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República y reciprocidad comercial




Partes: 1, 2

  1. Introducción
  2. El comercio internacional de Cuba en condiciones de colonia
  3. La aparición de la teoría económica en Cuba
  4. Francisco de Arango y Parreño
  5. José Agustín Govantes
  6. Antecedentes de la reciprocidad comercial en Cuba
  7. Los acuerdos de reciprocidad comercial en el mecanismo de dominación de Estados Unidos. El análisis de José Martí
  8. La reciprocidad comercial adquiere forma en Cuba
  9. Los Tratados de Reciprocidad Comercial, más allá de su contenido jurídico
  10. La interpretación teórica del Tratado de 1902
  11. Antonio Guiteras Holmes
  12. Julián Alienes Urosa
  13. Gustavo Gutiérrez
  14. Ramiro Guerra
  15. Para Rubén Martínez Villena
  16. Emilio Roig de Leuchsenring
  17. Raúl Cepero Bonilla
  18. Jacinto Torras de la Luz
  19. Conclusiones
  20. Bibliografía
  21. Anexos

Introducción

Las valoraciones de los tratados de reciprocidad comercial, firmados entre Cuba y Estados Unidos, por exponentes del Pensamiento Económico Cubano, conducentes a la interpretación de una relación social de producción; constituye el propósito del presente estudio.

La irrupción de los tratados de reciprocidad comercial en la escena de las relaciones económicas internacionales, en el hemisferio occidental, a finales del siglo XIX y principios del XX; permite afirmar que ello se convirtió en una práctica de Estados Unidos, potencia imperialista en emergencia, en su política de dominación hacia América Latina.

El manejo de la libertad burguesa que, para el caso de las naciones, encuentra expresión, en la soberanía para decidir y convenir; fue ampliamente empleado por ese país, en la adopción de tratados tanto políticos como económicos.

En ese proceso histórico, Cuba, a diferencia de otros países americanos, llega con cierto retraso, por cuanto su liberación del coloniaje español, se produjo más tardíamente. No es casual entonces, que la constitución de la república y la firma del primero de los tratados de reciprocidad comercial, se produjeran en el mismo año: 1902.

Los tratados de ese orden, han sido ampliamente estudiados por historiadores cubanos, los cuales comprenden el análisis de la evolución del comercio y los ingresos. En las valoraciones, los autores esclarecen acerca de los negativos efectos provocados por esos convenios, en la estructura comercial. Sus implicaciones en el subdesarrollo y la dependencia; foman parte asimismo, de sus reflexiones.

Sin embargo, el contenido de la reciprocidad comercial, en tanto relación social de producción, no fue posible hallarlo de forma explícita, en los autores consultados.

De ahí el interés de la presente investigación, de indagar en las obras de los autores que abordaron el tema, los fundamentos para el establecimiento de la reciprocidad comercial como una relación social de producción. En ese sentido, se privilegian las interpretaciones relativas a la estructura, el subdesarrollo y la dependencia.

Por ello, el objeto fue situado, en lo fundamental, en el período durante el cual los mencionados convenios tuvieron vigencia. Sin embargo, la búsqueda de antecedentes históricos y teóricos, conllevó a retroceder hasta la década del 60 del siglo XIX.

El comercio internacional de Cuba en condiciones de colonia

La relación que se entabló entre España y Cuba, situó a esta última en el polo complementario de la economía española y por extensión a la mundial. Ello es una manifestación, de la forma en que estas relaciones se diseñaron en la fase de libre competencia del capitalismo y que llevan el sello distintivo de la dependencia absoluta de un país por otro. Algo muy diferente, en lo formal, ocurrió en la fase imperialista, desde finales del siglo XIX, cuando fueron diseñados intrumentos menos directos de dominación.

A pesar de la condición de colonia, en Cuba se generó una producción teórica, recogida en la Historia del Pensamiento Cubano que, en su vertiente económica abordó, entre otros, el tema de las relaciones económicas internacionales. Desde sus primeros representantes, los análisis y propuestas hacen referencia al tema, lo cual resulta obligado por tratarse de un país cuya economía, se conformó subordinada al comercio internacional, en condiciones de una economía abierta.

  En una situación de dependencia creada por el status colonial que imprimía la obligatoriedad de comerciar únicamente con la metrópoli, con un rígido control aduanal, habría resultado una utopía hablar de reciprocidad comercial ya que, esta relación no se incorporó a la práctica de las relaciones económicas externas, hasta finales del siglo XIX. Lo inmediato consistía en lograr libertades para el comercio que estimularan la producción interna y esto, en efecto, fue lo que caracterizó el pensamiento económico de la época referida, que tuvo que ser esencialmente reformista.

