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Socialismo, deporte y constitución




  1. Introducción
  2. Una Precisión Necesaria Socialismo Democrático Vs. Socialismo Autoritario
  3. Constitución y deporte
  4. Propuesta de reforma constitucional [10]
  5. Consideraciones finales
  6. Notas

Introducción

El propósito de este documento es el de contribuir a la elaboración de una plataforma democrática social para Venezuela. La voluntad expresada por el Presidente de la República de llevar el país hacia un "socialismo del siglo XXI" requiere respuestas por parte de las fuerzas progresistas o de centroizquierda -llámense socialistas democráticos, socialdemócratas o de izquierda democrática- que coinciden en la búsqueda de una democracia social auténtica, que combine el valor de la libertad con el de la justicia social y responda eficazmente a las necesidades y anhelos del pueblo venezolano. En la pugna que existe desde hace largo tiempo, en el mundo, en Latinoamérica y en Venezuela, entre "dos izquierdas" -una autoritaria y otra democrática- el autor de este documento se identifica con la segunda y rechaza la primera.

Una Precisión Necesaria

Socialismo Democrático Vs. Socialismo Autoritario

1. Evolución histórica de la lucha democrática social

En el mundo

1. Desde la Antigüedad hasta nuestros días, diversos sistemas de opresión social y política han engendrado movimientos e ideas de reforma o de revolución, tendientes al logro de un orden de mayor libertad y mayor justicia. No siempre han ido mano en mano las luchas por estas dos aspiraciones básicas del ser humano: algunos impulsos progresistas han enfatizado el ideal de la libertad del individuo por encima de la aspiración a la justicia social, en tanto que otros colocaron ésta última en primer plano, por considerar que, sin un marco de equidad colectiva, la libertad queda restringida al disfrute de unos pocos privilegiados y no se convierte en bien común.

2. Aquellos pensadores y luchadores que consideran la conquista de la equidad social como condición imprescindible para la liberación humana han recibido, desde la Revolución Francesa en adelante, el apelativo de "socialistas". En su aceptación más amplia y general, el "socialismo" puede ser moderado o radical, paternalista o revolucionario, autoritario o democrático. Durante la antigüedad y la Edad Media aparecieron dos prototipos de impulso "socialista" esencialmente antagónicos (aunque a veces se tratara de conciliados en una misma doctrina). Por un lado Platón, filósofo vinculado a la aristocracia ateniense y enemigo del bando democrático, predicó un modelo de colectivismo elitesco y paternalista. Por el otro, la corriente profética y mesiánica judeo-cristiana -Isaías, Amós, Jesucristo, Santiago y los padres de la Iglesia-tuvo contenido democrático, de censura a los ricos y enaltecimiento de !os pobres, sirviendo de estímulo a movimientos emancipadores de esclavos y de siervos.

3. La Edad Moderna se inició con utopías colectivistas como las de Moro y Campanella, e impulsos socialistas en las alas radicales de las revoluciones burguesas de Holanda, Inglaterra y Francia. Finalmente, la Revolución Industrial, que durante el siglo XIX se irradió desde Inglaterra al resto del mundo, creó la base para el movimiento socialista internacional basado ahora en una clase obrera disciplinada por el trabajo fabril y organizada en sindicatos y partidos. Pero pronto reapareció la división entre corrientes autoritarias y democráticas. La Primera Internacional, fundada en 1864, se desgarró entre los partidarios del socialismo político y democrático y los del anarquismo conspirativo y terrorista.

4. La Segunda Internacional, nacida en 1889, estuvo bajo influencia predominante del marxismo, interpretado de maneras diversas. Para los socialistas democráticos o socialdemócratas, se justifica la lucha armada contra regímenes despóticos, pero una vez logrado un sistema de libertades políticas se debe recurrir a métodos no violentos -parlamentarios y sindicales- para transformar las estructuras a través de la acumulación de reformas parciales. Al mismo tiempo, debe practicarse en todo momento la más abierta y transparente democracia interna en el seno del movimiento obrero, tanto en su rama sindical como en la política. En cambio los socialistas de vocación voluntarista y violenta - discípulos, no de Marx sino de Augusto Blanqui- desprecian la democracia representativa y pregonan la toma del poder por la violencia incluso en sociedades abiertas. A tal fin abogan por la creación de una "vanguardia" integrada por "revolucionarios a tiempo completo" que ejerzan la "dictadura del proletariado" en supuesta "representación" de las mayorías laboriosas [1].

