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Colangitis Aguda




Partes: 1, 2

  1. Resumen
  2. Introducción
  3. Definición y clasificación
  4. Epidemiología y factores de riesgo
  5. Fisiopatología
  6. Etiología
  7. Microbiología
  8. Manifestaciones clínicas
  9. Diagnóstico
  10. Tratamiento
  11. Pronóstico y severidad
  12. Bibliografía

Resumen

La colangitis aguda es una condición mórbida que cursa con inflamación aguda e infección de las vías biliares. La coledocolitiasis es la causa más frecuente de la colangitis. Esta entidad requiere la presencia de dos factores: obstrucción biliar y un aumento bacterial en la bilis (infección biliar). Los microorganismos de la flora entérica, aerobios y, en menor grado, anaerobios, son los agentes causales en la mayoría de casos. La denominada tríada de Charcot constituye la sintomatología clínica más frecuente. El diagnóstico se confirma mediante técnicas radiológicas abdominales, entre las que se incluyen la ecografía, la tomografía computarizada y la colangiorresonancia magnética, en las que se detectan signos de obstrucción de la vía biliar y, en muchas ocasiones, la causa subyacente de ésta. El tratamiento antimicrobiano apropiado precoz y el drenaje biliar, generalmente efectuado mediante técnicas endoscópicas, son la terapia de elección en la mayoría de pacientes.

ABSTRACT

Acute cholangitis is a morbid condition with acute inflammation and infection in the bile duct. The most frequent cause of cholangitis is the choledocholithiasis. Acute cholangitis requires the presence of two factors: biliary obstruction and bacterial growth in bile (bile infection). In most cases, the causative agents are intestinal microflora, mostly aerobic microorganisms (and, to a lesser extent, anaerobic bacteria). The Charcot triad constitutes the most frequent symptomatology. Diagnosis is confirmed by means of radiological techniques, such as ultrasonography, computed tomography scan, or magnetic resonance imaging of the liver, in which signs of obstruction of the biliary tract can be detected and its etiology can often be determined. In most patients the treatment of choice is early appropriate antimicrobial therapy and biliary drainage, generally using endoscopic techniques.

Introducción

Las enfermedades biliares pueden manifestarse en algunos pacientes con síntomas vagos como astenia, prurito, etc., mientras que en otros casos cursan asintomáticas y se expresan exclusivamente como alteraciones del perfil hepático.

A continuación se desarrollará una de estas enfermedades que es la Colangitis Aguda, en esta revisión se priorizará en llegar a un diagnóstico rápido de esta enfermedad a través de sus manifestaciones clínicas ayudados de exámenes auxiliares que nos permitan confirmar dicha entidad. Para de ese modo tener un buen pronóstico y evitar las complicaciones que se puedan dar o puedan aparecer durante el desarrollo de la enfermedad. A su vez se expondrá el manejo de los pacientes con diagnóstico de Colangitis Aguda realizado a su ingreso, durante su internamiento e incluso luego del postoperatorio.

Definición y clasificación

  • Inflamación aguda e infección de los conductos biliares resultado de la obstrucción de la vía biliar y su colonización bacteriana (1).

  • Colangitis Aguda es una condición mórbida donde ocurre una inflamación aguda y la infección en el conducto biliar (2).

La primera descripción que hace referencia a esta patología fue debida a Charcot, que describió en 1877 la denominada "fiebre hepática", entidad que se caracteriza por la presencia de fiebre intermitente acompañada de escalofríos, dolor en hipocondrio derecho e ictericia. Con posterioridad, este complejo sintomático se reconoció como la tríada de Charcot (2).

Aunque se han propuesto diversas clasificaciones de la enfermedad, una de las más clásicas es la de Longmire, que divide a esta entidad en 5 tipos (2):

  • 1. Colangitis aguda secundaria a colecistitis aguda.

  • 2. Colangitis no supurativa aguda.

  • 3. Colangitis supurativa aguda.

  • 4. Colangitis supurativa aguda obstructiva.

  • 5. Colangitis supurativa aguda acompañada de absceso hepático.

En realidad, la mayoría de las veces se trataría de fases de un mismo proceso en relación con el tiempo de evolución de la enfermedad y/o presencia de obstrucción subyacente.

