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Geocultura Digital – Apuntes para inculturar la red




Enviado por Djamel Toudert


    ABSTRACT

    ¿Qué modos de uso de las TICs pueden
    operarse desde qué modelos de
    gestión
    cultural? Poner en crisis ambos
    términos de la ecuación – TICs +
    gestión cultural – debiera permitirnos un debate
    más abierto – mayor apertura teórica –
    y unas conclusiones más próximas a las
    problemáticas tan diversas de esta vasta y compleja
    geografía
    humana que tiene en el castellano una de
    sus lenguas de intercambio – mayor nivel de
    localización. Este documento propone un recorrido del
    fenómeno de las TICs desde la gestión cultural
    apelando a la metáfora de la luz y la sombra
    para tratar de captar la integralidad del fenómeno.
    Apelando en consecuencia a un estilo de gestión cultural
    más abierto a aquellos aspectos que por menos
    espectaculares no suelen ser parte de las agendas de las
    administraciones culturales.

    Palabras clave:

     · argentina

     · cultura

     · gestión
    cultural

     · redes ciudadanas

     · tics

    ¿Qué modos de uso de las TICs pueden
    operarse desde qué modelos de gestión cultural?
    Porque, aunque a veces pretendamos olvidarlo, ni son neutros los
    paradigmas de
    uso de la tecnología ni podemos
    estar seguros de que
    todo paradigma de
    gestión cultural sea útil para el desarrollo
    armónico de los pueblos.

    Poner en crisis ambos términos de la
    ecuación – TICs + gestión cultural –
    debiera permitirnos un debate más abierto – mayor
    apertura teórica – y unas conclusiones más
    próximas a las problemáticas tan diversas de esta
    vasta y compleja geografía humana que tiene en el
    castellano una de sus lenguas de intercambio – mayor nivel
    de localización.

    El término "geocultura" resultará
    seguramente extraño para un fenómeno como las TICs
    al cual suele pensárselo en términos de virtualidad
    o de contraposición entre átomos y bytes.
    (Negroponte, 1995) Aún cuando otros discursos ya
    hablan de la potencia de
    combinar ambos soportes.

    Partimos en el título de la obra de Rodolfo
    Kusch, "Geocultura del Hombre
    Americano", publicada en 1976. Estas y otras obras e investigaciones
    de Kusch (1) constituyen uno de los cuerpos
    teóricos más interesantes para pensar la
    complejidad de los fenómenos culturales y de los estilos
    de gestión que los invocan.

    La apelación al carácter de apunte para este texto tiene
    que ver con lo reciente del fenómeno digital y la
    consiguiente carencia de evidencia empírica que permita
    evaluarlo a lo largo de un período razonablemente
    extenso.

    Podrá oponerse que diferentes miradas ubican el
    nacimiento de la red – el rostro
    más visible de las TICs – allá por 1962 o
    aún antes. Otros lo ubican en 1994 y para
    españoles, chilenos y argentinos en 1995
    (2).

    En cualquier caso debiéramos convenir que los
    cambios operados en los lenguajes, las estéticas y los
    modelos de negocios
    involucrados han sido tan grandes en estas pocas décadas
    que falta una masa crítica
    de fenómenos duraderos como para elaborar conclusiones
    definitivas. Y esto sin poner sobre la mesa el nivel de
    penetración de Internet en la población que ninguna estimación
    ubica por encima del quince por ciento.

    El propio documento de este grupo parece
    avanzar hacia una concepción más territorial de la
    red:

    "Internet (…) es más un espacio que un medio
    o canal de comunicación, que permite establecer un
    diálogo con los públicos que debe
    ser aprovechado por las instituciones culturales a la hora de establecer
    sus líneas de actuación y la definición de
    unas políticas culturales realmente eficaces y
    adaptadas a las necesidades del público, que a pesar de
    todo no entren en contradicción, con sus objetivos
    institucionales".

