Monografias.com > Religión
Descargar Imprimir Comentar Ver trabajos relacionados

El edificio del Santuario Celestial




Enviado por Leroy E. Beskow



Partes: 1, 2

  1. Introducción
  2. Siete
    interpretaciones más importantes acerca del Santuario
    Celestial
  3. Cuatro
    descripciones inspiradas del Santuario
    Celestial
  4. Las
    medidas del Santuario que está en el
    cielo
  5. El
    Templo Celestial
  6. Conclusión

Introducción

La doctrina de un santuario y un templo en el cielo,
siempre ha sido para la cristiandad motivo de controversias. Por
eso lo fue para nosotros desde el nacimiento de nuestra iglesia,
y, según Elena G. de White, lo seguirá siendo hasta
el tiempo del fin. Muy preocupada por la revelación
recibida, ella escribió: "Engaños de toda clase se
levantarán en el futuro, y queremos un fundamento
sólido para nuestros pies […]. No debe quitarse ni un
alfiler de lo que el Señor ha establecido. El enemigo
traerá teorías falsas, como la doctrina de que no
hay santuario
. Este es uno de los puntos sobre los que
habrá un abandono de la fe […] Estoy orando para que el
poder del Salvador se ejerza a favor de aquellos que han entrado
en las tentaciones del enemigo".[1]

La Iglesia Adventista ha avanzado mucho en el estudio
del tema, y ya es conocida por muchos como la iglesia del
santuario celestial real. Pero la doctrina de un templo en el
cielo, ha movido a nuestros estudiosos como un péndulo
desde una interpretación totalmente literal, con todos los
problemas que acarrea (como lo es la doctrina del "velo" y "la
puerta cerrada"(, a otra completamente figurada. Como las
posiciones presentadas no concuerdan plenamente con la
revelación inspirada, algunos eruditos decidieron
abandonar este estudio, mientras otros optaron por acercarse a la
posición cristiana mayoritaria.

Pero en el capítulo 23 de las Creencias de
los Adventistas del Séptimo Día,
bajo el
título "El Ministerio de Cristo en el Santuario
Celestial"; y el subtítulo: "El Santuario del Cielo",
creemos: "Por lo tanto, es claro que la Sagrada Escritura
presenta el santuario celestial como un lugar real (Heb.
8:2), y no una metáfora o abstracción. El santuario
celestial es la morada primaria de
Dios".[2]

El autor.

Siete
interpretaciones más importantes acerca del Santuario
Celestial

De las interpretaciones que hay acerca del tema,
señalo siete que tienen algún apoyo de las
Escrituras y que las consideraremos en forma breve; con
excepción de la última, porque no sólo se
ajusta más a la Revelación, sino que también
queda libre de toda declaración inspirada que conozco, que
se le oponga en algún punto.

1° EL SANTUARIO CELESTIAL ES LA IGLESIA DE DIOS, POR
LO TANTO ES ESPIRITUAL

Esta es una verdad bíblica: Cada creyente es
parte de este "templo" (1 Cor. 3:16,17; 6:19). Está entre
nosotros pero no lo vemos porque no es un edificio de materiales.
Cristo es "la principal piedra del ángulo" (1 Ped.
2:4,5,9; Isa. 28:16). Y como, salvo el santísimo, este
santuario está en la tierra, los enemigos de Dios pueden
obrar contra él y tener cierto éxito (Dan. 8:13;
11: 31). Esto lo vemos más claramente en Apocalipsis
11:2.

Sin embargo, esta posición tiene problemas con
otras partes de la Revelación, donde señala que
además de este "templo" figurado, hay uno físico
real "no de esta creación" (Heb. 9:11). Así que,
aunque "este tabernáculo [terreno] se deshiciere, tenemos
de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los
cielos" (2 Cor. 5:1). Aquí el apóstol compara
nuestro nuevo cuerpo con el templo celestial que Dios
edificó, refiriéndose al pasaje de Salmos 78:69,
donde dice: "Edificó su santuario a manera de eminencia "
(ruwm: de los altos).