Epidemiología y factores de riesgo

La prevalencia de colelitiasis en la población general es de aproximadamente un 10-15% en Estados Unidos y en Europa. En los pacientes con colelitiasis asintomática, el riesgo anual de desarrollar un cólico biliar es del 1%, una coledocolitiasis sintomática, la causa más frecuente de colangitis, del 0,2% y una pancreatitis biliar de entre el 0,04 y el 1,5%. Aunque conocemos el riesgo de estos pacientes para desarrollar una colecistitis aguda, aproximadamente el 0,3% anual, la incidencia de colangitis es desconocida.

La edad media de los pacientes es de 50 a 60 años6 y no se observa ninguna predilección por el sexo.

La incidencia de colangitis tras la práctica de una colangiopancreatografía endoscópica retrograda (CPER) ha sido más estudiada y en una recopilación de varios estudios que incluía a más de 33.000 pacientes se situó entre el 0,7 y el 5,4% (2).

La mortalidad de la colangitis aguda, que era cercana al 50% antes de la década de los ochenta, ha descendido de forma relevante desde la introducción rutinaria de las técnicas endoscópicas para el drenaje de la vía biliar obstruida, siendo actualmente del 3-10% (2).

Monografias.com

Tomado de: Kimura Y. et al. Definitions, pathophysiology, and epidemiology of acute cholangitis and cholecystitis: Tokyo Guidelines. Journal Hepatobiliary Pancreat Surg. 2007; 14: 15-26.

Entre los factores de riesgo predisponentes a esta entidad tenemos (10):

Tabla 2. Análisis de factores de riesgo por Colangitis Supurativa Aguda

Monografias.com

Han D, Jeong H, Woo Y, Hyeon T. What are the risk factors for acute suppurative cholangitis caused by common bile duct stones? Gut and Liver 2010; 4(3):363-67.

Fisiopatología

Los 2 factores más importantes para el desarrollo de una colangitis son la colonización bacteriana de la vía biliar y, sobre todo, la obstrucción de su luz. En condiciones normales, las vías biliares son estériles debido a las propiedades antibacterianas de las sales biliares y a la secreción local de inmunoglobulina A (IgA), y el papel del esfínter de Oddi es evitar el reflujo de microorganismos a partir del tracto digestivo (4,5). Se ha observado que la vía biliar está colonizada en el 16% de los pacientes sometidos a cirugía abdominal no biliar, en el 44% de las colangitis crónicas, en el 50% de los casos con obstrucción de la vía biliar, en el 72% de los pacientes con colangitis aguda y en el 90% de los pacientes con ictericia secundaria a coledocolitiasis (2).

La colangitis aguda se produce por la asociación de la presencia de bacterias en la bilis y un aumento de la presión intrabiliar debida a obstrucción; es decir, la infección biliar es necesaria pero no suficiente. Los gérmenes pueden llegar a la vía biliar por dos caminos: a) de forma ascendente, desde el duodeno (el más común) y b) por vía portal por un mecanismo de translocación bacteriana. Esto explica que los gérmenes más frecuentemente aislados sean Escherichia coli, Klebsiella, Enterococcus y Proteus. En un 15%-30% de los casos existe infección combinada con bacterias anaerobias:

Bacteroides fragilis o Clostridium perfringens (7).

Cuando existe el antecedente de manipulación instrumental mediante colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE), colangiografía transparietohepática (CTP) o cirugía complicada, es posible la infección por gérmenes gramnegativos más resistentes a antibióticos, como Pseudomonas o Enterobacter. El mecanismo por el que se producen la bacteriemia y la sepsis se explica por el reflujo de gérmenes sometidos a presión intrabiliar hacia las venas o linfáticos perihepáticos; además, la infección biliar puede extenderse al parénquima hepático dando lugar a la aparición de abscesos (7).

El factor más determinante para el desarrollo de una colangitis es la obstrucción de la vía biliar, que facilita la proliferación bacteriana a dicho nivel. Es bien conocido que una vía biliar colonizada pero no obstruida no suele progresar a colangitis (2-4). Algunos estudios han demostrado que la incidencia de bacteriemia y endotoxemia están directamente relacionadas con la presión intrabiliar (8). Dicho aumento de la presión causa una disrupción de las uniones hepatocelulares con la consiguiente translocación de las bacterias y toxinas al torrente circulatorio (3). Además, se ha observado que la obstrucción causa cambios en la función de los neutrófilos, con una disminución de la adhesión y de la capacidad fagocitaria, y una respuesta anómala de las citocinas. Por otro lado, se ha observado que la ausencia de sales biliares e IgA en el duodeno, como consecuencia de la obstrucción biliar, incrementaría la flora duodenal que se transformaría en flora fecal, facilitándose la translocación bacteriana (5).

