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El arte del Netsuke – Una aproximación al imaginario estético japonés




Enviado por Juan Pedro Gómez



Monografía destacada

  1. Origen y
    evolución
  2. Descripción
    y tipología
  3. Estilo y
    representación
  4. Estimación y
    valoración comercial
  5. Técnica y
    elaboración manual
  6. Poética
    realista de la materia
  7. Bibliografía
    fundamental

Origen y
evolución

Una de las formas más sugerentes e interesantes
de aproximarse al conocimiento del arte escultórico
japonés es a través del atractivo mundo del
netsuke.

Materia de estudio apasionante y objeto precioso para
coleccionistas, el netsuke sintetiza y aglutina todas
las características más representativas de la talla
polimórfica japonesa.

Se trata de una pequeña figura
escultórica, tallada preferentemente en marfil, pero que
también puede encontrarse trabajada en coral, madera de
raíz, laca, cerámica, porcelana, jade,
nácar, asta, hueso y metal; siendo conocida, a veces, por
la no muy acertada traducción de "botón de
mandarín", expresión ésta completamente
errónea, ya que no tienen ninguna correspondencia con las
vestimentas llevadas por esta clase funcionarial
china.

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El objeto que designa consiste en un remate o tope del
cordón que pasa por un abalorio u ojime del que
cuelga el inro (caja para las medicinas o sellos), el
kinchaku (bolsa para monedas) o la bolsa de tabaco que
se incorpora en el siglo XVIII. El conjunto de "cosas colgando de
la cintura" recibe el nombre de koshisage o
sagemono. El netsuke, por tanto, no es otra
cosa que el contrapeso de la bolsa colgada en el cinturón
u obi del kimono, sustitutiva del bolsillo
inexistente en esa prenda de vestir .

El origen del netsuke se remonta al
período Muromachi (1333/6-1568/75) y el netsuke
decorado procede del período Edo (1603-1868).

Seis son los períodos más
significativos del netsuke:

1º.- Período
Muromachi

2º.- Período Áureo
(1780-1850)

3º.- Período Decadente
(1850-1878). Coincide con la llegada del Comodoro Perry a
Japón el año 1853.

4º.- Período inicial de la Era
del Coleccionismo (1875).

5º.- Período de la
Post-Restauración (1875-1925)

6º.- Período
Contemporáneo (1925-presente)

Incardinados los períodos significativos del
netsuke en su conjunto histórico y de forma
más matizada, para aproximaciones que requieren exigencias
bibliográficas e investigadoras, los períodos
tradicionales japoneses habitualmente considerados
son:

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La carencia de bolsillos en los kosodes y
kimonos, masculinos y femeninos, generó la
necesidad de ingeniárselas para poder transportar
cachivaches y fruslerías de todo tipo.

De objeto práctico y funcional, el
netsuke pasó pronto a convertirse en un objeto
suntuario, símbolo muy representativo del estatus
social del propietario, que pertenecía tanto a la nobleza
o "clase de las flores" (kazoku), como a una
burguesía rica bien asentada.

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El netsuke supone el único arte
industrial japonés con entidad propia. Con una
categoría artística de primer nivel, la escultura
japonesa se ha venido realizando históricamente en dos
tamaños completamente opuestos : figuras gigantescas,
destinadas a templos y exteriores, y figuras de pequeño
tamaño (okimonos y
netsukes
[1]destinadas a la decoración
doméstica y uso personal.

La importancia social que esta pieza artística
fue adquiriendo a partir del período Edo —de forma
continua durante los siglos XVIII y XIX, hasta el año
1868, fecha en que desaparece la clase de los
samuráis—, dio al netsuke-shi o "escultor
de netsukes" una relevancia artística y social muy
considerable.

El conocimiento de los netsukes en Occidente
tuvo lugar a partir de la estancia en Japón del
célebre Comodoro Perry, marino encargado de llevar a cabo
las gestiones sobre la apertura de los puertos japoneses a los
barcos mercantes norteamericanos[2].

En su entrevista con Mikawaya Kozaburo, jefe de los
"coolies", Perry observó que su interlocutor
portaba en la cintura, colgada del cinturón, una tabaquera
con una pequeña figura tallada en marfil. Sorprendido por
el interés manifestado por los americanos que
componían la delegación, Kozaburo les regaló
el netsuke, lo que le supuso pena de cárcel por
haber hecho un regalo a extranjeros, como representante oficial
nipón y sin haber concluido las negociaciones. Pero la
intercesión de Perry ante el Emperador hizo que
aquél fuera puesto pronto en libertad, lo que condujo a
que se proporcionaran las primeras piezas artísticas para
la exportación a los Estados Unidos, dando origen a la
célebre Compañía Sanco.

