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ALCA : acuerdos, confrontaciones y proyectos de sociedad (página 2)

Enviado por Enrique Arceo



Partes: 1, 2

III. La desindustrialización de América latina y las diversas versiones del ALCA.

América latina ha perdido, como se ha visto (cuadro Nº 2) importancia relativa tanto en el producto mundial, evaluado a paridad de poder de compra, como en el comercio mundial (cuadro Nº 5) y su producto per cápita en paridad de poder de compra ha disminuido como proporción del producto per cápita del centro y también en relación con las restantes regiones, excepto Euráfrica (cuadro Nº 3).

III.I. Las especificidades del estado desarrollista latinoamericano.

La pérdida de posiciones relativas de la región refleja el impacto sobre ella del desplazamiento del eje de la división del trabajo entre centro y periferia de los recursos naturales en los niveles de salarios y su fracaso para integrarse exitosamente a la nueva división, lo cual está íntimamente relacionado con las condiciones materiales, sociales y políticas en que los mayores países de la región enfrentaron las transformaciones de la economía mundial.

América latina y el Caribe es una región rica en recursos naturales, los que sirvieron de base para el desarrollo de su sector exportador y las ventajas relativas sobre las que éste se apoya; el poder político, económico y social de quienes concentraban su propiedad tendió a generar sociedades con fuertes disparidades de ingresos y abiertas al mercado mundial. El desarrollo industrial estuvo en consecuencia limitado, durante la vigencia del modelo exportador, a las actividades que resultaban rentables en condiciones de librecambio, ya sea por la importancia del precio del transporte o por la disponibilidad de materia prima local y la existencia de costos de procesamiento reducidos. A su vez el factor fundamental de pasaje a un crecimiento centrado sobre la sustitución de importaciones fue, donde tuvo lugar, la crisis del modelo exportador más que la pujanza de los sectores opuestos al mismo que, en general, no pudieron alterar la distribución de la propiedad de los recursos naturales y, con ella, una de las causas importantes de desigualdad en la región.

El modelo de industrialización que se adopta combina, al igual que en el sudeste asiático y en alguna medida, sobre todo en su fase más avanzada, la sustitución de importaciones con la promoción de exportaciones, pero el primer mecanismo predomina en América latina hasta muy avanzado el proceso sustitutivo por dos razones. Por una parte, las divisas que aporta el sector exportador tradicional y la capacidad de producción de materias primas del sector primario posibilitan avanzar sustancialmente en el proceso sustitutivo sin que, a falta de crecimiento de las exportaciones industriales, se genere un estrangulamiento externo insuperable. Por otra parte en países con productos per cápita notoriamente más elevados que los asiáticos y con la posibilidad, por lo menos en algunos de ellos, de transferir a los sectores urbanos ingresos provenientes del sector primario, el proceso de industrialización puede avanzar (aunque con diferencias importantes entre países) ampliando la gama de bienes producidos y sin requerir, para mantener su dinamismo, de la demanda externa o del avance hacia la fabricación de bienes y sobre todo de insumos, cuyas exigencias en materia de escala de producción obliguen al desarrollo de las ventas en el mercado mundial para alcanzar un costo compatible con la expansión de su demanda.

Se trata de un proceso que, a medida que avanza hacia la producción de bienes más complejos y con elevadas economías de escala en su producción, acumula diferencias con la estructura de costos internacionales en la expectativa de que sean luego reducidas por la paulatina ampliación del mercado interno y la posibilidad de acceder al mercado mundial. A su vez exige para mantener su expansión, una vez terminada la sustitución de bienes de consumo masivo, políticas de ingresos que favorecen la diferenciación de las remuneraciones y políticas de crédito e inversión que impulsan la expansión del gasto de los sectores medios y altos.

La acción del Estado está básicamente orientada, en este contexto, a la creación de la infraestructura que necesita el crecimiento industrial y a la adopción de las medidas inductoras para el desarrollo de nuevas actividades, en general por parte de empresas extranjeras que tienen ya una sólida implantación comercial en el mercado. No es, aunque lo hace en cierta medida y en determinados períodos en algunas actividades fuertemente dependientes de las economías de escala, un estado que, como el del sudeste asiático, detecta las actividades dinámicas en el mercado mundial, analiza las diversas opciones tecnológicas para su incorporación, elige los campeones nacionales que deben desarrollarlas, etc., y ello es atribuible, en buena medida, a las distintas condiciones estructurales en que se desenvuelve el proceso de industrialización.