Etiología

La causa principal de obstrucción de la vía biliar es la coledocolitiasis (Tabla 1), responsable del 30-70% de los casos de colangitis (2,4). Entre el 10-50% son debidas a neoplasias malignas, fundamentalmente neoplasia de páncreas, tumores papilares, colangiocarcinoma y, con menor frecuencia, por compresión extrínseca de tumores primarios o metastásicos en el hilio hepático. En la actualidad, no es excepcional que la colangitis se produzca tras la obstrucción o migración de una prótesis endocoledocal, colocada para paliar la obstrucción del colédoco en un paciente con neoplasia de las vías biliares irresecable.

Alrededor del 10-20% de las obstrucciones son causadas por estenosis benignas (como las posquirúrgicas o las secundarias a tumores benignos de la vía biliar) y un 1-3% por colangitis esclerosante (2-4).

De forma excepcional, la obstrucción se puede deber a una enfermedad parasitaria que afecte a la vía biliar, pudiendo facilitar la formación de cálculos del colédoco. Esta obstrucción de la vía biliar, inusual en Estados Unidos y Europa pero relativamente común en países del sudeste asiático, puede estar causada por Clonorchis sinensis, Opistorchis felinus. O. viverrini y fasciola hepática (4). Ocasionalmente, también Ascaris lumbricoides puede obstruir los conductos biliares y causar colangitis. En ocasiones, el parásito puede causar obstrucción biliar por compresión extrínseca, como sucede en la equinococosis.

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Tomado de: M.L. Manzano Alonso. Enfermedades inflamatorias e infecciosas de la vía biliar. Medicine. 2004; 9(10): 633-637.

En la Tabla 2 se muestra algunos resultados de estudios sobre la causa de Colangitis Aguda:

Tabla 4. Causas de Colangitis Aguda (%)

Tomado de: Kimura Y. et al. Definitions, pathophysiology, and epidemiology of acute cholangitis and cholecystitis: Tokyo Guidelines. Journal Hepatobiliary Pancreat Surg. 2007; 14: 15-26.

Microbiología

En el paciente con colangitis, el cultivo de la bilis es positivo en el 80-100% de los casos y se detecta bacteriemia asociada en un 20-80% de las ocasiones. El microorganismo detectado en el hemocultivo coincide con el detectado en la muestra biliar en el 33-84% de los pacientes. En el 30-70% de los episodios la infección es polimicrobiana.

Los agentes causantes de la colangitis se corresponden con la flora presente en el tracto digestivo, siendo Escherichia coli el microorganismo diagnosticado con mayor frecuencia (Tabla 3). La detección de Klebsiella spp. no es infrecuente; además, este patógeno tiene una especial predisposición para asociarse con abscesos hepáticos. Otras enterobacterias, como Enterobacter spp., Morganella spp. o Serratia spp., se observan casi de forma exclusiva en infecciones nosocomiales o en pacientes con infección o manipulaciones previas de la vía biliar.

Pseudomonas aeruginosa se detecta en infecciones de adquisición nosocomial o relacionadas con la práctica de una CPER, en ocasiones en forma de brotes epidémicos, lo cual puede tener implicaciones terapéuticas.

Como en otras infecciones intraabdominales, puede detectarse la presencia de Enterococcus spp., en general formando parte de la flora polimicrobiana, aunque su papel patógeno está por determinar.

Cuando la toma de muestras y los cultivos se realizan de forma adecuada, se detectan bacterias anaerobias estrictas hasta en el 50% de los casos, especialmente en pacientes con patología de la vesícula biliar asociada, en ancianos y en enfermos con anastomosis biliointestinales.

La detección de anaerobios se asocia casi siempre a infección polimicrobiana y mixta con bacterias aerobias estrictas o facultativas.

En pacientes con colangitis los anaerobios causan bacteriemia en pocas ocasiones, ya que su detección en los hemocultivos es inferior al 2%. La presencia de anaerobios se ha asociado con infecciones de mayor gravedad. Bacteroides spp. son los anaerobios más frecuentes, siendo Clostridium spp. en la actualidad menos común.

La detección de Candida spp. en la bilis de pacientes con colangitis es poco frecuente y excepcional su detección en los hemocultivos.