5. La Primera Guerra Mundial dividió tajantemente las dos corrientes. En Rusia, Lenin y el Partido Comunista (bolchevique) empujaron la revolución democrática de 1917 hacia una" dictadura del proletariado" ejercida por una vanguardia minoritaria a la manera de Blanqui. Desoyendo las advertencias de Rosa Luxemburgo, de que una revolución sin democracia interna está condenada a degenerar y perecer [2], Lenin ilegalizó toda oposición y posteriormente exigió que los demás partidos comunistas del mundo, coaligados en la Comintem, adoptasen el mismo sistema vertical y represivo. A consecuencia de ello, el régimen comunista fue una dictadura, no del proletariado sino sobre el proletariado y todo el pueblo, ejercida primero por el partido oficial, después por el buró político del mismo, y finalmente por un solo caudillo todopoderoso. Pese al heroísmo de comunistas sinceros y convencidos de su causa, que fueron luchadores ejemplares contra el fascismo, y no obstante los logros soviéticos iniciales en materia de modernización, culturización y equidad distributiva, Stalin y sus sucesores impusieron un sistema de intolerable supresión de la libertad personal y violaciones criminales y masivas de los derechos humanos. Bajo su amparo se formó y ascendió al poder una nueva clase o casta burocrática que, como propietaria colectiva de los medios de producción estatizados, explotó el trabajo humano con máxima brutalidad. Eventualmente, el inmovilismo de esa casta dominante la volvió incapaz de adaptarse a un mundo cambiante, y condujo al anquilosamiento y la desmoralización de la sociedad post-estalinista ya su colapso en 1989-91.

6. En cambio, en los países de mayor desarrollo socioeconómico e institucional, la mayoría trabajadora y popular dio inconfundible respaldo a la fórmula socialista democrática. Los primeros intentos de construir democracias sociales, que combinasen la libertad con la justicia, fracasaron ante los embates de la crisis económica mundial de 1930 y de la agresión nazi-fascista. Durante esa época, los socialdemócratas del mundo generalmente lucharon con valentía, dentro de frentes populares o bloques democráticos antifascistas, contra los enemigos esenciales de la humanidad. Después de la Segunda Guerra Mundial, fuerzas socialistas democráticas ejercieron el poder en países tales como Inglaterra, Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia y otros, y realizaron transformaciones profundas, de impacto estructural, en el sentido de la regulación de la economía por el poder público democrático, la redistribución equitativa del ingreso, la igualdad social y una mayor participación ciudadana en la gestión de la sociedad. En su política exterior apoyaron el proceso de descolonización, el multilateralismo y la búsqueda de la paz y el desarme mundiales. En 1951 los partidos socialistas democráticos se unieron en una nueva Internacional Socialista que, en su declaración de principios, condenó a la vez al capitalismo y al comunismo estalinista, como dos sistemas de opresión, el primero por su inequidad económica y social y el segundo por su tiranía política. Frente a ambos modelos, el socialismo democrático asumió, y sigue ejerciendo exitosamente, un rol de "tercera fuerza" sintetizadora de la libertad política con la justicia social. Al mismo tiempo, los socialistas democráticos niegan la existencia de un modelo de "socialismo" dogmáticamente predeterminado y "final". Para ellos, el socialismo no es un sistema o régimen, sino un camino sin fin hacia niveles cada vez más altos y universales de libertad, justicia y solidaridad. El proceso de avance hacia una nueva sociedad más justa requiere -según la Declaración de Francfort de la Internacional Socialista-"La contribución personal de todos sus partidarios. Contrariamente a los regímenes totalitarios, el socialismo democrático no impone al pueblo un papel pasivo. Por el contrario, no puede realizarse sino con la participación activa del pueblo. Es la Democracia en su forma más elevada." [3].

7. A fines de la década 1960-70, nuevas evidencias del carácter opresivo y antipopular de la URSS y sus Estados vasallos -en particular, su intervención militar contra el "socialismo con rostro humano" de Checoslovaquia en 1968-, causaron una vasta rebelión política de comunistas sinceros en Europa occidental, América y el mundo entero [4]. Revisando su doctrina y sus programas, los disidentes rechazaron el centralismo autoritario y abrazaron la causa del socialismo democrático: sólo en el marco de la libertad política se puede avanzar hacia la justicia social auténtica. Estos nuevos movimientos enriquecieron la Internacional Socialista, que los acogió con espíritu fraternal.

8. En los Estados Unidos, la lucha por la democracia social no se canalizó por la vía de un gran partido socialista democrático, sino a través del ala progresista del Partido Demócrata que une en su seno a corrientes de centro y de izquierda y hoy mantiene relaciones de amistad y diálogo con la Internacional Socialista. En la práctica, la mayor aproximación a cambios estructurales importantes que vivió la sociedad norteamericana, fue el "New Deal" (Trato Nuevo) de Franklin D. Roosevelt entre 1933 y 1945, que sirvió de inspiración a la doctrina capitalista social de John M. Keynes y conllevó algunas iniciativas netamente socialdemócratas. En épocas posteriores, los programas "Nueva Frontera" de John F. Kennedy y "Gran Sociedad" de Lyndon B. Johnson continuaron esa tendencia.

