adversario del papado parece haber desempeñado un gran papel en las sociedades secretas de aquel entonces; era, en particular, uno de los jefes de la Fede Santa, Orden Tercera de filiación templaría. Y se hizo el intérprete de dicho esoterismo en su Divina Comedia, que es "una alegoría metafísico-esotérica, que vela y expone al mismo tiempo las fases sucesivas por las cuales pasa la conciencia del iniciado para alcanzar la inmortalidad".

Cada "Cielo" representa un grado de iniciación: el Infierno representa el mundo profano, el Purgatorio comprende las pruebas iniciáticas, y el Cielo es la morada de los Perfectos, en quienes se hallan reunidos y llevados a su cenit la inteligencia y el amor. En esta vasta síntesis aparecen toda clase de elementos: doctrinas paganas, gnósticas, cátaras, árabes, herméticas, etc. Se encuentran en particular los símbolos más típicos del hermetismo cristiano: la Cruz, la Rosa, el Águila, la Escala de las siete artes liberales, el Pelícano que se abre el pecho para Alimentar a su cría (símbolo a la vez del Redentor del mundo y de la más perfecta humanidad).

La travesía de Dante en el infierno, cielo y purgatorio lo hace con la ayuda de diferentes guías quienes recibieron ordenes de mostrarle a Dante estos 3 lugares de la misma Virgen Maria. En el infierno y purgatorio lo guía Virgilio dramaturgo romano autor de la Envida. En el cielo lo guía Beatriz mujer de la cual Dante estaba enamorado en la vida real, pero no le correspondió, y en la obra como homenaje a ella la representa como la receptora de todas las virtudes humanas.

En el viaje Dante se va encontrando con diferentes personajes de la edad antigua como por ejemplo: Sócrates, Homero, el mismo Virgilio a quién Dante lo ve como su maestro y piensa que lo sabe todo, Alejandro el Grande, Atila y muchos otros personajes romanos, griegos y de la edad media y también muchos papas.

En la travesía Dante aprende diferentes lecciones como por ejemplo la humildad.

Comienza la travesía de nuestro héroe en la selva negra, en el infierno (lugar donde castigan a los pecadores), el empieza su viaje desde el circulo del mas bajo nivel a los mas altos pecados y allí ve a tres bestias que representan tres vicios.

Dante el viaja pasa por el infierno, purgatorio y llega al cielo, e aquí los 3 lugares y sus subdivisiones

Infierno:

Limbo: Hogar de Virgilio, lugar de la pena sin sufrimiento, y del deseo sin cumplimiento, aquí encontramos a los niños no bautizados y guerreros ilustres.

Lujuria: Espacio de mas dolor que el limbo, hay aquí un torbellino de aire negro donde se juzga a los condenados como los suicidas por amor, en este circulo los quiere atacar Minos pero Virgilio le echa tierra, aquí encuentran a Cleopatra, Aquiles, Helena, Paris y Dido entre otros.

Gula: Aquí no hay mucho que mencionar solo que llueve agua negra y que los quiere atacar el can cerbero pero de nuevo Virgilio le echa tierra neutralizándolo.

Avaricia y derroche: Aquí se encuentran las personas que en su vida o nunca quisieron gastar nada de su dinero o lo derrochaban con despreocupación, su castigo es que cada bando se pelee hasta la eternidad. Virgilio le dice a Dante una frase muy sabia "Ni todo el oro del mundo puede darles reposo"

Ira: Aquí encuentran la Laguna Estigia que es un pantano donde están las almas desnudas nadando en el lodo y el enojo se arrancan la piel con los dientes, después se enfrentan contra las gorgonas llegando a la ciudad de Dite a las puertas de la ciudad (que esta cerrada por cierto) llega un mensajero del cielo abriendo las puertas de esta con una varita (algo así como hada madrina) y pasando ellos adentro.

Herejía: Aquí se encuentran todas aquellas personas que no creían que había vida después de la muerte, se encuentran en tumbas hacinados unos con otros y las tumbas se encuentran arriba de llamaradas

Violencia: Este círculo tiene subdivisiones las cuales son:

  • Lago de sangre: Aquí se encuentran los asesinos, los grandes guerreros como Atila, Alejandro Magno ahogados en la sangre de inocentes.

