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Debate multicultural: etnia, clase y nación




Enviado por Carlos Mora-Ninci


    Resumen: Descriptores Tematicos: ciencias
    sociales; pluralismo cultural; inmigracion; etnicidad;
    minorias etnicas; clases
    sociales; lucha de clases; nacionalidad;
    discriminacion racial; cambio social;
    sociedad
    civil; argentina

    Apoyados en un conjunto de argumentos políticos,
    culturales y lingüísticos se ha interpretado la
    cuestión étnica como una forma de nacionalidad.
    Los actuales conflictos
    culturales y el debate sobre
    el racismo y la
    inmigración muestran a las claras
    cómo las cuestiones de raza, etnia, clase y nación,
    continúan siendo algunos de los problemas
    más acuciantes de la sociedad civil
    (R. Beiner, 1999; Chambers y Kimlicka, 2002; o García
    Canclini, 1999). Al contrario de lo que aparenta, algunas
    perspectivas basadas en la lucha de clases tampoco resultaron
    contrapuestas a los modelos
    nacionalistas liberales para explicar los movimientos
    nacionalistas étnicos (Rodríguez, 1977; Mora-Ninci,
    1999); mientras que otros autores consideraban estos movimientos
    como parte constituyente de una nación
    oprimida (Gómez Quiñonez, 1990) ode una
    nación multicultural y/o plurinacional (Taylor, 1993,
    Oboler, 1995). En efecto, mientras las minorías y los
    inmigrantes continúan siendo sistemáticamente
    discriminados como ciudadanos de segunda categoría, en
    general, se los ha interpretado con paradigmas de
    raza, clase, cultura,
    idioma, historia y por
    su situación política o
    económica y dentro de un marco nacional. De cualquier
    manera que sea concebido, el problema del nacionalismo
    étnico es sin dudas una cuestión antiquísima
    y un problema aún no resuelto.

    Autores como Horace Davis (1967), Ephraim Nimni (1991),
    Zagladin et al Chertikhin, Popovand Rudenko (1975) han analizado
    los movimientos sociales basados en la lengua, etnia,
    raza, nacionalidad, sexualidad,
    género
    y religión,
    argumentando que los marcos basados en estas identidades sociales
    eran fuente de ideología contra cualquier estudio
    crítico que explique la explotación capitalista,
    fundamentando que el nacionalismo no sería simplemente un
    reclamo chauvinista y reaccionario que poco tiene que ver con el
    internacionalismo proletario y la emancipación de los
    trabajadores, pretendiendo calificar así la
    cuestión nacional con un doble signo.

    La interpretación clásica de la
    experiencia nacionalista étnica fue presentada por el
    movimiento
    socialista a comienzos del siglo XX (por ejemploen James Connoly,
    Labor in Ireland), para luego dejarla de lado por ser considerada
    como exclusivamente un problema económico, lo cual
    dejó sin marco al marxismo para
    explicar el papel de los movimientos de liberación Dentro
    del movimiento marxista del Primer Mundo autores como James
    Cannon llegaron a reconocer que el nacionalismo era fuente de
    prejuicios y de limitaciones teóricas que llevaba a
    considerar al problema de las minorías como "una formula
    para la falta de acción
    en el frente negro, y -de paso- un escudo conveniente para el
    latente prejuicio
    racial de los mismos radicales blancos" (2). (Breitman, 1967).
    Influenciado por el impulso del "movimiento" y la oleada
    nacionalista del Tercer Mundo, el marxismo de la posguerra
    cambió su curso internacionalista y adoptó uno
    nacionalista, coincidiendo con la ideología que
    consideraba al pueblo como una "nacionalidad oprimida".
    Contrariamente a lo que planteara el Programa de
    transición, el trabajo
    político dentro de los movimientos de las minorías
    oprimidas llevaría a que el pueblo comenzara a
    movilizarse. El movimiento revolucionario debería entonces
    continuar reclamando por la emancipación racial, de clase
    y otras formas de opresión, en un plan de
    transición hacia el socialismo. Este
    programa constaba de reclamos básicos que se
    convertirían en parte de la lucha por la revolución
    socialista. (Löwy, 1998).

    Los programas
    políticos socialistas y nacionalistas basaron sus
    interpretaciones de las nacionalidades oprimidas en el contexto
    de la lucha por los derechos democráticos
    y en relación a la asimilación o la integración a las sociedades
    dominantes. El problema era cómo definir al "movimiento" y
    la lucha por la liberación dentro de los marcos de la
    sociedad o estado
    dominantes. Dados estos términos, es evidente que el
    problema que tenían con el "Programa de transición"
    avanzado por el marxismo, tanto los liberales como nacionalistas,
    era de naturaleza
    ideológica y política, se trataba de la misma
    crítica
    expresada contra el socialismo en general. En efecto, las
    verdaderas diferencias ideológicas y políticas
    entre liberales y socialistas no eran en cuanto a
    "tácticas" o "metodología", sino en cuanto al contenido
    político del programa. En efecto, la crítica
    liberal nacionalista no se concentró en ninguno de los
    supuestos argumentos teóricos, ni en contenidos o ideas,
    sino más bien en la manera en que se presentaba el
    programa político de transición de lucha
    estratégica del capitalismo al
    socialismo. La relación entre la lucha por la
    liberación y el programa de transición concerniente
    a las alternativas políticas y programas de los liberales
    y nacionalistas nunca fue materia de
    debate.

    Esto trae aparejado preguntarse sobre los verdaderos
    motivos de las críticas a los socialistas por parte de los
    nacionalistas, si se trataría simplemente de provocaciones
    por parte de políticos liberales y sus ideólogos, o
    de ver si los socialistas—aunque compartían el mismo
    marco nacionalista— representaban algún tipo de
    amenaza seria para el movimiento. La crítica de los
    socialistas toma la idea nacional pero en lugar de suscribir al
    marco político liberal, colocó al nacionalismo
    dentro del marco
    teórico del programa de transición, para luego
    volver a transformar este programa en uno nacionalista. De la
    misma forma que el nacionalismo continúa influenciando el
    pensamiento
    marxista en su paradigma
    general (ya sean asimilación o integración
    liberales o progresistas), así la mayoría de las
    tendencias socialistas avalaron alguna forma de nacionalismo.
    Ésta no era una mera cuestión intelectual, sino que
    reflejaba un problema más amplio, que continúa sin
    solución a pesar de los conflictos étnicos y
    culturales. Las temáticas mencionadas sobre nacionalidad y
    nacionalismo eran algunos de los planteos que se reinstalaron en
    las luchas populares tras la caída del Muro de
    Berlín y el resurgir de las luchas nacionales y
    étnicas en los años 90. En realidad, en la
    coyuntura de una lucha democrática se encuentra la
    necesidad de criticar la cuestión del nacionalismo, del
    etnocentrismo, y de la democracia
    multicultural como programa subyacente tanto del liberalismo
    democrático como de los movimientos
    nacionalistas.