La aparición de la teoría económica en Cuba

Las primeras expresiones hilvanadas y coherentes del pensamiento cubano presentadas por criollos ilustres, se dio a conocer en la década del 90 del siglo XVIII - Generación del 92, integrada por José de la Luz y Caballero, Félix Varela, y Francisco de Arango y Parreño"[1]. Estas expresiones tuvieron lugar en un marco sellado por la condición de colonia de Cuba, con la consiguiente subordinación de la economía cubana a los intereses de la metrópoli.

Ello tuvo su reflejo en un pensamiento reformista, tendente al logro de la flexibilización en las relaciones comerciales, en el contexto de la dependencia colonial.

 Francisco de Arango y Parreño

La obra de Arango en la que presenta su proyecto de progreso económico, trata entre otros, el tema del comercio, especialmente el internacional, considerado por él como factor dinámico del crecimiento económico, junto al desarrollo tecnológico y a la explotación de la fuerza de trabajo esclava como factores del proceso productivo."Ya nadie niega ni duda que la verdadera riqueza consiste en la agricultura, el comercio y las artes"[2], decía, haciéndose eco del postulado enarbolado por Adam Smith.

 Acerca del comercio internacional, el autor evaluó las negativas implicaciones del monopolio comercial impuesto por España, sobre la economía de la Isla, así como la utilidad de que otros puertos, además del habanero en Cuba y el de Sevilla en España, pudieran intervenir en los intercambios. De esta forma, dejó planteado el problema de la diversificación de los mercados internacionales, que ha sido consustancial a la evolución de la nación cubana.

 La presencia de intermediarios en el comercio de esclavos, fue criticada por Arango, quien propuso que se autorizara para ello, a comerciantes establecidos en la isla para, de esta forma, favorer el comercio internacional de Cuba.

Una de las medidas del Programa propuesto por él, fue la reducción de impuestos a los productores, así como el otorgamiento de facilidades a aquellos que introdujeran nuevos cultivos. Aún cuando la aplicación de esa medida comprende el ámbito insular, adquiere relevancia para el comercio internacional, por la relación que guarda con el problema de la sustitución de importaciones, tema que ha estado presente en los debates a través de la historia de Cuba.

 Las medidas propuestas por Arango están enmarcadas en el sistema prevaleciente en la Isla según el modelo de relación Metrópoli-Colonia. Pero aún en ese contexto, aboga por mejoras que, en el ámbito de las relaciones económicas externas, apuntan hacia las reformas en el intercambio comercial entre España y Cuba.

José Agustín Govantes

El autor José Agustín Govantes (1796-1844) abogó por el aumento del papel del Estado en el manejo de la política fiscal en aras de apoyar la inversión en Cuba.

Este autor presenta los temas de la dependencia y del intercambio desigual, derivados de las relaciones internacionales con el extranjero. Sus análisis adquieren relevancia, por cuanto anteceden al tratamiento de estos temas por los economistas que se pronunciaron sobre el asunto. Ambos temas resultan de gran importancia en la evaluación de las implicaciones que tuvieron los tratados de reciprocidad comercial firmados con Estados Unidos en 1902 y en 1934.

Acerca de la importación de artículos susceptibles de ser producidos en el país, plantea: "Y si es cierto que cuanto más se extienda el círculo de los consumidores, mayor será el poder de los que lo proveen, claro será que mientras que nosotros nos surtamos del extranjero, vivificaremos su comercio y sus artes, y por consecuencia la agricultura, la población y su poder político[3]

En el intercambio comercial evalúa la división internacional del trabajo, que determina la especialización de los países en producciones disímiles, en la creación de valores cuantitativamente diferentes. Para él: "Cambiar servicios productivos por servicios productivos, tal es el tráfico: pero si con menos servicios productivos podemos obtener mayor cantidad de los de otra nación, haremos un negocio muy ventajoso"[4].

Esta reflexión fue expresada por el autor desde la posición de un país dominante, de ahí que parezca comulgar con ella; sin embargo, añade: "Cambiar valor por valor, industria por industria, capital por capital; pero si como hemos probado la industria fabril rinde más que la agrícola, el resultado no podrá ser dudoso para nadie"[5].

La realidad de la sociedad cubana de entonces, caracterizada por el dominio de España y la dependencia de la economía agrícola; llevaron a Govantes, a pesar de la convicción de que siempre existía para cada país oportunidad de convertirse en proveedor, al pesimismo que se evidencia en su afirmación de que: "Por ahora humilde con nuestras cosechas de frutos preciosos, no aspiraremos a ocupar el primer rango del saber"[6]

En los intelectuales mencionados, si bien el tema de las relaciones económicas internacionales se encuentra presente, existe otro elemento común y es el análisis de esas relaciones enfocadas hacia España, la que constituía, además de la metrópoli, el principal socio comercial, pues "sólo después de 1878 comienzan a sentirse los efectos definitivos del crecimiento de los Estados Unidos sobre el comercio internacional del país"[7].