  • Bosque de espinas: Aquí se encuentran las personas que usaron la violencia contra si mismos (suicidas), aquí son castigados siendo convertidos en matorrales frágiles que se rompen con cualquier cosa.

  • Violentos contra Dios: Aquí entran los blasfemos y se les castigaba con arena caliente y lluvia de fuego

  • Fraude: Aquí se condenaban en fosas a 10 diferentes tipos de fraudulentos, los que vivian de las mujeres, en estos tiempos llamados gigolos, los aduladores, adoradores de oro, falsos magos, estafadores, hipócritas, ladrones, malos consejeros y falsificadores.

Traición: Aquí encontramos 4 tipos de traidores: Los que son contra parientes, contra la patria, contra los huéspedes y los peores contra sus bienhechores, en este círculo encontramos a Judas Iscariote, Bruto y Casio. En este círculo Dante ve a Lucifer, lo describe con 3 cabezas y 6 alas. Aquí Virgilio le dice que la única forma de salir será escalando la espalda de Lucifer.

Purgatorio:

Dante lo describe como "una montaña de 7 círculos", lugar de paso, donde se sufre temporalmente.

Catón es el guardián del purgatorio: es un viejo de barba blanca cascarrabias que atraviesa el infierno y el purgatorio en un barca.

Se divide en 7 círculos pero antes de entrar a ellos un ángel con una espada les graba 7 PS en la frente y pasando cada círculo se les va ir quitando las 7 PS.

  • Soberbia: Aquí Dante cambia de actitud, ya que en el primer circulo del infierno el se cree superior a Sócrates y a los grandes pensadores, en este circulo se le pregunta "tu eres Dante" a lo que el contesta: "si soy el, solo que no soy tan famoso todavía". Aquí se le borra la 1era P (pecado)

  • Envidia: Aquí los envidiosos tiene los ojos cocidos y cerrados con alambre

  • Ira: Una humareda oscura priva la vista de los castigados.

  • Pereza: Se borra otra P.

  • Avaricia y despilfarro: Aquí se encuentran a Craso Gula. Aquí los castigados están hechos unas parcas (y no eran anoréxicas) y ellas le dicen a Dante "bienaventurados aquellos que no tiene mas ni menos hambre que la razonable".

  • Lujuria: aquí un alma atormentada le dice a nuestro protagonista "dichoso tu que estas vivo y vives para aprender".

  • Salen del purgatorio y entran al paraíso terrestre. Dante llora por despedirse de Virgilio lo acompaña Estacio que los había seguido en el trayecto desde el 5to círculo y sirve de conexión ente Dante y Beatriz.

Cielo:

Por fin llegan al tan esperado cielo, este a diferencia de los otros no esta dividido en círculos si no en cielos y aquí van subiendo de menor a mayor, cabe destacar que aquí los cielos son representados como los planetas y el sol pero como en ese tiempo todavía no se descubrían saturno ni plutón, por lo cual les llama cielo estrellado y cielo cristalino respectivamente.

  • Luna: La región del fuego en el cielo, este fuego no quema no hiere, aquí todo lo que se quiere se puede. Beatriz le dice a Dante "si la razón sigue a lo sentidos debes de tener muy cortas las alas".

  • Mercurio: Todo lo que era castigo en el infierno ahora es gozo

  • Venus: Aquí es el cielo de los espíritus del amor

  • Sol: Doctores en filosofía y teología.

  • Marte: Nuestro protagonista se encuentra con su tatarabuelo quien le dice que lo van a desterrar de Florencia.

  • Júpiter: Hay una danza de criaturas sobre estas formas hay un águila.

  • Saturno: aquí Dante menciona "recorrí con mi ojos las 7 esferas y vi tan pequeño nuestro globo y me dio risa su vil aspecto.

  • Cielo estrellado: No pasa nada relevante

  • Cielo cristalino: En esta esfera empieza y concluye el movimiento mientras todo lo demás gira a su alrededor

Dante llega al Empirio un lugar que se podría definir como el cielo supremo lugar donde acaba la travesía de Dante. El empirio es un cielo de pura luz allí se encuentra la Virgen María, San Pedro y la Santísima Trinidad representado como tres círculos de luz cegadora.