    La teoría
    social clásica se orientó menos hacia paradigmas
    nacionalistas y de luchas de clases, y más hacia enfoques
    economicistas, mientras otras teorías
    sociales se basan en la problemática de género, la
    cultura, la democracia, la nacionalidad, y el papel de los
    movimientos sociales no proletarios para producir cambios
    sociales (Giddens 1997, 1978 y 1984; Alexander 1982 y 1983;
    Jameson 1971; Williams 1977). Se criticó a los intelectuales
    después de la caída de los regímenes
    stalinistas, advirtiendo que los marcos basados en agentes o
    subjetividades múltiples eran cualitativamente superiores
    a la perspectiva de clases. Se argumenta que en una sociedad sin
    clases, a la larga, las diferencias basadas en el racismo, el
    sexo, y el
    odio hacia los homosexuales dejarían de existir. No
    obstante, la forma de lograr tal sociedad no está
    claramente delineada. La idea de que un núcleo de
    intelectuales conocedores del análisis de clases transformaría el
    mundo, gracias a individuos iluminados con cierto conocimiento
    de las ciencias
    sociales, no contempla el cambio social institucional,
    político o de clases.

    "En el momento actual, referirse a ‘leyes’ en
    relación con los asuntos humanos (o referirse a la
    autoridad de
    Engels) no está muy de moda. La derecha
    alega que cualquier alusión a tales ‘leyes’ en
    la historia o en las ciencias sociales es una intolerable
    arrogancia doctrinaria que apunta directamente hacia el
    archipiélago Gulag, y buena parte de la izquierda marxista
    alberga grandes dudas respecto al grado en que puede defenderse
    que el materialismo
    histórico es un instrumento de análisis
    adecuado. Así mismo, desde la izquierda se ha venido
    denunciando cada vez con mayor frecuencia el análisis de
    clases como ‘reduccionismo clasista’ simplista,
    enteramente incapaz de explicar características cruciales
    de la realidad social tales como el patriarcado, el racismo, el
    nacionalismo, el surgir de los estados, los sistemas
    comunistas, etc. Por razones que discutiré en su momento,
    creo que estas críticas son erróneas, y deseo
    reiterar desde el principio la convicción que inspira este
    ensayo: el
    análisis de clases, debidamente entendido, constituye un
    constructo teórico de valor
    incomparable. " (Miliband, 1997, p. 419).

    Este enfoque no incluye confianza en una organización que representa a un sector
    social de una clase oprimida, con un programa y una estrategia para
    luchar por el poder, tal
    como un partido político de la clase trabajadora. En
    realidad, a las teorías sociales no le preocupan demasiado
    explicar la necesidad de que exista un partido político
    que organizara a la vanguardia de
    la acción obrera para tomar el poder. Una
    organización que debería educar a sus cuadros de
    dirigentes, instruirlos en los métodos de
    análisis marxistas y en la experiencia de la lucha
    política .

    "La historia de los últimos cien años no
    nos muestra que tal
    visión sea ilusoria. Al contrario, y sin caer en una vacua
    escatología, yo diría que nos
    muestra que la presión
    ejercida desde abajo, a pesar de todos los obstáculos y
    reveses, deteriora ininterrumpidamente, a partir de las
    condiciones que la producen, las estructuras de
    dominación establecidas. La fuerza inmensa
    y el alcance mundial de este proceso es lo
    que permite que la idea de lograr un mundo libre de
    dominación y explotación deje de ser una
    visión y se convierta en un proyecto.
    Sólo el advenimiento de una sociedad sin clases
    haría irrelevante el análisis de clases. Que
    sería un largo camino antes de que esto se logre. Pero es
    probable que se recorra con mayor rapidez si más personas,
    especialmente entre la población subordinada, adquieren una
    visión exacta de la realidad social y de los conflictos
    situados en el centro de esa realidad. El análisis de
    clases hace posible esta comprensión mejor que
    ningún otro tipo de análisis. " (Giddens y Turner,
    p. 420).

    Los estudios sobre las minorías son deficientes
    en cuanto a una teoría social no liberal ni conservadora
    que evalúe el papel desempeñado por los movimientos
    nacionalistas en el centro del imperialismo.
    Es decir, no se ha explicado adecuadamente la posición de
    las minorías oprimidas y el rumbo que han tomado en las
    luchas populares en esta región estratégica del
    mundo. Algunos han argumentado que el nacionalismo de una
    nación oprimida y otras formas de identidad
    cultural de sectores oprimidos de la sociedad son progresistas y
    por lo tanto la crítica debe apoyarlas. Es decir, se
    planteó la cuestión de la etnia y la nación
    (además, la de raza) como un problema de desigualdad
    económica entre los distintos sectores de la clase obrera,
    pero este marco no rindió debida cuenta de lo intrincado
    del análisis de clases y los agentes de los cambios
    sociales.

    El planteo liberal del problema nacional, étnico
    y racial enfatiza distintos aspectos del movimiento, tales como
    la igualdad de
    derechos, la auto determinación, la liberación
    nacional, o la lucha de clases. El modelo de
    asimilación o integración interpreta la experiencia
    étnica-nacional como una minoría que carece de
    igualdad de derechos, siguiendo el modelo anglosajón de
    una nación de muchas nacionalidades. Esto da por sentado
    la existencia de un "crisol" cultural y étnico en un
    terreno común neutral donde todos los inmigrantes pueden
    reunirse y adaptarse si desean pertenecer a la misma
    nacióncomo una comunidad
    multicultural o multi-étnica. Sin embargo, lo que
    realmente se ha producido es la exclusión de la identidad
    y la culturade los sectores menos privilegiados de la sociedad:
    las minorías, las mujeres, los jóvenes, y otros
    sectores.

    Este modelo de adaptación social
    básicamente esta diciendo que dado un período de
    transición de años o décadas desde una
    generación de inmigrantes a la próxima, los
    descendientes deberían finalmente asimilarse a la nueva
    cultura. Cualquier conducta que se
    desvíe de la establecida, tal como el fracaso escolar de
    los hijos de inmigrantes, se considera como una falta de
    adaptación a la cultura, que debe corregirse. Sin embargo,
    hay un permanente proceso de resistencia
    contra la opresión y la destrucción de valores,
    cultura, idioma, y estructura
    familiar. Esta resistencia a la asimilación proviene de
    las filas de los individuos más integrados y exitosos,
    quienes generalmente han realizado y conducido la lucha,
    más que de las filas de marginales.

    Las teorías liberales basadas en estos modelos se
    apoyan en la psicología
    social o psicología de la
    disfunción, para explicar esta supuesta conducta errada. A
    los grupos de las
    minorías se los ven como pandilleros
    ‘gangsteriles’, a la familia se
    la considera de poca educación, producto de
    una cultura foránea. Es así como se los estigmatiza
    como personas con disfunción social, que por alguna
    razón no se asimilan como lo han hecho otros en el pasado.
    Muchas ideologías basadas en este modelo de
    asimilación confían en que los supuestos de
    igualdad ante la ley, o de
    nacimiento igualitario, que están disponibles para todos
    los grupos étnicos, raciales, y culturales. No obstante,
    esta ideología ignora abiertamente el hecho
    histórico de la opresión ejercida por los
    colonizadores, quienes trajeron el progreso de la nación
    por medio de la violencia y el
    engaño. Este modelo de asimilación da por sentado
    que quienes habitan el territorio lo hacen voluntariamente, y que
    ellos mismos o sus antepasados tuvieron la libertad de
    asimilarse a la cultura dominante.