 Al ser las relaciones políticas las determinantes, durante el período analizado, de las relaciones económicas internacionales, es España, en tanto metrópoli, la que al definir su política económica, incluye a Cuba como una variable más. Así, en el plano de las ideas, esta situación se reflejó en un pensamiento reformista que, para el tema del comercio internacional, se pronunció por el logro de flexibilidades en sus relaciones con España. 

Las reflexiones presentes en el Pensamiento Económico Cubano de finales del siglo XVIII y del XIX sobre las relaciones económicas internacionales, ofrece la perspectiva analítica utilizada por sus exponentes: la interpretación del capitalismo desde el polo dependiente y, consecuentemente la incorporación de los intereses de la colonia cubana. 

Antecedentes de la reciprocidad comercial en Cuba

A finales del siglo XIX, además de los cambios que se operaron en el capitalismo en su ascenso a la fase imperialista, se adicionó la emergencia de Estados Unidos como potencia. Este país aumentaba su participación en el comercio internacional cubano como socio importador. No obstante, como abastecedor su papel estuvo muy limitado por el freno que España, a través de sus aranceles, le oponía.[8].

 El antecedente de la reciprocidad comercial en Cuba, se remonta al año 1862. España, con la intención de reforzar el control sobre las colonias que aún conservaba en América -Cuba y Puerto Rico- dictó una ley que establecía una rebaja progresiva de los derechos de aduana sobre los productos importados de las colonias, en un período de diez años"[9].

Mediante esa ley, se aplicaba la reciprocidad con otros países "que dieran tratamiento igual a los productos coloniales"[10]. En este documento aparece, por vez primera, el término reciprocidad. De ahí su valor en el presente estudio, en tanto antecedente, cuando todavía los convenios de ese tipo, no se habían convertido en una práctica en la escena de las relaciones internacionales.

 Cuba, a pesar del férreo control impuesto por España a través de sus mecanismos fiscales, logró colocar sus exportaciones - de azúcar fundamentalmente - en el mercado norteamericano. Sin embargo, Estados Unidos no había podido hacer corresponder el volumen de sus importaciones con sus exportaciones en el mercado cubano.

Las intenciones expansionistas de Estados Unidos en la zona, expresión de los intereses de los granjeros y refinadores por un lado, y el desbalance comercial tpor otro, determinaron que "la modificación del régimen intercambiario con Cuba figurase entre sus máximas prioridades"[11].

 Es así como se firmó el primer acuerdo comercial con el quien ya era el principal socio comercial de Cuba: los Estados Unidos de Norteamérica, cuyo contenido se refería a Puerto Rico y a Cuba. Este fue el Modus Vivendi del 26 de diciembre de 1883 que concedía la exoneración a los productos norteamericanos fletados en barcos españoles, del arancel vigente; mientras Estados Unidos suprimía un recargo que había establecido a los productos de Cuba y Puerto Rico. La firma de este acuerdo dio paso a la firma de otros con Francia, Alemania e Inglaterra[12]en términos similares[13]

 El despliegue del capital norteamericano en la economía cubana y el peso de los intercambios entre ambos países con posterioridad a 1878, despertó entre los representantes de la oligarquía norteamericana, una gran preocupación por el aumento de las exportaciones de materia primas de Cuba hacia sus mercados.

Cuba firmó el segundo de los acuerdos comerciales que la involucran con Estados Unidos en junio de 1891, documento clave en el destino económico y comercial. Este hecho constituye el antecedente, en términos de negociación, de la reciprocidad comercial, en las sucesivas negociaciones, conducentes a la firma de un tratado general de intercambios comerciales entre los dos países en 1902.

 El documento de 1891 es algo más que un antecedente del Tratado de Reciprocidad de 1902. En él se encuentran muchos elementos en materia de tarifas y productos beneficiados reproducidos más tarde en 1902. Ello evidencia que los intereses expansionistas de control sobre el comercio y de manejo de la política comercial cubana por parte del gobierno de los Estados Unidos, se encontraban ya definidos desde 1891. 