El templo celestial es alto, porque Isaías vio
"al Señor sobre un trono alto […] el templo"
(heikal: Isa. 6:1). Y Juan dice que oyó una "voz
del templo del cielo, del trono" (Apoc. 16:17), cuya altura es
igual (isos) a los lados de la ciudad (21:16). Este
"templo" (heikal) celestial se lo menciona
también en Miqueas 1:2,3; Jonás 2:7 y Hebreos 2:20,
porque el "trono de gloria, excelso desde el principio, es el
lugar de nuestro santuario" (miqdash: Jer. 17:12).
Así que es "su santo templo […] su trono" (Sal. 11:4.
Ver Eze. 47:12; Apoc. 22:1,2). "Entendemos de estos textos que
así como el trono de Dios es real, y Jesús que
está sentado en él es real, el santuario o
tabernáculo del cielo será así mismo
real"[3].

En el templo figurado, Cristo es parte importante de
este edificio espiritual. Pero en el real, el Señor es una
persona y el templo una edificación; por lo tanto no puede
ser parte de este edificio. En este caso Cristo puede entrar o
salir de la edificación (Mal. 3:1; Dan. 7:13). Pero Cristo
nunca traspasará a su pueblo, cuando dice que
"traspasó los cielos" (Heb. 4:14), sino el cielo estelar
para llegar a su trono-templo (2 Cor. 12:2).

2° EL SANTUARIO CELESTIAL ES EL COSMOS, PUES EL
SANTÍSIMO ES EL CIELO, Y EL LUGAR SANTO ABARCA TODOS LOS
MUNDOS.

Esta interpretación también tiene apoyo de
la Biblia y de los Testimonios, pues así como los pecados
de Israel contaminaban todo el santuario terrenal (Lev. 15:31;
20:3; Núm. 19:13; 2 Crón. 36:14; Eze. 23:39),
así los de este mundo contaminan todo el universo, pues el
gobierno celestial pierde seguridad y confianza para todos los
seres creados. De ahí la promesa del A.T.: "Él
edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para
siempre el trono de su reino […] y tu trono será estable
eternamente" (2 Sam. 7:13-16). Con respecto a la palabra "casa,
esto es, el templo" (1 Rey. 6:17). Y Elena G. de White
escribió: "La iglesia de Dios en la tierra es una con la
iglesia de Dios en el cielo. Los creyentes en la tierra y los
seres del cielo que nunca han caído constituyen una sola
iglesia".[4]

Pero aquí se debe explicar por qué, si
todo lo creado es santuario, Cristo deba traspasar los cielos
para salir o llegar al templo, como señalé; por
qué Jesús aceptó ser Rey de su iglesia (Luc.
23:3) pero no de este mundo (Juan 18:36), que sería parte
de este santuario (Ver Apoc. 11:2), y por qué él
dice que está "en el cielo" (Apoc. 11:19;
14:17).

3° EL SANTUARIO DEL CIELO ES LA NATURALEZA HUMANA
GLORIFICADA DE CRISTO.

Es verdad que el templo y sus muebles representaban la
persona de Cristo. Él es el "templo" que edificó (2
Sam. 7:13,14) y reedificó al tercer día de su
muerte (Juan 2:19, 20;10:9); y él es el "velo" de ese
templo, desde que fue destruido el terrenal (Mat. 27:51; Heb.
10:20).

Como Cristo es el "Santo de los santos" (Dan. 9:24) o
Santísimo (qodesh qodashim), todos los muebles
del tabernáculo eran qodesh qodashim. Lo era el
arca del testimonio (Éxo. 30: 26,29). Y como en él
estaban los "oráculos de Dios"[5],
también al lugar santísimo se le llamaba
debír (oráculo de dabár:
palabra.1 Rey. 6:5,19-23, 31; 7:49; 8:6,8; 2 Crón. 4:20;
5:7,9; Sal. 28:2). Juan revela que el mismo Logos
(Palabra), "fue hecho carne, y habitó entre nosotros"
(Juan 1:1,14). Pero con la expresión "Logos", Juan no
está negando la personalidad de Dios,
transformándolo en una simple idea o palabra, sino que
hace referencia al Debír del A.T., es decir al
"Santísimo" y a la "Ley santísima". Entonces
podríamos leer Juan 1:1 así: "En el principio era
el "Oráculo santísimo", y el Santísimo era
con Dios, y esa Ley santísima era Dios […] Y aquella
"Ley santísima" fue hecha carne" (Juan 1:1-14). Cristo es
la encarnación del carácter de Dios: la Ley de Dios
basada en los dos grandes y eternos principios de amor del
trono.

