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Dos cosmovisiones renacentistas: Rabelais y Moro

Enviado por Ivana ivana



  1. Introducción
  2. Desarrollo
  3. Conclusión
  4. Bibliografía

Introducción

Las cosmovisiones tienen que ver con las creencias básicas acerca de las cosas. Nos orienta en el mundo en general, nos da un sentido de lo que está arriba y de lo que está abajo, de lo que es correcto y de lo que es incorrecto en la confusión de eventos y fenómenos que nos confrontan . La dualidad en la percepción del mundo y la vida humana en el Renacimiento viene a consecuencia de una continuidad de la tendencia medieval hacia el sistema capitalista económico y social, que según Hauser, "en lo sucesivo domina toda la vida espiritual y material",[1] y es donde encuentra expresión, un proceso general de racionalización. En esta época, se da una selección de obras de géneros completamente nuevos, sobre todo, creaciones de la nueva cultura doméstica de la alta burguesía. "Gargantúa", que data de 1534, es un ícono clásico de la narrativa universal que apunta a una visión diferente del mundo, que su autor Francois Rabelais, un humanista francés de la alta burguesía, pone en evidencia a través de la sátira. La obra ridiculiza aquellos aspectos y proporciones de las cosas cotidianas, el lenguaje es parte de un juego y el estilo expone con burlas todo lo que provoca reacción en su tiempo. Se trata de la vida de un gigante bondadoso y tonto, dotado de una fuerza y un apetito formidables. Gargantúa pasa sus días, desde su nacimiento y hasta su madurez, entre copiosos almuerzos, en ellos nos enteramos de los pormenores que le suceden al gigante, muchos de ellos con tinte cómico y un dejo de burla destinado al gobierno, a la sociedad del momento y a la Iglesia.

La diferencia que fomenta Rabelais, es utilizar la combinación de lo cotidiano entrelazado con una propuesta de cosmovisión carnavalesca ambivalente. Bajtin considera que Rabelais ha influido poderosamente no sólo en los destinos de la literatura y la lengua literaria francesa, sino también en la literatura mundial, por estar profundamente ligado a las fuentes populares que determinaron su sistema de imágenes de carácter "no oficial" y su concepción artística radical.[2]

El tema del Gigante simboliza el ideal humano del Renacimiento. Es la trasposición física del inmenso apetito intelectual del hombre renacentista. La rigida y mesurada solemnidad del arte medieval desaparece y cede el lugar a un lenguaje formal, alegre, claro y bien articulado.

Rabelais, nos ofrece en la sátira su "modo de decir", el estudio de estos matices hará accesible la comprensión de una época en la cual la cultura cómica popular fue parte también en la literatura, dentro de una atmósfera de libertad anticlerical, antiescolástica y ascética. Este trabajo intentará indagar, en la obra seleccionada, algunos de los temas que son representados, tales como la vestimenta de la incipiente y rica burguesía, ora que la moda era un pasatiempo de las personas acomodadas, pero también la elegancia y la suntuosidad, fueron el reflejo estético del Renacimiento, que el autor modifica y profundiza, apelando a lo grotesco. Otro tema caracterizado en la vida del gigante Gargantúa y que el autor satiriza magistralmente, es el referido al estudio de los autores de la antigüedad en latín y griego, entre otros estudios naturalistas y humanistas que eran materias fundamentales de la época. Estas formas de expresión se vuelven contrastantes, si se lo compara con un texto de género y propuesta tan diferente como lo es "Utopía", cuyo nombre original en latín es Libellus . . . De optimo reipublicae statu, deque nova insula Vtopiae (en español, Libro Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía) es un libro escrito y publicado en 1516 por Tomás Moro, escritor humanista inglés.

Es objetivo de esta monografía encontrar en las cosmovisiones de Francois Rabelais como de Tomás Moro, aquellos puntos de vista que hacen al hombre renacentista, surgido de la tensión entre el amplio mundo y el sujeto que se enfrenta a aquél como unidad desde la cotidianeidad popular.