    Las historias de éxito
    de unos pocos se muestran como ejemplos de los frutos de la
    asimilación, argumentando que el problema de falta de
    igualdad se soluciona por un proceso gradual de
    integración a los valores y
    civilización dominantes. Se espera de las minorías
    raciales o racializadas, que alcancen el éxito,
    adquiriendo valores y una conducta democrática, como el
    único camino para que los nuevos grupos de inmigrantes
    prosperen. De esta manera, se propone la educación como la
    vía principal hacia la realización de este
    "sueño". Sin embargo, la educación de calidad
    está disponible de forma diferencial, dependiendo de la
    raza y la clase social, pero accesible solamente a un
    pequeño porcentaje (Solórzano et al,
    2000).

    Otra corriente de esta ideología sostiene que la
    identidad de toda la comunidad está desviada—en
    lugar de la conducta individual—pero que podría
    haber unos pocos reclamos legítimos que han sido
    injustamente denegados al grupo
    minoritario. El objetivo de
    esta ideología no es transformar el sistema social,
    sino que las minorías entren al sistema como pares, como
    sector que busca su propio interés, o
    que simplemente reclamen una "parte de la torta". Ya sea por
    asimilación o por exclusión, en ambos casos el
    producto final es el mismo: el grupo minoritario se define como
    subordinado. Un supuesto de la acción afirmativa es que
    los grupos discriminados ahora deberían gozar de ciertos
    privilegios para compensar por la opresión padecida por
    sus antepasados.

    El tema es que algunos grupos
    nacionalistas-étnicos no son un sector disfuncional dentro
    de la sociedad multicultural sino que simplemente pertenecen a
    una nación diferente. Así, el liberalismo
    multicultural y el nacionalismo no son las únicas
    alternativas. La concepción liberal de la cuestión
    nacional se sostiene en la ciudadanía y en la igualdad de derechos,
    pero siempre y cuando se mantenga a los otroscomo ciudadanos de
    segunda.

    La idea de democracia liberal considera al Estado como
    un balance de fuerzas entre sectores sociales representativos y
    como la fuente principal de la conducta democrática. Esta
    concepción podría considerar a las minorías
    étnicas como un grupo social que, mientras participa en el
    pacto democrático, lucha por la legitimación y por la igualdad de derechos,
    algunas veces como un movimiento social y otras desde dentro de
    las instituciones
    del estado, logrando legitimidad dentro de ciertos espacios de
    poder (Morrow y Torres, 1998 y Torres, 2002). La acción
    política de algunos grupos progresistas entraría en
    este marco de las organizaciones
    que privilegian las tácticas de cabildeo y la
    reunión de fondos a través de fundaciones;
    actividadesque cubren un espectro que va desde la simple caridad
    hasta la
    administración total de negocios,
    buscando fondos otorgados por el gobierno y
    posiciones de poder dentro del Estado, la educación, o las
    corporaciones, manteniendo relaciones cordiales con la burocracia
    estatal, gremial, eclesiástica, o en las organizaciones no
    gubernamentales.

    Otro de los argumentos liberales es que los ataques en
    contra de las minorías provienen de la "derecha
    conservadora", no de los liberales establecidos ni de los
    "progresistas". Sin embargo, los prejuicios liberales en contra
    de las minorías están ampliamente difundidos,
    especialmente entre quienes persiguen influenciar el gobierno y
    la política por medio del voto a personas que ocupen
    posiciones de poder en lugares claves de la industria o el
    gobierno.

    En todo caso, el asunto es cómo poner fin a los
    prejuicios y prácticas discriminatorias, y por
    consiguiente cómo alcanzar una verdadera
    integración y respeto no
    solamente en la ley y la igualdad de derechos entre las
    diferentes culturas y nacionalidades étnicas, grupos
    raciales, de género, etc. sino para exigir una sociedad
    más justa y equitativa, y no sólo de derecho. La
    ideología liberal sostiene la igualdad de derechos como
    paso previo a toda demanda en
    este sentido. Hay un notable aumento de la crítica desde
    la década del 80 en cuanto a la cuestión de las
    minorías, porque las instituciones de poder comienzan a
    cambiar sus mantenidas políticas de exclusión de la
    gente de color; en efecto,
    en las últimas décadas, un gran número de
    minorías ha llegado al poder en el mundo de los negocios o
    en cargos electivos en la conducción de los partidos tras
    un esfuerzo por asimilar una capa de minorías dentro de
    sus filas. Por lo que se creó una nueva clase media con
    sus propios académicos e ideólogos, junto con ideas
    acerca de las "maravillas de la democracia multicultural" o la
    "democracia participativa para todos". Esta nueva clase media,
    los así llamados agentes del poder, se auto elogian por
    ser intermediarios en el poder o secretarios en los gobiernos de
    turno, inmersos en la verdadera política. Sin embargo,
    estos procesos de
    asimilación a los partidos tradicionales no han
    solucionado ninguno de los profundos problemas de la discriminación racial y étnica. Esta
    "gota en el balde" muestra los límites y
    el escaso alcance de las políticas de igualdad de
    oportunidades y de acción afirmativa.

    La asimilación, ya sea en su forma conservadora o
    progresista, no alcanza a explicar la relación entre
    clases sociales y minorías étnicas, en el sentido
    que considera a la opresión como producida por una
    anomalía o actos de exclusión por parte de
    individuos o grupos, y a la prosperidad y al progreso como fruto
    del esfuerzo y la elección individual; aunque el
    liberalismo comúnmente critica al sistema o a la clase
    dominante por su represión ejercida a través de la
    propaganda,
    los medios, la
    educación, la ley y el gobierno, no lo hace en cuanto a la
    explotación de clases.

    El modelo multicultural no diferencia entre las
    nacionalidades que están bajo el dominio o la
    dependencia dentro de naciones-estado más poderosas. Los
    conflictos raciales y étnicos entre chicanos, negros,
    québecoise e indígenas americanos han sido temas de
    debate permanente a lo largo del siglo XX enNorte América. Siguiendo una línea
    similar, la teoría social revolucionaria afirmaba que el
    movimiento de liberación negra era esencialmente una
    cuestión de "nacionalidad" basada en el derecho de las
    naciones a la autodeterminación; y esto definió la
    estrategia política para la acción de los
    socialistas en el movimiento de liberación negra. Los
    afroamericanos en los Estados Unidos se
    han definido como una nación oprimida, una semicolonia,
    por lo que la rebelión negra surge como una forma de lucha
    nacional. Pero si esta lucha puede caracterizarse
    básicamente como una rebelión en busca de reformas
    o como una revolución que aspira a alterar las formas
    básicas de la sociedad, no puede recibir una respuesta
    inequívoca. La rebelión y la revolución
    están relacionadas pero no son idénticas. (3) El
    poder negro como variante del nacionalismo tiene raíces
    profundas en la historia y textura social de los Estados Unidos.
    Como una necesidad insatisfecha o una conciencia
    molesta, el nacionalismo negro es un motivo insistente que hace
    su aparición a través de la historia,
    particularmente la de los últimos 150 años. "Un
    vistazo a la historia sugiere que sería más
    correcto decir que el nacionalismo y el separatismo abierto son
    tendencias ocultas siempre presentes en la psiquis negra
    colectiva que interactúan constantemente con la tendencia
    a favor de la asimilación y, en tiempos de crisis,
    afloran a la superficie para convertirse en temas mayores". Fue
    recién en los años 50 cuando los afroamericanos
    protagonizaron las luchas por la auto determinación y los
    derechos civiles y democráticos y cuestionaron el poder y
    el nacionalismo (Foreman, J. High Tide of Black Resistance,
    citado en Allen (1992:89).