A partir de la Época Meiji, con el abandono
progresivo de los trajes tradicionales, la sustitución de
las bolsas de tabaco por los cigarrillos y una muy fuerte demanda
de netsukes por parte de coleccionistas extranjeros,
esta miniatura escultórica sufre ciertas variaciones en su
factura funcional y en la calidad de su acabado, proliferando
copias de los grandes maestros, en muchas ocasiones de calidad
bastante dudosa.

Sin embargo, como contrapunto, el coleccionismo ha
generado una verdadera mina artística de netsukes
contemporáneos de altísima calidad, con excelentes
autores de prestigio, semejantes a los clásicos de siglos
anteriores.

Descripción y
tipología

Un netsuke es siempre una pieza de
pequeño tamaño. Se puede tener en la mano con
facilidad, acariciarlo, moverlo y disponerlo en distintas
posiciones para su más cómoda
observación.

Delicioso a la vista y al tacto, el netsuke
resulta cálido, redondeado, suavemente untuoso y
aterciopelado.

Cualquier temática es buena para esta
manifestación artística. Ermitaños,
santones, divinidades, flores, insectos, pájaros,
utensilios, personas en las más diversas actitudes, son
objeto de atención para la mirada aguda, crítica y
en muchas ocasiones irónica, del sabio escultor
nipón.

Normalmente, el netsuke más habitual y
refinado suele estar realizado en marfil (casi siempre en
tokata o "marfil de alta calidad"), pudiendo ir o no
firmado. De llevar la firma, ésta vendrá
representada en forma de letra kanji y enmarcada en
chomei, o firma tallada, sello con el nombre
artístico o profesional del escultor (go), que se
situará en la zona inferior del netsuke. Cuando
el sello lleva escritura tensho, se denomina in o
hanko. A veces, para evitar la confusión se
añade un escrito o sello kao o
kakihan.

En ocasiones, aparecen títulos honoríficos
en las firmas, como Hógan, Hokyô,
Hôin
o Tenka-ichi, esta última
procedente del período Muromachi. Escultores de
netsukes con eltítulo de hokyo son
Ryukei, Sessai y Hozan; escultores con el título de
hogan son Rantei,Shuzan Toki y Tadayoshi.

El título de tenka-ichi respondía
al más alto honor para un artista. En principio
sólo lollevaron los máshábiles fabricantes
de más caras y espejos. Después proliferó y
se depreció. Su significado era "el primero bajo el
cielo". Algunas firmas incluyen también apelativos como
"anciano" (okina, so, rojin), "hecho" o made
(saku), "copiado" (sha), "tallado con cuchillo"
(to) e "imitado" (ni mosu).

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Ao Gawara

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Gyokushi

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Isshi

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Chû Yu

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Oda

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Gyokuzan

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Shozan

Matsuyama

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Tomokazu

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Sayuki

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Shôichi

Masakazu

En la parte posterior, todo netsuke
dispondrá de dos perforaciones (himotoshi) o
agujeros destinados al paso del cordón. Los
netsukes antiguos y auténticos, los utilizados
realmente en la vida cotidiana, suelen presentar desgaste o
deformación en alguno de los agujeros por el roce del
cordón. Algunas piezas, las menos, dada su
configuración especial, sólo pesentan un
agujero.

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Si la obra es marfileña (????), el
netsuke puede multiplicar su belleza por las
características inmanentes de la materia que lo sustenta y
las aportadas por el paso del tiempo.

El blanco velado, el diseño
"guilloché" bajo la superficie pulimentada (las
llamadas líneas de Schreger, con una angulación de
115 grados o más), la finura de la veta, o, por el
contrario, las gamas doradas y ocres de una verdadera
pátina, añaden al trabajo artístico una
gracia sutil e inigualable.

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Lejos de las burdas marfilinas, los engrudos, las pastas
embaucadoras y otras falsificaciones, el marfil resulta
transcendentemente noble, hermoso y agradecido, aportando al
netsuke una belleza sólo superada por la
pátina del tiempo; una delicada pátina en nada
semejante a los tintes y fraudulentos posos del té o del
café, con los que se intenta simular
antigüedad.