El sector exportador primario goza de fuertes ventajas comparativas que determinan un nivel de tipo de cambio que resulta elevado en relación con el nivel de remuneraciones y de productividad del sector industrial; una política de subvaluación de la moneda generaría un fuerte impacto sobre los salarios en el caso frecuente ( lo cual no ocurre en el sudeste asiático) en que éstos tienen un alto componente de bienes exportados o importados, así como sobre el consumo y los ingresos reales de las clases medias y altas como consecuencia del encarecimiento de los bienes importados o de los insumos requeridos para su producción. El sector industrial depende entonces fuertemente para su subsistencia de la protección arancelaria, que pasa a constituirse en el elemento dominante de la política industrial. Pero una estrategia alternativa hubiera exigido un grado de disciplinamiento de la sociedad por el Estado incompatible con las condiciones en que se constituye el estado desarrollista latinoamericano.

Éste, en efecto, coexiste, a diferencia de lo que ocurre en el sudeste asiático, con una clase terrateniente y "una burguesía compradora" poderosas, que seguirán influyendo en la composición y orientación de sectores de la burocracia y en la definición de las políticas de estado. A su vez los sectores políticos que pretenden ser voceros de la burguesía industrial y de los sectores que aspiraban a la industrialización como modo de promover el crecimiento, el empleo y la autonomía, debieron, para obtener su legitimación, recurrir, en mayor o menor medida, a la activación de los sectores populares. En estas condiciones, por una parte, los aparatos de estado tienden a presentar mucha menor homogeneidad ideológica y una mayor sujeción, en cuanto a su composición, a los avatares políticos; por otra parte, los sectores hegemónicos, frente a la posibilidad de utilización de esos aparatos por otras fracciones o el riesgo de que los partidos políticos, para acrecentar su fuerza, satisfagan los requerimientos de los sectores dominados, procuran poner límites a la capacidad efectiva de intervención del Estado que, en la mayoría de los casos, estuvo mucho más capacitado para efectuar transferencias de ingresos a determinados sectores que para imponerles obligaciones en relación con el cumplimiento de metas establecidas en función de los intereses del capital industrial en su conjunto.

La autonomía relativa del Estado característica del sudeste asiático y que posibilita a éste, a la vez, subordinar la acción de las distintas fracciones del capital industrial a los intereses de este capital en su conjunto y excluir, en la definición de las líneas fundamentales de su política, las exigencias y reclamos de los sectores subordinados, no existe, en consecuencia, en América latina. La lucha entre las distintas fracciones del bloque dominante y también, a menudo, la presencia de los sectores subordinados organizados en las coaliciones políticas que acceden al gobierno, permea el accionar de los distintos aparatos de Estado. Por otra parte la desigualdad en la región no es resultado de una ocupación extranjera ni de una situación a la que sea ajena el capital nacional. Los sentimientos nacionalistas pueden identificar el Estado con la comunidad, pero no los capitales privados con la nación. Por lo tanto los campeones nacionales no pueden ser sino empresas estatales. Pero ello no interesa al capital privado y, por lo contrario, despierta su alarma y oposición activa, lo cual facilita el recurso masivo a la inversión extranjera directa como forma de expandir actividades que requieren un monto muy elevado de capital o que están ligadas con el consumo de los sectores medios y altos, y donde el posicionamiento en el mercado de las empresas extranjeras genera fuertes riesgos para el capital nacional.

El desarrollo de una política de industrialización asentada sobre un sistema industrial autónomo con eje en un sector de bienes de producción bajo control nacional deviene una bandera que levantan las fracciones de los sectores populares que se oponen, al mismo tiempo, a la dominación del capital; cuando estas fracciones incrementan su grado de activación y su peso en la sociedad los sectores dominantes se abroquelarán en una alianza que desemboca incluso, como en Chile o la Argentina, en la restauración del modelo primario exportador.

III.II. El proceso de desindustrialización.