Aquí se manejan los 7 pecados capitales o antivalores como la Ira, Gula, Pereza, Envidia, Lujuria, Avaricia y Codicia. En contraste se manejan muchos valores: Valor, Coraje, Perdón, Amor y Humildad.

Los alquimistas.

Como hemos podido darnos cuenta, la Edad Media fue una época en que los cultos secretos y las doctrinas esotéricas proliferan, propagados por numerosas organizaciones iniciáticas. Citemos, a ese respecto, las sociedades secretas que agrupaban a los alquimistas, cuyas doctrinas y prácticas no dejaron de desarrollarse durante todo ese período, a pesar de las repetidas condenas de la Iglesia.

Así que hacia finales del siglo XIII, la alquimia se había desarrollado hasta un sistema de creencias bastante estructurado. Los adeptos creían en la teorías de Hermes sobre el macrocosmos-microcosmos, es decir, creían que los procesos que afectan a los minerales y otras sustancias podían tener un efecto en el cuerpo humano (por ejemplo, si uno aprendiese el secreto de purificar oro, podría usar la misma técnica para purificar el alma humana). Creían en los cuatro elementos y las cuatro cualidades anteriormente descritas y tenían una fuerte tradición de esconder sus ideas escritas en un laberinto de jerga codificada lleno de trampas para despistar a los no iniciados. Por último, los alquimistas practicaban su arte: experimentaban activamente con sustancias químicas y hacían observaciones y teorías sobre cómo funcionaba el universo. Toda su filosofía giraba en torno a su creencia en que el alma del hombre estaba dividida dentro de él tras la caída de Adán. Purificando las dos parte del alma del hombre, éste podría reunirse con Dios.

En el siglo XIV, estos puntos de vista sufrieron un cambio importante. Guillermo de Ockham, un franciscano de Oxford que murió en 1349, atacó la visión tomista de la compatibilidad entre la fe y la razón. Su opinión, hoy ampliamente aceptada, era que Dios debe ser aceptado sólo con la fe, pues Él no podía ser limitado por la razón humana. Por supuesto este punto de vista no era incorrecto si uno aceptaba el postulado de un Dios ilimitado frente a la limitada capacidad humana para razonar, pero eliminó virtualmente a la alquimia como práctica aceptada en los siglos XIV y XV.

El papa Juan XXII publicó en el año 1317 un edicto contra la alquimia (Spondet quas non exhibent), que efectivamente retiró a todos los miembros de la iglesia de la práctica del arte. No obstante, se cree que este mismo papa estuvo interesado en el estudio alquímico y que también escribió un tratado titulado Ars transmutatoria en el que narraba cómo fabricó 200 barras de oro de un quintal. Los cambios climáticos, la peste negra y el incremento de guerras y hambrunas que caracterizaron a este siglo sirvieron también sin duda de obstáculo al ejercicio filosófico en general.

La alquimia se mantuvo viva gracias a hombres como Nicolas Flamel, digno de mención sólo porque fue uno de los pocos alquimistas que escribieron en estos tiempos difíciles. Flamel vivió entre 1330 y 1417 y serviría como arquetipo a la siguiente fase de la alquimia. No fue un investigador religioso como muchos de sus predecesores y todo su interés por el arte giraba en torno a la búsqueda de la piedra filosofal, que se dice que halló. Sus obras dedican gran cantidad de espacio a describir procesos y reacciones, pero nunca llegan realmente a dar la fórmula para conseguir las transmutaciones. La mayoría de su obra estaba dedicada a recoger el saber alquímico anterior a él, especialmente en lo relacionado a la piedra filosofal.

Durante el período de 1300 a 1500, los alquimistas fueron muy parecidos a Flamel, se concentraron en la búsqueda de la piedra filosofal y el elixir de la juventud, que ahora se creía que eran cosas separadas. Sus alusiones crípticas y su simbolismo llevaron a grandes variaciones en la interpretación del arte. Por ejemplo, muchos alquimistas durante este periodo interpretaban que la purificación del alma significaba la transmutación del plomo en oro (en la que creían que el mercurio desempeñaba un papel crucial). Estos hombres eran considerados magos y hechiceros por muchos y fueron con frecuencia perseguidos por sus prácticas.