Desarrollo

La corriente artística ciudadano-burguesa y romantico-caballeresca están mezcladas de tal suerte, que los circulos cortesanos no pueden sustraerse al realismo y racionalismo practico de la burguesía y participan en el perfeccionamiento de una visión del mundo y del arte que tiene su origen en la vida ciudadana[3]La novela caballeresca difundida por los juglares se convierte en simple literatura recreativa, sin embargo, la alta burguesía rica y poderosa se apropia de las representaciones de los ideales caballerescos de la novela y los motivos de la vida de la corte, buscando causar una impresión de esplendor, sobre todo con el lujo del atuendo y la actitud ceremoniosa de los personajes.[4]

Francois Rabelais, el más radical de los escritores de su época[5]no es ajeno a todo este nuevo idealismo floreciente y expone en el capitulo VIII de su "Gargantúa", algunos pasajes muy minuciosos referidos a la vestimenta de Gargantúa. Grotescamente suntuosa, exageradamente ostentosa, cada parte del atuendo del gigante, está descripta hasta sus minimos detalles y obligadamente substraída a la idea renacentista, de que las matemáticas son el cuerpo común del arte y de la ciencia[6]se sirve de la enumeración para exagerar y surge para el lector una visualización extensa del listado que exige la detención en una lectura fortuita.

"En esa misma edad su padre ordenó que le hiciesen vestidos con los colores de su librea, que era blanca y azul. Encargáronse y fueron hechos, cortados y cosidos de acuerdo con la moda de entonces.

Para su camisa se trajeron novecientas varas de tela de Chastleraud y doscientas para las mangas, que se encuadraron sobre las axilas. No se hicieron fruncidas, porque el fruncimiento de las camisas no se inventó hasta después que fueron establecidas las lencerías…Para su jubón se trajeron ochocientas trece varas de satén blanco. Para la esclavina, mil quinientas nueve pieles y media de perro…Pero al ver los bellos bordados de canutillo y las agradables lazadas de orfebrería guarnecidas de finos diamantes, finas turquesas, finas esmeraldas, finos rubíes y finas perlas, la hubieseis comparado con un hermoso cuerno de la abundancia, como los que veis entre las antigüedades…Para su sayo se trajeron mil ochocientas varas de terciopelo azul teñido de grana, bordado alrededor con bellas viñetas y por en medio con lentejuelas y abalorios de plata entre franjas de oro con muchas perlas, con lo que se quería significar que sería en su tiempo un buen azota-jarros."[7]

La abundancia y la universalidad determinan a su vez el carácter alegre y festivo (no cotidiano) de las imágenes referentes a la vida material y corporal.[8] Es el principio de la fiesta, del banquete, de la alegría, de la «buena comida» y por que no, el mismo principio se pronuncia en el nacimiento de Gargantúa, cuando su padre, vistiendo a su hijo con colores significativos y joyas, se expresa en alegria, placer y regocijo. Este rasgo subsiste considerablemente en la literatura y el arte del Renacimiento y sobre todo en Rabelais.

"Ya os he dicho que los colores de Gargantúa fueron blancos y azul. Con ellos su padre quiso presentarlo como una joya celestial, porque lo blanco significaba para él alegría, placeres, delicias y regocijos, y lo azul, cosas celestiales."[9]

Hauser afirma que la idea de capitalismo va modificandose sustancialmente con el avance del siglo XIV, la influencia de los viajes de descubrimiento de América, han cambiado los valores objetivamente hacia todos los factores de la vida económica. Es así que explica que aquel espíritu aventurero, romántico y pirático de los adelantados y conquistadores se convierte poco a poco en un organizador contable, ciudadosamente calculador, circunspecto en sus negocios. El burgués comienza a regirse por los mismos criterios financieros que la nobleza, cuando su estilo de vida se siente económicamente seguro, se relaja la disciplina de su moral burguesa y cede con satisfacción creciente al ideal del ocio y de la buena vida.[10] Rabelais comprende desde su lugar burgués, el magnetismo que ofrece toda esa riqueza en oro y piedras traidas del nuevo mundo, pero también conoce, porque lo ha estudiado, el realismo grotesco de la degradación[11]y la burla, que en las fiestas de carnaval popular, desde la época de los bufones medievales, se viene haciendo de ello y lo representa de la siguiente manera:

"Para sus anillos, pues su padre dispuso que los llevase para conservar el antiguo signo de nobleza, se le impuso en el dedo índice de la mano izquierda un diamante, grueso como un huevo de avestruz, engarzado muy hábilmente en oro de Seraphis. En el dedo «cirujano», un anillo de cuatro metales, aleados en la forma más maravillosa, sin que el acero quitase su brillo al oro,ni la plata al cobre. Fue construido por el capitán Chappuis y Alcofribas, su bienhechor. En el dedo cirujano de la diestra se le puso un anillo en forma espiral, que tenía engarzados un rubí perfecto, un diamante en punta y una esmeralda de Physon, de precio inestimable."[12]

Tomás Moro, en contraste a Rabelais, crea su utopía de un mundo ideal, a partir de relatar, en un latín elaboradísimo y al gusto de aquella época, lo inverso de lo que ve en la sociedad que lo rodea. Las diferencias de clases sociales, la riqueza exagerada como símbolo de esplendor en la vestimenta, la individualidad, resultado del espiritu capitalista cada vez mas despiadado, todo es antagónico y superfluo a la vista del clérigo. "Utopía" es una isla que surge de una sociedad bien cuidada en la igualdad, en el cooperativismo, el colectivismo, las relaciones humanas y familiares fuertemente respetadas en valores y principios religiosos, la educación priorizada en todos aquellos que desearan hacerlo. En tiempos en que el poder espiritual y temporal de la Iglesia Católica había llegado el máximo, Tomás Moro escribía así:

"El vestido es igual para todos en toda la Isla, y en ningún tiempo se han introducido novedades, existiendo únicamente diferencia en los sexos, ya que las mujeres visten de una manera y los hombres de otra; y en los estados, pues no visten igual los casados que los solteros. Ello resulta agradable a la vista, acomodado al uso, y a propósito para defenderse del frío y del calor.[…] Cada familia se hace los vestidos a su gusto, pero para los demás artes y oficios, tanto varones como hembras, cada uno aprende y se aplica en el que es de su elección. […] Las mujeres se ocupan en trabajos menos pesados tales como el labrar la lana y el lino. Y los hombres en los más duros". […] En cuanto a los vestidos, ya se ha visto la sencillez con que lo resuelven, ya que para el trabajo se cubren con pieles curtidas, que son resistentes y necesitan pocas atenciones, y que les duran siete años. Cuando salen en público se ponen encima otra ropa, que siempre es del color natural de la lana, y esto en toda la Isla."[13]

Para Tomas Moro, la idea de no adoptar el uso de dinero permite escapar al flagelo del capitalismo, haciendo que todos sean ricos por el principio de igualdad por valorar las cosas simples que sirven para trabajar. Los colores como simbolo de individualidad desaparecen, como así la devoción por el oro y las joyas, convirtiendo todo aquello nimio, excesivo, en algo práctico para el trabajo en pos de la comunidad. Para Hauser, esta forma de expresión de Moro, radica en que, como sus congéneres humanistas, reconocía en el arte un eficaz medio de propaganda para las ideas en que fundamentaba su dominio intelectual.[14]

"[…]De esta ropa de lana gastan mucho menos que en otras partes, además de salirles a mucho menor coste. Con el lino ocurre lo mismo, aunque se gasta y se usa más. En los lienzos lo que se aprecia es la blancura y en los paños la limpieza, sin hacer caso de que sea más o menos fino Y delgado. De aquí procede que si en otras partes no basta para una sola persona el tener cinco vestidos de diversos colores, unos de lana y otros de seda, y los más caprichosos no se conforman ni con diez, los de Utopía, están muy contentos con uno, que les dura dos años. No tienen motivo para desear más ropa de la que tienen, porque con otra no estarían mejor defendidos del frío o del calor, ni por la finura les parecen más delicados y distinguidos."[15]