Estas características explican el fuerte impacto sobre la región de la crisis de la deuda y de los cambios en la división internacional del trabajo. El brutal aumento de los intereses inducido por los Estados Unidos sólo pudo ser absorbido por economías como la coreana, con muy altas tasa de crecimiento de sus exportaciones, a la vez que la progresiva internacionalización de los procesos productivos y el consiguiente desarrollo del capital transnacional aumenta los riesgos y las desventajas de los capitales locales centrados sobre el mercado interno y torna más difícil su reorientación hacia el externo, así como la de las filiales del capital extranjero que operan en la economía local. En las redes en las que, por lo general, unos y otros deben insertarse, lo relevante es que cada una de las unidades opere, en el segmento de la producción a su cargo, con el más bajo costo al que puede acceder la red en nivel mundial. Ello hace a un conjunto de parámetros (ubicación geográfica respecto de otras unidades, capacidad de producción, costos unitarios, etc), sobre los que resulta difícil actuar. Sobre todo en un contexto de debilidad frente a las exigencias externas por la crisis de la deuda y de una fuerte presión por parte del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para la apertura unilateral de la economía y el desmantelamiento de la casi totalidad de los instrumentos de intervención con que contaba el Estado.

El resultado del nuevo contexto y de la progresiva observancia de las exigencias externas es en consecuencia, en mayor o menor medida en los distintos países, un proceso de desindustrialización acompañado del incremento de la desocupación23 . El porcentaje de participación del valor agregado por la industria manufacturera en el PIB cae en América latina y el Caribe del 28% en 1975 al 19% en 2001 24. En la medida que ello va acompañado de bajas tasas de crecimiento globales y de un proceso inverso en otras regiones, esto implica una fuerte caída de su participación en la producción mundial y en las exportaciones de manufacturas (cuadro Nº 7)

Cuadro Nº 7.
Participación en el valor agregado por la manufactura y en las exportaciones de la industria manufacturera.
Países desarrollados, en transición y en desarrollo,
y regiones y países seleccionados- 1985 y 1998. Porcentajes.

Fuente: UNIDO Scoreboard database.

Las actividades tecnológicamente más complejas y más intensivas en el uso de trabajo calificado, que son aquellas en las cuales las desventajas de costos respecto de los países centrales eran mayores, no pudieron, a los precios internacionales y los salarios reales vigentes (o los resultantes de los sucesivos recortes que experimentan), obtener la tasa media de ganancia imperante en nivel mundial y tendieron a contraerse y/o a desaparecer. Otro bloque de industrias, altamente intensivas en el uso de trabajo no calificado es amenazado en su existencia y el descenso en la producción de éste y la desaparición del anterior bajo el avance de las importaciones no ha sido compensado por el crecimiento de las exportaciones industriales tradicionales ni por el desarrollo de nuevas exportaciones de origen industrial. De esta manera el resultado, junto con la reducción del peso relativo de la industria manufacturera en su conjunto es, si se exceptúa México donde la expansión de la maquila crea un escenario apenas algo diferente, el aumento de la participación en el valor agregado de las actividades manufactureras basadas sobre recursos naturales y la caída de las de alta y mediana tecnología y aun más de las de baja tecnología (cuadro Nº 8)

Cuadro Nº 8.
Participación en el valor agregado por la industria manufacturera de industrias clasificadas
según el tipo de tecnologías empleadas26. Porcentajes. 1985 y 1998

Fuente: UNIDO Scoreboard database.

 

II.III. Los nuevos patrones de especialización y el eventual impacto del ALCA en sus distintas versiones.

Paralelamente a este proceso común de desindustrialización se han ido afirmando tres patrones diferenciados de especialización exportadora. Uno de ellos, predominante en México y varios países de Centroamérica y el Caribe, se caracteriza por el creciente peso de las exportaciones de productos dinámicos basadas sobre operaciones de maquila; el característico de América del Sur está centrado a su vez sobre exportaciones intensivas en el uso de recursos naturales y con una participación poco dinámica en el comercio mundial;25 finalmente algunos países del Caribe se especializan en servicios financieros y turísticos. Sólo nos referiremos, por razones obvias, a los dos primeros y ello sólo en relación con el eventual impacto de un acuerdo de libre comercio sobre los mismos.