    En los años 60, la teoría
    sociológica promovía la idea de un paradigma de
    liberación nacional basado en la lucha del "imperialismo
    versus las colonias", profundamente influenciado por las luchas
    de liberación nacional en África y el sudeste
    asiático (entre autores ya clásicos se encuentran
    Mandel, Gunter Frank, Zeitlin o Marcuse, por citar algunos de los
    más destacados). En efecto, estas teorías sociales
    contribuyeron a formular ideologías del movimiento del
    poder negro que se inspiraban en los movimientos de
    liberación nacional del Tercer Mundo como de Malcolm X y
    el partido de las Panteras Negras (Carmichael, 1967, Sealey,
    1968). Existen varias ideologías que buscan preservar la
    cultura y la identidad
    nacional; una de éstas, que ha sido dominante en el
    movimiento étnico contemporáneo y en las ciencias
    sociales en general es la que presenta el modelo de colonialismo
    interno. La teoría de la colonización interna ha
    sostenido que algunas minorías fueron colonizadas como
    enclaves dependientes dentro de los límites del
    imperio.

    El nacionalismo del colonialismo interno es atractivo
    para quienes viven en países de donde las minorías
    son producto de una guerra de
    ocupación, ya que promueve sentimientos de pertenencia al
    reclamar un territorio, historia, idioma, raza y cultura en
    común que fuera subyugada y desplazada, tal el caso de los
    canadienses franceses o québecoise. (4) En un sentido
    amplio, el colonialismo interno tuvo influencia en los
    círculos izquierdistas en la década del 70
    especialmente durante la guerra de
    Vietnam. En Estados Unidos se fundamentaba en que el
    nacionalismo negro y las ideologías de liberación
    nacional del Tercer Mundo estaban en oposición al
    imperialismo estadounidense. La lucha por la liberación
    nacional expresada en las revueltas urbanas, crecían desde
    los años 50 como un reflejo de las tendencias mundiales
    por mayor democracia, derechos civiles y laborales, incluyendo la
    lucha independentista en África, Latinoamérica, y el Sudeste
    asiático, formando parte de un proceso sincrónico
    entre las revueltas internacionales en el Tercer Mundo y las
    luchas domésticas en los Estados Unidos que culminó
    con el movimiento anti bélico en la primera mitad de los
    años 70. (4)

    Ideológicamente, el modelo de colonia interna era
    una mezcla de marxismo y teorías críticas, basado
    en el hecho de que tanto los chicanos como los negros han sido
    discriminados y son, desproporcionadamente, más pobres que
    los blancos. Estemodelo sostuvo que había una
    ideología política de "colonización"
    complementario de los programas de asimilación. Un
    importante sector de intelectuales "radicales" desarrolló
    una teoría que sostenía que la mayor
    contradicción era la de "el sistema versus la gente"
    dentro de este marco, la gente había sido
    sistemáticamente oprimida por el gobierno. En la
    práctica, esta teoría proclamaba que las
    tácticas de acción directa y desobediencia civil
    por pequeños grupos de vanguardia eran variaciones de la
    guerra prolongada o del foquismo, y equivalente a las luchas
    guerrilleras del Tercer Mundo.

    Desde sus comienzos, la teoría social ha tomado
    muchas de sus premisas y axiomas del modelo de colonia interna y
    de las ideologías marxistas. Alfredo Mirandé, un
    participante de este renacimiento de
    las ciencias sociales radicales en los Estados Unidos,
    reconoció la influencia del marxismo y del colonialismo
    interno en su pensamiento, pero señaló que estas
    teorías no llegaban a cuestionar el paradigma europeo
    occidental, y eran insuficientes yaque no se las podía
    considerar como base para una ciencia social
    original.

    "El colonialismo interno y el marxismo se reconocen
    generalmente como las dos teorías dominantes de la
    sociología chicana hoy, aunque sería
    más correcto considerar al colonialismo más como
    una descripción de un proceso histórico
    que como una teoría. Además, un número de
    estudiosos de las ciencias sociales contemporáneas han
    intentado integrar y sintetizar a los dos. En otras palabras, han
    tratado de identificar las bases tanto raciales como de clase en
    la opresión chicana. Aunque estos trabajos son una
    contribución significativa, y aumentaron nuestro
    conocimiento de los chicanos más allá de las
    teorías de deficiencia cultural, todavía se basan
    principalmente en modelos occidentales de la verdad y la
    realidad. " (Mirandé, 1985, p. 214).

    En los años 70, se respondió al problema
    de las minorías oprimidas con teorías
    socialesbasadas en la liberación nacional que buscaban un
    nuevo paradigma en las ciencias sociales: la idea que en el
    centro de las premisas sobre la identidad había una
    "explicación" teórica común subyacente en la
    experiencia, o una identidad asociada a una historia, cultura y
    destino comunes llevó aMirandé a definir la
    cuestión de un paradigma en las ciencias sociales como una
    cuestión de etnia, orgullo, subjetividad y particularismo,
    opuesto fundamentalmente al paradigma imperante en las ciencias
    sociales4.

    Mientras el movimiento a favor de los derechos civiles y
    en contra de la guerra en el sudeste asiático se
    fortalecía, también lo hacían las
    ideologías basadas en la liberación nacional que
    intentaban explicar la experiencia étnica como una especie
    de "nación" del Tercer Mundo dentro de "los confines de la
    bestia". Los vívidos ejemplos de las revoluciones en
    China (1949),
    Cuba (1959) y
    África (décadas del 50 y del 60) estaban aún
    frescos en las mentes de los jóvenes políticamente
    conscientes. Así era como las ideologías de los
    movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo
    ejercieron influencia sobre el activismo político de los
    años 60. (5) Las raíces históricas del
    racismo muestran cómo también los obreros han
    bregado sistemáticamente por mantener sus posiciones,
    adquiridas en lucha contra otros sectores de la clase obrera. El
    caso clásico es el de los obreros blancos que se opusieron
    a que los obreros asiáticos integraran los
    gremios.

    "La agitación en contra de los chinos, por
    ejemplo, no fue meramente una expresión de una
    ‘consciencia falsa’ sino más bien estaba
    basada fundamentalmente en intereses materiales
    reales que motivaron a una organización de la clase obrera
    blanca a seguir líneas raciales circunscriptas que eran
    políticamente conflictivas. Esta historia fue parte de la
    manera en que los estadounidenses de origen europeo en California
    batallaron para retener su acceso privilegiado a valiosos
    recursos (en
    este caso, puestos en el mercado laboral),
    movilidad social, y para reafirmar su estatus social superior. "
    (Almaguer1998, p. 204).