    También la gestión cultural es un campo
    relativamente nuevo. Aunque muy antiguo como práctica
    institucional – incluido el Estado
    – y como objeto de conocimiento
    de variados discursos científicos – la antropología o la teoría
    el arte, por
    ejemplo. Sin embargo todavía hoy no hay acuerdo sobre los
    contenidos de esta actividad a la cual, además, se le
    agrega la diversidad de nombres con que se la conoce. Por citar
    sólo un ejemplo:

    "Ni agente de desarrollo local, gestor cultural,
    markert manager cultural, dinamizador cultural, promotor
    sociocultural, animador ecosociocultural, técnico
    sociocultural, promotor sociocultural, educador social o agente
    de asuntos sociales. Son estos algunos de los nombres
    personales donde se pretende colar singularidades personales de
    gurus o disparates insustanciales de ciertas escuelas" (Puig
    Picart, 1994: 33).

    Proponemos, en consecuencia, poner en discusión
    algunos de los paradigmas de uso de ambos términos de la
    ecuación y, allí donde sea posible, confrontarlos
    con las prácticas que en su nombre se han generado.
    Quizás, de este modo, podamos ir delineando tendencias
    hacia el largo plazo y, con un poco más de optimismo,
    descubriendo mejores prácticas replicables en nuestro
    trabajo
    cotidiano como Gestores Culturales.

    Apuntando a inculturar la red: integrarla, apropiarla y
    resignificarla desde nuestros intereses
    culturales.


    Red Objeto / Red
    Símbolo

    La red está sostenida en un conjunto de objetos
    que no dejan de crecer en diversidad ni de reducirse en
    tamaño y, a veces, también en costo.

    La mayoría de estos objetos nacieron en los
    momentos y lugares culmines de la guerra
    fría y, por extensión, de la modernidad.

    Ese es su espíritu fundacional que, naturalmente,
    informa a la estructura de
    poder que ha
    producido, y en buena medida sigue produciendo, esos
    objetos.

    Como objetos (sucedáneos diría Kusch)
    fueron producidos por un orden cultural que no ha cesado de
    construir su propio domicilio pensando el mundo como dominio. Y que
    aspira a modelarlo según sus necesidades en todos los
    ámbitos de la vida humana:

    "Los cambios que se producen en la estructura de las
    relaciones económicas son parte de una
    transformación incluso mayor que tiene lugar en la
    naturaleza
    misma del sistema
    capitalista. Estamos contribuyendo a un movimiento a
    largo plazo que lleva desde la producción industrial a la
    producción cultural. En el futuro un número cada
    vez mayor de parcelas del comercio
    estarán relacionadas con la comercialización de una amplia gama de
    experiencias culturales en vez de con los bienes y
    servicios
    basados en la industria
    tradicional. El turismo y todo tipo de
    viajes, los
    parques y ciudades temáticas, los lugares dedicados al
    ocio dirigido, la moda y la
    cocina, los juegos y
    deportes
    profesionales, el juego, la
    música,
    el cine,
    la
    televisión y los mundos virtuales del ciberespacio,
    todo tipo de diversión mediada electrónicamente
    se convierte rápidamente en el centro de un nuevo
    hipercapitalismo que comercia con el acceso a las experiencias
    culturales.

    La metamorfosis que se produce al pasar de la
    producción industrial al capitalismo
    cultural viene acompañada de un cambio
    igualmente significativo que va de la ética
    del trabajo a la ética del juego. Mientras que la era
    industrial se caracterizaba por la mercantilización del
    trabajo, en la era del acceso destaca sobretodo la
    mercantilización del juego, es decir la
    comercialización de los recursos
    culturales incluyendo los ritos, el arte, los festivales, los
    movimientos sociales, la actividad espiritual y de solidaridad y
    el compromiso cívico, todo
    adopta la forma de pago por el entretenimiento y la
    diversión personal. Uno
    de los elementos que definen la era que se avecina es la
    batalla entre las esferas cultural y comercial por conseguir
    controlar el acceso y el contenido de las actividades
    recreativas
    " (Rifkin, 2000:17) Subrayados
    nuestros.

    Claramente este paradigma propone no solo la existencia
    de un conjunto de objetos sino más bien un modo
    específico de uso de los mismos. Un sistema
    simbólico que orienta el para qué del
    utensilio.