Tabla 5. Hallazgos microbiológicos en cultivo de bilis y en hemocultivos en pacientes afectados de colangitis aguda

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Tomado de: Almirante Benito, Pigrau Carlos. Colangitis aguda. Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica. 2010; 28(Suplemento 2):18-24.

Manifestaciones clínicas

En los pacientes con colangitis a menudo hay una historia previa de patología biliar (colelitiasis, colocación de una prótesis biliar y cirugía de vesícula biliar, entre otras), incluido el antecedente de colangitis, ya que ésta es recurrente en un elevado porcentaje de casos si no se soluciona la obstrucción subyacente.

Las manifestaciones clínicas se extienden desde una sintomatología leve, sobre todo en las fases iniciales, hasta una sepsis fulminante.

La fiebre es el síntoma más constante, ya que está presente en más del 90% de los casos. En aproximadamente 2 tercios de los casos se aprecia ictericia y en el 70% dolor en el hipocondrio derecho. La tríada de Charcot completa está presente hasta en la mitad de los pacientes (9). En 2 tercios de los pacientes son prominentes los escalofríos, que suelen correlacionarse con la presencia de bacteriemia.

Aproximadamente un 30% de los enfermos presenta hipotensión y entre el 10-20% letargia o confusión mental. La inestabilidad hemodinámica y la alteración del nivel de conciencia, junto a la tríada de Charcot, constituyen la "Pentada" de Reynolds, descrita por este autor en 1959. Este síndrome está presente en alrededor del 3-14% de los casos (9) y suele indicar la presencia de una colangitis muy grave.

En el anciano, al igual que sucede en otras infecciones, la clínica suele ser menos expresiva y cursar con febrícula y deterioro del estado general. En esta situación, la alteración de las pruebas hepáticas pueden orientar hacía la existencia de una patología biliar.

En la exploración física a menudo se aprecia fiebre elevada, ictericia y dolor intenso a la palpación en el hipocondrio derecho. La presencia de signos de irritación peritoneal puede observarse en el 14-45% de los pacientes.

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Tabla 6. Incidencia de manifestaciones clínicas de Colangitis Aguda

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Tomado de: K. Wada et al.: Diagnostic criteria and severity assessment of acute cholangitis: Tokyo Guidelines. Hepatobiliary Pancreat Surg (2007) 14:52–58

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en la presencia de una clínica compatible, asociada con la existencia de marcadores biológicos de inflamación y alteración de las pruebas hepáticas, y con alteraciones de las vías biliares observadas en las técnicas de imagen. Recientemente, el comité de expertos mencionado ha establecido unos criterios diagnósticos basados en 4 puntos: a) historia de enfermedad biliar; b) manifestaciones clínicas compatibles; c) alteraciones de laboratorio con signos inflamatorios y de obstrucción de la vía biliar, y d) técnicas de imagen indicativas de la presencia de obstrucción biliar o que muestren una etiología capaz de causar colangitis (Tabla 7).

Tabla 7. Criterios diagnósticos de Colangitis Aguda a

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Tomado de: Almirante Benito, Pigrau Carlos. Colangitis aguda. Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica. 2010; 28(Suplemento 2):18-24.

Examen de sangre

Esta entidad suele cursar con leucocitosis con desviación a la izquierda, y elevación importante de la proteína C reactiva y de la velocidad de sedimentación globular. La presencia de leucopenia con desviación a la izquierda puede observarse en pacientes muy sépticos y, por ello, estos parámetros suelen estar asociados con un peor pronóstico de la enfermedad. La elevación de las enzimas hepáticas es prácticamente constante, sobre todo de las indicadoras de colestasis.

Las fosfatasas alcalinas y la gammaglutamiltranspeptidasa están elevadas en más del 90% de las ocasiones, y los valores de bilirrubina están por encima de la normalidad en el 70-90% de los enfermos.

Con frecuencia se detecta una alteración ligera de las transaminasas, que puede alcanzar valores muy elevados en pacientes con un incremento brusco de la presión intrabiliar6. Las cifras de amilasas no suelen modificarse; sin embargo, cuando están elevadas sugieren que la causa de la colangitis es una coledocolitiasis. Entre el 20 y el 80% de los enfermos presentan bacteriemia asociada (11).