Uno de estos hombres que surgió a principios del siglo XVI se llamaba Heinrich Cornelius Agrippa. Este alquimista creía ser un mago y poder invocar espíritus. Su influencia fue insignificante pero, elaboró escritos a los que se refirieron alquimistas de años posteriores. Hizo bastante por cambiar la alquimia de una filosofía mística a una magia ocultista. Mantuvo vivas las filosofías de alquimistas anteriores, incluyendo la ciencia experimental, la numerología, etcétera, pero añadió la teoría mágica, lo que reforzó la idea de la alquimia como creencia ocultista. A pesar de todo esto, Agrippa se consideraba a sí mismo cristiano, si bien sus opiniones entraron con frecuencia en conflicto con la Iglesia.

Cabalistas.

También hay que mencionar a los rabinos cabalistas, que se agruparon en una suerte de escuelas, pequeñas capillas cerradas. El sentido etimológico de la palabra Cabala es "tradición". Ese esoterismo hebraico, cuya influencia había de ser tan grande sobre numerosos pensadores cristianos, tiene remotas raíces en las doctrinas puramente judaicas y también en las otras tradiciones, principalmente las ideas gnósticas: las obras de los cabalistas son una especie de depósito en el que han venido a acumularse los residuos de los sistemas teosóficos más diversos. Había una Cabala práctica, suerte de enciclopedia de conocimientos mágicos de toda clase, junto a diversos procedimientos que permitían obtener el éxtasis místico, y aun llegar a poner a algunos sujetos en trances hipnóticos. Pero había sobre todo una Cabala especulativa, que interpretaba alegóricamente los textos sagrados, utilizando diversas técnicas de permutación de letras (Gematria, Notarikón, Temurah, Teruf), y que intentaba penetrar los más profundos misterios de la Creación (Maaseh bereshit, "Historia del Génesis") y de la constitución del Universo (Maaseb Merkábah, "Historia del carro celestial"). Los dos textos de base de las especulaciones cabalísticas eran el Séfer Yetsirah ("Libro de la Formación"), y el Séfer-ha-Zohai ("Libro del Esplendor") redactado en España hacia fines del siglo VIII: esta última obra ejerció, sobre todo a partir del siglo XVI, considerable influencia sobre casi todas las doctrinas esotéricas que vieron la luz.

No podemos resumir, ni siquiera brevemente, el inmenso cuerpo de doctrinas que forman las especulaciones cabalísticas: nos permitimos remitir a las obras especializadas. Sin embargo, he aquí el principio de base, enunciado: "Dios puede ser considerado en sí o en su manifestación. En sí, antes de toda manifestación, Dios es un ser indefinido, vago, invisible, inaccesible, sin atribución precisa, parecido a un mar sin orillas, a un abismo sin fondo a un fluido sin consistencia, imposible de conocer por ninguna razón, por consiguiente, de ser representado, sea por una imagen, sea por un nombre, sea por una letra, ni siquiera por un punto. El menos imperfecto de los términos que pueden emplearse sería el Sin fin, el Indefinido o Ain Sof, que no tiene límite, o Ain el No-Existente, el No-ser.

"En cuanto Dios se manifiesta se hace accesible, cognoscible; se le puede nombrar; y el nombre que se le da se aplica a cada manifestación o exteriorización de su ser. El Ain Sof, el Ain se manifiesta de diez maneras en las sefirot. Cada una éstas, la Corona, la Sabiduría, la Inteligencia, la Gracia, la Fuerza, la Belleza, la Victoria, la Gloria, el Fundamento y la Realeza, constituye un modo especial de revelación o de notificación del Ain Sof y permite nombrarlo. Cada círculo, limitación o determinación del Ain Sof, es una sefirah...

"La Cabala considera también a Dios bajo la forma del Adán celeste, el Adam Qadmón, y localiza las sefirot en cada uno de sus miembros, aplicando la ley de los contrarios y la ley sexual." De ahí el diagrama conocido con el nombre de árbol de las Sefirot. aseguraba, no después de la muerte, sino en la vida terrenal, felicidades y riquezas ciertas, era muy tentador para quienes una fe sólida no ataba a Cristo. probar con el Diablo". Las prácticas y el culto satánicos han sido abundantemente descritos en las obras especializadas. El estudio de esa forma aberrante de iniciación es, por lo demás, del más alto interés para el historiador de las religiones: en las prácticas místico-eróticas del Sabbat se encuentra sin duda un eco lejano y pervertido de un antiguo culto pagano de la fecundidad.