"…Ellos no aprecian el oro más que por su valor intrínseco […] Con el oro y la plata, hacen orinales y bacinillas para las necesidades más inmundas.[…] construyen grillos y cadenas gruesas, para castigo y prisión de los esclavos, y para castigar los delitos más infames cuelgan zarcillos en las orejas del delincuente, y les llenan los dedos de anillos de oro […] Así, por todos los medios, procuran envilecer e infamar la estimación del oro y de la plata. […] A los ojos de aquellos de Utopía que no habían salido nunca de su país (que eran casi todos, excepto algunos que habían viajado por otros países por causa justa) aquella hermosura y esplendor aparatoso les parecía cosa afrentosa, de manera que a los criados más humildes les tomaban por los señores y les saludaban con mucha reverencia, y juzgando que los Embajadores eran esclavos por las muchas cadenas, sortijas y oro que llevaban, les dejaban pasar sin hacerles cortesía alguna."[16]

"En esta época, explica Hauser, surgió aquella insuperable distancia, fundamental para toda la evolución posterior, entre una minoría culta y una mayoría inculta, distancia que no conoció en esta medida ninguna de las épocas precedentes"[17]. Se trata de una cultura deliberadamente reservada a una elite antipopular y empapada de cultura latina, fundamentalmente las clases adheridas al movimiento humanistico y neoplatónico. Los humanistas escriben en latín porque pretenden diferenciarse de las corrientes culturales populares que se expresan en los diferentes idiomas nacionales. Se van convirtiendo en una autoridad indiscutible de toda cuestión iconográfica, historica, mitológica, y técnica, creando para sí un monopolio cultural. La victoria del ideal educativo humanista y la idea del "uomo universale" llevan al culto del polifacetismo, el sujeto se dedica a un arte o ciencia por diversión, es un amateur o aficionado.

El polifacético Ravelais, siendo médico, además de escritor, introdujo en la enseñanza a su gigante Gargantúa en el estudio naturalista y de los pensadores clásicos en temas médicos, matemáticos y astronómicos, es así que en el capítulo XXIII titulado "Cómo Gargantúa fue sometido por Ponócrates a una disciplina que le hacía aprovechar todas las horas del día", se puede leer lo siguiente:

[…] A los comienzos se leían gratas historias de antiguas proezas, hasta que llegaba el momento de beber vino; entonces, sile parecía bien, continuaba la lectura, y si no, discutían alegremente sobre la virtud, propiedad, eficacia y naturaleza de todo lo que les iban sirviendo: el pan, el vino, el agua, la sal, las carnes, los pescados, las frutas, las verduras, las uvas y las composiciones de todo ello. Por este medio aprendió en poco tiempo los pasajes con esto relacionado de Plinio, Ateneo, Dioscórides, Julio Pólux, Galeno, Porfiro, Oppiano, Polibio, Heliodoro, Aristóteles, Elian y otros. Luego hacían traer a la mesa, con frecuencia, para mayor seguridad, los libros y comprobaban las citas, aún cuando su memoria retenía perfectamente estas nociones, con tal precisión, que ningún médico de entonces le hubiese igualado […] Y no solamente aquello, sino en las demás ciencias matemáticas, como la geometría, la astronomía y la música, porque mientras hacían la digestión de sus comidas, construían mil alegres instrumentos y figuras geométricas y a la vez practicaban cánones astronómicos"[18]

La exageración que caracteriza la escritura de Rabelais, hace que instruyan al gigante en casi todas las disciplinas posibles en esa época, tanto físicas como intelectuales, riéndose el autor además, con la invención de pensadores clásicos o anécdotas inverosímiles de ciertos personajes históricos:

"Nadaba en aguas profundas con la corriente o contra ella, de costado, con todo el cuerpo, con sólo los pies; con una mano al aire, en la que llevaba un libro abierto, recorrió toda la orilla del Sena sin que aquél se mojara, arrastrando con los dientes su paca, como hacía Julio César."[19]

Para Hauser, el pleno Renacimiento conserva el sentido del naturalismo, aunque en medio de su conservadurismo, es todavia una época esencialmente dinámica, en la que el proceso del ascenso social no está aún terminado, por lo tanto no hay convenciones y tradiciones definitivas. El humanista de esta época, pierde la conexión con la realidad, se vuelve un romántico que llama desprecio del mundo a su extrañamiento de él, libertad intelectual a su indiferencia social, su vida está abocada a escribir escogida prosa, tornear versos refinados, traducir del griego al latín. "Los humanistas, continúa Hauser, son los primeros intelectuales que aspiran a disfrutar de los privilegios de la propiedad y del rango, y su arrogancia intelectual, fenómeno hasta enconces desconocido, es la defensa psicológica con la que reaccionan ante su falta de éxito"[20].