Tabla 8. Porcentaje positivo para examen de sangre en pacientes con Colangitis Aguda

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Tomado de: K. Wada et al.: Diagnostic criteria and severity assessment of acute cholangitis: Tokyo Guidelines. Hepatobiliary Pancreat Surg (2007) 14:52–58

Examen de imágenes

Las técnicas de imagen no invasivas para el diagnóstico de la presencia de patología biliar incluyen a la ecografía, la tomografía computarizada (TC) y la colangiorresonancia magnética (CRM).

La ecografía, por su coste, su facilidad de realización y la ausencia de efectos secundarios es la técnica de elección inicial. Aunque su sensibilidad para el diagnóstico de litiasis vesicular es muy elevada, para la detección de la presencia de coledocolitiasis es poco sensible (50% de los casos). En algunos estudios, la eficacia de la ecografía para la detección de la presencia de obstrucción biliar es del 96%, mientras que en otros su sensibilidad es ligeramente inferior, por lo cual, una ecografía normal no excluye por completo el diagnóstico de colangitis. Si la obstrucción biliar es incompleta el rendimiento de la ecografía es inferior. En nuestra experiencia, la sensibilidad de la ecografía para la presencia de abscesos hepáticos, una complicación no inusual en pacientes con colangitis, es del 85% (datos no publicados).

La ecografía endoscópica es una técnica invasiva muy sensible para el diagnóstico de la presencia de coledocolitiasis (superior al 80%) y de obstrucción de la vía biliar asociada. El papel de esta técnica ecográfica para el diagnóstico del paciente con colangitis está aún por establecer.

Diversos estudios sugieren que la tomografía es superior a la ecografía para detectar la presencia de obstrucción de la vía biliar. La TC es muy útil cuando la causa de la colangitis es un tumor pancreático.

Sin embargo, con relativa frecuencia no permite detectar la presencia de litiasis coledocal y su sensibilidad para la detección de litiasis vesicular biliar es inferior a la de la ecografía. La TC tiene una fiabilidad superior a la ecografía para la detección de abscesos hepáticos (95% en nuestra experiencia). Sus principales inconvenientes son un coste superior al de la ecografía, la emisión de radiaciones, que prácticamente contraindica su uso durante el embarazo, el empleo de contraste, que puede ser deletéreo en pacientes con insuficiencia renal, y que en bastantes ocasiones no puede diferenciar entre estenosis benigna y maligna.

La CRM es superior a la ecografía en la detección de litiasis coledocal y en demostrar la causa y localización de la obstrucción de las vías biliares en un paciente con colangitis, con una sensibilidad cercana al 95% y una especificidad del 94%. Su sensibilidad para diferenciar entre las estenosis benignas y las malignas es del 88%. Sus principales inconvenientes, además del coste, son que no puede aplicarse en pacientes con prótesis metálicas o claustrofobia y no permite realizar el drenaje de la vía biliar.

La CPER es el procedimiento más sensible, tanto para el diagnóstico de la presencia de obstrucción (97% de los casos) como de litiasis coledocal (98%), y permite diferenciar entre estenosis benigna y maligna en la mayoría de los casos. Es una técnica invasiva mixta, endoscópica y radiológica, con una elevada seguridad diagnóstica en la detección de coledocolitiasis, en el diagnóstico de enfermedades inflamatorias de la vía biliar, de neoplasias, de fístulas y de anomalías congénitas de las vías biliares. Además, permite practicar la manometría del esfínter de Oddi, recoger bilis y jugo pancreático para estudios bioquímicos, microbiológicos y determinación de marcadores tumorales, y biopsiar o realizar citología de lesiones intraductales para estudio histológico o citológico.

La CRE se indica con fines diagnósticos y terapeúticos. Si se estima que es preciso realizar terapeútica, como por ejemplo ante una elevada sospecha de coledocolitiasis, es de primera elección frente a la CRM, pues permite realizar la esfinterotomía con extracción de cálculo en el mismo acto.

La dilatación de estenosis, el drenaje de la vía biliar endoscópico y la colocación de prótesis en casos de obstrucción maligna, la ampulectomía, etc., son procedimientos endoscópicos terapeúticos que pueden realizarse mediante CRE.

Si la indicación de la CRE es exclusivamente diagnóstica, sólo ante sospecha de disfunción del esfínter de Oddi, de patología de la papila de Vater o para la toma de muestras en casos en los que exista la posibilidad de patología tumoral, se admite su realización. En el resto de los casos se considera de primera elección la CRM por tratarse de un método diagnóstico

no invasivo.