También era santísimo el altar del
holocausto (Éxo. 29 37; 40:10; Lev. 7:1,6), porque
representaba la muerte del Santo de los santos en el Calvario.
Así mismo eran santísimos los muebles del lugar
santo (Éxo. 30:26-29; Lev. 2:3,10; 10:12; 24:5,9; 27:28,
etc.), porque representaban su obra a favor de los santos como
"pan" de la presencia de Israel y "la luz del mundo" (Heb. 9:3,4;
Apoc. 9:13; Juan 6:35,51; 3:19; 8:12). Por eso, después
que Juan vio ese templo con los muebles y el velo, entre las
figuras celestiales; y luego en su última visión
vio el cielo tal como es, dijo sorprendido: "Y no vi en ella
templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de
ella, y el Cordero" (Apoc. 21:22).

Sin embargo, esta posición no puede explicar por
qué la Biblia habla de un trono alto que Dios
edificó; que ese "trono" es el "templo" celestial; por
qué Cristo tiene que traspasar los cielos para entrar en
él, y por qué puede entrar y salir de ese templo,
como ya señalé. Tampoco puede explicar por
qué en el cielo había un "templo" (heykal)
o "santuario" (qodesh-miqdash) antes que Cristo tomara
la naturaleza humana (2 Sam. 22:7; 18:6; 48:9; Isa. 6:1;
Jonás 2:7; Hab. 2:20. Éxo. 15: 17; 2 Sam. 30:27;
Sal. 68:35; 78:69; 96:6; 102:19; 134:2; Jer. 17:12; Eze. 47:12;
Apoc. 22:1,2).

4° EL SANTUARIO CELESTIAL ES CRISTO EN
GLORIA

Esta interpretación eucarística del
catolicismo romano, es la que se aleja más de la
Revelación. Y debe explicar por qué, si el Hijo de
Dios es eterno, tuvo que edificar el "templo"; tuvo que traspasar
los cielos para entrar en él, y porqué Juan vio al
Señor en su última visión, pero no pudo ver
el "templo" (Apoc. 21:22).

5º EL SANTUARIO CELESTIAL ES NUESTRO
CUERPO

Esta posición surgió en nuestra iglesia
por el Dr. John Harvey Kellog y sus ideas panteístas de la
"esencia divina"; y a mediados del siglo XX por Robert D.
Brinsmead, afirmando que el Lugar Santísimo de Dios es
nuestro "subconsciente" –que hoy se sabe que es la memoria
de todo lo bueno y malo que ha sido grabado químicamente
en nuestro cerebro, antes que aflore a nuestro consciente–,
y el Lugar Santo la conciencia. Sostener que lo malo que hemos
grabado en nuestra mente es el lugar más sagrado de Dios,
es insostenible. Sabemos que el Señor ama al pecador, pero
no puede reinar en el pecado sin hacer antes una clara
separación. Y a principios del siglo XXI se propagó
en Brasil la teoría de que nuestro cuerpo es el "Santuario
literal de Dios". El Atrio es la cavidad abdominal; el Lugar
Santo el tórax, y el Lugar Santísimo la caja
craneana; siendo nosotros mismos el sacerdocio.[6]
Es verdad que el Señor nos compara con el santuario de
Dios; y Pablo dice claramente que ese "templo" es nuestro
"cuerpo" (1 Cor. 3:16,17; 6:19,20). Pero si él no entra en
detalles señalando el abdomen, el tórax y el
cráneo, es porque nos presenta como una alegoría
del "verdadero", que no está en nuestro cuerpo sino "en
los cielos" (Heb. 8:1,2). Así que si nosotros
fuésemos sacerdotes del "verdadero", Pablo argumenta que
"ni siquiera" lo seríamos por no haber derramado nuestra
sangre para remisión del pecado en el cuerpo (8:3,4;
9:22).

6° EL SANTUARIO CELESTIAL ES LA IGLESIA DE DIOS EN
SENTIDO FIGURADO, Y ES TAMBIÉN UN EDIFICIO REAL QUE
ESTÁ EN EL CIELO. TIENE DOS DEPARTAMENTOS CON MUEBLES: EN
EL PRIMERO, CRISTO OFICIA LA GRACIA DESDE SU ASCENSIÓN; Y
EN EL SEGUNDO, SU OBRA DE JUICIO DESDE 1844. SI LA
REVELACIÓN DICE QUE SE SENTÓ EN EL TRONO CON SU
PADRE, LO HIZO SÓLO PARA INAUGURAR EL TEMPLO. EN EL
PENTECOSTÉS PASÓ AL LUGAR SANTO, Y VOLVIÓ AL
SANTÍSIMO AL FIN DE LOS 2.300 DÍAS-AÑOS DE
DANIEL.