    Según este autor, la clase obrera se
    organizó en gremios racistas para defender sus propios
    privilegios en el "mercado laboral". El problema de esta idea es
    que las clases sociales no pueden considerarse como
    categorías subjetivas que dependen de la conducta
    individual o de la opinión que tengan de sí
    mismas;es un error comúnconfundir la definición de
    clases con las ideas, opiniones e ilusiones que los miembros de
    una clase social tienen de sí mismos. Las clases se
    definen por el papel que desempeñan las personas en el
    sistema productivo, tal como la relación social de la
    producción frente a algún cambio
    particular en los medios de producción en un
    período y sociedad determinados, y esto se refleja en el
    sistema legal del país. En realidad, hay diferentes
    sectores y estratos sociales entre las clases sociales que forman
    la estructura subyacente donde ocurre el conflicto,
    dentro del cual pueden coexistir diversos grupos étnicos o
    culturas. (6) En suma, los modelos de colonia interna fueron una
    respuesta a la falta de progreso y bancarrota de los programas
    liberales y de asimilación para resolver el hecho de que
    las minorías continuaran relegadas al último
    peldaño de la escala social y
    al incremento de los ataques racistas de algunos blancos que
    creen en su supremacía y tratan de imponer sus valores. No
    obstante, el modelo de "el imperialismo versus las colonias" de
    las ciencias sociales de los años 60 fue desafiado por la
    creciente lucha por los derechos económicos, sociales y
    democráticos de los nuevos movimientos
    sociales.

    Las primeras formulaciones teóricas sobre los
    movimientos sociales se basaron en un razonamiento economicista
    que se describía como ‘modelo de elección
    racional’ y en estrategias de
    movilización de recursos; la preocupación era
    cómo movilizar los recursos de forma que ofrecieran
    fructíferas ganancias al sector determinado que la
    sostenía. La elección racional es un modelo de
    conducta social basada en el costo-beneficio;
    es decir, la idea de que por medio de la búsqueda de la
    ganancia individual toda la sociedad, naturalmente, a la larga se
    beneficiará. Este modelo ha sido refutado al demostrarse
    cómo se moldeó por medio de la educación en
    base a una mentalidad blanca, masculina, de clase media, de
    quienes tienen acceso a esta forma de pensar, es decir, a la
    clase a la cual ya pertenecen. De manera que es una
    "elección racional" sólo disponible para quienes ya
    están dentro de este grupo social, mientras que otros no
    adquieren el mismo razonamiento. En realidad, la violencia y los
    actos irracionales se han considerado como expresiones de otras
    formas de racionalidad; se los ha visto como "igualmente
    significativos para el desarrollo de
    las estructuras y estrategias de movimientos." (7) Los más
    recientes teóricos de los movimientos sociales buscaron
    sus fundamentos en la construcción social de sistemas de
    creencias, o en el mundo simbólico de los individuos. Se
    considera que el actor construye y es transformado por el
    significado de la historia compartida. Los teóricos de los
    movimientos sociales argumentan que en el fondo de la protesta
    social se encuentra la categoría subjetiva de "creencia
    colectiva", considerando a la protesta social como el resultado
    de un conjunto de relaciones y redes intersubjetivas, las
    que a través del proceso del discurso
    público construyen el significado social. Por el
    contrario, para el análisis de clases la perspectiva del
    discurso colectivo o social está predeterminada por la
    posición objetiva de clase de sus integrantes, así
    como por las condiciones de la coyuntura socio política. Y
    están representadas por instituciones sociales tales como
    partidos
    políticos, gremios, o por el Estado.
    Para los primeros, el significado es una cuestión de
    construcción por medio de un proceso de "choques y
    confrontaciones entre esquemas competitivos u opuestos" (Bert
    Klandermans, 1991: 77-103).

    El nuevo paradigma de la teoría de los
    movimientos sociales intenta "diferenciar la ubicación
    social de los movimientos basados en los recursos de los
    integrantes que conducen a la movilización masiva de
    aquéllos que se apoyan más en los recursos
    profesionales y burocráticos y en los lazos con los
    promotores institucionales" (Morris y McClurg Mueller, 1991: 27).
    Este paradigma intenta explicar el problema de ciclos de protesta
    alternados con períodos de quietud y cómo los
    movimientos sociales inician una combinación de acciones
    sociales que pueden conducir a un cambio social de proporciones
    históricas. Un intento ambicioso de delinear una
    perspectiva de análisis comparativo de los estudios de los
    movimientos sociales enfatiza la relación entre las
    características más sobresalientes en la
    teoría de los movimientos sociales, es decir, la
    relación entre oportunidades políticas, estructuras
    de movilización, y procesos de contexto. Estos autores
    intentan explicar los procesos subyacentes para colocar estas
    características de los movimientos sociales en un contexto
    histórico y social (Doug MacAdam, et al. 1996).

    Sin embargo, no alcanzan a explicar la dinámica socio económica e
    histórica de la sociedad capitalista de clases. En
    realidad, basándose en el sexo, el género, la
    psicología, la raza, o la etnia como paradigmas centrales,
    estas teorías de los movimientos sociales enfatizan un
    análisis basado en "cualquier cosa menos lucha de clases",
    se concentran sólo en los méritos y logros de
    pequeños grupos o en categorías de la
    psicología social. (8) Mientras las protestas sociales
    surgen en respuesta a condiciones intolerables de pequeños
    grupos que recurren a métodos violentos, algunas
    teorías sociales sostienen que la lógica
    de las protestas sociales es tal que una vez que una
    movilización ha llegado al nivel de ser una verdadera
    amenaza para el sistema, el movimiento o sus líderes
    pueden ser persuadidos a integrarse al marco del Estado gracias a
    la injerencia de las corporaciones y el capital.

    Otra línea de pensamiento sostiene que los
    problemas sociales no crean a los movimientos sociales, sino al
    revés, por medio de la acción colectiva, las
    organizaciones desarrollan y organizan grupos en torno a los
    problemas. Claus Offe (1996), por ejemplo, aboga por un papel
    esencialmente reaccionario de los movimientos sociales en
    presencia del papel desempeñado por los partidos
    políticos en una democracia.

    El enfoque liberal del estudio de los cambios sociales
    procura desmembrar una parte de la sociedad de los procesos
    concretos de clase de los cuales forma parte. La teoría
    del estado y la política que se basa en los movimientos
    sociales tampoco relaciona la experiencia histórica de las
    nacionalidades oprimidas dentro de una nación dominante
    con las acciones concretas de liberación de esas
    nacionalidades o grupos étnicos. Las categorías de
    agentes y actores sociales de la época post industrial
    donde los movimientos sociales se conciben como representando a
    una amplia contradicción histórica, va más
    allá de simples reclamos contestatarios. (9) "El tema de
    los movimientos sociales desafía a la vez el pensamiento
    liberal y el llamamiento a la revolución, pues ni uno ni
    otro creen en la capacidad de los actores sociales de producir su
    historia a través de sus orientaciones culturales y sus
    conflictos sociales. La idea de movimiento social, por su parte,
    asocia la apelación al Sujeto a la lucha contra un
    adversario social. . . Es cierto, los movimientos societales
    chocan en cada centuria con grandes obstáculos, los que
    crea la miseria, pero también la búsqueda de
    soluciones
    individuales o la esperanza de ascenso en el sistema, pero esos
    obstáculos no son hoy más insalvables que ayer. En
    realidad, no existe ninguna situación que sea enteramente
    favorable a los movimientos sociales y la sociedad industrial no
    lo es más que otra. Lo que cambia es la naturaleza de las
    conductas que se mezclan en los movimientos sociales y procuran
    colocarlos bajo su dependencia. La apelación al pueblo, a
    la nación o a una iglesia
    transformó muchas veces a los movimientos populares en
    antimovimientos sociales; la idea revolucionaria convirtió
    algunos movimientos societales en regímenes totalitarios.
    En la actualidad, es la obsesión por la identidad la que
    arremete contra los movimientos societales, transforma a su
    adversario en extranjero y reemplaza el ideal de
    liberación por la búsqueda fanática de la
    homogeneidad y la pureza. " (Alain Touraine,1998).