Fig. 1: Colangiografía retrógrada (muestra Colangitis esclerosante primaria)

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La colangiografia transhepática también tiene una elevada sensibilidad para el diagnóstico de obstrucción de la vía biliar, aunque tiene un índice de complicaciones superior a los de la CPER, por lo que suele reservarse para los pacientes en los que la práctica de esta exploración no sea técnicamente posible (p. ej., estenosis proximales), o bien, si no se dispone de un facultativo experto en la práctica de ésta, como puede suceder ocasionalmente en un paciente que requiera, por sepsis incontrolada, un drenaje urgente de la obstrucción biliar. Consiste en la punción con aguja del árbol biliar dilatado y su opacificación con la inyección de contraste. Permite valorar el grado de obstrucción, la existencia de litiasis y la posible etiología (benigna o maligna) de la obstrucción según la terminación del conducto biliar. Esta técnica no se emplea en la actualidad con intención diagnóstica, sino como procedimiento terapeútico mediante el drenaje biliar percutáneo, para resolución rápida temporal de la ictericia obstructiva en pacientes que van a ser intervenidos quirúrgicamente, o como descompresión biliar definitiva paliativa en casos de obstrucción maligna por patología no resecable.

Fig. 2: Colangiografía transhepática

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Tratamiento

El diagnóstico rápido y la terapéutica adecuada son esenciales para mejorar el pronóstico de la colangitis aguda. Los pacientes con cuadros clínicos moderados, con estabilidad hemodinámica, pueden ser tratados médicamente con antibióticos y cuidados de soporte (aporte de fluidos y electrólitos, corrección de la coagulopatía si está presente y analgesia). La descompresión de la vía biliar o la terapia definitiva de la litiasis biliar puede demorarse hasta 48-72 h en los pacientes con buena respuesta al tratamiento médico inicial (aproximadamente el 80% del total). En los casos con criterios de gravedad o con enfermedad progresiva se requiere la práctica de un drenaje urgente de la vía biliar, asociado con la terapia médica descrita con anterioridad, ya que el retraso en su realización empeora claramente el pronóstico de la colangitis. En la figura 3 se describe un árbol de decisión para el manejo de la colangitis aguda.

Fig. 3: Árbol para el manejo de la colangitis aguda

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Tratamiento antimicrobiano

La terapia antibiótica de la colangitis aguda ha de ser precoz, aun de forma previa a su confirmación definitiva, para controlar la bacteriemia y la sepsis. La elección del tratamiento empírico se ha de basar en diversas consideraciones, entre las que se incluyen la actividad antimicrobiana frente a las bacterias causantes de la infección, la gravedad del cuadro clínico, los factores propios del huésped (como la función renal o hepática o los antecedentes de reacciones alérgicas), los patrones locales de sensibilidad a los antimicrobianos, la utilización previa de antimicrobianos, la adquisición de la infección en el ámbito comunitario u hospitalario, y la presencia previa de manipulaciones o cirugía de la vía biliar. La utilización de fármacos con buena difusión a la vía biliar parece una opción razonable, aunque continúa siendo un tema controvertido y no suficientemente evaluado, ni en clínica ni en el modelo experimental. Está bien demostrado que los antibióticos no alcanzan el sistema biliar hasta transcurridas las primeras 24 h de su drenaje efectivo.

Los antibióticos con un espectro de actividad medio o amplio y con una excreción biliar adecuada, como la amoxicilina-ácido clavulánico, la piperacilina-tazobactam, las cefalosporinas o las quinolonas fluoradas asociadas al metronidazol, y los carbapenems son los más utilizados para la terapéutica empírica de la colangitis aguda.

Las recomendaciones para la elección del tratamiento empírico de las infecciones abdominales publicadas por la Infectious Diseases Society of America, basadas en su gravedad inicial, son las más usadas en las colangitis agudas. En las formas no graves de adquisición comunitaria se pueden utilizar antibióticos de espectro de actividad más reducido, como la amoxicilina-ácido clavulánico, la asociación de una cefalosporina de primera o segunda generación con metronidazol o la piperacilina-tazobactam. En los pacientes que precisan drenaje de la vía biliar por vía endoscópica se ha comprobado un riesgo elevado de complicaciones locales y sistémicas por patógenos hospitalarios, especialmente por P. aeruginosa, por lo que parece razonable que de forma previa a esta exploración los pacientes reciban una profilaxis apropiada frente a estos microorganismos.