    Tal como decíamos párrafos más
    arriba la red símbolo nació en 1994 cuando los
    objetos fueron liberados al uso público y, en
    consecuencia, es todavía un modelo para
    armar del cual Rifkin es sólo una
    versión.

    Pero ¿qué versión? Y, en cualquier
    caso ¿cómo debiera influir sobre nuestro
    debate?

    En primer lugar recordemos que el viejo capitalismo
    industrial alcanzó su máximo desarrollo –
    implosión soviética mediante – después
    de sucesivas crisis que incluyeron, apenas, dos grandes guerras
    europeas, infinitas guerras satélites
    como telón de la guerra
    fría – Corea, Vietnam, Camboya, por citar algunas
    – y varios etcéteras más entre las cuales no
    queremos dejar de mencionar las varias décadas de
    autoritarismo militarizado que supimos sufrir los países
    centro y sudamericanos.

    ¿Pasará lo mismo antes de que la nueva
    economía
    emerja como realidad? La guerra de Irak y su
    paradigmático "choque civilizatorio" y los brutales
    atentados terroristas del 11-S y el 11-M parecen indicar, cuando
    menos, que no será sin traumas.

    ¿Habrá una alianza sociocultural nueva
    entre burguesías emergentes y sectores medios
    altamente tecnificados? Todavía hoy están
    marginados del mercado aquellas
    comunidades y actores sociales desplazados por la revolución
    industrial ¿Qué nos hace pensar que los
    excluidos digitales correrán mejor suerte?

    ¿La construcción / destrucción de nuevos
    actores capitalistas alcanzará una intensidad tal que
    dé sentido y haga necesarias alianzas de otro tipo? O las
    viejas corporaciones y sus hábitos monopólicos
    lograran establecer algún tipo de corsé sobre los
    temblores de la nueva economía.

    Como representación cultural la red
    desafía a la cultura humana
    por la ruptura de las coordenadas espacio temporales que, hasta
    ahora, guiaban el ordenamiento fenoménico de cualquier
    formación cultural.

    Las comunidades ciber–culturales se organizan y
    ordenan sin tener en cuenta, necesariamente, el lugar o momento
    de acceso de sus integrantes. Generan valores y
    sistemas
    simbólicos ubicados más allá de cualquier
    frontera.

    Lo hacen a velocidades crecientes y con una tal
    capacidad de transmisión que ningún otro sistema u
    organización podría
    hacerlo.

    Frente a semejante desafío cualquier resistencia
    deviene inútil. Aún quienes quisieran mantenerse
    aislados del fenómeno están siendo afectados por
    él.

    Los aborígenes amazónicos apenas supieron
    que el destino de su hábitat
    estaba siendo resuelto en Londres o Washington pero tenía
    la esperanza de presionar a Brasilia – capital
    cercana – en pos de sus derechos.

    Hoy esos derechos se dirimen más en la red que en
    Brasilia. Grupos
    ecologistas aúnan voluntades y recursos para operar sobre
    ese nicho ecológico al que ya conciben como patrimonio de
    la humanidad.

    Ese es el trasfondo sobre el cual se propone – en
    la versión de Rifkin – una nueva era del acceso
    centrada básicamente en la comercialización de
    experiencias culturales. ¿Será la gestión
    cultural capaz de ocupar un espacio diferente dentro del
    "hipercapitalismo cultural" mediado
    electrónicamente?

    Estos diez años de Internet abierta al
    público han visto aparecer y desaparecer ideas, propuestas
    y modelos en un número muy difícil de contabilizar.
    El propio auge, estallido y resurrección del índice
    de acciones
    tecnológicas en la bolsa de New York es un claro ejemplo
    del vertiginoso cambio de modelos conceptuales de las
    TICs.

    Sin embargo podríamos demostrar, y no solo por el
    absurdo, que el verdadero creador de la red fue Jorge Luis Borges
    (3).

    Las infinitas galerías hexagonales –
    clusters
    – que pueblan sus inacabables bibliotecas
    – redes – requieren de inquisidores oficiales –
    buscadores
    – que las recorran y las organicen permanentemente. Sus
    juegos babilónicos a la luz de la luna son todavía
    más complejos que los juegos de rol que tanto
    público atraen en la red.