La especialización en la maquila de México y Centroamérica ha permitido un espectacular crecimiento de las exportaciones manufactureras, así como un aumento de la participación del valor agregado por la maquila en el PIB manufacturero del 6,9 % en 1990 al 17,9% % en 2001 y del 1,4% al 3,3% en el PIB total. Ello ha sido sin embargo paralelo a una caída de la participación de la manufactura en el PIB total del 20,6% en 1990 al 18,4% en 2001, lo que indica que la profundización de la apertura produjo efectos contractivos sobre la manufactura superiores a los efectos multiplicadores de la expansión de la maquila. Ello no es de extrañar si se tiene en cuenta que en la maquila mexicana, en 2001, los insumos importados representaban el 73% del valor bruto de producción, y que en el 27% restante los insumos locales representaban un monto menor que las utilidades27.

La maquila configura, en la economía local, islotes productivos sujetos a una muy fuerte presión competitiva y una gran volatilidad de las inversiones a medida que Estados Unidos concluye tratados que mejoran el acceso de otros países a su mercado y las economías de la región donde se han concentrado estas actividades presentan tasas de crecimiento similares a las del resto y sustancialmente más bajas que las de economías asiáticas con una inserción similar.

La creación de un área de libre comercio no alterará obviamente, en cuanto a las exportaciones la situación de México, que ya se encuentra en el NAFTA, ni modificará sustancialmente la de América central y buena parte de América andina, que tienen diversos tratamientos preferenciales para el acceso al mercado norteamericano, principal destino de sus exportaciones, razón por la cual no es de esperar sustanciales inversiones externas en relación con una expansión de las actividades relacionadas con la maquila. En este sentido la preocupación de sus sectores dominantes por una rápida concreción del ALCA está ligada, fundamentalmente, con no perder espacios en el mercado norteamericano respecto de sus competidores de la región.

Desde el punto de vista de las importaciones agrícolas el impacto del tratado puede ser sin embargo sustancial en la América andina, como lo muestra la crisis de la producción campesina de maíz en México. El librecambio agrícola pone en riesgo las bases materiales de las culturas originarias de América y cabe esperar, en la agricultura andina, en el mejor de los casos, un rápido proceso de tecnificación con acelerada concentración de la propiedad de la tierra y expulsión de mano de obra y, en el peor, un retroceso puro y simple en la producción y la ocupación agrarias. Como, al mismo tiempo, no hay expectativas serias de incremento de las exportaciones industriales, el resultado previsible en uno u otro caso será una situación de creciente deterioro social en el agro y los centros urbanos.

En cuanto al cono sur y en especial el Brasil y la Argentina, que son los de mayor desarrollo industrial relativo y, al mismo tiempo, competidores de los Estados Unidos en el terreno agrario, la situación es particularmente compleja. Por una parte la pretensión estadounidense de condicionar, en mayor o menor medida, su apertura agrícola a las negociaciones en el seno de la Organización Mundial del Comercio supone mantener una protección especial en el sector donde el Brasil y la Argentina son más competitivos y demandar, al mismo tiempo, la apertura de las economías de éstos en la industria y servicios, donde son mayores las ventajas estadounidenses. Las razones que esgrime para ello -la imposibilidad de reducir los subsidios en el marco de un acuerdo en el que no participen la totalidad de los países productores y la necesidad de preservar las condiciones de vida de las familias y las comunidades agrarias- son un alarde de cinismo frente a países que carecen de condiciones económicas para neutralizar los efectos de esos subsidios ni los de la apertura, respecto de la cual los Estados Unidos dispone desde 2002 una legislación destinada a morigerar su impacto sobre los trabajadores, las empresas y las comunidades, la que fue aprobada simultáneamente con la autorización al presidente para negociar el ALCA.

En relación con estos países no puede haber un tratado de libre comercio equitativo y equilibrado en los términos de la propia visión hegemónica sobre la que descansa el acuerdo de Miami sin apertura del sector agrícola norteamericano. Pero ello no implica que si se abriese totalmente el mercado agrario de EUA los efectos del área del libre comercio serían compatible con un crecimiento sostenido y equitativo.

Un precio de los productos agrarios un diez o un quince por ciento más alto; un mayor volumen de producción por un uso más intensivo del suelo y una expansión de la superficie cultivada elevarían los ingresos de los productores agrarios, pero no generarían un impacto notorio sobre la tasa de crecimiento y sólo beneficiaría limitadamente al empleo. El sector agrícola de clima templado se caracteriza por una tecnología fuertemente intensiva en el uso de recursos naturales y de capital y la Argentina tiene la experiencia de la década de los noventa en cuanto a un crecimiento en volumen de su producción de cereales de más del 70% en un contexto de acelerado aumento de la desocupación. La situación no sería sustancialmente distinta si a los granos se le agregan los jugos, especialmente los cítricos.