Los acuerdos de reciprocidad comercial en el mecanismo de dominación de Estados Unidos. El análisis de José Martí

La negociación de acuerdos, fue uno de los mecanismos de dominación empleado por Estados Unidos, proceso en el cual daba la posibilidad a terceros de negociar las condiciones de su propia dominación. Esta política norteamericana fue evaluada por José Martí: "De nada menos se trata que de ir preparando, por un sistema de tratados comerciales o convenios de otro género, la ocupación pacífica y decisiva de la América Central e islas adyacentes por los Estados Unidos"[14]. Tanto la negociación bilateral como la multilateral, fueron empleadas por Estados Unidos en ese sentido[15]

Es en el marco del bilateralismo, en el que se inscribe la práctica de la concertación de los acuerdos con países latinoamericanos, que tuvo en Martí un analista de gran profundidad.

Sus flexiones acerca de las negociaciones para la concesión de territorio venezolano[16]así como para la cesión por parte de Haití de la península San Nicolás[17]al gobierno norteamericano; manifiestan la comprensión de este autor, de que no constituían hechos aislados, sino un proceso expansionista de la nueva potencia sobre los países llamados a convertirse en escenario de su actuación. Tal como los propios políticos norteamericanos consideraban: …¡"Esta es la hora de los tratados de reciprocidad; o no es la hora nunca![18]

Precisamente uno de los mecanismos del gobierno de los Estados Unidos para apoyar la expansión supranacional del capital, fue la concertación de acuerdos comerciales, en los cuales se emplea la denominación de reciprocidad para dar una apariencia de igualdad y ocultar las verdaderas intenciones hegemónicas del imperio.

 Experiencias de este orden fueron la firma de tratados de reciprocidad comercial con Hawai en 1854, con Canadá en 1875, con Méjico en 1882 y con Brasil en 1890[19]Particular interés despertó en el autor, el tratado firmado con Méjico, sobre el cual expuso profundas previsiones acerca de lo que su aplicación implicaría para la independencia. Esta perspectiva estuvo presente en los cubanos que se opusieron a la firma del Tratado de Reciprocidad Comercial de 1902.

Aunque analizó de forma particular el tratado comercial con Méjico, también se refirió a negociaciones similares con Hawai y con Santo Domingo; en lo que deja expuesta su consideración de que se trata de una política manejada incluso en el plano interno en las luchas por el poder[20]cuyo alcance llega a la dominación en el área: "No ha habido en estos últimos años… acontecimiento de gravedad mayor para los pueblos de nuestra América Latina que el tratado comercial que se proyecta entre los Estados Unidos y México"[21].

El análisis de las relaciones económicas internacionales de Cuba, por este autor, se enfoca hacia los Estados Unidos, que ya en la década del 80 había logrado un importante avance en el control de su comercio internacional[22]

En la década del 80 del siglo XIX, resulta reveladora la proyección de la política expansionista de los Estados Unidos hacia América Latina, década durante la cual Martí residió en ese país y fue espectador directo del entramado que se tejía en torno a la idea de la absorción del continente por el gobierno norteamericano, como representante del capital en franca ascensión monopolista[23]Momentos de gran importancia en el diseño de la política de los Estados Unidos hacia América Latina fueron la Conferencia Americana de 1889 y la Conferencia Interamericana de 1891 derivada de aquella.[24]

 Martí se encuentra situado en un espacio transicional en el tema de las relaciones económicas internacionales, por el hecho de que las reformas habían quedado agotadas en tanto ideal en el proyecto social cubano, pero la reciprocidad comercial, si bien se había ido gestando en el Modus Vivendi y en el Acuerdo de 1891; aún no se había hecho presente en Cuba en toda su amplitud.

 En la obra de José Martí, en el tema de las relaciones económicas internacionales que vinculan a los dos polos del sistema capitalista, las reflexiones se dirigen hacia el análisis de los mecanismos de dominación de Estados Unidos hacia América Latina. Entre esos mecanismos, resultan relevantes los tratados de reciprocidad comercial con países latinoamericanos, instrumentos que aún no comprendían a Cuba.

El Pensamiento Económico Cubano anterior al siglo XX tiene muy presente en sus análisis el tema del comercio internacional como un problema estrechamente vinculado a la prosperidad del país, cuyos ideólogos proyectaron alcanzar a través de reformas.

La reciprocidad comercial no es abordada por cuanto no se ha hecho presente aún en la práctica de los intercambios comerciales. Aunque José Martí asistió al proceso de adopción de tratados de ese tipo, sus reflexiones no comprenden a Cuba, por cuanto este país aún continuaba bajo la dominación colonial.

 Asimismo, fue posible identificar en el Modus Vivendi y en el Acuerdo de 1891 firmado entre España y Estados Unidos; los antecedentes históricos de la reciprocidad comercial en Cuba.