9. El colapso del modelo estalinista en 1989-91 introdujo una etapa de aparente triunfo incuestionable del bloque occidental dirigido por los Estados Unidos, con la implantación universal de los principios del llamado "Consenso de Washington": globalización económica neoliberal (con las correspondientes "reformas" liquidadoras del "Estado de Bienestar" keynesiano), y democracia representativa como marco político. Las corrientes de democracia social en su conjunto fueron objeto de duros ataques y se vieron obligadas a revisar ideas y políticas. Al observar el desastre del modelo comunista, la socialdemocracia se tornó más crítica con respecto al estatismo económico y más inclinada a reconocer la validez de la economía de mercado. Sin embargo, se mantiene firme en su crítica al neoliberalismo económico y en su insistencia de que la economía de mercado debe ser orientada hacia propósitos de justicia social, mediante regulaciones por parte del poder público democrático y de la sociedad civil organizada. Desde el año 2001 en adelante han aparecido nuevas evidencias de la fragilidad e inequidad intrínseca del sistema de la globalización liberal, y las fuerzas de la democracia social se sienten optimistas con respecto al futuro.

En América Latina

10. En nuestra región, el socialismo democrático o socialdemocracia tiene dos orígenes distintos. En países de fuerte inmigración europea, como Chile, Argentina y Uruguay, desde fines del siglo XIX fue importado el modelo socialdemócrata del viejo mundo, plasmado en partidos socialistas y radicales, de contenido principalmente obrero los primeros, y de clase media democrática 10s segundos. En cambio, en los países tropicales y semitropicales de carácter menos europeizado, la corriente socialdemócrata surgió de movimientos calificados de "populares y nacional revolucionarios", basados en "alianzas orgánicas de clases oprimidas": capas medias, campesinado y clase trabajadora. Estas corrientes se inspiraron parcialmente en el ejemplo de la Revolución Mexicana iniciada en 1910, Y encontraron su primera expresión ideológica en el pensamiento de Víctor Raúl J. Haya de la Torre, fundador del APRA peruano (1924). Sus programas contemplaban: a) la democracia política pluralista; b) la liberación de hegemonías neocoloniales; c) profundas reformas sociales en el marco de economías mixtas (mercado-Estado), y d) políticas de solidaridad "indoamericana" e internacional [5]. A partir de 1960, la Internacional Socialista" (1.5.) descubrió" a estos partidos populares latinoamericanos y los persuadió a que se uniesen a ella. En tercer término, también en Latinoamérica -con Venezuela a la cabeza- apareció la nueva corriente socialista democrática desprendida del tronco comunista, que a su vez se acercó a la Internacional Socialista (1.5.).

11. A partir de la crisis económica mundial de 1930, en América Latina se produjo una transición del "liberalismo oligárquico" decimonónico a diferentes formas de "populismo", autoritario o democrático, orientado hacia el dirigismo estatal y el nacionalismo económico. El fascismo, el comunismo y en menor grado la socialdemocracia de Europa influyeron en la vida política latinoamericana. La Segunda Guerra Mundial estimuló grandemente las tendencias democráticas y de izquierda en la región. Sin embargo, a partir de 1948, la Guerra Fría produjo un refortalecimiento de los autoritarismos de derecha, ahora abrigados bajo el concepto de la "defensa del Occidente" en alianza con !os intereses estratégicos y también económicos de 105 Estados Unidos. La rivalidad que había existido entre movimientos latinoamericanos socialdemócratas y comunistas desde tos años treinta se profundizó y se convirtió en enemistad a veces violenta, sobre todo a partir del triunfo y el viraje prosoviético de la Revolución Cubana entre 1959 y 1961. Sólo después de 1968, cuando cundió la distensión Este-Oeste, acompañada de una incipiente polarización Norte-Sur, en ciertos casos socialdemócratas y comunistas actuaron como aliados tácticos.

12. Aparte de sus permanentes combates -muchas veces heroicos- contra las dictaduras oligárquicas de derecha, y sus enfrentamientos con los partidos comunistas, la socialdemocracia latinoamericana se ha visto amenazada por los populismos autoritarios y militaristas que aparecieron en países como Brasil, Argentina y Perú desde 1930 en adelante. Surgiendo donde aún no existen eficaces movimientos populares democráticos, o donde éstos han perdido su efectividad, los populismos militaristas propagan una demagógica mezcla de consignas socialistas y fascistas y por momentos logran arrastrar a grandes masas aglutinadas en torno a caudillos carismáticos tales como Perón, Velasco Alvarado y otros. Estos autócratas ejercieron una suerte de mediación personal entre sectores populares, nuevas burguesías y oligarquías tradicionales y, a pesar de pretensiones de nacionalismo y de justicia social, no efectuaron transformaciones estructurales sólidas [6].