La esperanza puesta en la apertura del sector agrario estadounidense supone una total pérdida de perspectiva respecto del peso económico y social efectivo, real y potencial, que tiene este sector en economías como las del Brasil o la Argentina y, además una apuesta redoblada a un juego que ya se perdió. La Argentina (y el Brasil, aunque en condiciones distintas) apostó a fines del siglo XIX y comienzos del XX al librecambio y a las ganancias derivadas de su dotación de recursos naturales, que eran cuantiosas y su proceso de crecimiento fue paralelamente un proceso de consolidación de un subdesarrollo que no ha podido superar28. Se trata de una historia distinta de la de Estados Unidos, Canadá o Australia en su momento y en la que se pretende insistir La apertura agrícola de EUA es imprescindible para que el tratado no sea expresión de un simple acto de poder unilateral, pero no ofrece alternativa de desarrollo y puede estar acompañada, en estos países, por la paralela eliminación de los aranceles, de un saldo fuertemente negativo en términos de empleo total. La apertura se traducirá en un desplazamiento parcial por las exportaciones estadounidenses de la producción industrial orientada al mercado local y de las exportaciones de manufacturas realizadas a otros países del cono sur, mientras que, salvo en algunos rubros específicos, actualmente sujetos a cuotas o picos tarifarios, no es dable esperar en cambio un fuerte incremento de las actuales exportaciones, que entran en su mayoría al mercado de EUA con arancel nulo o muy bajo.

Los sectores dominantes del Brasil, que es el único país que conserva una estructura industrial relativamente compleja son concientes de ello cuando impulsan una política de acelerada concreción de tratados de libre comercio en la región a fin de que las empresas radicadas en el Brasil puedan consolidar sus posiciones y alcanzar una escala que les posibilite subsistir frente a la competencia.

Resta, por supuesto la posibilidad del desarrollo de nuevos rubros de exportación. Pero se ha experimentado un fuerte proceso de desindustrialización; en la estructura industrial tienen escaso peso las actividades más dinámicas, de suerte que si en la década de los setenta el cono sur tenía niveles de productividad industrial no muy alejados de los países más atrasados de lo que es hoy la Unión Europea, en la actualidad debe competir en algunos casos con las exportaciones de tecnología intermedia de Corea o Taiwán, pero a través de filiales de empresas transnacionales y no de empresas locales; en otros con China o Tailandia, países con niveles de salarios sustancialmente inferiores y con un crecimiento, sobre todo en el primero de estos países, particularmente elevado de su productividad.

En las condiciones de América latina un crecimiento sustentado sobre las exportaciones como el aceptado en el acuerdo de Miami y que no refleje, como en el caso de la maquila, un fuerte incremento de los valores exportados sin modificaciones significativas en el valor agregado local, sólo puede ser resultado o de un deterioro adicional de las condiciones de vida de los sectores populares en el marco de una carrera hacia el piso en la que está envuelta la mayor parte de la población mundial o de un proceso de reindustrialización incompatible con el libre comercio aun cuando se cuente con un Estado en vez de la oficina administradora de la plataforma de exportación que pretende los Estados Unidos.

El estado desarrollista latinoamericano ha experimentado en toda la región un radical proceso de desmantelamiento, con una muy importante reducción de su participación directa en el aparato productivo y la eliminación de sus instrumentos de control sobre el sistema financiero y los movimientos de capitales, a lo cual deben agregarse niveles de protección sustancialmente más reducidos que los imperantes en Corea o Taiwán hasta avanzados los años ochenta, o que los de China, cuyos aranceles superaban, hasta 1992, el 40% y son aún en la actualidad, cuando es el tercer exportador a los Estados Unidos y el principal proveedor del Japón y Corea, un 50% más elevados que los de América latina, encontrándose reforzados por un sinnúmero de prácticas y normas restrictivas. Está claro que el ALCA, cualquiera sea su contenido definitivo, contendrá una prohibición de elevar los aranceles por encima de los actualmente vigentes; un enunciado de las metas a alcanzar a largo plazo en su cuerpo constitucional y un compromiso de no adopción de políticas contrarias a las mismas, así como de negociar periódicamente avances para su consecución, tal como consta en la actualidad en distintos capítulos del Nafta o en múltiples acuerdos de la OMC.