    Ni qué decir del fabuloso Aleph encontrado por
    Borges en un
    sótano de Buenos Aires
    antes de que el siglo veinte abandonara su primera mitad.
    Sólo una computadora de
    última generación, con cámara digital y
    conectada con banda ancha a
    una red
    planetaria podría ver el mundo desde todos los
    ángulos posibles como sí podía el Aleph
    borgiano.

    Un discurso
    metafórico, poblado de analogías, pudo anticipar en
    varias décadas la existencia de la red. Y, más
    notable aún, describir sus usos.

    Además, estamos seguros de que solo nuestra
    ignorancia nos impide sostener que otros discursos,
    estéticas y autores hicieron lo propio en otras
    latitudes.

    Pareciera ser que mientras los objetos de la red fueron
    creados desde el corazón
    mismo de la modernidad, los usos públicos de Internet
    entroncan con demandas y símbolos mucho más antiguos para la
    especie. Igual que la conjunción entre objeto y
    símbolo. Decía Kusch:

    "El hacha de piedra y la máquina a vapor son
    formas de relación entre hombre y mundo, y responden en
    todo caso a una forma de limitación de lo humano frente
    a la naturaleza. Un hacha de piedra indica una forma de
    enfrentamiento del hombre a la naturaleza y lo mismo ocurre con
    la máquina a vapor. La diferencia está, en este
    último caso, en que la vinculación se hace ante
    todo entre hombres y dentro de la ciudad, de modo que el ciclo
    se cierra en el plano humano y se soslaya a la naturaleza"
    (Kusch, 1999: 116).

    Extendiendo el concepto
    podríamos pensar que entre las figuras
    antropomórficas de la pintura
    rupestre y nuestros internautas hay un conector que la red
    potencia: el tan humano gregarismo. Pero al igual que con la
    máquina a vapor hay una cierta tendencia a extrañar
    a la naturaleza de esta relación, agotarla en la pura
    mediación electrónica, como si lo humano pudiera
    prescindir del cuerpo.

    Pensadas así las TICs se ven un poco menos nuevas
    pero bastante más complejas. Es que de este modo las TICs
    entroncan con aquello que Kusch llamaba la "gran historia" que hunde sus
    raíces en el devenir histórico de la especie
    humana, estableciendo relaciones de todo tipo con los deseos, los
    sueños, los mitos y los
    miedos más profundos de la condición
    humana.

    Pierden algo del vedetismo que algunos les endilgan pero
    ganan en dimensión humana; se vuelven un poco menos
    virtuales.

    La red, ya lo dijimos, es el rostro luminoso de las
    TICs. Tiende a absorber todo lo creado por la especie creciendo
    en modo exponencial. Pero detrás sigue transcurriendo lo
    humano múltiple con todas sus potencialidades y
    desvalimientos.

    Sin pretender haber agotado la complejidad de esta
    relación entre la Red / objeto y la Red / símbolo
    proponemos para Internet, la siguiente
    definición:

    "Conjunto de dispositivos cada vez más
    pequeños y portables con múltiples formas de
    interconexión capaces de intercambiar volúmenes
    crecientes de información y a velocidades cada vez
    mayores al que acceden millones de personas e instituciones
    estratificadas según su capital telemático:
    competencias
    comunicacionales más calidad de
    infraestructura" (Sá Souza, 2004: 165).

    Intentemos un primer – y provisorio –
    recorrido por los componentes de esta
    definición:

    Objetos: desde las primeras computadoras
    que se conectaron en línea en las primeras redes hasta los
    teléfonos celulares hay un conjunto de dispositivos que
    permiten la conexión a una red desde, casi, cualquier
    lugar y en todo momento.

    Esto incluye a la arquitectura de
    la red, su conectividad. Desde los cables telefónicos
    hasta las conexiones satelitales, pasando por la fibra
    óptica o las redes eléctricas pareciera que
    todo medio sirve para conectarse a las TICs. Estos objetos tienen
    una incidencia determinante para la existencia misma del
    fenómeno y su estratificación.