La reciprocidad comercial adquiere forma en Cuba

Las reformas dominaron el Pensamiento Económico Cubano hasta la década del 80 del siglo XIX en que, las aspiraciones independentistas en Cuba superaban el contenido de las reformas. Por esa razón, José Martí, quien resume el pensamiento anterior en la proyección de su programa político, las referencias al término reciprocidad comercial no están dirigidas hacia Cuba, por cuanto ésta aún no se había hecho presente en la escena de sus relaciones económicas internacionales.

En las obras de los autores que han estudiado la época republicana, las alusiones a los tratados de reciprocidad comercial, son recurrentes. En sus análisis, se refieren a las negativas implicaciones de esos documentos en la sociedad cubana, al retomar la tradición del Pensamiento Cubano de situarse en el polo dependiente del capitalismo. De esa forma, los análisis comprenden una nueva perspectiva que incorpora el análisis socioeconómico de la reciprocidad comercial.

La reciprocidad comercial, reaparece en los tratados de libre comercio que Estados Unidos diseña para los países latinoamericanos en su estrategia de dominación sobre esos países, globalizada y neoliberal, como corresponde al actual contexto. Por eso, la validez de la indagación en el Pensamiento Económico Cubano sobre el tema, cuyos análisis ocuparon un lugar destacado en su quehacer intelectual y político.

En Cuba, la reciprocidad comercial, hizo su aparición con el ascenso a su condición de república. Las circunstancias en que este cambio se produjo, dieron contenido a la libertad y la igualdad, determinado por el control hegemónico de Estados Unidos sobre la república emergente. Este contexto matizó el tipo de reciprocidad comercial impuesto al país.

Como los tratados de reciprocidad comercial se incorporaron a la práctica de las relaciones económicas internacionales desde finales del siglo XIX, en el presente estudio resulta pertinente el detenimiento en el período de vigencia de tales acuerdos que, en el caso de Cuba datan de 1902.

Autores no cubanos, que si asistieron a la práctica de la reciprocidad comercial, no se ocuparon del asunto, lo cual constituye una insuficiencia teórica.

De ahí el valor de las reflexiones de los exponentes del Pensamiento Económico Cubano. Estos, al evaluar los fenómenos desde el polo dependiente del capitalismo, interpretaron las repercusiones sobre la economía y la sociedad cubanas, de los mecanismos de dominación supranacional, entre los cuales figuran: el tratado de reciprocidad comercial con Estados Unidos de 1902 y su reedición en 1934.

Tal es el enfoque de los teóricos cubanos. Por eso no se inicia el presente estudio a partir de los autores que analizaron los mencionados tratados, sino se incursionó en el pensamiento anterior, por el valor de sus juicios en tanto antecedentes teóricos y metodológicos para evaluar la reciprocidad comercial.

Aunque se constata que los acuerdos comerciales denominados "de reciprocidad", no se incorporaron a la escena de las relaciones económicas internacionales solamente en América Latina, en sus relaciones con Estados Unidos, ni mucho menos entre ese país y Cuba con carácter exclusivo; es justamente sobre este último escenario donde fue situado el análisis.

De ahí que la atención haya sido centrada en las relaciones derivadas de los tratados de reciprocidad comercial, firmados entre Cuba y Estados Unidos en 1902 y en 1934. Tal declaración, no excluye las referencias a convenios de este tipo firmados por Estados Unidos con otros países latinoamericanos, como tampoco lo fue con respecto a los que Cuba, por su parte, firmó con terceros países[25]aún cuando no constituyan el centro de las reflexiones en este primer acercamiento a la reciprocidad comercial.

Los Tratados de Reciprocidad Comercial, más allá de su contenido jurídico

Los tratados de reciprocidad comercial firmados entre Cuba y Estados Unidos han sido ampliamente estudiados por autores cubanos, quienes incorporan la perspectiva de un país situado en el polo dependiente del capitalismo, tal como se halla presente en la historia del Pensamiento Económico Cubano. A partir de esa visión, los análisis trascienden lo exclusivamente jurídico e histórico. Ello condujo a considerar la posible pertenencia de la reciprocidad comercial a las relaciones sociales de producción.

Es a partir de que Cuba se convierte en un estado "libre"[26] con los ingredientes de la igualdad burguesa, que se introduce en su imaginario de "nación"[27] con base legal, es decir, la Constitución, las elecciones y el establecimiento de un gobierno; cuando aparece la posibilidad real de concertar convenios a título propio y de insertar la reciprocidad comercial en su proyecto económico. Todo esto en un marco pre-establecido por la Enmienda Platt y el Tratado Permanente de Relaciones, ambos firmados con Estados Unidos en condiciones de ocupación militar.

  La reciprocidad comercial en Cuba en tanto práctica de las relaciones económicas internacionales, se ubica históricamente a finales del siglo XIX en el tránsito de la fase premonopolista a monopolista del capitalismo. Es en ese período en que aparecen las primeras expresiones de la nueva política de expansión económica de los países industrializados, que crean nuevos diseños de dominación, entre los cuales se hallan los convenios comerciales de reciprocidad.