En Venezuela

13. En Venezuela, los partidos y movimientos democráticos y revolucionarios se generaron en la resistencia clandestina contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, y reflejaron la inquietud social de un país en transición del orden agrario terrateniente al petrolero y capitalista-rentístico. De 1936 en adelante se perfiló, en el seno de la izquierda venezolana, la rivalidad histórica entre un movimiento nacional-revolucionario de tendencia socialdemócrata y otro comunista. La experiencia del "trienio adeco" de 1945-48, por encima de controversias valorativas, significó un importante avance objetivo en términos de incorporación del pueblo a la actividad política. La resistencia a la dictadura militar de los años 1948-58 constituyó otra experiencia valiosa para la formación de política y moral de los demócratas venezolanos y particularmente para la izquierda, tanto democrática como comunista.

14. Posteriormente, los cuarenta años de régimen democrático representativo, pluralista y de "conciliación de elites" (1958-98) constituyó el marco político para un proceso de modernización en todas las esferas de la vida política, económica, social y cultural. Se desarrolló un sistema económico mixto, entre industrias básicas estatales y un diversificado y próspero sector privado. Se elevó el nivel de vida general y se formó una amplia clase media. En el ámbito de las ideologías y programas políticos, Acción Democrática (AD), pese a ser objeto de ataque armado por factores de extrema izquierda apoyados desde Cuba, logró mantener una conducta democrática y socialreformista, y fue invitada a ingresar a la Internacional Socialista a fines de la década de los sesenta, al mismo tiempo que el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), fundado por disidentes de AD. Por otra parte, el fracaso de la rebelión armada contra los gobiernos de Rómulo 8etancourt y Raúl Leoni ocasionó profundas crisis en la izquierda leninista y castrista, con divisiones y subdivisiones del (Partido Comunista de Venezuela) (PCV), del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) (agrupación desprendida de AD en 1960) y de otros grupos. La invasión de Checoslovaquia en 1968, Y otras evidencias de) carácter dogmático y opresivo del llamado "socialismo real" fueron motivo para la formación, a partir de 1969, de un nuevo partido socialista democrático: el (Movimiento al Socialismo) (MAS), creado por disidentes del PCV.

5. Pese a los avances políticos y sociales logrados sobre todo en las dos primeras décadas del período democrático, se conservó una marcada inequidad del ingreso y, por insuficiente diversificación productiva, a partir de 1980 se agravó el contraste entre ricos y pobres. Un marcado deterioro de los liderazgos democráticos, el aumento de la corrupción y una injustificable indiferencia de las élites ante el crecimiento de la pobreza, combinado con la influencia negativa de factores externos, condujo a la derrota de los partidos tradicionales venezolanos en las elecciones de 1998.

16. Es preciso señalar que la política social del régimen democrático representativo de los años 1958-98 no alcanzó en ningún momento el nivel de una sistemática promoción de la calidad de vida mediante fa participación universal en busca de una equidad siempre creciente, sino que tuvo un carácter "universal-asistencialista" más bien que participativo [7]. Ello se explica en buena parte por el hecho de que Venezuela, como todos los demás países latinoamericanos, se encontraba en la etapa del desarrollo productivo que condiciona (e históricamente suele preceder) etapas en las cuales se priorizan la equidad social y la calidad de vida

Política: Democracia representativa y participativa

17. Los socialistas democráticos y demás promotores de la democracia social se deslindan tajantemente de todas las formas políticas autoritarias por considerar indispensable, para cualquier progreso social futuro, la creación previa de un marco de democracia política representativa, con sólidas garantías constitucionales y seguridad jurídica, derechos humanos y libertades ciudadanas, pluralismo de ideas y descentralización del poder. Históricamente, las revoluciones liberales han precedido e inaugurado las etapas de lucha por la democracia social. Cuando los sectores populares se dejan persuadir a confiar su "representación" a un caudillo, pierden su libertad y el prometido "poder del pueblo" se transforma en "poder sobre el pueblo". En Venezuela deben rescatarse experiencias positivas, acumuladas durante los últimos cincuenta años en materia de democracia política, añadiéndoles mejoras jurídicas, institucionales y humanitarias. El esfuerzo debería cubrir los temas siguientes:

Estado de Derecho

18. Los demócratas sociales rechazan la noción de que el moderno Estado de Derecho, surgido del pensamiento de la Ilustración y de las revoluciones liberales del pasado, represente un fenómeno histórico pasajero y un mero reflejo de los intereses de la clase burguesa. Consideramos que el Estado de Derecho (dominio de la Ley, igualdad jurídica de los ciudadanos, garantía de los derechos humanos y cívicos, etc.) forma parte de la civilización humana universal y no está sujeto, en su esencia, a los cambios de hegemonía de clases o bloques sociales en el seno de la sociedad. Sin duda, en la medida en que crezcan la justicia y la igualdad social, el Estado de Derecho estará sujeto a revisiones, ampliaciones y mejoramientos, pero no se cuestionará su validez histórica fundamental.

19. En el mismo orden de ideas, un gobierno inspirado en los postulados de una izquierda progresista, debería impedir la concentración de poderes en el Ejecutivo, lo cual exige una revisión y reforma de la Constitución de 1999 [8]. Los poderes del Presidente de la República deben ser objeto de revisión, así como también el fuero de la Fuerza Armada.

20. La soberanía, que reside en el pueblo, debe ser ejercida a través de las instituciones pertinentes, sin perturbaciones personalistas o tumultuaria. En la futura democracia política venezolana debería prohibirse e impedirse la injerencia de funcionarios públicos en 105 procesos electorales y la utilización de recursos del Estado para fines políticos partidistas. La administración pública y el poder judicial deben ser políticamente neutrales, al servicio de la Nación y del orden constitucional, y es imprescindible la profesionalidad e independencia política de 105 jueces y de todo administrador público. En un Estado de Derecho el gobierno debe asumir una actitud de imparcialidad en las coyunturas electorales y debe estar garantizada la composición pluralista y equilibrada de la autoridad electoral.

21. Es imprescindible la separación de los poderes legislativo, ejecutivo, judicial, ciudadano y electoral, así como una descentralización geográfica y funcional efectiva del poder público en su conjunto. El Estado de Derecho democrático exige, asimismo, la estricta institucionalidad de las Fuerzas Armadas y la subordinación del estamento militar a la autoridad civil electa por el pueblo en conformidad con la Constitución. La justicia debe ser asequible para todos los ciudadanos. Deben ser claras y firmes las garantías de las libertades y derechos de los ciudadanos, así como la delimitación legal entre la esfera pública y la privada.

Representación y participación

22. Los regímenes autoritarios -estalinistas o populistas militaristas--, al tratar de justificar sus violaciones del Estado de Derecho y su recurso a la arbitrariedad y la demagogia, suelen invocar la idea de una supuesta oposición intrínseca entre la "democracia representativa" y la "democracia participativa". La primera -dicen--, es "burguesa" o "formal" ya que sólo llama a la ciudadanía a periódicos procesos electorales y no a tomar parte en una permanente gestión y supervisión de la cosa pública. Además la acusan de basarse en una "igualdad" ciudadana ficticia, ya que no existe igualdad de condiciones reales entre un poderoso empresario multimillonario y un paupérrimo obrero desempleado. Por esas deficiencias y falsedades -prosiguen--, la actual democracia "representativa" debería ser sustituida por una forma nueva, "participativa", que asegure la actuación decisoria y fiscalizadora permanente de las mayorías populares en la gestión política, económica y social del país.

23. Sin duda hay algo de verdad en esas afirmaciones, pero es una grave equivocación presentar el problema en términos de disyuntiva entre dos fórmulas contrapuestas e irreconciliables. Es cierto que una democracia meramente representativa y formal, en la cual el papel del pueblo se limite a acudir a las urnas ocasionalmente, y el ejercicio de la soberanía quede enteramente delegado en manos de representantes, sería una democracia incompleta, deformada y manipulada por elites. Es necesario que, además de elegir a sus gobernantes, el pueblo soberano participe en forma constante en el debate público a todos los niveles, asuma responsabilidades directas, y ejerza una supervisión efectiva sobre la ejecución y administración de la voluntad general. Además es deseable que su participación no se limite a la toma y al control de las decisiones públicas, sino que también se extienda al ámbito de la sociedad civil. Y por último, todos los ciudadanos deben llegar a participar de modo efectivo y real en el disfrute del bien común, a través de un orden de creciente igualdad y justicia en el acceso a la riqueza material y espiritual de la colectividad. Estos dos aspectos de la democracia, el representativo y el participativo, no son antagónicos sino complementarios. La democracia social, en Venezuela como en el mundo entero, debe esforzarse siempre por fortalecer la democracia representativa y por darle un contenido cada vez más participativo y, por lo tanto, auténtico y humano.