Esta interpretación es la que se acerca
más a la Palabra de Dios, y es la que viene sosteniendo la
mayoría de los teólogos de nuestra iglesia. El
santuario terrenal que Dios presentó a Moisés fue
hypodeigma: una "figura"; una "sombra"
(skiá) y una parábola o símbolo
(parabolé) de las cosas celestiales (Heb. 8:5;
9:9,23). Pero también fue un "modelo" (typos)
(Heb. 8:5. Ver Éxo. 25:40), "es decir, una
representación, en miniatura, del templo
celestial"[7].

No es lo mismo hablar de figura que de un modelo en
miniatura. Por lo tanto, si el tabernáculo de
Moisés estaba dividido por un "velo" (Éxo. 26:33)
en un primer departamento llamado "el lugar santo" (Heb. 9:2), y
en un segundo llamado "el lugar santísimo" (9:3), el
celestial también debe estar dividido por un velo o puerta
(Apoc. 3:7,8; 11:19; Isa. 22:22). En el lugar santo tiene que
estar el candelero (Apoc. 1:12,13,20; 2:1,5; 4:5) y el altar del
incienso (8:3,5; 9:13; 14:18; 16:7); y en el santísimo, es
decir en el trono, el arca del testimonio (11:19).

Como en el terrenal se ofrecían diariamente los
sacrificios sobre el altar del holocausto, símbolo de la
muerte del "Cordero de Dios"; pero no se ofrecía el
perdón por la culpa de un pecado voluntario, sino
después de registrar con la sangre en el lugar santo hacia
el santísimo (Lev. 4:5,6; 6:1-7, etc.), Cristo no
sólo murió sino también fue "resucitado para
nuestra justificación" (Rom. 4:25) "para interceder" por
nosotros (Heb. 7:25), a fin de que recibamos "ahora la
reconciliación" (Rom. 5:11).

Una vez al año, en el santuario terrenal se
hacía "memoria" de los pecados (Heb. 10:3) para hacer un
juicio, y una expiación final de todo registro de pecado
(chatta'ah), acumulado en el santuario (9:7; Lev.
16:15-21, 29-31). Se lo realizaba para vindicar la morada de Dios
mediante una limpieza. Y esa sangre se depositaba sobre un macho
de cabrío que se lo abandonaba en el desierto hasta morir
(16: 20-28). Así también Cristo "ha establecido un
día, en el cual ha de juzgar" (Hech. 17:31), no
sólo al impío, sino también "al justo" (Ecl.
3:17; Dan. 12:1,2; 2 Cor. 5:10; Apoc. 3:5), para que el trono de
Dios sea vindicado.

Como en su regreso Cristo dará su recompensa a
los justos (Mat. 25:31-34), el juicio investigador debe comenzar
"por la casa de Dios" (1 Ped. 4:17). Y Cristo lo realiza en el
lugar santísimo, así como se lo realizaba en el
santuario terrenal (Lev. 16:2). Este juicio debe realizarse antes
de la segunda venida de Jesús. Por eso Daniel vio que el
sacrificio "continuo", o diario (tamiyd), debía
terminar al fin de los 2.300 días proféticos (Dan.
7:13,14; Núm. 14:34; Eze. 4:6; Lev. 25:8). Es decir, en el
tiempo del fin previo a su regreso (Dan. 8:17,26; Mat.
24:3,15,29, 30,36. Dan.12:1,2; 7:22), cuando todavía
estaría obrando la "bestia" romana y su "cuerno"
(7:7-11).

El juicio celestial que vieron los profetas, donde Dios
el Padre es el "Juez" (7:9,10) y el Hijo del Hombre el abogado
que se traslada al santísimo (7:13,14; Mal.3:1), no se
realiza porque Dios lo necesita, sino para que los ángeles
y todos los testigos del universo queden libres de toda duda en
cuanto a la justicia divina (de tsadaq: Dan. 8:14), y el
trono de Dios sea "estable eternamente" (2 Sam.
7:13-16).