La brujería.

Las iniciaciones medievales no sería completo si no aludiéramos a la brujería. Han existido, según parece asociaciones secretas de brujos y brujas, celebrando sus ritos en fechas fijas. Por paradójico que parezca, la brujería constituye una especie de culto y aun de religión, pero de religión a contrapelo.

Como se ha hecho notar muchas veces, "no es posible separar desde la Edad Media en que ellas dominan, las dos nociones paralelas y antinómicas de Dios: el bien, y del Diablo: el mal. Es, pues, fácil comprender que si se levantaban altares a Dios, si existía toda una liturgia, con misas y fiestas que se le ofrecían, también habían de existir ceremonias tan fervorosamente dedicadas al Diablo. Si la Iglesia misma consideraba al Diablo como un ángel caído, muy poderoso y un "casi igual"; si, por añadidura, un pacto con él aseguraba, no después de la muerte, sino en la vida terrenal, felicidades y riquezas ciertas, era muy tentador para quienes una fe sólida no ataba a Cristo, probar con el Diablo". Las prácticas y el culto satánicos han sido abundantemente descritos en las obras especializadas.

La iniciación en la brujería, era el ritual por el cual los nuevos miembros del culto entraban a formar parte de él se basaba en publicar abiertamente la renuncia a CRISTO, un bautizo posterior; la mayoría de los que se convertían eran del sexo femenino, pues este culto tenía en mayor consideración a las mujeres que el culto cristiano, en la Europa Medieval el papel de la mujer era casi tan bajo como lo había sido en la sociedad cazadora del paleolítico. Era propiedad del hombre y bracera. La Iglesia la consideraba moralmente débil y potencialmente pecaminosa. En rebelión contra este subyugamiento, las mujeres se convirtieron a un culto en el que eran tan importantes como el varón , y en muchos tipos de magia eran incluso más audaces.

Si bien la actitud del cristianismo con respecto de algunas prácticas mágicas, tales como la astrología o la alquimia, fue en ciertos momentos ambigua, la condena de la brujería fue explícita e inequívoca desde los comienzos de la religión cristiana. En la Alta Edad Media varias leyes condenaron la brujería, basadas tanto en el ejemplo del derecho romano como en la voluntad de erradicar todas aquellas prácticas relacionadas con el paganismo. Sin embargo, la actitud eclesiástica no parece haber sido demasiado beligerante durante la primera mitad de la Edad Media, como lo atestiguan documentos como el Canon Episcopi.

La situación cambió cuando la Iglesia comenzó a perseguir las herejías cátara y valdense. Ambas concedían una gran importancia al demonio, y para estas comunidades cristianas éste estaba personalizado en la Iglesia Romana Papal, debido a sus grandes abusos. En especial los cátaros se referían a ella como "la prostituta". Para combatir estas herejías fue creada la Inquisición pontificia en el siglo XIII. En el siglo siguiente comienzan a aparecer en los procesos por brujería las acusaciones de pacto con el Diablo, el primer elemento determinante en el concepto moderno de brujería.

Las principales características de la bruja, según los teóricos del tema en la época, eran las siguientes:

  • 1. el vuelo en palos, animales, demonios o con ayuda de ungüentos,

  • 2. encuentros nocturnos con el Diablo y otras brujas en el sabbat o aquelarre,

  • 3. pactos con el Diablo,

  • 4. sexo con demonios (en forma de íncubos y súcubos) y

  • 5. la magia negra.