Está asimismo claro que con aranceles cero (aun cuando éstos lleguen a ese nivel en un cierto número de años) y un estado privado de instrumentos básicos de intervención, no existirá ningún proceso de industrialización o reindustrialización en economías en las que la apertura ha impulsado y seguramente incrementará la reprimarización de la estructura productiva.

Esta reprimarización no perturba a una fracción muy importante de los sectores dominantes locales, que desearían probablemente contar con un estado susceptible de otorgarles, como lo ha hecho en las más variadas coyunturas, un apoyo más activo que el previsto en la propuesta norteamericana, pero que tienen una fuerte inserción exportadora y enfrentan barreras de diverso tipo para profundizar su penetración en el mercado norteamericano, por lo cual, en última instancia están dispuestas a aceptar cualquier ALCA. Un abundante ejército de reserva y salarios en baja, que son la contrapartida necesaria de la reprimarización, son para ellos una garantía de rentabilidad acrecentada.

Sin embargo, aun sin revertir en lo inmediato el código de protección de los intereses del capital transnacional y de los estados centrales que conforman las disposiciones de la Organización Mundial del Comercio, es posible encarar otra política. Los aranceles comprometidos ante la OMC son tres veces más elevados que los efectivamente aplicados y las compras del estado, el manejo del crédito, la concentración de los recursos estatales en el apoyo a las actividades consideradas prioritarias y el control total o parcial de éstas por el estado son instrumentos aún posibles de utilizar, pero cuya efectividad exige una acción fuertemente coordinada y dirigida en el marco de una agenda de reconstitución de los controles estatales básicos sobre la actividad económica. Una política de este tipo es incompatible con un ALCA, incluso light, pero también con el tradicional estado desarrollista latinoamericano, no sólo porque éste estuvo siempre demasiado permeado por los intereses de las distintas fracciones del capital como para disciplinarlo en su conjunto, sino también y básicamente porque las fracciones dominantes en que históricamente se ha apoyado han dejado, en su transnacionalización subordinada, de encarar un proyecto susceptible de impulsar la reindustrialización sobre la base de desarrollo y el control de nuevas capacidades productivas. Esta tarea sólo puede ser asumida por un nuevo bloque alternativo, pero la prioridad no recaerá entonces, como en el ALCA, en la consecución del crecimiento a través de las exportaciones, sino en la construcción de una América latina más igualitaria, donde no existan el hambre y la pobreza y cuya inserción en el mundo se asiente en el desarrollo del potencial de la sociedad y no en el deterioro de las condiciones de existencia de la mayoría. En tanto, resulta esencial frenar el ALCA en cualquiera de sus versiones y con él la pretensión de tornar irreversibles las condiciones impuestas por el capital transnacionalizado.

Diciembre 2003

Notas

El autor agradece los comentarios de Martin Schorr, que han permitido mejorar significativamente el texto. Las opiniones vertidas en el mismo son exclusiva responsabilidad del autor.

* Como citar este documento: Arceo, Enrique. El ALCA : acuerdos, confrontaciones y proyectos de sociedad. . Instituto Argentino para el Desarrollo Económico, nro. 200 Enrique Arceo Instituto Argentino para el Desarrollo Económico. noviembre-diciembre. 2003. Acceso al texto completo: http://www.flacso.org.ar/areasyproyectos/areas/aeyt/Publicacion/07Prog/Articulos/20_ArceoRE200.pdf

1. Romero, Simon, US and Brazil end talks, The New York Times, 21 de noviembre 2003.

2. Enrique Arceo, ALCA, Neoliberalismo y Nuevo Pacto Colonial, Secretaría de Relaciones Internacionales de la CTA e Instituto de Estudios y Formación de la CTA, 2002, 2da edición, pag 100 y ss