Tal política se consolida en Cuba, a partir de la adopción del tratado de reciprocidad comercial en el año 1902, en el que por vez primera el gobierno cubano, legitimado bajo la libertad burguesa instaurada con el ascenso a su condición de República; procede a su firma.

En tanto la reciprocidad comercial es objeto de instrumentación que adquiere fuerza legal, su existencia está asociada al establecimiento de convenios comerciales. Por esta razón, el estudio de la reciprocidad comercial pasa inevitablemente por el estudio de los tratados de reciprocidad comercial.

 Los estudios sobre el tema, exponen los efectos que su instrumentación produjo en la economía cubana. Las alusiones a la reciprocidad comercial se centran en su contenido ético en la medida en que su aplicación establecía lesión a la soberanía del país. De ahí la presencia de postulados que nutren el contenido atribuido en Cuba a la reciprocidad comercial, en tanto práctica que presidió sus relaciones económicas comerciales, a través de la suscripción de convenios que la apoyaban legalmente.

 Es a partir de la firma del Tratado de Reciprocidad Comercial de 1902[28]que la reciprocidad comercial va abriéndose paso en la vida socio económica cubana, con las características que las relaciones con los Estados Unidos le imprimieron. El término aparece de forma obligada en los estudios de la época republicana, tanto de historiadores como de economistas, pues la república nació bajo el influjo de ese Tratado, cuyas normativas la acompañaron durante más de cuarenta años.

 Este tratado de 1902, ajustado más tarde en 1934, aún cuando alude a la reciprocidad comercial, los estudiosos coinciden en afirmar su ausencia, no sólo en la practica, sino también en la letra. Sus términos discriminan abiertamente los productos cubanos y le conceden un lugar poco ventajoso al comercio con los Estados Unidos.

En ese sentido, a los productos cubanos exportados a Estados Unidos, le fueron concedidos, mediante el artículo II, el 20% de descuento, mientras que para los productos norteamericanos se estableció un sistema de descuentos, mediante los artículos III y IV, que oscilaban desde el 25% hasta el 40%.

Por el interés que despiertan los tres artículos mencionados, ya que en ellos se puede apreciar el trato discriminatorio dado a los productos cubanos por una parte, y de favoritismo hacia los productos norteamericanos; resulta pertinente transcribir a continuación, extractos de ambos artículos[29]

Artículo II . "Mientras rija el presente Tratado todos los artículos o mercancías a que no sea aplicable el precedente artículo [30]y respecto de los cuales no se haga más adelante mención especial y que sean productos del suelo o de la industria de la República de Cuba, serán admitidos a su importación en los Estados Unidos con una rebaja del veinte por ciento (20%) de los derechos de Aduana fijados en el Arancel de los Estados Unidos, aprobado en junio 24 de 1879, o los que se fijen en cualquier arancel que se promulgue en los Estados Unidos."

Artículo III. "Mientras rija el presente Tratado todos los artículos o mercancías a que no sea aplicable el precedente artículo [31]y respecto de los cuales no se haga más adelante mención especial y que sean productos del suelo o de la industria de los Estados Unidos, serán admitidos a su importación en la República de Cuba, con una rebaja de veinte por ciento (20%) sobre los derechos fijados en el actual Arancel o en cualquier otro que se promulgue en la República de Cuba".

Artículo VI. "Mientras rija el presente Tratado todos los artículos o mercancías, según los menciona y describe el actual Arancel de Aduanas de la República de Cuba, que sean productos del suelo o de la industria de los Estados Unidos, serán admitidos a su importación en Cuba con las siguientes respectivas rebajas de los derechos que hoy rigen, o en lo sucesivo se fijen en los Aranceles de Aduanas de la República de Cuba".

 A partir del artículo IV, se establecieron tres grupos de productos, clasificados en Clase "A", "B" y "C", a los cuales les fueron aplicados diferentes descuentos.

En el grupo "Clase A", se incluyeron, entre otros: máquinas y aparatos de cobre y sus aleaciones, hierro fundido y forjado, y artículos manufacturados con estos metales, artículos de cristal y vidrio, buques y vehículos, aguardientes y brandy, pescados y mariscos conservados en aceite o salmuera. Estos artículos fueron beneficiados con un 25% de descuento.

La "Clase B" comprende: mantequilla, harina de trigo, harina de maíz o maíz molido, productos químicos, farmacéuticos y drogas simples, cerveza en botella, bebidas no alcohólicas, botas. Zapatos y chinelas, dibujos, litografías, grabados, papeles, cartones, jabones comunes u ordinarios, vegetales y legumbres, etc. A estos productos se le otorgó el 30% de descuento.