    Teniendo en cuenta que los movimientos sociales son
    sólo una parte de las luchas populares y sociales, la
    teoría de los movimientos sociales al enfocar sólo
    en lo micro-social o en el mejor de los casos en lo intermedio
    entre lo micro y lo macro histórico, da cuenta de los
    factores subjetivos que llevan a la movilización y al
    cambio social, limitando el análisis del proceso de
    movilización masiva al análisis de mismos actores
    sociales, es decir, a algunos aspectos subjetivos, sin considerar
    las condiciones objetivas, tal como la infraestructura
    económico-social, las fuerzas productivas, y las
    relaciones de producción de clases, las guerras y las
    revoluciones. Tampoco darían cuenta del micro y macro
    contexto subyacente que precede al descontento y las protestas
    particulares, que motivarían los reclamos
    específicos de la dirigencia, los agentes sociales, y
    otros reclamos inmediatos y coyunturales, que no pueden explicar
    y menos aún predecir la dinámica de la lucha de
    clases y los grandes procesos económicos y
    políticos de proporciones históricas.

    Los movimientos sociales no son nuevos para el estudio
    de las movilizaciones de masas. En realidad, pareciera que
    algunos intelectuales provenientes de la experiencia del Primer
    Mundo de los años 60—tales como los movimientos anti
    bélicos, feministas y de los derechos civiles—han
    llegado a redescubrir la existencia de los movimientos masivos
    sin tener en cuenta los siglos de rebeliones y protestas
    populares, que de conjunto con sus saltos y contradicciones,
    pusieron fin a eras históricas, tales como las
    revoluciones burguesas y del proletariado, o las rebeliones de
    campesinos desde la Edad
    Media.

    Este marco teórico reapareció en las
    décadas del 70 y 80 como respuesta al así llamado
    fracaso de las explicaciones socialistas y en la práctica
    a la conducción de la tendencia stalinista y otras
    tendencias burocráticas dentro el movimiento obrero. En
    este aspecto, las teorías de los movimientos sociales que
    tomamos aquí también complementarían a las
    teorías neoliberales en las cuales el Estado y las
    corporaciones manejan los asuntos libres de intervenciones y de
    controles populares. Según este modelo, los movimientos
    sociales se limitarán a reclamos culturales,
    étnicos, nacionales o democráticos, pero no
    cuestionarán los principios del
    capitalismo de mercado. En suma, las nuevas teorías de los
    movimientos sociales ofrecen la utópica explicación
    de un mundo sin clases donde los problemas
    sociales no son económicos ni políticos; ya que
    podrían deberse a la falta de comunicación y la ausencia de
    códigos en el discurso interpersonal; de esta manera, el
    problema nacionalista étnico es relegado a un mero
    problema de conciencia. Según la perspectiva sugerida, los
    movimientos sociales serían expresiones particulares de la
    lucha de clases explicadas en última instanciapor la
    relación de fuerzas entre las clases sociales o la lucha
    de clases en un período determinado.

    Benedict Anderson (1983) y Gopal Balakrishnan (2003)
    contribuyeron al estudio de la naturaleza de la nacionalidad,
    concluyendo que la idea de nación es el punto de partida
    para el análisis de la experiencia nacional. Anderson
    sugiere que las naciones son el producto de la imaginación
    de la gente, mostrando cómo las naciones son imaginadas
    por su gente ya que cree pertenecer a un pasado y origen
    común, mientras continuamente intenta diferenciarse de
    otras similarmente concebidas. Nos recuerda que las naciones
    tendrían su origen en el Siglo de las Luces, cuando la
    humanidad corría en la tarea de desprenderse de los
    mitos
    religiosos y del poder de las religiones mas importantes,
    cuando destruían las ideas de legitimidad provenientes de
    la fe y los mandatos divinos, la jerarquía que
    sostenía al poder del soberano basada en el reino de los
    cielos, y se imponía un orden legitimado en el poder de
    la tierra, no
    así en los reclamos territoriales de cada religión
    europea y mundial. Como menciona Anderson se intentaba consolidar
    el poder en base a la libertad ya que "las naciones
    soñaban con ser libres, y, si era bajo Dios, que fuera
    directamente" (11) (1983: 7) ya que a pesar de las diferencias y
    la desigualdad "… la nación es concebida siempre
    como una profunda camaradería horizontal. Esencialmente es
    esta fraternidad la que hace posible, a lo largo de dos siglos,
    que tantos millones de personas estén dispuestas no tanto
    a matar como a morir por cosas limitantes imaginadas " (p.
    7).

    Por otra parte, Eric Hobsbwam (1983 y 1990) considera a
    las naciones, los movimientos nacionalistas, y las
    nacionalidades, como entidades fundadas principalmente sobre
    tradiciones inventadas, arguyendo que el modelo fue aplicable a
    la formación de las naciones modernas multiculturales
    basándose en la concepción pluralista del estado
    liberal, sin tener en cuenta las opiniones de sus poblaciones y
    las tendencias separatistas de sus minorías, como la base
    de la nación pluricultural moderna.

    "El amor de
    los ingleses por el "pluralismo nacional" se nutría de
    su propia formación multinacional. La autonomía
    cultural y la unidad política podría ser la
    fórmula correcta para la coexistencia en las Islas
    Británicas. Sin embargo, no sólo condujo a la
    falta de consideración, a una usanza muy liberal, por la
    opinión de las poblaciones involucradas, sino que
    también parecía menos que realizable. El estricto
    respeto por las culturas nacionales es casi seguro que
    hubiera fomentado, a largo plazo, tendencias separatistas.
    Cualquier medida dirigida a una unificación de tipo
    "gran nación", tal como la legislación anti
    galesa no era considerada como contradiciendo al "pluralismo
    nacional" sino como su complemento necesario. (Hobsbawm, 1990,
    pp. 111-112).

    Sin embargo, como lo ha mostrado José E. Palti
    (1993 y 2003), estas posiciones han sido contradichas por la
    especificidad de la perspectiva socio-histórica. Palti
    arguye que mientras algunas naciones son inventadas otras
    constituirían casos legítimos. Esto plantea que la
    cuestión de los movimientos nacionalistas y los
    nacionalismos también se encuadraría dentro de uno
    u otro caso. Es decir, algunas naciones podrían ser
    consideradas como nacionalidades oprimidas dentro de los
    países poderosos mientras otras serían opresoras
    dentro de un estado-nación, para distinguirlos de aquellos
    casos donde simplemente se trata de colonias que son objeto de
    dependencia, explotación y discriminación. Según este autor, la
    mayoría de los estudios sobre la nación han
    preferido relegar el derecho a la autodeterminación a un
    plano secundario, privilegiando el principio de integridad
    territorial de los estados donde pueden co-existir un
    número de naciones subordinadas, por lo que la
    posición de Hobsbawm en este aspecto defendería los
    intereses de las naciones poderosas, continuando una
    tradición inglesa que en la práctica condona la
    opresión imperialista.