    Intercambios: la interconexión depende
    además de la existencia de protocolos
    aceptados por todos los protagonistas, es decir la totalidad de
    la especie si se aspira a la plena participación ciudadana en las TICs. Y esto
    que es válido para la arquitectura misma de la red no lo
    es menos para las posibilidades de interacción entre las diferentes
    plataformas y aplicaciones informáticas. Por citar
    sólo un caso: la posibilidad de utilizar, indistintamente,
    un procesador de
    texto de software propietario o de
    código
    abierto.

    Información: nos referimos a toda interpretación y de representación
    de la realidad, cualquiera sea el código, la estética, el soporte o la modalidad desde
    la cual sea ofrecida. Incluidas, naturalmente, las
    representaciones simbólicas, si es que alguna no lo
    fuera.

    Personas: diferentes habilidades
    informáticas y, también, diferentes capacidades de
    decodificación de la información condicionan la
    utilidad que
    cada persona puede
    extraer de las TICs, pero, además, pueden determinar desde
    una rápida obsolescencia de su empleabilidad hasta su
    definitiva, o casi, marginación del mercado.

    Instituciones: hasta ahora, y tal como ya
    había afirmado un historiador británico (Hobsbawm,
    1995) son las instituciones quienes más han tardado en
    adaptarse a las TICs y los procesos mucho
    más horizontales que ellas generaron.

    Estratificación: aunque todos nos
    refiramos a la red como si fuera un fenómeno
    homogéneo la verdad es que las diferentes calidades de
    infraestructura a nivel de localización del usuario
    determinan posibilidades de uso muy disímiles. Los
    derechos digitales no son iguales para un habitante de Barcelona
    o Buenos Aires que para quien habita en un pequeño pueblo
    de la mayoría de nuestros países.

    Vista la complejidad y diversidad del fenómeno y
    aún asumiendo que esto no ha sido más que un
    rápido repaso de sus aspectos más visibles
    ¿Cómo puede abordarlo el campo de la gestión
    cultural?

    Cultura, sombra y
    gestión

    La red no pudo predecir la destrucción de las
    torres gemelas, ni la invasión de Irak, ni mucho menos
    puede pensar el mundo del 2010. Pero en algún lugar de la
    red – objeto están los datos, las
    representaciones y los valores
    que fueron y serán insumos de esos y otros sucesos y
    estrategias que
    irán construyendo la historia por venir.

    Sin embargos estos elementos están ahí en
    tanto meros objetos hasta que alguien logre
    desentrañarlos, decodificarlos, recomponer alguna forma de
    sentido; es decir, articularlos en un nuevo significado capaz de
    ser operativo – influyente en la realidad.

    El punto es que no pueden desarrollarse estos
    símbolos sin apropiar / inculturar un quantum de objetos.
    Y, además, ser capaces de comprender e intercomunicar los
    sistemas simbólicos que distintos grupos humanos utilizan
    para apropiar desde sus intereses una combinación
    determinada de objetos.

    La puesta en escena de sistemas culturales diversos
    interactuando sobre una plataforma más o menos
    común es prioritariamente – aunque no
    únicamente – objeto de la gestión
    cultural.

    Y decimos no únicamente porque la
    materialización de planes y programas
    tendientes a la ampliación del uso de los objetos es ya
    parte del accionar de los gobiernos – en sus distintos
    niveles – e incluso de las empresas que,
    naturalmente, están interesadas en ampliar el
    mercado.

    No es este el lugar para poner en discusión la
    viabilidad ni el impacto de tales planes sobre la evolución de la red. Pero podemos convenir
    que sus acentos están puestos más sobre los objetos
    que sobre los sistemas simbólicos. Con la
    excepción, quizás, de diferentes iniciativas a
    favor del uso de uno u otro idioma.

    Queda entonces, como recorte posible de la especificidad
    de la gestión cultural, la consideración, el
    estudio y el operar sobre aquellos diversos sistemas
    simbólicos. Por lo menos como una primera y provisoria
    convención que nos permita avanzar sobre el
    fenómeno.