Pluralismo y tolerancia

24. Hasta en sociedades armoniosas, que hayan logrado atenuar los conflictos de intereses grupales o clasistas, siempre existirán múltiples opiniones divergentes acerca de la naturaleza de los problemas y la manera de resolverlos. La verdadera solidaridad social requiere el perdurable reconocimiento de la pluralidad de criterios y doctrinas y la más completa libertad para que el pluralismo florezca dentro de un marco de paz, legalidad y tolerancia mutua. Ninguna sociedad que, de hecho o de derecho, imponga un régimen monopartidista puede avanzar en la vía del socialismo democrático ni ser considerada como auténtica democracia social.

25. Una democracia social en Venezuela debería garantizar la libertad de cultos y el pleno respeto a todas las comunidades religiosas, así como el cumplimiento de los compromisos contraídos con ellas por el Estado. Asimismo respetará todas las ideologías políticas, morales y sociales, con la sola excepción de las que prediquen el odio racial, étnico o confesional.

Derechos humanos y ciudadanos

26. Los derechos humanos tradicionales, definidos por la Ilustración y las revoluciones liberales, tienen carácter permanente y deben quedar incorporados para siempre en la Constitución venezolana. Pero una democracia social no puede tolerar que estos derechos en buena parte sólo aparezcan en el papel y no sean respetados en la práctica. Los abusos policial es, los maltratos y torturas a personas detenidas, así como las condiciones infernales que prevalecen en el sistema penitenciario venezolano (tal vez el peor del mundo) deben ser objeto de medidas de altísima prioridad por parte de un futuro gobierno de democracia social.

27. La libertad de pensamiento, de expresión, de asociación y de movimiento, la inviolabilidad de la vida, de la integridad física y del hogar, así como el derecho a la propiedad privada, serán reafirmadas y garantizadas. A estos derechos tradicionales, de carácter liberal, se agregarán nuevos derechos de contenido social y económico, pero en ningún caso será admisible que los nuevos derechos fuesen invocados para menoscabo de los tradicionales.

Constitución y deporte

Un tema que merece especial atención es de la constitucionalización del deporte. La reciente aparición de este el algunos textos constitucionales no es un acontecimiento espontáneo , sino que responde a una evolución de los derechos y deberes públicos muy conectada, por otra parte, con la transformación sucesiva de las tareas y cometidos de los poderes públicos frente a la sociedad.

La aparición en el mundo constitucional de los derechos sociales y económicos responde, tanta por las fechas de su aparición (oleada inicial, después de la segunda guerra mundial, y posterior, tras la segunda guerra mundial) como por la idea que los ampara, el llamado Estado del bienestar.

En ambas fases la postura de los poderes públicos ante la persona en el campo de las libertades es clara; en la primera, se limitan a ofrecerle la posibilidad, para los menos afortunados económicamente solo teórica, de disfrutar de un conglomerado de libertades políticas, y, en la segunda, dichos poderes públicos aspiran ya a facilitar a todos los ciudadanos un nivel de vida decoroso.

Sin embargo, las transformaciones del Estado contemporáneo no se agotan una vez que se llega al Estado bienestar. Se piensa que hay que dar un paso adelante y trocar el mero desarrollismo por un desarrollo más cualitativo, entendiendo el bienestar en todas sus facetas y no exclusivamente en la material. Con ello nos colocamos en una fase nueva y distinta en la evolución estatal. Se busca el crecimiento pero el crecimiento equilibrado; se aspira al bienestar, pero entendido en su plena concepción, sin agotarse en contenidos meramente materiales. En suma, se supera el simple desarrollismo.

En esta visión general hay que emplazar algunas de las novedades que el constitucionalismo más reciente ha incorporado en la materia de los derechos y libertades. Esto está en íntimo contacto con la trayectoria estatal, y así como han sentido su influencia en otros momentos, en la fase del posdesarrollo también ésta se refleja en el reconocimiento de nuevos derechos de los ciudadanos en los que se traduce una nueva forma de entender la actitud estatal. Acceden de tal manera al máximo texto normativo la protección del medio ambiente –el gran esquilmado por el desarrollismo-, el acceso de los ciudadanos a la cultura, la conservación y mejora del patrimonio artístico de la nación, la defensa de los consumidores, el derecho a la calidad de vida, etc. y como una manifestación más en este sentido se produce la progresiva incorporación del deporte al marco constitucional. El deporte aparece en este campo muy ligado a una concepción de lo que debe ser la actuación de los poderes públicos y el bienestar que éstos deben deparar a sus ciudadanos. Surge, por tanto, como uno de los elementos que sirven para transformar el significado tradicional y meramente cuantitativo del desarrollo. En consecuencia, se convierte, y de ahí su respaldo constitucional y la postura del Estado al respecto, en uno de los puntos básicos donde se plasma la transformación del bienestar cualitativo. En suma, el deporte constituye un aspecto señero de la idea de calidad de vida, tan relacionada con toda esta visión.