    "Inicialmente, el nacionalismo sirvió para
    afirmar la burocracia del estado como un medio de
    racionalización administrativa que era tanto producto
    como parte del proceso de consolidación del Estado
    nación. Fue más adelante que emergió la
    idea de "nacionalidad" como algo distinto al estado
    nación. Su definición en términos
    lingüístico raciales amenazaba romper los estados
    territoriales existentes, inevitablemente pluri-raciales y
    pluri-lingüísticos. Esto último, entonces,
    ya no tenía fundamentos objetivos
    sino que era meramente una construcción
    ideológica. Sus efectos han sido "esencialmente
    negativos y divisorios". Sin embargo, aunque esta doctrina
    surgió en las periferias de, o en contra de, el estado
    nación existente, en todos los casos el nacionalismo
    presuponía el Estado como una condición de
    existencia y era, al mismo tiempo, su
    meta. " (Palti, 1993, pp. 109-126).

    Hobsbawm sugeriría entonces que la idea de que
    existen limitaciones y prejuicios a favor del imperialismo
    defiende una propuesta que en la práctica condena al
    nacionalismo en el sentido de que todas las naciones son
    consideradas como construcciones culturales o políticas.
    No obstante implícitamente se llega a justificar los
    intereses de los países poderosos, e incluye luchas
    marcadamente diferentes dentro del mismo concepto de
    nacionalidad o de los movimientos nacionalistas, tales como la
    lucha de los latinos en Norteamérica por mantener el
    español,
    la recuperación de las islas Malvinas
    para la Argentina, el movimiento independentista de
    Québec, amalgamando las nacionalidades en un mismo
    concepto, lo cual muestra la complejidad planteada por los
    conflictos de las naciones inter-étnicas y susmovimientos
    nacionalistas y la dificultad teórica del problema
    planteado al multiculturalismo.

    "Todos los Estados del globo terráqueo son hoy
    oficialmente ‘naciones’, todos los movimientos de
    liberación tienden a ser movimientos de
    liberación ‘nacional’, la agitación
    ‘nacional’ causa disturbios en los más
    viejos Estados nación en EuropaEspaña,
    Francia, el
    Reino Unido, hasta, de una forma más modesta,
    Suiza—los regímenes socialistas del este, los
    nuevos estados del Tercer Mundo liberados del colonialismo,
    hasta las federaciones del Nuevo Mundo, donde Canadá
    permanece dividida y en los Estados Unidos crece la
    presión para declarar al inglés como la única lengua para
    los textos públicos oficiales, en respuesta a la
    inmigración masiva de hispano americanos, la primera ola
    de inmigrantes que no sienten la atracción de la
    asimilación lingüística. Sobre todo, donde hay
    conflictos de ideologías, el recurrir a la imaginada
    comunidad de la nación parece haber derrotado a quienes
    lo desafían. ¿Qué si no la solidaridad de
    un ‘nosotros’ imaginario contra un simbólico
    ‘ellos’ hubiera lanzado a la Argentina y Gran
    Bretaña a una guerra demencial por una ciénaga y
    un pastizal en el Atlántico Sur?" (Hobsbawm pp.
    163).

    Aunque resulta obvio que ciertas nacionalidades o
    pueblos son segregados y discriminados, esto en sí mismo
    no los convierte en una "nación". En algunos casos fue el
    desarrollo del capitalismo que creó el "pueblo" o la
    "nación" con el propósito de dividir a los
    trabajadores o pueblos según líneas raciales,
    culturales o étnicas con el objeto de administrar o
    controlar mejor la región, siguiendo fuerzas socio
    económicas que de hecho beneficiaban históricamente
    a los países poderosos y sus respectivas clases
    implementando políticas de segregación y
    diferenciación.

    El argumento antigenealógico en contra del
    nacionalismo sostiene que la idea de nación sería
    una forma de tradición creada por una comunidad imaginada,
    que al entrar el mundo en una etapa de globalización estos Estados-naciones
    pierden sus funciones y
    serían incorporados dentro de supra-organismos
    multinacionales, lo cual vendría a reemplazar la
    retórica nacionalista, haciendo que los movimientos
    nacionales sean cada vez mas anacrónicos. No obstante,
    según apuntó Palti es necesario considerar que no
    todas las naciones se forman de la misma manera ni han tenido el
    mismo carácter y desarrollo
    socio-histórico. Una vez creado, el Estado-nación
    necesita del nacionalismo como ideología para afirmar su
    autoridad y legitimidad o como camino para consolidar su poder.
    Así, el nacionalismo basado en la ideología del
    movimiento nacionalista podría ser considerado un discurso
    publicitario en beneficio de algunos políticos o para
    ayudar a promover apoyo público por la democracia
    multicultural, pero no necesariamente debe poseer una verdadera
    base socio histórica que legitime su existencia. Las
    minorías pueden sentir que tienen un estatus especial como
    pueblo oprimido o poseer un sentimiento de pertenecer a una
    nación con un pasado y antecedentes culturales comunes;
    sin embargo, la clave para comprender la cuestión nacional
    no es confiar en mitos, sino en analizar las causas
    históricas y socio económicas que expliquen la
    discriminación, la exclusión y segregación
    que en principio han llevado a la construcción de tal
    nacionalidad o de la ideología nacionalista. Por lo tanto,
    un principio de la crítica teórica aquí
    propuesto es que los movimientos nacionalistas mismos se
    diferenciarían fundamentalmente por sus estatus de clase
    en clara oposición a la mayoría de las
    interpretaciones liberales y multiculturales que enfatizan otros
    aspectos, que aunque importantes relegan a un segundo plano
    aquéllos fundados en la clase social. La experiencia de
    los movimientos nacionalistas étnicos ha demostrado la
    deficiencia de estas ideologías ya que resultan
    inseparables de la lucha por los derechos laborales y
    reivindicatorios de los trabajadores de extracciones
    étnicas, raciales o nacionales distintas, quienes
    defienden sus derechos económicos, amén de los de
    su raza, etnia y nación, tanto en cuanto a su
    condición de minorías oprimidas como de
    trabajadores. La segunda premisa aquí planteada es que la
    lucha por la liberación étnica, de raza o cultural,
    acompañaría a la de la identidad de clase,
    especialmente de mujeres y hombres indígenas, negros,
    asiáticos, latinos y trabajadores blancos que en los casos
    de naciones imperialistas también comulgan en ser
    oprimidos objetivamente en oposición a la
    explotación clasista —sean conscientes o no de este
    hecho— a causa de su posición y dinámica
    dentro del sistema económico. En tercer lugar, las
    minorías oprimidas estarían mejor posicionadas para
    luchar contra la opresión debido a su lugar en la economía capitalista
    dentro del proceso de globalización, ya que cuentan,
    además de su trayectoria de lucha contra el imperialismo
    interno, con una conexión natural y experiencia
    común con las masas explotadas del mundo. Resulta que los
    paradigmas que definen el carácter determinado de un
    movimiento social que deviene en movimiento nacional con motivo
    del accionar político de la dirigencia nace de las
    contracciones de clase, debido a las profundas diferencias
    sociales más que a motivos culturales o nacionales. El
    caso contrario también ocurre, cuando un movimiento que en
    principio es cultural o étnico es cooptado por sectores de
    clase o dirigidos hacia un curso nacionalista con agendas de
    domino de mercados o de
    regiones estratégicas. El tema resulta de más
    interesante bajo la era de la
    globalización ya que en ésta se agudizan las
    contradicciones y los desarrollos vivos de los conflictos
    sociales. (Mora-Ninci, 2004).