Qué aporta Tomás Moro en su carácter de humanista ante la descripción de la educación en la isla de "Utopía"? De familia acomodada de la nobleza inglesa, empapado del estudio de los pensadores clásicos, fundamentalmente Platón, siendo un político activo de la corte como magistrado y jurista, sus reflexiones políticas como modelo para la superación de los males de la sociedad europea de la época, llaman la atención. Ante el reconocimiento de la necesidad de tolerancia, tanto política como religiosa, la aceptación de la igualdad entre las personas y la superioridad de una sociedad donde sus miembros lo comparten todo, el humanista prioriza a los pensadores clásicos de todas las disciplinas, especialmente la filosofía y la medicina. En el capítulo "Cualidades y Cultura" se pronuncia en lo siguiente:

"La mayor parte de estas horas libres las dedican a los estudios literarios, ya que es costumbre que haya lecciones públicas antes del amanecer, a las que por obligación solamente asisten aquellos que están encargados y escogidos para cuidar del estudio. Además de éstos concurren voluntariamente gente de todo estado, tanto hombres como mujeres, a oír a los disertantes, cada uno según sus aficiones y según su profesión"[21] […] Los estudiantes se escogieron entre los que tenían un ingenio más excelente y de sazonada edad, de manera que en menos de tres años no ignoraron nada de lo que nosotros podíamos enseñarles […] Pude procurarles la mayor parte de las obras de Platón y muchas de Aristóteles; también las obras de Teofrasto sobre las plantas […] De los que escribieron Gramática sólo tienen a Constantino Lascan. No llevé conmigo ningún Diccionario, excepto el de Hesichio y Dioscórides. Tuvieron en mucha estima las obras de Plutarco, y celebraron en gran manera los donaires y gracias de Luciano. De los poetas estimaron Aristófanes, Homero y Eurípides. De los historiadores eligieron a Tucídides, Herodoto y Erodiano. En cuanto a Medicina, mi compañero Tricio Apinato llevaba consigo algunas obras de Hipócrates y el Epílogo de Galeno; de ellas hicieron un gran aprecio. Aunque no hay gente en el mundo que necesite menos que ellos del arte médico, lo tienen en verdadera veneración, ya que lo cuentan entre las partes más hermosas y útiles de la Ciencia, ya que con su ayuda penetran las cosas más íntimas y secretas."[22]

El pensamiento quimérico de Tomás Moro, quiza no es muy realista para la sociedad a quien dirigió "Utopía", sin embargo, muchos elementos ideológicos, responden a la necesidad de cambio, más que a una solución para los problemas de su época.

Conclusión

La característica más significativa de las cosmovisiones, es su tendencia a ubicarse en esquemas claramente reconocibles, moldea, en un grado significativo, la manera como se evaluan los eventos y asuntos de la sociedad en los tiempos que vivimos. Las diferencias entre perspectivas básicas de la vida constituyen el factor primordial y decisivo para explicar el comportamiento de las acciones humanas.

Francois Rabelais, concilia cultura humanística erudita con tradición popular. Sus principios artísticos no pueden disimular el carácter predominantemente científico de su interés por el mundo externo. Detrás de las imágenes que parecen ser las más fantásticas, se perfilan los acontecimientos reales, figuran personajes vivos, reside la gran experiencia personal del autor y sus observaciones precisas.

Su afán por situarse en la realidad empírica, por explicar la imagen del mundo, acrecentar los datos de la experiencia, ordenarlos y trabajarlos en un sistema racional, le permitieron crearse un punto de vista único y unitario para el analisis e interpretación de los hombres. La realidad de la época, que se refleja en forma tan amplia y plena en la obra de Rabelais, es iluminada por las imágenes de la fiesta popular.