El mantenimiento de la calidad de la obra, el desgaste
por el uso y la esencialidad depurada por el paso del tiempo le
otorgan al netsuke el tan deseado aji, voz
japonesa que designa gusto, sabor, gracia, encanto y raigambre;
algo parecido a la estimada pátina de maderas nobles y
metales preciosos, propia de ciertas antigüedades, tan
valorada por especialistas y anticuarios.

Por su forma y temática, los netsukes
pueden ser de varios tipos:

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Estilo y
representación

En el seno del arte oriental, la creación
japonesa goza de una personalidad muy definida e
intensa.

* El arte chino es minucioso, detallista y reiterativo;
el arte japonés es creativo, imaginativo, burlón y
crítico.

* La obra japonesa es original y muy poco o nada
repetitiva.

* Destaca la ironía del autor y la sutileza de la
expresión de la obra.

* Se subrayan los aspectos más
humanos: la comicidad, la alegría, el dolor, la sexualidad
y las debilidades.

* La temática es muy amplia y variada. Suele
estar tratada con agudeza e ingenio, incluso de forma incisiva y
satírica.

La relación de las divinidades, los santones y
seres fantásticos
es tremendamente larga, pero entre
los más representados están:

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Por supuesto que también son habituales los 8
Símbolos Budistas:
1. El Parasol (la caridad); 2. El
Pez (la tenacidad); 3. El Vaso Sagrado (el ceremonial); 4. El
Loto (la pureza); 5. La Concha Marina (llamada a la
sabiduría); 6. El Dragón (la eternidad); 7. El
Dosel (la autoridad espiritual); 8. La Rueda de la Doctrina (el
cambio infinito).

La iconología animal se encuentra muy bien
representada en el mundo del netsuke,
destacando:

* Caballo: uma. Antiguo símbolo
del Shinto (ritual de confesión y
purificación).

* Carpa: koi (Ri)[3] . Es
un símbolo de la perseverancia, del valor y del coraje.
Suele denotar la felicidad conyugal, aunque a veces puede referir
el amor filial.

* Dragón: Ryô/Ryû.
Gran Dragón: tatsu (Shin)

* Jabalí: inoshishi (Cho). Al
jabalí salvaje, los japoneses lo suelen denominar
"montaña-ballena" (yamakujira).

*"Kajira": Diminuto habitante de los arroyos de
montaña que canta en alta y dulce voz. La kajira
puede ser guardada como animal doméstico, exactamente
igual que el grillo.

* Lechuza: fukuruo. Chinos y japoneses
la consideran un diablo de la noche. Además de ser un gran
depredador, devora a su propia madre. Esto en un país de
sociedad filial es algo tan cruel que se considera el peor de los
crímenes.

* León: koma. Los leones chinos
(shishi o Kara-shishi) a veces son confundidos en
Occidente con los perros coreanos (koma-inu).

* Mariposa: kochô. Es el
símbolo de la felicidad conyugal. Una de las danzas
cortesanas es la "Danza de la Mariposa" (Kochô no
Mai
), constituida por seis jóvenes disfrazadas de
mariposas.

* Paloma: hato. En Occidente es
símbolo de la paz, pero en Japón es mensajera de
Hachiman, dios de la guerra.

* Perro: inu (Ken). En Japón son
muy apreciados. Entre las razas nativas están los "Akita"
y los bravos "Tosa" que son los más comúnmente
representados.

* Tejón: "Tanuki". El
tejón adquiere forma humana y se parece al zorro, aunque
no es diabólico como aquél. A veces se disfraza de
sacerdote para pedir contribuciones y limosnas. Otras, se cubre
con una hoja de loto, símbolo del budismo, para indicar
que es "más budista que Buddha". – También se suele
representar el mujina, tipo de tejón.

* Zorro: asu-kitsune (Zorra:
mesu-kitsune). El Zorro vestido con antiguos ropajes de
corte femenino es una alusión a un caso de posesión
real. La historia de "Tamamo no Mae", en la cual un
zorro-hechicera, asumiendo la apariencia de una bella dama, causa
la muerte del Emperador.- El "zorro-sacerdote" es una forma
demoníaca que a veces se camufla de asceta. Hay, sin
embargo un zorro benigno que es el "zorro-Inari", mensajero de
Inari, dios del arroz.