Ésta es sólo una exposición muy
breve, de la amplia documentación inspirada que presenta
esta última posición acerca del santuario
celestial. Pero, a pesar del gran respaldo que tiene de la
Revelación, hay algunas cosas que todavía no ha
podido resolver, lo que nos lleva a seguir buscando la verdad en
una posición más perfecta.

Problemas de esta última
posición:

Si el templo celestial consta de dos departamentos
reales, siendo el "trono" el Lugar Santísimo,
¿cuál es el Lugar Santo y dónde se
encuentra? En el modelo terrenal, los dos lugares santos estaban
separados por un "velo". Por lo tanto, inmediatamente delante del
trono debería encontrarse una segunda habitación
iluminada con lámparas. Pero en lugar de esta
habitación santa, la Revelación nos dice que
está el "río" que sale directamente "del trono";
corre por "en medio de la calle de la ciudad" (Apo. 22:1,2), y el
lugar no tiene "necesidad de luz de lámpara" (22:5). Estos
pasajes citados vienen de Ezequiel 47:12, donde dice que "sus
aguas salen del santuario" (miqdash), complicando las
cosas aún más. Miqdash aparece
también en el capítulo 16 de Levítico, donde
al tabernáculo completo se lo señala en tres
secciones: El lugar santísimo, llamado "santuario"
(miqdash); el santo, llamado "el tabernáculo de
reunión"; y el atrio del holocausto, llamado "el altar"
(Lev.16:16-20,33; Éxo.40:24). Así que ahora el
trono, el santuario y el santísimo tienen el mismo nombre;
lo que nos hace pensar que podría tratarse de lo mismo. De
esto hablaré más adelante.

En las primeras visiones, Juan vio los muebles del lugar
santo "delante del trono" (Apoc. 4:5; 8:3; 9:13). Él no
pensó que vio una representación de las cosas
terrenales en el cielo, sino el templo real. Por eso, cuando en
la última visión vio el trono, o lugar
santísimo —también llamado
"santuario"—, buscó el lugar santo con sus muebles,
pero no lo encontró. Entonces entendió que lo
anterior era una figura del verdadero, y dijo: "Y no vi en ella
templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de
ella, y el Cordero" (Apoc. 21:22). El trono o santuario (ver
también Jer. 17:12; Heb. 8:1,2) estaba, pero lo
demás no, porque era una figura del Señor y su
ministerio celestial.

Por ignorar las Escrituras, algunos argumentan que Juan
no vio entonces el santuario o templo celestial, porque la
visión estaba describiendo escenas de la tierra nueva.
Entonces no habrá pecado, por lo tanto concluyen que
tampoco habrá un santuario. Pero en el mismo
capítulo, Juan revela que el "santuario" seguirá en
pie, y por lo tanto descenderá con la santa ciudad a este
mundo mil años después de su segunda venida (Apoc.
21: 2,3). Esto se debe a dos razones muy simples:

1.º El "tabernáculo" o "santuario" (Heb.8:2)
celestial es eterno (Éxo. 15:17; Sal. 46:4,5; 61:4; Eze.
37:25-28; Isa. 33:20,21).

2.º Existió antes, y existirá
después del pecado, porque el templo del cielo no fue
hecho por causa del pecado, sino que la misma morada de la Deidad
fue transformada en un centro de salvación.
Jeremías nos dice con claridad: "Trono de gloria, excelso
desde el principio, es el lugar de nuestro santuario" (Jer.
17:12). Y Moisés agrega: "En el lugar de tu morada, que
tú has preparado, oh Jehová, en el santuario […]
Jehová reinará eternamente y para siempre"
(Éx.15:17).

El "trono" de Dios es la "casa" (Isa. 6:1; Eze. 43:6,7;
Cor. 5:1), el "templo" (Sal. 11:4; Isa. 6:1; Mal. 3:1; Apo.
16:17) y el "santuario" propiamente dicho (Jer. 17:12; Eze. 47:12
con Apoc. 22:1,2; Heb. 8:1,2). Por lo tanto, el argumento de que
el santuario celestial dejará de existir al fin del
pecado, también dejaría sin existencia el trono o
morada eterna de Dios (Sal. 9:7; 45:6; Jer. 17:12; Juan
5:19).