3. HR 3009 EAS, Sección 2102 (10), reciprocal trade in agriculture.

4. Cada corchete consigna una posición diferente respecto de una determinada cuestión

5. Informe ALCA nº 11, julio- agosto de 2003. Consultora Económica Social Integrada- CESI

6. Rodrik, Dani, "Trade Policy and Economic Growth: A Skeptic's Guide to the Cross-National Evidence" (with Francisco Rodríguez), Macroeconomics Annual 2000, eds. Ben Bernanke and Kenneth S. Rogoff, MIT Press for NBER, Cambridge, MA, 2001

7. Los datos provienen de una base de datos confeccionada por el autor que abarca el período 1975-2000 y consta de 108 países. No incluye, por falta de disponibilidad de datos, fundamentalmente a los ex países socialistas, salvo Hungría y China, pero engloba a más del noventa por ciento de la población correspondiente, en 1975, a los países capitalistas. Los datos sobre el PIB, salvo indicación en contrario están tomados a precios nacionales constantes de 1995 y han sido convertidos a dólares constantes utilizando la tasa de cambio de cada moneda con el dólar en ese año; luego se ha aplicado el coeficiente que lleva esa tasa de cambio a paridad de poder compra. El PIB de cada país aparece así calculado en dólares de 1995 y a precios mundiales, pues el mencionado coeficiente define una tasa de cambio que permite comprar en cualquier país, con una determinada cantidad de moneda local, la misma cantidad de bienes que en Nueva York. La cifras resultantes reflejan, en consecuencia el volumen de bienes y servicios disponibles en cada país (o por habitante del mismo) y su cambio en el tiempo.

8. Banco Mundial, World Development Indicators

9. Milanovic, Branko (2002),Can We Discern the Effect of Globalization on Income Distribution? Evidence from Household Surveys- World Bank Policy Research Working Paper 2876.

10. El producto per cápita de Corea se ubicaba, en 1962, en el puesto 99 sobre un total de 129 países, entre los de Sudán y Mauritania; el de Taiwán en el puesto 85, entre Zaire y Congo, PR. Wade, Robert, Governing the Market, Princeton University Press, USA, 1990.

12. Kohli, Atul, Where Do High-Growth Political Economies Come From?. The Japonese Lineage of Korea´ s "Developmental State", en Woo-Cumings, Meredith, (ed) The Developmental State, Cornell University Press, USA, 1999, pag. 119

13. Cumings, Bruce, The origins and development of the Northeast Asian Political Economy: Industrial Sectors, product Cycles, and political Consequences, en F.C Deyo, ed, The political Economy of New Asian Industrialism, NY 1987, pag 67, citado en Arrighi Giovanni, The African Crisis, World Systemic and Regional Aspects, New Left Review 15, mayo-junio 2002, pag 31

14. Pempel, T.J, The developmental regime in a changing world economy en Woo-Cumings, Meredith (ed) The developmental State (2002), Cornell University Press; Amsden Alice H, Corea, un proceso exitoso de industrialización tardía, (1992), Grupo Editorial Norma, Colombia, Amsden, Alice H., The rise of "the rest". Challenges to the west from late- industrializing economies, (2001), Oxford University Press, New York.

15. Los productos básicos no energéticos reducen su participación en las exportaciones de productos no energéticos de los países en desarrollo del 50% en 1980 a menos del 20% en 1998. UNCTAD, Trade and develoment report, 2002, Ginebra, 2002, pág 82.

16. Enrique Arceo, ALCA, Neoliberalismo y Nuevo Pacto Colonial, Secretaría de Relaciones Internacionales de la CTA e Instituto de Estudios y Formación de la CTA, 2002, 2da edición, págs 45-61

17. Se consideraron industrializados los países donde, en 1990 o el año más próximo para el cual se dispuso de datos, el valor agregado por la industria manufacturera supera el 20% del PIB; o en los que, a falta de ese dato, el valor agregado por la industria supera el 30% del PIB; si tampoco se dispone de ese dato se requiere que el empleo en la industria supere el 25% del empleo total. Exportadores de manufacturas son aquellos en que, en 1990, más del 50% de las exportaciones provienen de la industria manufacturera, cualquiera sea la participación de la industria manufacturera en el PIB. Exportadores de petróleo o minerales son aquellos donde estos productos representan más del 70% de las exportaciones en 1990, cualquiera sea la participación de la industria manufacturera en el PIB. Primarios: son los países que no entran en las tres categorías previas e incluyen, por lo tanto, a los paraísos fiscales y/o turísticos, que para algunos efectos serán distinguidos de los restantes.