El tercer grupo, denominado "Clase C", a los cuales se les concedió el 40% de descuentos, comprende: manufacturas de algodón, queso, fruta en conserva, pasta para papel, perfumería, artículos de alfarería y barro, porcelana, jabones finos, arroz, ganado, entre otros.

La interpretación teórica del Tratado de 1902

La firma del Tratado de Reciprocidad Comercial de 1902 y el proceso que condujo a ello encontró oposición. Las declaraciones más reveladoras fueron expuestas por Manuel Sanguily ante el Senado donde dejó muy clara su posición sobre las verdaderas intenciones del gobierno de los Estados Unidos y las consecuencias que podría tener para Cuba.

 Sanguily pronunció dos discursos en dos momentos diferentes. Sus contenidos poseen como denominador común su oposición a la aceptación del Tratado tal como se presentó, pero en cada uno de ellos el tono en que se expresa es diferente: en el primero - 9 de marzo de 1903 - es más analítico y persuasivo[32]en el segundo - 25 de mayo de 1903 - , convencido de que la aprobación del documento es ya un hecho, enfatiza los perjuicios que para Cuba conllevaría su aplicación."[33]

 Específicamente en Cuba, el Tratado de Reciprocidad Comercial de 1902 viene a ser la concreción en el plano económico de la política expansionista de Estados Unidos. Esta idea se encuentra en autores con una posición ideológica forjada sobre la base del marxismo con proyecciones de cambios radicales que llegan hasta la expropiación y de amplio alcance social, quienes se cuestionan el latifundio, la monoproducción y el desempleo, entre los cuales se encuentran Rubén Martínez Villena, Raúl Cepero Bonilla, y el autor en estudio -Jacinto Torras-.

Sin embargo, también se presentan valoraciones en otro sentido en cuanto a las relaciones económicas con Estados Unidos y al papel de los tratados de reciprocidad comercial en el desenvolvimiento de la nación cubana.

Los autores cubanos que estudiaron la época republicana, abordaron los tratados comerciales. Teniendo en cuenta el interés que guía el presente trabajo, centrado en la interpretación de la reciprocidad comercial como una relación de producción; sólo se hará referencia a los principales exponentes del pensamiento económico.

Antonio Guiteras Holmes

Las ideas de corte económico de Antonio Guiteras (1906-1935), formaron parte de su programa político, dado a conocer y puesto en práctica parcialmente durante el Gobierno de los Cien Días. Como un aspecto dentro del Programa General que Guiteras propone, temas como el comercio internacional y las relaciones que de él se derivan se encuentran presentes.

Fue partidario de la concertación de acuerdos económicos, en correspondencia con la práctica internacional, pero mutuamente beneficiosos y propiciadores un trato recíproco del que el Tratado de Reciprocidad Comercial entre Cuba y Estados Unidos no fue un ejemplo.

Julián Alienes Urosa

Las ideas Keynesianas y neo-Keynesianas se hicieron presentes en el pensamiento cubano, en las obras de Julián Alienes Urosa (1909-1962), quien consideró el comercio exterior determinante para dinamizar el empleo y el ingreso con mucha más fuerza que la propia inversión.

El diseño que presenta como propuesta al desarrollo económico del país busca como resultado el aumento de las exportaciones mediante el aumento de la inversión - tanto del capital nacional como extranjero entre los cuales no establece distinciones-, donde el desarrollo interno no es más que el agente mediador, y la dependencia es una condición a la cual no ofrece alternativa[34]

Gustavo Gutiérrez

Una posición similar asumió Gustavo Gutiérrez. En sus obras se pone de manifiesto un compromiso con el gobierno del General Fulgencio Batista. Al analizar el comercio exterior, se refiere al Tratado de Reciprocidad Comercial de 1902 catalogado por él como beneficioso en los primeros tiempos para ambos países y considera que la aplicación de la Tarifa Hawley-Smot, y no los términos del Tratado, fue la que resultó perjudicial para Cuba[35]

Ramiro Guerra

Perteneciente a la generación que representó el carácter pequeño burgués agrario, Ramiro Guerra abordó las relaciones externas, como parte de sus estudios sobre las relaciones en el agro cubano, especialmente en los aranceles, considerados por él de gran importancia para estimular y proteger la producción industrial no azucarera[36]

Para Rubén Martínez Villena

Para Rubén Martínez Villena (1899-1934) en quien la preocupación por la sociedad que vive lo hace debatirse entre la política y la poesía, los temas económicos no escapan a sus análisis, si bien estos no tienen la sistematicidad de los otros dos mencionados. Escribió artículos en los cuales centra la atención en el tema de las relaciones económicas internacionales con los Estados Unidos, amparadas en documentos oficiales - uno de los cuales es el Tratado de Reciprocidad Comercial de 1902 -.