Cuando Juan dice que no vio el templo, quiso decir que
no vio ni los muebles ni el "velo" o "puerta" que da al
santísimo de las primeras visiones, de lo contrario
hubiera dicho: "Vi el templo, pero estaba vacío". No vio
dos lugares santos ni una habitación dividida con un velo,
sino sólo el "trono". Por eso el apóstol
entendió que el templo anterior era una figura del Cordero
sentado a la diestra del Todopoderoso, mientras intercede y hace
juicio por el hombre. Pablo lo dice así: "El punto
principal de lo que venimos diciendo es que […] se sentó
a la diestra del trono […que es] aquel verdadero
tabernáculo
" (Heb. 8:1,2).

Una vez que Juan entendió que había
confundido los símbolos con la realidad, explicó
por qué no vio entonces el velo del santísimo; y lo
hizo inmediatamente después de su declaración en
Apoc. 21:22: "La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que
brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina" (vers. 23).
En el tabernáculo terrenal nunca se abrían los dos
velos al mismo tiempo. Cuando se abría uno, se cerraba el
otro, para que nadie muriera por la gloria de Dios (Rom. 3:23;
Éxo. 40:3,35). Así que si hubiera allá un
velo o puerta delante del santísimo trono, la gloria de
Dios no podría iluminar la ciudad.

Los que apoyan esta quinta posición, argumentan
que Cristo no fue al trono para mediar por los arrepentidos, sino
para "inaugurar" el templo, así como Moisés y
Aarón lo hicieron al inaugurar el tabernáculo
terrenal. Pero ellos lo hicieron antes del momento de la
inauguración (Éxo.39:43). Cuando en el octavo
día Dios manifestó su gloria en el
santísimo, Moisés y Aarón no se encontraban
allí, pues habían salido para bendecir al pueblo
(Lev. 9:1-4, 23). Y desde ese momento del día de la
inauguración, no pudieron entrar ni siquiera al lugar
santo (Éxo. 40:35). Algo semejante ocurrió en la
inauguración del templo de Salomón (1 Rey. 8:10,11;
2 Crón. 5:11-14).

Como el terrenal era figura del celestial, era necesario
que la presencia de Dios estuviera en el momento que
Moisés y Aarón entraran —como ocurrió
después con los sumos sacerdotes—, pues la entrada
de Cristo resucitado a la sala del trono celestial,
ocurriría con la presencia del Padre para confirmarle su
derecho para salvar (Heb. 1:3-9; Mat. 28:18). ¿Por
qué la presencia de Dios no estuvo cuando Moisés y
Aarón entraron al santísimo, pero sí estuvo
en cada entrada de los sumo sacerdotes en los ritos del yom
kippur
? Como ya cité de las Escrituras, el templo
celestial no fue inaugurado después de la
resurrección de Cristo, pues existe "desde el principio".
Tampoco fueron inaugurados sus servicios, pues el perdón y
el registro de los pecados ya se realizaban antes de la
crucifixión, gracias a una promesa de Cristo con juramento
(Heb. 6:17-20). Esa es la causa por qué la
"inauguración" del santuario del cielo no se registra en
ninguna parte de la Biblia, ni en los escritos de Elena G. de
White.

El inicio o la inauguración que se menciona en
Hebreos 10:20 (enkainizo: renovar, hacer de nuevo, otra
vez, iniciar, inaugurar, consagrar), no es del
santuario del cielo -lamento que todavía algunos insisten
en este error, forzando la Revelación a decir lo que no
dice-, sino del "camino" (jodós), para "tener
libre acceso a Dios".[8] "Dando el Espíritu
Santo a entender con esto que aún no se había
manifestado el camino al Lugar Santísimo" (Heb.
9:8) -mejor dicho santuario, pues el "trono" no
sólo es lugar de juicio, sino también "de la gracia
(4:16). Por eso es el naós:"templo", y "el
verdadero tabernáculo" (8:1,2).