18. Arrighi, Giovanni, A ilusao do desenvolvimiento Editora Vozes, Petrópolis, 1997, pág 187

19. Este parece ser un límite particularmente importante para modelos como el taiwanés o el coreano. La fuerte concentración en un sector esencial para estos países, como es la electrónica, en una estrategia de ampliación de la porción de mercado en sectores relativamente homogéneos, como los aparatos electrónicos de consumo y las memorias de computadoras, apoyada sobre un alto grado de importación de equipos y materiales y sin desarrollo de capacidad propia de diseño, despierta, por ejemplo, serias dudas sobre la posibilidad que tienen, en el largo plazo, de conservar su capacidad competitiva. Ernst, Dieter, Catching-UP, Crisis and Industrial Upgrading. Evolutionary Aspects of Technological Learning in Korea´s Electronic Industry, Danish Research Unit for Industrial Dinamics, Druid Working Paper Nº 98-16, agosto 1998.

20. Arceo, Enrique: La crisis del modelo neoliberal en la Argentina y los efectos de la internacionalización de los procesos productivos en la semiperiferia y la periferia. Rev Época, Nº 3, 2003

21. La crisis asiática de 1997 está ligada, precisamente, con la apertura de sus cuentas de capitales bajo la presión de Estados Unidos y el FMI. Singh, Ajit, Asian capitalism and financial crisis, en Michie Jonathan y Grieve Smith, John (ed), 1999, Global Instability, Routledge, London.

22. En término de paridad de poder de compra el producto de Corea crece anualmente, entre 1975 y 2000, un 5% más que el de Malasia y un 12% más que el de Tailandia, a dólares corrientes lo hace 43% y 50% más, respectivamente. Cálculos propios sobre la base de Banco Mundial , World development Indicators.

23. El promedio ponderado del desempleo abierto urbano en América latina es 5,7% en 1990; 6,6% en 1994, 7,9% en 1996, 8,1% en 1998 y 9,2 en los tres primeros trimestres de 2002. El promedio simple es 8,1% en 1990; 8,5% en 1994; 9,8% en 1996; 9,1% en 1998 11,3% en 2002. OIT, Panorama Laboral de América Latina 2002

24. World Development Indicators

25. "Los países de América del Sur, en cuanto grupo, parecen estar en gran medida excluidos de las exportaciones dinámicas en los mercados mundiales. Sólo dos de las exportaciones de más rápido crecimiento del grupo se encuentran entre los 20 productos más dinámicos en el comercio mundial, a saber, las bebidas no alcohólicas y los tejidos de punto. La región no participa de forma significativa en las actividades de producción internacional compartida debido a factores tales como la mayor distancia geográfica de los países desarrollados que han sido los más activos en esas actividades, los altos salarios en comparación con su productividad y una infraestructura inadecuada. Los países de la región han aprovechado su abundancia en recursos naturales para aumentar fuertemente sus exportaciones de productos primarios: sus 6 productos más dinámicos son productos primarios, y entre las 20 exportaciones de más rápido crecimiento de América del Sur figuran un total de 9 productos básicos." UNCTAD, Trade and develoment report, 2002, Ginebra, 2002, pag 90.

26. Las divisiones, grupos mayores o grupos de la ISIC revisión dos que pertenecen a cada uno de estos tipos son los siguientes. Basadas sobre los recursos: 31,331,341,353,354,355,362,369. Baja tecnología: 32,332,361,381,390. Alta y mediana tecnología: 341, 351, 352, 356, 37, 38 (exc 381)

27. Kuwayama, Mikio y Durán Lima, Jose E. La calidad de la inserción internacional de América latina y el Caribe en el comercio mundial, CEPAL, Serie comercio internacional Nº 26, Santiago de Chile, mayo 2003

28. Arceo, Enrique, Argentina en la periferia próspera. Renta Internacional, dominación oligárquica y modo de acumulación, Universidad Nacional de Quilmes, FLACSO; IDEP,2003. Revista Realidad económica Nro. 200/IADE. Hipólito Yrigoyen 1116 4° piso Buenos Aires, Argentina - Tel. (54 11) 4381-7380/9337

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Enrique Arceo

*Abogado, Doctor en economía de la Universidad de París. Miembro del Instituto de Estudios y Formación de la CTA. Docente de la UBA

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