En la lectura de Tomás Moro salen a la luz las tensiones entre una edad que muere y una modernidad que se genera. Sus exigencias son un reflejo ideológico de su época, una exposición de problemas reales que describen los males de la sociedad y lo que debe surgir: una sociedad igualitaria, justa, en la que el reparto de la riqueza sea equitativo. Con el consiguiente rechazo, por lo tanto, de las formas de organización política y económica correspondientes. Moro apela a la "humanidad" para justificar que nada hay en la naturaleza humana que impida a los hombres vivir pacíficamente. Todas las decisiones políticas deben estar inspiradas por principios éticos o filosóficos, destacando el de "vivir según la naturaleza", lo que equivale a decir: buscar la felicidad, y no sólo para nosotros, sino también para los demás.

El Renacimiento pleno fue de corta duración, por primera vez era posible representar el mundo tal como el hombre lo percibía. Todo se ve desde el punto de vista del observador. Esta polaridad entre arte y mundo nunca ha desaparecido del todo, pero su esplendor ha continuado siendo para las generaciones posteriores una continua seducción.

Bibliografía

  • Hauser, Arnold, Historia Social de la Literatura y del Arte. Edit Guadarrama/Punto Omega, 14 edición, 1978,

  • Bajtin, Mijail. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de Francois Rabelais. Edición Marxists Internet Archive, diciembre de 2001.

  • Rabelais, Francois, Gargantúa. Fundación Editorial el perro y la rana, Venezuela, 2008.

  • Moro, Tomás. Libellus . . . De optimo reipublicae statu, deque nova insula Vtopiae (en español, Libro Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía), Colección Serie Verde, Núm 1, Edit. Zero S.A. 1998

 

 

Autor:

Ivana 

[1] Hauser, Arnold, Historia Social de la Literatura y del Arte. Edit Guadarrama/Punto Omega, 14 edición, 1978, pág 346.

[2] Mijail Bajtin. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de Francois Rabelais. Edición Marxists Internet Archive, diciembre de 2001. pág. 12

[3] Ibídem 1, pag. 348

[4] Ibidem 1 pag 363

[5] Mijail Bajtin. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de Francois Rabelais. Edición Marxists Internet Archive, diciembre de 2001. Pág. 5

[6] Ibidem 1 pag. 402

[7] Rabelais, Francois, Gargantúa. Fundación Editorial el perro y la rana, Venezuela, 2008. Capitulo VIII, “Cómo fue vestido Gargantúa” Pág 37/38.

[8] Mijail Bajtin. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de Francois Rabelais. Edición Marxists Internet Archive, diciembre de 2001. Pág. 20.

[9] Rabelais, Francois, Gargantúa. Fundación Editorial el perro y la rana, Venezuela, 2008. Capitulo IX, “los colores y la librea de Gargantúa”, Pág. 41

[10] Hauser, Arnold, Historia Social de la Literatura y del Arte. Edit Guadarrama/Punto Omega, 14 edición, 1978, pág 357/358.

[11] Mijail Bajtin. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de Francois Rabelais. Edición Marxists Internet Archive, diciembre de 2001. Pág. 20.

[12] Rabelais, Francois, Gargantúa. Fundación Editorial el perro y la rana, Venezuela, 2008. Capitulo VII, pag. 40.

[13] Moro, Tomás. Libellus . . . De optimo reipublicae statu, deque nova insula Vtopiae (en español, Libro Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía), Colección Serie Verde, Núm 1, Edit. Zero S.A. 1998, Capitulos: “El Trabajo” pag. 12, “Los Vestidos”, pag. 15.

[14] Hauser, Arnold, Historia Social de la Literatura y del Arte. Edit Guadarrama/Punto Omega, 14 edición, 1978, pág.400.

[15] Moro, Tomás. Libellus . . . De optimo reipublicae statu, deque nova insula Vtopiae (en español, Libro Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía), Colección Serie Verde, Núm 1, Edit. Zero S.A. 1998, Capitulo “Los Vestidos”, pag. 15.

[16] Ibidem 15, pag 24.

[17] Ibidem 14, pag. 387.

[18] Ibidem 12, pags. 86/87.

[19] Ibídem 12, pag. 89

[20] Ibídem 14, pags 422, 423

[21] Ibidem 15, pag. 13

[22] Ibidem 15, pag 32


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