El "santuario" (miqdash) celestial ya estaba
"afirmado" en los días de Moisés (Éxo.
15:17) antes que se construyera el santuario (miqdash)
del desierto (25:8,9). Aunque el Hijo de Dios todavía no
había recibido autoridad (Mat. 28:18), ya era "sacerdote"
por su promesa con juramento. Cerca de mil años antes de
la ascensión de Cristo el rey David escribió:
"Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tu eres
sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. El
Señor está a tu diestra" (Sal. 110:4,5pp.).
Aunque todavía no juzgaba (vers. 6), ya ejercía el
sacerdocio a la "diestra" de Dios (vers. 5), es decir en el mismo
lugar que lo vio Pablo ejerciendo como "mediador" 35
años después del Pentecostés: "Tenemos tal
sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de
la Majestad en los cielos […] es mediador de un mejor
pacto, establecido sobre mejores promesas" (Heb. 8:1-6). Cristo
era sacerdote con promesa a la diestra del Padre, pero desde que
derramó su sangre es mediador con una promesa
mejor, porque desde la crucifixión tiene autoridad para
perdonar. Elena G. de White escribió que "la
entronización del Unigénito Hijo de Dios en su
reinado de mediación […] penetra hasta dentro del velo,
donde Jesús entró por nosotros como precursor,
hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de
Melquisedec".[9] Así que no fue al trono
para inaugurar su sacerdocio, sino para mediar por los
arrepentidos, en el mismo lugar que ocupó para mediar
antes de la cruz, según el orden de Melquisedec (Sal.
110:1,4).

Antes de la cruz ya estaba en su "templo"
(heikal) (2 Sam. 22:7; Sal. 18:6; 29:9; 48:9; Isa. 6:1;
Jonás 2:7; Miq. 1:2; Hab. 2:20); y ya intercedía
allí (qodesh) para los que pedían el
perdón. El rey David escribió: "Oye la voz de mis
ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu santo
templo" (Sal. 28:2). La palabra hebrea que se lee en este texto
es debír (oráculo, de
dabár: palabra). Aparece 16 veces en el A.T., y
se la emplea generalmente para señalar al lugar
santísimo del santuario, donde se encontraba la Palabra
divina de los Diez mandamientos (1 Rey. 6:5,16,19-23; 2
Crón. 4:20; 5:7,9). Y sabemos que el lugar
santísimo era símbolo de la obra que Dios realiza
en el trono. Así que el rey David y el apóstol
Pablo nos dicen que la obra de mediación de Cristo, para
salvar a los arrepentidos, se realizó siempre en el "trono
de la gracia" (Heb. 4:16). Más exactamente, "a la diestra
del trono de la Majestad en los cielo […] aquel verdadero
tabernáculo que levantó el Señor, y no el
hombre" (Heb. 8:1,2). Y Elena G. de White lo confirma, diciendo
que Cristo obra en el lugar que en el santuario terrenal era el
"lugar santísimo, que representaba el lugar donde
nuestro Sumo Sacerdote intercede en la
actualidad".[10]

Muchos se confunden aquí, pues, como sabemos, la
obra de intercesión se realizaba en el lugar santo, no en
el santísimo. La obra del santísimo sólo se
cumplía en el día del juicio. Pero esto es verdad
sólo para el sacerdocio humano, que necesitaba un "velo"
para no estar delante de la presencia de Dios. Por eso, cuando la
sangre de la ofrenda por el pecado del transgresor, debía
ser rociada sobre la Ley que estaba en el lugar santísimo,
ensuciaba el "velo", es decir la "carne" del Salvador (Heb.
10:20), que se interponía para salvar al pecador de la
condena de la ley. Y cuando a "las oraciones de los santos" se
las representaba en el lugar santo con el "incienso" perfumado
del altar (Apoc. 5:8), debía llegar al lugar
santísimo, pues tanto la intercesión diaria como el
juicio siempre debía dirigirse al lugar santísimo.
Si no llegaba al santísimo o trono de Dios, no
había perdón. Por eso al trono se le llama el
"trono de la gracia" (Heb. 4:16), y no solamente "trono de
juicio" (Prov. 20:8). Esto es muy importante.

Como en el A.T. el perdón era efectivo
sólo por la obra con juramento en el templo celestial
—los sacrificios terrenales no tenían ningún
valor en sí (Heb. 10:1-4)—, ya se registraba el
perdón en los libros del cielo (Sal. 69:28; Mal. 3:16;
Isa. 65:6,7; Neh. 13:14): "Que perdone ahora su pecado, y si no,
ráeme ahora de tu libro que has escrito" (Éxo.
33:32). Entonces "él, misericordioso, perdonaba la maldad,
y no los destruía" (Sal. 78:38. Ver Núm. 14:19;
Sal. 32:1; Isa. 6:7; 43:25). Por eso el Señor ya
podía decir: "Yo deshice como una nube tus rebeliones
[…] tus pecados, vuélvete a mí [debía
volver a pedir la justificación], porque yo te
redimí" (Isa. 44:22; 45:22). "Y creyó a
Jehová, y le fue contado por justicia" (Gén.
15:6).