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Junto a estas atractivas representaciones, en cantidad
variable se pueden encontrar piezas de animales próximos
al tallista japonés o muy enraizados en su historia, como
pueden ser: la alondra (hibari), la ballena (kujira;
Gei
), el cerdo (buta; Ton; inokohen), la cigarra
(semi), la cigüeña (koonotori), la
codorniz (uzura), el conejo (usagi), el
elefante (), el faisán (kiji),
el gallo (niwatori; Kei), la garza (sagi), el
gato (neko; Byô), la golondrina
(tsubame), la grulla (tsuru), el mono
(saru; En), la mosca (hae), el pato
(ahiru), el pato mandarín (oshi-dori),
el pez-globo (fugu), la rata (nezumi), el sapo
(gama), la serpiente (hebi; Ja, Da), el tigre
(tora, gashira) y la tortuga (kame).

De la iconología vegetal, menos
representada que la animal, son también dignos de
mencionarse por su relativa presencia: el bambú (take;
Chiku
), la calabaza (hisago, too-nasu, kabocha), la
camelia (tsubaki), la ciruela (ume; Bai), el
crisantemo (Kiku), el loto (hasu), el
melocotón (momo), la naranja (mikan), la
orquídea (Ran), la peonía (botan)
y la pera (nashi).

Evidentemente, las representaciones más
sugerentes, aquellas que enamoran a primera vista y prenden la
mirada avisada, son las que se encuentran más lejos de la
tópica de los célebres 8 Inmortales Taoistas o
"pasien" de carácter turístico "made in
Hong-Kong", y se acercan a la crítica refinada, la
captación instantánea, la denuncia del gesto, el
descubrimiento de la intimidad, la ingenuidad, el primitivismo
interpretativo y la trivialización ingeniosa de la
historia. Aspectos todos éstos más que suficientes
para interesar, apasionadamente, al degustador de belleza y al
coleccionista especializado.

Dentro de la vena más pura de denuncia y
sátira costumbrista, es destacable el magnífico
tratamiento que en los netsukes se hace de los
extranjeros, sobre todo de los holandeses y portugueses,
caricaturizados hasta la saciedad a partir del momento en que se
cancelan sus derechos, en el siglo XVII. El enfoque en estas
caricaturas podía ser muy variable, pero siempre dentro
del marco preconcebido de extrañas ropas, ojos azules y
largas narices, comunes a todos los antiguos visitantes que
llegaban de tierras lejanas. Las rizadas cabelleras y las largas
chaquetas de los holandeses, así como los pantalones
bombachos y amplios sombreros de los portugueses, eran constantes
en las descripciones fantasiosas de unos escultores que se
hacían eco de las historias, rumores, chistes y
chascarrillos populares que, en torno a esos "extranjeros
extravagantes", circulaban de boca en boca.

El humor japonés y su espíritu
lúdico le hace abundar en representaciones joviales, como
las diversas de Otafuku[4], mujer con
distintos nombres y distintas personalidades; un
fantástico y hogareño personaje que simboliza la
mujer simpática y parlanchina. A veces, se llega al
extremo barroco a través del contraste, fusionando
al

mítico y silencioso Daruma con la
habladora Otafuku, siendo el resultado la chocante y
paradójica "Mujer-Daruma".

También son muy apreciadas las "muñecas
Nara", basadas en los actores del teatro
Nôh, talladas con la técnica
ittobori o de "cortes planos"; las "muñecas
Tachibina, normalmente lacadas en rojo
(tsuishu) y realizadas en madera; los chinos felices y
los traviesos karakos; así como los "juguetes
Daruma", tallados con forma de "tente-tiesos" y
simbolizando los pies gastados por el camino y la
paciencia.

Aunque un gran número de los más estimados
netsukes antiguos y medios esté formado por
piezas anónimas, hay autores muy conocidos, con firmas tan
prestigiosas como: Gyokuzan, Ikko, Masayoshi, Minko, Minkoku,
Ôschi, Sayuki, Yoshimura, Shuzan, Yoshimasa y Toyomasa; y
entre los contemporáneos, también son muy
significativos los escultores: Bishu, Chû-yu, Matsuyama,
Megyokusai, Ichiro, Kangyoku, Ryoshu, Ryushi, Kosei, Hodo, Kanko,
Shoko y Shogetsu, cuyas firmas, seudónimos y sellos
están debidamente registrados y publicados. Son estos
últimos talladores que nada tienen que envidiar a los
mejores históricas.

Algunas piezas contemporáneas, alejadas del
souvenir turístico, son de una hermosura equiparable a las
antiguas, y mantienen el tono y la elegancia de las tradicionales
con un plus de innovación y atrevida creatividad.
Evidentemente no todos los netsukes son los recogidos
por Ueda Reikichi ni los divulgados por Raymond Bushell ni los
estudiados por F. M. Jonas. A partir de 1925, sobre todo en
Estados Unidos, se da un auténtico revival. Sin embargo,
la obra en serie irá imponiéndose de forma paralela
en el mercado. Con todo, entonces y ahora, algunos grandes
artistas, herederos de la tradición japonesa, han
trabajado y trabajan buscando el grado de excelencia con un
auténtico, silencioso y minucioso trabajo a
mano.