Aunque en numerosos ensayos clínicos se ha demostrado la eficacia de pautas que asocian un ß-lactámico con un aminoglucósido para el tratamiento de las infecciones de las vías biliares, la potencial toxicidad ótica y, sobre todo, renal de estos compuestos (en especial si hay ictericia asociada) hacen poco aconsejable esta opción terapéutica.

Estos agentes se han de reservar para pacientes con alergia a los ß-lactámicos, como segunda línea tras los regímenes que contengan quinolonas fluoradas, o para los casos de infecciones de adquisición nosocomial sin otras opciones terapéuticas.

El tratamiento antibiótico empírico de las colangitis agudas graves o las de adquisición nosocomial ha de incluir fármacos con espectro de actividad más amplio, como los carbapenems (imipenem, meropenem o doripenem), o bien la asociación de una cefalosporina de tercera (cefotaxima o ceftriaxona) o cuarta generación (cefepima) con metronidazol.

En 2 ensayos clínicos prospectivos y aleatorizados recientes acerca de la eficacia del doripenem, a dosis de 500 mg cada 8h perfundidos en 1h, comparada con el meropenem, a dosis de 1 g cada 8h, para el tratamiento de infecciones abdominales complicadas, se ha demostrado una ausencia de inferioridad de este nuevo antibiótico carbapenémico. Su perfil de seguridad es muy bueno y no se han observado convulsiones en ninguno de los pacientes incluidos en los ensayos. En el análisis combinado de ambos ensayos se comprueba la ausencia de inferioridad de doripenem frente a meropenem y la presencia de unas tasas similares de erradicación bacteriana. En ambos estudios, los pacientes con infecciones de las vías biliares no superan el 10% del total, por lo que la extrapolación de sus resultados para el tratamiento de la colangitis aguda se ha de realizar con cierta cautela.

El tratamiento antibiótico empírico se debería modificar en función de los microorganismos detectados en los cultivos microbiológicos de las muestras de sangre y/o de bilis y de su perfil de sensibilidad.

En los pacientes de edad avanzada, con formas graves de la enfermedad, con antecedentes de manipulación de la vía biliar o portadores de prótesis a dicho nivel se considera necesario mantener una cobertura antianaeróbica, a pesar de que no se detecten estos microorganismos en los cultivos iniciales.

La duración de la terapia antibiótica está basada en la respuesta clínica y en la presencia de bacteriemia. Las formas moderadas de la enfermedad requieren una terapia antibiótica de 5 a 7 días. En los pacientes con bacteriemia, el tratamiento se ha de prolongar hasta los 10 o 14 días. Después de obtenerse una respuesta clínica adecuada el tratamiento puede administrarse por vía oral, si es posible usar una pauta antibiótica apropiada. La duración óptima del tratamiento antibiótico después del drenaje biliar eficaz no ha sido bien definida en estudios prospectivos aleatorizados. En un estudio retrospectivo con pocos pacientes, se ha comprobado que la administración de una pauta de 3 días de tratamiento antibiótico es efectiva en pacientes seleccionados que responden de forma rápida (con resolución de la fiebre) al procedimiento de drenaje biliar46. En la mayoría de ocasiones la terapia antibiótica se prolonga por un período no inferior a 1 semana tras la práctica del drenaje de la vía biliar y la consecución de la estabilidad clínica de los pacientes con una colangitis aguda.

Tabla 9.

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Tabla 10.

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Tabla 11.

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Tabla 12

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Tomado de: Tanaka A et al. Antimicrobial therapy for acute cholangitis: Tokyo Guidelines. J Hepatobiliary Pancreat Surg 2007; 14: 59-67.

Drenaje de la vía biliar

La descompresión de la vía biliar es esencial en los pacientes con colangitis.

Esta descompresión puede realizarse mediante 3 procedimientos: por vía endoscópica, mediante un sistema de acceso percutáneo transhepático o por cirugía abierta biliar. En ocasiones, es necesario un abordaje terapéutico multimodal.

Drenaje biliar endoscópico. El drenaje endoscópico de la vía biliar, mediante la práctica de una CPER, es el procedimiento de elección en la colangitis aguda. Las restantes modalidades se consideran como alternativas cuando la terapia endoscópica es técnicamente imposible o no es eficaz para la obtención de un drenaje biliar adecuado.