La definición de la brujería como adoración al Diablo se difundió por toda Europa mediante una serie de tratados de demonología y manuales para inquisidores que se publicaron desde finales del siglo XV hasta avanzado el siglo XVII. El primero en alcanzar gran repercusión, gracias a la reciente invención de la imprenta, fue el Malleus Maleficarum ("Martillo de las brujas", en latín), un tratado filosófico-escolástico desapasionado y racional publicado en 1486 por dos inquisidores dominicos, Heinrich Kramer (Henricus Institoris, en latín) y Jacob Sprenger. El libro no sólo afirmaba la realidad de la existencia de las brujas, conforme a la imagen antes mencionada, sino que afirmaba que no creer en brujas era un delito equivalente a la herejía: "Hairesis maxima est opera maleficarum non credere" (La mayor herejía es no creer en la obra de las brujas).

Se creía que las brujas celebraban reuniones nocturnas en las que adoraban al Demonio. Estas reuniones reciben diversos nombres en la época, aunque predominan dos: sabbat y aquelarre. La primera de estas denominaciones es casi con seguridad una referencia antisemita, cuya razón de ser es la analogía entre los ritos y crímenes atribuidos a las brujas y los que según la acusación popular cometían los judíos. La palabra aquelarre, en cambio, procede del euskera aker (macho cabrío) y larre (campo), en referencia al lugar en que se practicaban dichas reuniones.

Según se creía, en los aquelarres se realizaban ritos que suponían una inversión sacrílega de los cristianos. Entre ellos estaban, por ejemplo, la recitación del Credo al revés, la consagración de una hostia negra, que podía estar hecha de diferentes sustancias, o la bendición con hisopo negro. Además, casi todos los documentos de la época hacen referencia a opíparos banquetes (con frecuencia también a la antropofagia) y a una gran promiscuidad sexual. Una acusación muy común era la del infanticidio, o los sacrificios humanos en general.

La principal finalidad de los aquelarres era, sin embargo, siempre según lo considerado cierto en la época, la adoración colectiva del Diablo, quien se personaba en las reuniones en forma humana o animal (macho cabrío, gato negro, etc). El ritual que simbolizaba esta adoración consistía generalmente en besar el ano del Diablo (osculum infame). En estas reuniones, el Diablo imponía también supuestamente su marca a las brujas, y les proporcionaba drogas mágicas para realizar sus hechizos.

Se creía que los aquelarres se celebraban en lugares apartados, generalmente en zonas boscosas. Algunos de los más célebres escenarios de aquelarres fueron las cuevas de Zugarramurdi (Navarra) y Las Güixas (cerca de Villanúa, en la provincia de Huesca) en España, el monte Brocken (mencionado en el Fausto de Goethe), en Alemania, Carnac en Francia; el nogal de Benevento y el paso de Tonale, en Italia. Se creía también que algunos aquelarres se celebraban en lugares muy lejanos de la residencia de las supuestas brujas, que debían por tanto hacer uso de sus poderes sobrenaturales para desplazarse volando: por ejemplo, se acusó a algunas brujas del País Vasco francés de asistir a aquelarres en Terranova.

Algunas fechas se consideraban también especialmente propicias para la celebración de aquelarres, aunque varían según las regiones. Una de ellas era la noche del 30 de abril al 1 de mayo, conocida como la noche de Walpurgis.

Para algunos investigadores el Sabbat, eran las reuniones de los miembros relacionados con la brujería. Esta celebración se solía llevar a cabo en el transcurso de un cambio de estación las más importantes se celebraban en otoño, como la del 31 de octubre llamada según documentos encontrados, All Hallows Eve o las del 30 de abril, Printemps party. Otras fechas importantes eran la fiesta de invierno, el 2 de febrero; la víspera de San Juan el 23 de junio y la fiesta del verano del 1 de agosto, y el día de Santo Tomás el 21 de diciembre. Estas reuniones duraban desde la medianoche (hora de brujas) hasta el canto del gallo. El sabbat era una mezcla de fiesta religiosa- de una sociedad secreta- multitudinaria, carnaval y orgía de borrachos. Comenzaba con un ritual llevado a cabo por un Gran Maestro, durante el cual podía tener lugar la presentación de las brujas jóvenes, o se celebraban bautismos, confirmaciones y bodas. El baile era muy importante en este tipo de celebraciones y según el autor las descripciones de estos bailes pueden llegar a ser:"...una descripción exacta de un tipo de baile moderno". Además en estas reuniones era normal que los asistentes se pintaran la cara y el cuerpo, razón de porqué la Iglesia condenaba los cosméticos.

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