La nueva concepción de las tareas del Estado contemporáneo florece en la doctrina y en la mente de los políticos en los años sesenta de nuestro siglo. El constitucionalismo no se pudo hacer eco de ello hasta bien entrada dicha década. Por lo cual la incorporación del deporte, de una o de otra forma, al contenido constitucional es casi de nuestro días.

Para ilustrar lo antes planteado, hemos escogido la Constitucion de la Republica de Venezuela, a la que abordamos con un estudio minucioso del tratamiento al deporte que se hace en la misma. El objetivo principal que se persigue es el de delimitar hasta donde ha sido posible que reconozcan el derecho al deporte.

REPUBLICA DE VENEZUELA

La Constitución Bolivariana de Venezuela, aprobada el 17 de noviembre de 1999 [9], expresa, lo que se puede considerar técnicamente una declaración bastante avanzada sobre el derecho al deporte. Esto lo hace en el Capítulo VI "Derechos Culturales y Educativo", que en su Artículo 111, dice:

Toda persona tiene derecho al deporte y la recreación como actividades que beneficien la calidad de vida individual y social".

El Estado asumirá el deporte y la recreación como política de educación y salud y garantizará los recursos para su utilización. La educación física y el deporte cumplen un papel fundamental en la formación integral de la niñez y la adolescencia. Su enseñanza es obligatoria en todos los niveles de la educación pública y privada hasta el ciclo diversificado, con las excepciones que establezca la ley. El Estado garantizará la atención integral de los y las deportistas sin discriminación alguna, así como el apoyo al deporte de lata competición y la evaluación y regulación de las entidades deportivas del sector público y privado, de conformidad con la ley.

La ley establecerá incentivos y estímulos a las personas, instituciones y comunidades que promuevan a los y las atletas y desarrollen o finalicen planes, programas y actividades deportivas del país.

Ciertamente, nos encontramos ante lo que podemos considerar como un modelo en la técnica normativa: primero el reconocimiento efectivo del derecho de todos los individuos al deporte y a la recreación; posteriormente, el enunciado de los deberes del Estado para garantizar los mencionados derechos, los cuales serán el presupuesto para la condicionalidad material del derecho y, finalmente, como garantía suplementaria la reserva de ley orgánica o especial, como modelo auxiliar para lograr una eficacia real en la sociedad del mismo.

Sin embargo, no podemos dejar de mencionar cuatro deficiencias que aparecen en el precepto. Una es relativa al encuadramiento sistemático, dentro de la Constitución, del artículo, ya que creemos que el mismo debe aparecer recogido dentro de los derechos sociales, de forma autónoma, y no engarzada con la cultura o la educación. La otra insuficiencia que encontramos es en lo concerniente al reconocimiento del derecho a la educación física, en el primer párrafo del artículo, por entender la gran importancia que tiene la misma así como su estrecha vinculación al deporte.

La tercera tiene que ver con la limitación de la obligatoriedad del deporte hasta el ciclo diversificado de educación, excluyendo al sector universitario, lo cual es una limitación injustificable, ya que este derecho esta plasmado en la Ley Orgánica de Educación.

La cuarta deficiencia tiene que ver con no haber expresado en forma clara y terminante la autonomía federativa si no por el contrario dejan abierta una puerta de amenaza con la regulación en las entidades deportivas.

Propuesta de reforma constitucional [10]

Artículo…. Todas las personas tienen derecho a la Educación Física, al Deporte y a la Recreación como actividades que beneficien la calidad de vida individual y social. La Educación Física, el Deporte y la Recreación cumplen un papel fundamental en la formación integral del ser humano. Se enseñanza es obligatoria en todos los niveles y modalidades del sistema educativo.

Artículo… El sistema de organización deportiva venezolano está fundamentado en principio de Democracia, autonomía, participación, autogestión, descentralización y solidaridad.

Artículo… Se reconoce y garantiza la autonomía plena del Deporte Federado a través de sus organismos rectores: Comité Olímpico Venezolano, Federaciones Deportivas Nacionales, Asociaciones, Ligas y Clubes.

Artículo… El Estado organizará, desarrollará, supervisará, evaluará la política del sector a través del Ministerio del Deporte y la ley respectiva.

Artículo… Es deber del Estado el fomento y la promoción de la Educación Física, el Deporte y la Recreación. Para tal efecto se destinará una asignación presupuestaria no menor al tres por ciento (3%) del Producto Interno Bruto (P.I.B.)