En los museos de todo el mundo y en las más
bellas colecciones particulares, se guardan los frutos más
exquisitos de la tradición, la literatura, las leyendas y
la cotidianeidad japonesa, encerrados en esa pieza hermosa que se
denomina netsuke.

Estimación
y valoración comercial

A finales del siglo XIX las chinoiseries,
propias del siglo XVIII, vuelven a tener un cierto eco, pero
sobre todo es lo japonés, las denominadas
japonaiseries, lo que domina y se pone de moda en
Europa. Hasta la segunda mitad del siglo XX los netsukes
se mueven en mercado de manera cómoda y con
valoración muy asequible. Pero a partir de la segunda
mitad del siglo XX, el interés de los coleccionistas y la
pasión por este objeto histórico lleno de encanto
multiplica su valor y los precios adquieren cifras prohibitivas.
Ante la altísima calidad del netsuke, no influida
ni por el autor, ni por la forma, sino por su belleza
intrínseca y su capacidad de conmover, y ante su elevado
precio, se desarrolla paralelamente un mercado baratero y de muy
baja calidad, que se ve reflejado en las casas de subastas online
con precios irrisorios adecuados a ínfimos y toscos
productos. Sin embargo, no hay que confundir estos objetos de
bajísima calidad con netsukes
contemporáneos salidos de las manos de extraordinarios
talladores y artistas.

Los precios actuales de los netsukes (primeros
quince años del siglo XXI) se pueden agrupar en
bloques:1º. de trescientos a ochocientos dólares;
2º. de ochocientos a mil quinientos dólares; 3º.
de mil quinientos a tres mil quinientos dólares; 4º.
de tres mil quinientos a ocho mil dólares; 5º. de
ocho mil a diez mil dólares; 6º. de diez mil a quince
mil dólares; 7º. de quince mil a cien mil
dólares. Estos bloques no tienen más razón
que la deducida de la imposición habitual de ciertos
comercios especializados y de las salas de subastas. Pero no hay
que llevarse a engaño; si bien es cierto que, de forma
general, a más precio el netsuke debe tener
más razones de estimación, esto no siempre es
así. Piezas de valor recogido en el primer y segundo
bloque pueden ser extraordinarias y exquisitas. Anónimos o
firmados muchos de estos netsukes, en teoría
más humildes que los de bloques superiores, pueden
alcanzar altísimos grados de valor estético y
artístico, no sólo comparables con los de las cimas
comerciales sino incluso muy superiores.

No hay que olvidar que este campo, como en otros del
mundo del arte, la valoración económica de la obra
no va de la mano de la valoración artística de la
misma y que son muchas las variables de tipo económico,
comercial y social las que van marcando las subidas y bajadas de
los precios correspondientes. Por otra parte, todo lo que
implique colección viene determinado por la
estimación subjetiva del coleccionista avezado que puede
llegar a pagar por el objeto de su deseo todo lo que se le
demande, estableciendo un listón comercial ajeno a
cualquier razón objetiva.

ILUSTRACIONES DE NETSUKES PERTENECIENTES AL COMERCIO
INTERNACIONAL Y A COLECCIONES PARTICULARES (S. XVIII Y
XIX):

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Técnica y
elaboración manual

  • A. TALLA

Para algunos artistas, como Megyokusai, el tallista de
netsukes suele cortar y trabajar hacia dentro, en
dirección a su cuerpo, pero el escultor de imágenes
budistas talla siempre hacia fuera. Sin embargo, Ichiro dice que
talla generalmente hacia fuera excepto cuando hace el lado
derecho de la cara de una figura; entonces él talla hacia
dentro. Kangyoku talla también generalmente hacia fuera,
pero cuando la superficie es áspera, talla hacia
dentro.

Un serrucho afilado muy fino (nokogiri) se
utiliza para cortar un trozo de marfil desde el punto escogido en
el colmillo. Esta pieza se aprovecha para uno, dos o tres
netsukes, dependiendo del tamaño del colmillo y
del tamaño y diseño de los netsukes que
han de ser tallados. Se utiliza la misma sierra para cortar las
esquinas y hacer el esbozo del diseño. Esta etapa es
seguida por un limado minucioso hasta que surjan las formas
esbozadas con unos perfiles más nítidos.