    Notas

    1. Una versión anterior de este capítulo
    fue elaborada en inglés como marco para la investigación realizada sobre los Latinos y
    Chicanos en California por lo cuál las notas al final del
    trabajo se
    refieren a esa comunidad étnica-cultural (Mora-Ninci,
    1999). La traducción del texto
    pertenece a Sheila Carnody y Nicholas Basily.

    2. En el año 1928, el partido comunista de los
    Estados Unidos se dividió entere los stalinistas y la
    Oposición de Izquierda siguiendo la división en la
    III Internacional. Este fue el comienzo de lo que más
    adelante fue el Socialist Worker’s Party fundado en 1938
    (Cannon, J. The first Ten Years of American Communism, Lyle
    Stuart, (1962) y Pathfinder, 1973: 10).

    3. Al discutir el programa político del
    movimiento en los años 70, se criticó duramente al
    trotskismo por tratar de imponer su programa, pero
    carecían de argumentos convincentes de que las
    políticas de los socialistas en esa época o el
    contenido de su programa causaran daño a
    la causa nacional de las minorías. ver Robert Allen
    (1990"). Al examinar la teoría de la política y la
    práctica del Partido Socialista de los Trabajadores, por
    ejemplo, es importante distinguir entre la propaganda dirigida a
    la masa de miembros y simpatizantes, por un lado, y por el otro,
    las verdaderas acciones y las prioridades de los líderes
    políticos de la
    organización. La masa de los miembros, particularmente
    los miembros de la Juventud,
    tenía una comprensión un tanto específica y
    más altruista de la política o posición que
    estaban apoyando para el movimiento. . . El PST reconocía
    al "movimiento" porque lo consideraban como un campo creciente
    para la lucha política de reclutamiento
    de la juventud mejicana y para fomentar la adopción
    de su "programa de transición en Gómez
    Quiñónez (1990) p. 149.

    4. La mayoría de los autores, desde el primer
    período, han avalado el modelo de colonia interna en las
    ciencias sociales, tales como Rodolfo Acuña (1988 y 1996),
    Carlos Muñoz Jr. (1970,1982, y 1989), Alfredo
    Mirandé (1978, 1982, y 1985, Mario Barrera (1988), Mario
    García (1983), Juan Gómez Quiñonez (1970 y
    1982), Adelaida del Castillo (1990), y Tomás Almaguer
    (1971, 1974, 1975, 1987, y 1994). Esta generación de
    jóvenes estudiosos de los años 70 comenzó la
    búsqueda de un nuevo paradigma, aunque tenían
    importantes diferencias ideológicas
    preexistentes.

    5. En cuanto a losrevolucionarios norteamericano, desde
    el movimiento proletario del siglo XIX pasando por Malcolm X
    hasta los líderes del partido de las Panteras Negras, los
    estadounidenses siempre participaron en actividades y debates del
    movimiento revolucionario internacional. Malcolm X buscaba
    relacionar el movimiento de libertad de los negros con la
    rebelión anticolonial que estaba ocurriendo en el mundo.
    Después de su asesinato, esta tarea ideológica fue
    continuada por el SNCC (y más adelante por los Panteras
    Negras), que veían a la gente negra como constituyendo una
    colonia interna dentro de los Estados Unidos.

    6. No obstante, la búsqueda de este paradigma
    entre los estudiosos se redujo a un debate sobre "cargos docentes". En
    su esencia, era en realidad una bandera de modelos e
    ideologías liberales y multiculturales, o cuando
    más, un argumento académico a favor del
    "nacionalismo". Los intelectuales de la década del 60, los
    estudiosos de la clase media, que habían recibido una
    educación esmerada, empezaron a pelearse por algunas de
    las "migajas" en la educación
    superior. Sin embargo, mientras enfatizaban la necesidad de
    tener su propio paradigma, se hicieron importantes incursiones,
    pero fue más un producto de la lucha del movimiento
    estudiantil que del reconocimiento proveniente del mundo
    académico establecido. Esto se debe parcialmente al
    racismo institucional promocionado por un cuerpo académico
    dominado por hombres blancos mayores y por "estudiosos". La
    arrogancia de estos estudiosos y su desprecio por la cultura,
    valores, e historia, han sido la norma durante los últimos
    doscientos años, arraigados en una vieja ideología
    racista.

    7. Otro intento de solucionar el problema de la clase
    obrera y la explotación étnico/racial fue la
    "integración revolucionaria". Esta teoría rechaza
    la posibilidad de una asimilación al capitalismo,
    vía la asimilación a las clases obrera o media de
    sectores minoritarios, un proceso que ha avanzado mucho desde los
    años 80 en algunos sectores de la comunidad latina y
    negra, por ejemplo en los Estados Unidos algunos cubanos o
    burgueses mejicanos están totalmente integrados al
    capitalismo estadounidense.

    8. Por ejemplo en los Estados Unidos hay una fuerte,
    aunque rápidamente se debilita, aristocracia obrera,
    lumpen proletariado y desocupados, además de las poderosas
    capas de clase media, algunas cercanas a los obreros mientras
    otras viven como clase capitalista. Cada uno de estos sectores
    desempeña un papel desigual y antagónico en la
    dinámica del conflicto de clases y en la formación
    de las clases sociales, cabe mencionar algunos de los estudios
    mas destacados a West, 1993; Hooks, 1981; Marable, 1997 y los
    Chicanos mencionados anteriormente en la nota número 14
    como Mirandé; Almaguer; Gomez Quiñónez y
    Acuña.

    9. Myra Marx Ferree,
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    Resource Mobilization", en Aldon Morris y Carol McClurg Mueller
    (eds. ), Frontiers in Social Movement Theory, Yale University
    Press, 1991, p. 47.

    10. Al aproximarse a la teoría de los movimientos
    sociales se observa cómo éstos modelos
    sociológicos sirven también de apoyo al estado
    neoliberal. De hecho, la teoría de los movimientos
    sociales justifica teóricamente el "achicamiento" y las
    nuevas funciones del estado en las tareas de satisfacer las
    necesidades sociales de los sectores más vulnerables de la
    sociedad, tales como la salud
    pública, las oportunidades educacionales, la ecología mundial, y
    así sucesivamente.

    11. Además del libro de
    Palti, una discusión sobre el papel del Sujeto en su
    esfuerzo por convertirse en un actor del cambio social en una
    nueva sociedad globalizada, ver Alain Touraine, 1998, un punto de
    vista que desafía el concepto y la instrumentación de la
    democracia.

    Como citar este documento: Mora-Ninci, Carlos. Debate
    multicultural: etnia, clase y nación.
    En
    publicacion: Astrolabio, no. 2
    . CEA, Centro de Estudios
    Avanzados, Universidad
    Nacional de Córdoba, Córdoba, Argentina: Argentina.
    Septiembre. 2005 1668-7515 Acceso al texto completo:

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