    Afinar esta mirada supone, como ya dijimos, poner en
    cuestión el sentido mismo de este accionar al que llamamos
    "gestión cultural".

    Cierto es que los diversos paradigmas que operan en el
    mundo de la gestión cultural suponen diversas maneras de
    comprender este fenómeno al que llamamos "cultura" y, en
    último análisis, un modo específico de
    concebir lo humano mismo.

    En este sentido compartimos aquellas miradas más
    vinculadas a las ciencias socio
    antropológicas que tienden a concebir a la cultura como
    forma integral de vida sin recortes
    apriorísticos:

    "Una forma integral de vida creada histórica y
    socialmente por una Comunidad a
    partir de su particular manera de resolver (sentir, percibir,
    valorar, concebir, expresar y organizar) las relaciones
    esenciales que mantiene con la naturaleza, consigo misma, con
    otras comunidades y las diversas manifestaciones de lo sagrado
    con el propósito de dar continuidad, sentido y plenitud
    a la totalidad de su existencia" (Santillán Güemes,
    1985, Pág. 20).

    O, como sostiene Rodolfo Kusch, "cultura es estrategia de
    vida", en tanto supone el despliegue en el "aquí y ahora"
    de un determinado horizonte simbólico sobre un nicho
    ecológico concreto. En
    una mirada que yendo del horizonte simbólico al suelo tiende a
    complementarse dialécticamente con aquellas otras que van
    de la estructura a las construcciones simbólicas que dan
    cuenta de ella.

    En síntesis
    concebimos la cultura no como un objeto estático que se da
    de una vez y para siempre sino como un proceso
    dinámico fuertemente determinado por las decisiones que
    toman los sujetos culturales en cada encrucijada temporo –
    espacial concreta.

    Sobre los contenidos mismos del "gestionar cultura" y su
    vínculo con los modelos de acción
    actuales nos parece muy interesante la propuesta que hace
    Santillán Güemes sobre la "sombra".

    Santillán Güemes entiende al campo de la
    acción cultural como:

    "…un conjunto de intervenciones, acciones, y
    estrategias que distintas instituciones gubernamentales, no
    gubernamentales, privadas, comunitarias, etc. ponen en marcha
    con el propósito de satisfacer las necesidades y
    aspiraciones culturales, simbólicas y expresivas, de la
    sociedad en
    sus distintos niveles y modalidades…" (Santillán
    Güemes, 2004: 200).

    Caracteriza al espacio cultural actual como
    "heterogéneo, complejo y cambiante". Propone la
    consideración de dos espacios analíticos –
    "conforman una unidad dialéctica" – a los cuales
    identifica como "campo de la sombra" y "campo de lo
    iluminado":

    "… "el campo iluminado" está ocupado por los
    poderes culturales hegemónicos y su espectacularidad
    mientras que "en el campo de la sombra" interactúan, se
    mueven, resisten, crean, se fecundan aquellos que son negados,
    reprimidos, simplemente desplazados e ignorados por inofensivos
    o, simplemente, están en su estar ahí"
    (Santillán Güemes, 2004: 205).

    Ubica en este campo a la "gran historia" de Rodolfo
    Kusch, aquella "que se da en el plano biológico de la
    especie y que no tiene individuos sino comunidades". Y destaca el
    "tremendo potencial creativo" que suele ser relegado a la sombra
    por políticas culturales que a la hora de operar optan
    solamente por lo espectacular cuya "luminosidad" ya está
    asegurada por el mercado.

    Y propone, finalmente, ubicar el accionar de la
    "gestión cultural" a partir de la imbricación
    creativa de ambos campos.

    Entre otros aspectos ubica en el "campo de la sombra" el
    "espacio – tiempo" de la
    gestación tanto individual como colectiva; el "orden
    cultural instituyente" como intercambio horizontal que desde la
    comunidad va tratando de plasmar su obra.

    En el terreno de lo "iluminado (o espectacular)" el
    "espacio – tiempo de mostración", es decir la
    "comunión – comunicación de productos
    culturales y artísticos formalizados …" así como
    el "orden cultural institucionalizado".