La primera lima utilizada es una lima plana, con una
cara grande, que generalmente se llama sharime, tiene
unos 2 cm de ancho y 20 cm de largo. A continuación se
recurre a una sharime pequeña, de 5 a 1 cm por 15
cm, una lima de concha (gangi); después, el
artista se sirve de un instrumento de una sola cara llamado
hiragangi, junto con un pequeño cincel
(nomi), para desarrollar el diseño de forma
definitiva.

Actualmente, el taladro de mano (rokuro)
todavía es utilizado por muchos escultores, aunque la
mayoría de los escultores más jóvenes suele
usar un taladro eléctrico dental.

  • B. PULIDO

Primero se utiliza una áspera y rugosa
porción de la planta "tokusa", seguido de un
cepillado con polvo de pulimento. Cada autor tiene su pulimento
favorito, así: el polvo de asta de ciervo; la hoja del
árbol muku; el papel de lija muy fino; el polvo
toishi, de la piedra del mismo nombre y que se emplea
para el pulido final.

Después, el netsuke es colocado en una
especie de poción o sopa caliente, yasha, en la
que permanece, en primera instancia, de cinco a quince minutos.
Esta sopa se hace por ebullición con las nueces o semillas
del árbol yasha y debe estar medio día en
un cuenco de barro. Luego, se retita el netsuke y se
enfría con agua fría.

El acabado y detalle se hará con
hairlines y tinta sumi. Los ojos se suelen
acabar con concha de tortuga, aunque pueden ser sólo
pintados o con incrustraciones de coral, ámbar y cristales
de diverso tipo.

  • C. COLOR

Normalmente es una mezcla de ganryo (piedra en
polvo) y barniz.

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Pero también se encuentran otras variantes:
así, el negro, de carbón vegetal y hollín de
madera; el amarillo, de arcillas, cúrcuma y zumi; el azul
claro, del alga azul japonesa y del índigo; el verde
oscuro, de la mora china; el rojo, de la papikra y del benibama;
el azul oscuro, de la col roja.

Poética
realista de la materia

Un número significativo de excelentes maestros
talladores, y su amplia distribución geográfica,
hace que a lo largo de centurias la labor escultórica de
okimonos y netsukes sea de lo más
diversa, abarcando todo tipo de representaciones, desde escenas
cotidianas, humildes y vulgares, hasta las más refinadas y
complejas manifestaciones del Shinto y del Budismo Zen, pasando
por los caprichos burgueses y las exquisiteces de la aristocracia
nipona. Sin embargo, gran parte de los usuarios estaban, en su
momento histórico, muy ajenos a la valía
artística de tales obras, concebidas de manera
eminentemente funcional y disfrutadas de forma muy usual, natural
y corriente.

La semántica de este mundo minúsculo es
paradójicamente inmensa y densa, abundando en áreas
en las que la comunicación, la sugerencia, la
evocación, la imaginación y la
ensoñación se entrelazan, se yuxtaponen e
interactúan de tal forma que diseñan un escenario
de disfrute estético análogo a la experiencia
histórica, social y religiosa del país, más
allá de las claves oficialistas políticas y
culturales. El mar océano, los lagos, los ríos, las
montañas, la guerra, el hogar, los mercados, los templos,
las deidades, los monstruos y las creencias, se aúnan y
conviven en la esfera diaria como un todo realista impregnado por
una sutil carga de alegoría y poesía.

Aunque los pilares del arte japonés descansan en
múltiples aspectos de la cultura china tradicional, la
estética japonesa adquiere rasgos peculiares a
través de la concepción sagrada de las fuerzas de
la naturaleza, los kami, que enraizados en el Shinto, se
afincan en todo, se proyectan y esencializan en lo imponente de
un volcán o en lo modesto de un jarrón, de una
cacerola o de cualquier utensilio doméstico. Desde la
perspectiva del Shinto, los tres kamis originales
creadores del universo se multiplicaron y hoy lo inundan todo y
son fundamentales en cualquier actividad cotidiana.

Los haniwa, pequeñas figuras
sintoístas, posiblemente figuraciones
antropomórficas de los kami, de refinado gusto
estético y situadas en torno a las tumbas, poseen ya todas
las características futuras del arte japonés: su
diversidad, su flexibilidad, su adaptación a las
circunstancias, su armonía con la Naturaleza, su sentido
dinámico de la decoración.