El drenaje biliar endoscópico (DBE) ofrece unas ventajas importantes, como la definición de la anatomía de la vía biliar, la identificación de otra patología simultánea (estenosis biliares o quistes coledocales), la posibilidad de recogida de muestras de bilis para análisis microbiológico o de tejidos para estudios histológicos y, en muchas ocasiones, proporciona una terapéutica eficaz definitiva de la infección.

Lai et al, en un estudio prospectivo aleatorizado con 83 pacientes diagnosticados de colangitis aguda, demostraron que la morbilidad del DBE, en relación con la cirugía biliar abierta, era aproximadamente la mitad (el 34 frente al 66%) y que la mortalidad era claramente inferior (el 10 frente al 32%)50. En estudios posteriores se han confirmado estos resultados.

El DBE tiene también unas cifras inferiores de morbilidad, acorta la estancia hospitalaria y tiene una tasa mayor de eficacia terapéutica que el drenaje biliar transhepático con acceso percutáneo (DBTP).

De forma similar, en la población de edad avanzada el DBE tiene menor morbilidad y mortalidad que el DBTP.

Las opciones para el DBE son la práctica de una esfinterostomía o la colocación de una prótesis en el esfínter de drenaje o un catéter nasobiliar.

La esfinterostomía endoscópica es el sistema de elección, y en pacientes en estado muy crítico o con coagulopatías importantes son necesarios los sistemas alternativos. Las complicaciones ocurren entre un 5 y un 10% de los casos, y las más usuales son la pancreatitis, la hemorragia, la impactación de las litiasis y la perforación.

La terapéutica antibiótica se ha de continuar después del DBE, ya que los pacientes permanecen con riesgo de presentar colecistitis o empiema vesicular. La duración total del tratamiento antibiótico no está bien definida, oscilando entre 3 y 7 días después de la práctica eficaz de un DBE.

Drenaje biliar transhepático con acceso percutáneo. El DBTP consiste en la colocación de un catéter, guiado por ultrasonidos o por fluoroscopia, en el interior de un conducto biliar intrahepático y/o en el colédoco, y situar su extremo distal en la luz duodenal. En los centros con experiencia se puede obtener más de un 90% de éxito terapéutico para la desobstrucción del árbol biliar, en especial si éste se encuentra dilatado. Sin embargo, las complicaciones y la mortalidad relacionada con esta técnica de drenaje biliar son superiores a las observadas con las técnicas endoscópicas, por lo que su indicación estaría reservada a pacientes en los que no se puede realizar un DBE por alteraciones anatómicas o por cirugía previa de derivación gástrica, o bien por fracaso de esta técnica. Las complicaciones más importantes del DBTP son la hemobilia, la hemorragia intraabdominal, la sepsis, el neumotórax o hidrotórax y la pancreatitis.

Drenaje biliar quirúrgico. El drenaje biliar quirúrgico, mediante cirugía abierta o laparoscópica, es raramente una terapéutica de primera línea en la colangitis aguda obstructiva, debido a su elevada morbilidad y mortalidad asociadas. En los pacientes graves la mortalidad puede superar el 50%. En este tipo de cirugía se realiza una coledocotomía y se inserta un tubo en T para la descompresión del árbol biliar. Su realización de emergencia está reservada a pacientes con alteraciones anatómicas o con fracaso de las técnicas de drenaje biliar previamente descritas. Está indicado realizar cirugía biliar de forma electiva tras la resolución de la compresión biliar para la resolución completa del problema obstructivo y, si es necesario, la práctica de una colecistectomía.

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Fig. 4: Drenaje nasobiliar endoscópico

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Fig. 5: Esfinterectomía: Técnica Estándar

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Fig. 6: Esfinterectomía: Esfinterotómo tipo aguja

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Fig. 7: Drenaje percutáneo transhepático

Pronóstico y severidad

Tabla 13. Factores pronósticos de Colangitis Aguda

Tomado de: K. Wada et al.: Diagnostic criteria and severity assessment of acute cholangitis: Tokyo Guidelines. Hepatobiliary Pancreat Surg (2007) 14:52–58

Tabla 14.

Tomado de: Wada K et al. Diagnostic criteria and severity assessment of acute cholangitis: Tokyo Guidelines. J Hepatobiliary Pancreat Surg 2007; 14: 52-58.

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  • Partes: 1, 2

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