    Pensada así la gestión cultural
    amplía su campo de acción desde aquello que se
    visibiliza de manera inmediata hacia "lo otro" que permanece
    oculto o, cuando menos, opacado por la espectacularidad. Incluye,
    por su puesto, el espectáculo en sus más variadas
    formas; pero también el proceso creativo sin ocultar los
    dolores del parto que le
    son inherentes. Entendiendo que si uno y otro campo no se
    fecundan mutuamente la cultura, en todos los sentidos
    posibles del término, no fecunda.

    ¿Podemos pensar estas categorías como
    parte de un paradigma de acción cultural sobre la red? O,
    dicho de otro modo ¿La espectacularidad de las nuevas
    tecnologías de información y
    comunicación opacan otros fenómenos y
    circunstancias sobre los cuales la gestión cultural pueda
    tener algo que decir? Vamos a intentarlo.

    Claro está que ni el tiempo ni los recursos son
    los apropiados para intentar una investigación que de cuenta de la totalidad
    del fenómeno, sin embargo creemos posible un primer
    recorrido que permita poner a prueba las categorías
    enunciadas.

    Recorridos entre
    Gestión Cultural y Nuevas
    Tecnologías

    A manera de conclusión de lo expuesto hasta
    aquí presentamos un cuadro que intenta cruzar las
    diferentes variables
    consideradas. La utilización de un cuadro responde
    más a la idea de "recorrido" del fenómeno antes que
    a una visión ya cerrada del mismo.

    Lo que intentamos captar aquí es lo
    específico del "gestionar cultura" en relación a
    las tecnologías de información y
    comunicación. Es decir, no estamos proponiendo un programa o
    plan integral
    de acción lagado un objetivo
    concreto; tampoco estamos intentando un método
    alternativo de análisis y formulación de proyectos.

    Sí nos proponemos intentar un modelo para relevar
    el imput de cualquiera de estas matrices
    – enfoque de marco lógico, FODA,
    etcétera. Concentrándonos, como ya hemos dicho a lo
    largo de este texto, más en los elementos
    simbólicos que en los duros.

    La lectura del
    cuadro en forma horizontal – en sus dos primeras columnas
    – tiende a crear un diagnóstico ordenado del estado de las
    TICs en un ámbito cultural determinado. Es decir supone
    una cierta contextualización territorial del
    diagnóstico.

    En nuestro caso la carga de datos que hicimos en el
    cuadro – no pretende ser exhaustiva sino simplemente
    indicativa – está basada en el
    conocimiento que a este respecto tenemos de la realidad
    argentina. También en este aspecto el intercambio de datos
    y experiencias a través de la red puede favorecer una
    mirada más abierta.

    La lectura horizontal tiende a concentrarse más
    en alguno de los aspectos intervinientes pero también
    dentro del contexto explicitado. Por eso algunos de los aspectos
    considerados en el "campo de la gestión cultural" se
    repiten ya que abordan el mismo contexto.

    La última columna delinea un conjunto de
    propuestas destinadas a ser insumo básico de cualquier
    ejercicio de programación cultural. Deja – no
    podía ser de otra manera – el espacio necesario para
    priorizar una u otra acción e, incluso, para encadenarlas
    lógicamente según sea el perfil político del
    decisor.

    Incluso si le agregáramos indicadores
    más precisos puede ser útil para programar acciones
    más tradicionales como la difusión de un evento
    cultural de cualquier tipo, aún con fines
    comerciales.

    Lo distintivo es que permite pensar el fenómeno
    tomando en cuenta todas las variables existentes y no solamente
    aquellas que están bajo el foco potente de los intereses
    comerciales. Intereses que no tienen porque ser ignorados ni
    dejados de lado a la hora de planificar pero sí puestos en
    su justa medida.

    Allí donde Rifkin nos propone una "batalla entre
    las esferas cultural y comercial" la "gestión cultural"
    puede construir una estrategia colaborativa que integre todos los
    aspectos de la realidad y a la sociedad misma entendida como
    "heterogénea, cambiante y compleja".

    Imaginemos un taller participativo hecho en cualquiera
    de los municipios del interior argentino donde trabajaramos con
    esta metodología.