Aunque el autor no alude a la reciprocidad comercial ni al Tratado de Reciprocidad Comercial de 1902, sí lo hace acerca del Tratado de Relaciones -instrumento firmado con Estados Unidos que sustituyó la Enmienda Platt- considerado por él como telón jurídico que sustantiva las relaciones de los dos países. Su perspectiva analítica, supera el simple tratamiento como término técnico, al tomar en cuenta las repercusiones de ese instrumento en el diseño de la estructura económica y en la dependencia. De esa forma, el autor le atribuye un contenido socio-económico, presente en las categorías económicas.

  Villena analizó la política de expansión norteamericana en la industria azucarera a lo largo del siglo XIX, así como la dominación económica asentada en esa producción[37]. El lugar del sector azucarero en la economía cubana, atrajeron la atención de este autor. Especial atención prestó Villena al análisis del desplazamiento del personal cubano por el norteamericano[38]; así como a la desigual distribución de los ingresos provenientes de la venta del azúcar entre Estados Unidos y Cuba[39]

Emilio Roig de Leuchsenring

Emilio Roig[40]es, en la década del 30 del siglo XX, la figura en quien la adopción de un nuevo tratado de reciprocidad comercial encuentra enérgica y fundamentada oposición.

Los resultados de la aplicación del Tratado de Reciprocidad Comercial de 1902 que, para este autor, había provocado "la absorción del comercio exterior de Cuba por los Estados Unidos"[41], le aportaron los elementos para considerar que un nuevo tratado que, en sustancia, reproducía al primero; no traería modificaciones a la estructura del comercio exterior ni a la estructura económica cubana.

Este autor percibe un punto común en el debate respecto de la adopción del nuevo convenio; la convicción de que no traerá ventajas para el país, pues: "Los críticos cubanos, tanto los pertenecientes a la clase capitalista como al proletariado, están de nuevo acordes en calificar de desastroso para la economía nacional este aspecto del convenio"[42].

Puntualiza, en su artículo El nuevo convenio de reciprocidad comercial[43]once aspectos, a través de los cuales describe los efectos negativos que el nuevo convenio acarrearía a Cuba.

Raúl Cepero Bonilla

Los análisis de Raúl Cepero Bonilla (1920-1962), comprenden una perspectiva a largo plazo de la aplicación de la reciprocidad comercial, a través de los tratados con Estados Unidos.

Sus trabajos fueron publicados a partir de la década del 50 del siglo XX, cuando los tratados de reciprocidad comercial con Estados Unidos habían quedado sin efecto, luego de la creación del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio. No obstante, consideró sus repercusiones de largo alcance en la estructura comercial y productiva: "nos conllevó al coloniaje disponiendo la ley inexorable de nuestra economía: país productor de una exclusiva materia prima para ser exportador a un solo mercado, e importador de casi todos los productos que demanda el consumo nacional¨ [44]

 Asimismo, establece una relación entre la presencia del capital norteamericano en la industria azucarera y la dependencia:¨La extranjerización de nuestra primera industria nos ha hundido en la triste condición de pueblos coloniales. La independencia nacional es disminuida por el azúcar. El dulce nos sabe amargo¨[45].

Jacinto Torras de la Luz

El autor Jacinto Torras (1906-1963), a tono con la tradición del Pensamiento Económico Cubano, y con su formación marxista; incorporó una nueva perspectiva a los análisis de los tratados de reciprocidad comercial: el papel que desempeñaron los mencionados acuerdos, en la conformación de la dependencia y el subdesarrollo en Cuba.

En su interpretación, logra independizar las relaciones que se establecieron entre Cuba y Estados Unidos de los tratados en los cuales fueron diseñadas, con lo cual presenta la reciprocidad comercial como una relación social de producción, que opera en el nivel bilateral en las relaciones económicas internacionales.

Su concepción comprende la definición del contenido socioeconómico de la reciprocidad comercial, los instrumentos del mecanismo de actuación, el análisis como relación social de producción en general y en las económicas internacionales.

Conclusiones

La tradición del Pensamiento Económico Cubano del siglo XVIII y XIX, de emprender sus análisis desde el polo dependiente, es retomada por los autores que en el siglo XX, interpretaron la sociedad. En ellos aparecen críticas a la forma de inserción de la reciprocidad comercial en el sistema de las relaciones entabladas con Estados Unidos, luego de que Cuba se convirtió en república. Y muy especialmente, se enjuician sus negativos efectos.

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