Por ello, no es de extrañar que el último
artesano de una aldea perdida en la montaña y los mejores
artistas de Edo, Kyoto, Osaka o Nara, compartan principios
energéticos comunes, y que, puestos a representar esas
mismas energías lo hagan con una nobleza y naturalidad
semejantes.

El descarte de la decoración por la mera
decoración adquiere categoría en las
manifestaciones artísticas y artesanales japonesas, en las
que todo funciona como una justificación de miedos y
deseos ancestrales mezclada con una alegría vital muy
evidente, un humor circunstancial e inmediato y un sentido
crítico bastante refinado. Diversidad y flexibilidad,
tanto en temas como en formas y materias, son rasgos esenciales
que dinamizan toda la obra artística.

La violencia, lo ridículo, lo sagrado, el
desconcierto, el atrevimiento, el descaro, el realismo grosero,
la caricatura y el esperpento son aspectos enraizados en esa
simplicidad y austeridad que domina la estética japonesa,
siempre en consonancia con lo estricto de los medios.
Según la filosofía zen, tener sabi es ser
capaz de manifestarse con toda sencillez, haciendo de esta
naturalidad una auténtica elegancia de espíritu. Es
precisamente esa naturalidad la que persigue de forma intuitiva
el netsuke original e histórico, sin conciencia
por parte del autor[5]Y, además, a esa
sencillez del producto hay que añadir, como la cara y cruz
de una misma moneda, la no-postura del artista, el llamado
wabi, o lo que es lo mismo: actuar lo mejor posible sin
pretender destacar ni esperar recompensa alguna.

No cabe duda que cualquier ser, real o ideal, es
concebido con una fortísima entidad diferencial, y su
plasmación artística-objetual adquiere una
individualidad sólo adornada por la pureza del concepto,
aislada y desnuda de ornatos vanos y de complicaciones
distractoras. Son los objetos, las cosas o los animales,
sacralizados en la soledad de sí mismos, rodeados por el
vacío en su lugar preciso, cuando adquieren el grado
categórico de la autenticidad. Buda se hace brizna de
hierba, y toda la grandiosa realidad de la existencia se
manifiesta silenciosa en un grano de arroz. Aquí, las
deformidades, las irregularidades, los desequilibrios y
asimetrías (furyu), no son más que
variables vivas y dinámicas de la transmutación
universal. La variedad infinita de la vida se convierte en
humilde reveladora de su propia grandeza. Pero, más
allá de la correspondencia analógica, de la
simbología otorgada por el contemplador, está la
realidad poética de lo creado, su individualidad, su
unicidad. El objeto artístico, con apariencia de realidad
y connotaciones experienciales, tiene vida propia, trasciende la
representación inmediata, siempre fallida, y se presenta
con la belleza explosiva y enigmática de lo creado. Y es
que precedentes hay, y estupendamente abonados, en la base
filosófica de la pincelada única,
manifestación caligráfica del sentimiento
estético chino, una emergencia del intelecto que pone de
manifiesto lo infinito de las criaturas. Con palabras de Shitao,
"es obra verdadera la que se fundamenta en su propia
sustancia".

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En el netsuke japonés auténtico
no valen la filigrana, la repetición, la minuciosidad ni
el preciosismo chino, características éstas que
suelen adornar a los más refinados objetos made in
Hong-Kong. Son, por el contrario, la experiencia heredada, la
observación intuitiva, la creatividad, la originalidad y
la espontaneidad, los factores poéticos que vivifican la
talla escultórica, sea ésta de factura antigua o
contemporánea.

La música, la danza, el kabuki, el
nôh, la jardinería, la pesca, el
bambú, la hortensia, el crisantemo, la paulonia, la
peonía, el mandarino, el kaki, la carpa, el cerezo, la
geiko, la maiko y la geisha, los
santuarios, los samurais, los zuecos okobo, el
shamisen, la mariposa, la cigüeña, la oca,
el caballo, el buey, el perro, la rata y el dragón, giran
continuamente en un caleidoscopio de formas patrimoniales hasta
desgranarse uno a uno en auténticos suspiros
poéticos, verdaderas estampas del imaginario
japonés, expresadas en hueso, cedro, olmo negro,
madreperla, marfil o coral.

El disfrute pausado, como el que deviene de la charla
amigable, de la ceremonia del té y de la
degustación del sake o del paseo ensimismado, se concentra
en este ámbito en la visión relajada de lo
elegante, de lo mínimo y de lo exquisito, así como
en el tacto de lo redondo, de lo cálido y
sedoso.