Artículo… El Estado garantizará el apoyo a los programas de deporte para todos y de alta competencia, así como la atención integral de los y las deportistas, sin discriminación alguna hasta la obtención del título académico universitario respectivo y su incorporación al mercado laboral.

Artículo… Es Estado es responsable de la formación de los recursos humanos en las diferentes profesiones relacionadas con las actividades de Educación Física, Deporte y Recreación.

Artículo… El Deporte Profesional regirá su actuación de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica del Trabajo, el Código de Comercio, la Ley del Deporte, los Estatutos y Reglamentos de la federación a la cual estén asociados.

Consideraciones finales

Primera: El reconocimiento del deporte como DERCHO FUNDAMENTAL no aparece establecido en todas las constituciones. Recordemos que en la órbita comparada existen dos tendencias: la tradicional y más extendida es la que impone al Estado la obligación de fomento y protección del deporte; el ciudadano no era contemplado directamente, solo aparecía como recipiendario de la acción de fomento público-deportivo. La segunda, más avanzada, es la que concede al ciudadano un derecho al deporte en sentido estricto aquí el ciudadano es observado directamente, y se configura de esta manera a través del deporte un nuevo derecho humano. [11]

Esta última tendencia proclama el derecho ciudadano al deporte, sin dejar de reconocer la trascendental tarea que a los poderes públicos corresponde en orden a la promoción de la cultura física y deportiva.

Segunda: Si el reconocimiento del derecho de toda persona al deporte nos parece importante, no lo es menos el derecho a la Educación Física. Esta es una de las bases del desarrollo integral de la persona humana cada vez más es condición indispensable para que la misma logre su plenitud.

Sostiene el Dr.Carlos Felice Castillo que:

Si el deporte es un elemento destacado de los que componen lo que hemos llamado calidad de vida, la educación física es una forja auténtica del joven. Por lo tanto, aquí más que en ninguna otra materia hubiera estado justificada la constitucionalización de un derecho a la educación física, pues el mero fomento público de la misma no cuadra con su importancia y con los cometidos que ha de desempeñar en la sociedad moderna. [12]

Tercera: El derecho constitucional a la seguridad social abre un amplio espectro de posibilidades para materializar de una vez por todas el derecho a la Recreación, aspecto este que está relacionado con la calidad de vida y representa uno de los subsectores de la seguridad social.

Cuarta: El deporte al ser reconocido internacionalmente como un DERECHO inalienable del individuo, debe gozar de un tratamiento como DERECHO SOCIAL en las constituciones políticas de los ESTADOS.

Quinta: Solo la toma de conciencia acerca del valor de la Educación Física, el Deporte y la Recreación como elementos fundamentales para elevar la calidad de vida hará posible que los contenidos constitucionales no se transformen en letra muerta.

Notas

  • 1. Cole, G.D.H. (1958): Historia del Pensamiento socialista. Vol. II, Marxismo y anarquismo 1850 – 1890. FCE, México.

  • 2. "La Libertad es, siempre, la libertad del que piensa distinto". Luxemburg, Rosa (1922): Die Russishe Revolution; eine Kritische Wuerdigung. Herausgegeben und eingeleitet von Paul Levi. Verlag Gesellschaft und Erziehung, Berlin, p. 109.

  • 3. Buró Coordinador de la Internacional Socialista en América Latina (1956): Internacional Socialista; información, declaraciones de Frankfort y Oslo, partidos miembros. Apartado del Buró, Montevideo, pp. 8-9.

  • 4. En Venezuela; Petkoff, Teodoro (1969) Checoeslovaquia; el socialismo como problema. Editorial Domingo Fuentes, Caracas.

  • 5. Haya de la Torre, Víctor Raúl (1976): El antiimperialismo y el APRA 5ª edición. Editorial Centauro, Caracas.

  • 6. Di Tella, Torcuato S. (19939: Historia de los partidos políticos en América Latina, siglo XX. FCE de Argentina, Buenos Aires.

  • 7. D`Elia, Yolanda (2005): Las políticas sociales desde el enfoque de promoción de la calidad de vida. ILDIS, Caracas, pp. 33-38

8. E. Buggel Solidaridad Olímpica

Publicación Comité Olímpico Internacional. 1976

9. Republica Bolivariana de Venezuela

Gaceta Oficial Noviembre 17, 1999.

10. Elorza, Jesús Politica y Deporte

Publicación de la Universidad Pedagógica de Maracay 2009.

11. Cazorla Prieto, Luis Deporte y Estado

Editorial Labor 1979. España

12. Castillo, Felice Visión Integral del Deporte. Caracas 1995.

 

 

Autor:

Jesús Elorza Garrido

Universidad del Zulia Enero 2007


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