    Imaginemos que vamos "cargando datos" sobre la percepción
    del fenómeno desde lo iluminado pero también desde
    su sombra sin oponer uno u otro espacio ¿Qué
    diagnóstico produciría?

    Probablemente uno menos técnico, pero
    también más cercano a la visión, los
    símbolos y los valores de esa comunidad. Una mirada
    geocultural desde la cual, luego, adecuar la
    técnica.

    Bibliografía

    • Hobsbawm, Eric – 1995. Historia del Siglo
      XX
      . Crítica (Grijalbo Mondadori, S.A.) Barcelona
      1996. Primera Edición: Londres. 1995. Título
      Original: Age of Extremes. The Short Twentieth Century
      1914-1991
    • Kusch, Rodolfo – 1976. Geocultura del
      Hombre Americano
      . Ediciones Rodríguez Cambeiro.
      Buenos Aires 1976.
    • Kusch, Rodolfo – 1999. América
      Profunda
      . Editorial Biblos, Buenos Aires, 1999 (Primera
      Edición – 1962)
    • Negroponte, Nicolás – 1995.
      Ser Digital. Editorial Atlántida, Buenos Aires,
      1995
    • Puig Picart, Toni – 1994.
      Animación Sociocultural e Integración Territorial, Ediciones
      CICCUS, Buenos Aires, 1994.
    • Rifkin, Jeremy – 2000. La Era del Acceso –
      La revolución de la Nueva
      Economía
      . Paidós, Buenos Aires.
    • Sá Souza, Fernando de – 2004.
      Internet, Cultura y Creatividad:
      el desafío del talento en red
      en Santillán
      Güemes / Olmos (comp.) El Gestor Cultural, ideas y
      experiencias para su capacitación – Buenos Aires, 2004
      – Ediciones CICCUS.
    • Santillán Güemes, Ricardo –
      1985.
      Cultura, Creación Del Pueblo. Ediciones
      del CIOS Centro de Investigación y Orientación
      Social. Editorial Guadalupe Buenos Aires, 1985
    • Santillán Güemes, Ricardo –
      2004.
      Formación Artística:
      Celebración de las "sombras"
      en Santillán
      Güemes / Olmos (comp.) El Gestor Cultural, ideas y
      experiencias para su capacitación – Buenos Aires,
      2004 – Ediciones CICCUS

    NOTAS

    [1] – Para una mirada sobre esta posibilidad de
    pensar los fenómenos digitales a la luz del pensamiento de
    Rodolfo Kusch ver: http://www.upcndigital.org/articulo.php?accID=3067

    [2] – Para una rápida síntesis de
    la historia de la red ver:
    http://www.noticiasdot.com/publicaciones/2004/0904/0109/noticias010904/noticias010904-19.htm

    [3] – La lectura de
    la obra literaria de Jorge Luis Borges bajo esta clave nos ha
    permitido ver hasta que punto muchos de los usos
    tecnológicos que nos parecen novísimos no son
    más que la concreción tecnológica de
    antiguas fantasías muy humanas. Cfr. http://www.upcndigital.org/articulo.php?accID=1435

    [4] – Un ejemplo interesante de esto es Mate.ar.
    En la home de su sitio se informa que durante el año 2003
    participaron del premio 1500 sitios argentinos (cfr.
    http://www.matear.org.ar/
    )

    [5] – Adaptamos esta idea del Manifiesto Digital
    Argentino que referido al tema educativo propone más
    chicos a las computadoras antes que más computadoras a los
    chicos; este documento está disponible en: http://www.princecooke.com/pdf/manifiestodigital.doc

    [6] – Las interfaces web deben ser
    pensadas para bajar con un módem de 56 k y no sólo
    para banda ancha; en cualquier caso puede utilizarse el interior
    del sitio para aplicaciones más pesadas alertando,
    además, al usuario para no trabarle la
    navegabilidad.

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    Este artículo es obra original de
    Ferando de Sá Souza y su publicación inicial
    procede del II Congreso Online del Observatorio para la
    CiberSociedad: http://www.cibersociedad.net/congres2004/index_es.html"

    Ferando de Sá Souza

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