Firmados o anónimos, los netsukes
brillan con luz propia, traspasan las fronteras del tiempo y se
multiplican, para mal o para bien, en el mercado
turístico, asiático y norteamericano, así
como en las colecciones más refinadas del mundo. El
atractivo de estas piezas enamora a profanos, conocedores y
especialistas, ganándose, sin discusión posible, el
galardón museístico de la excelencia
artística; una pulcra manifestación de lo
delicioso, de la delicadeza y de la belleza estética
más allá de la inmediata función
originaria.

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Bibliografía
fundamental

– BUSHELL, Raymond (1964): The Wonderful World of
Netsuke
, Charles E. Tuttle Co., Inc. of Rutland,
Vermont-Tokyo, Japan.

– BUSHELL, Raymond (1975): Netsuke Familiar and
Unfamiliar: New Principles of Collecting
, Weatherhill, New
York and Tokyo.

– DAVEY, Neil K. (1974): Netsuke: A Comprehensive
Study Based on the M T Hinton Collection
, Sotheby Parke
Bernet Publications, London, 1981.

-HUTT, Julia (2003): Japanese Netsuke, Victoria
and Albert Museum, far Eastern Series, London.

– JIRKA SCHMITZ, Patrizia (2000): Netsuke: 112
Masterpieces: The Trumpf Collection
, Arnoldsche, Stuttgart,
Germany.

– JOLY, Henri L. (1967): Legend in Japanese
Art
, Charles E. Tuttle Co., Inc. of Rutland, Vermont-Tokyo,
Japan.

– JONAS, F. M. (1928): Netsuké, Charles
E. Tuttle Co., Inc. of Rutland, Vermont-Tokyo, Japan,
1990.

– KINSEY, Miriam (1977): Contemporary Netsuke,
Charles E. Tuttle Co., Inc. of Rutland, Vermont-Tokyo, Japan,
1987.

– LAZARNICK, George (1976): The Signature Book of
Netsuke, Inro and ojime Artists in Photographs
, Red
Publishers, Honolulu.

– OKADA, Yuzuru (1962): Netsuke: A Miniature ARt of
Japan
, Japan Travel Bureau, Tokyo.

– PUTNEY, Carolyn M. (2000): Japanese Treasures: The
Art of Netsuke Carving in the Toledo Museum of Art
,
Toledo.

– SMITH, L., HARRIS, V. & CLARK, T. (1990):
Japanese art: masterpieces in the British Museum, The
British Museum Press., London.

– UEDA, Reikichi (1961): The Netsuke Handbook,
Charles E. Tuttle Company, Tokyo, Japan.

Museos relevantes:

– The British Museum, London

– Victoria and Albert Museum, London

– Los Angeles County Museum of Art

– The Metropolitan Museum, New York

– Toledo Museum of Art, Ohio

– Tokyo National Museum

– Kiyomizu Sannenzaka Museum, Kyoto

– Museo del Hermitage, San Petersburgo

Artículos de especial interés
en:

Publicaciones de "International Netsuke Society
Journal"

 

 

Autor:

Juan Pedro Gómez

 

[1] .- Aunque la palabra netsuke en origen no
tiene plural y lo purista sería “los
netsuke”, aquí, en este texto,
“españolizaremos” la expresión con el
morfema de plural en –s.

[2] .- El almirante Matthew Galbraith Perry
llevó a buen puerto el tratado de política
exterior contra el sistema aislacionista de shôgunato y
de los clanes que venía ejerciéndose desde 1639.
A partir del año 1853, y en los años sucesivos,
se planteó, por parte del gobierno japonés, la
intervención más directa del emperador y se
pidió su consejo y el de los daimyô
(señores feudales) sobre el asunto de la apertura del
país a los extranjeros.

[3] .- Los vocablos escritos con
minúscula representan la pronunciación japonesa
-Kunyomi- y los escritos con mayúscula inicial y entre
paréntesis representan la pronunciación china
-Onyomi.

[4] .- Uzume es el nombre con el que aparece
en el Kojiki, serie de primereos escritos japoneses. Otras
veces aparece, en situaciones populares y folklóricas,
con el nombre de Okame. Las expresiones Ofuko y Otafuko
personifican el erotismo encubierto.

[5] Otra expresión homónima de
sabi hace referencia a lo que es antiguo con clase, lo que ha
convertido la pátina del tiempo en exquisitez perenne.
Ambos conceptos son positivos y especialmente aplicables a la
estética de estos productos. Estos homónimos de
origen Zen no hay que confundirlos con el yôseki o
pátina de las piedras suiseki expuestas a la
intemperie.

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