Puesto que el ritual terrenal no tenía valor
real, Zacarías dice que el sumo sacerdote Josué
(Esd. 2:2) tuvo que ser perdonado por el "ángel de
Jehová" —Cristo, "el Renuevo"— (Zac. 3:1-8).
Elena G. de White confirma lo que señalo en la Biblia de
esta manera: "Hasta entonces [Cristo, antes de la cruz]
había obrado como intercesor por
otros"[11]. Y también dice que en el
Calvario "Jesús estaba ganando el derecho de llegar a ser
el abogado de los hombres ante el Padre"[12]. Es
decir, que el perdón que ofrecía desde el cielo era
sólo condicional, pues todavía no había
derramado su sangre.

Veamos cómo lo expresa la Hna. White: "Se
dirigía al trono de Dios, para ser honrado por los
ángeles, principados y potestades. Había
iniciado su obra de mediación. Revestido de
autoridad
ilimitada, dio su mandato a sus discípulos:
"Id, pues, y haced
discípulos".[13]

"Había enviado el Espíritu Santo del cielo
a sus seguidores como prueba de que, como sacerdote y Rey,
había recibido toda autoridad"[14].
"Jesús estaba adquiriendo [en la cruz] el derecho a
ser abogado de los hombres en la presencia del
Padre".[15]

Notemos que el Señor no fue a la diestra de Dios
sólo para ser honrado, ungido y confirmado en su trono,
sino también para iniciar con autoridad (no inaugurar( su
obra de mediación (Heb. 8:1,6). De esta manera
cumplió la profecía de Zacarías: "Se
sentará y dominará en su trono, y habrá
sacerdote a su lado […]. Y los que están lejos
vendrán, y ayudarán a edificar el templo de
Jehová" (Zac. 6:13-15pp.). Ya era "sacerdote" del "orden
de Melquisedec" a la "diestra" de Dios (Sal. 110:4,5). Pero desde
la crucifixión con pleno derecho. Zacarías nos
confirma que una parte del santuario celestial es real y eterno.
Otra parte, durante el reino de la gracia, se edifica
espiritualmente con el pueblo de Dios en la tierra (1 Ped.
2:5,9). Pablo aclara que el "verdadero tabernáculo que
levantó el Señor y no el hombre", está en el
"trono" de Dios donde Cristo "se sentó a la diestra" del
Padre, y donde oficia de "mediador de un mejor pacto" (Heb.
8:1-6). Sabemos que el trono es el antitipo del lugar
santísimo terrenal. Por eso muchos que apoyan esta quinta
posición, argumentan que Cristo intercede a la diestra de
Dios, pero no en el santísimo, sino en el santo, porque el
trono celestial es un trono movible. Entonces —dicen—
en el pentecostés, Padre e Hijo se trasladaron en el trono
al lugar santo y volvieron con él al santísimo en
1844.

La visión de Ezequiel en el templo, de donde
buscan apoyo para sostener esta posición, fue vista
también por Isaías. Por eso Elena G. de White
recomienda que se los estudie juntos[16]Pero,
¿se había trasladado Cristo realmente a ese lugar,
o se trataba de una visión simbólica? La pluma
inspirada aclara: "Se le concedió una visión a
Isaías en el que contempló el Lugar Santo y el
Lugar Santísimo del Santuario celestial […] y ante su
mirada se reveló un trono sublime y exaltado que se
elevaba como hasta los mismos cielos"[17]. Vemos
que lo que había descendido en la visión sobre el
templo terrenal, fue todo el templo o "Santuario celestial"; y
que esos lugares santos constituían realmente el "trono"
que está en el cielo. Una visión de Daniel que
trata sobre el asunto, fue vista también por Elena G. de
White. Si leemos en Daniel 7:9-14 y Primeros Escritos,
página 55, notaremos que allí también hay
"ruedas" vivientes que brillan como fuego y forman "un carro de
llamas" o "de nubes" brillantes. Con la figura de un "Anciano de
días", el Padre, que estaba en la visión junto a
Jesús y delante de una "multitud" en gran parte
"indiferente", fue transportado por el carro de nubes al
santísimo, que Malaquías le llama "templo"
(heykal Mal. 3:1). Jesús permaneció
sentado en el trono de ese lugar santo con esa multitud. Y "con
las nubes del cielo" —que es el mismo "carro" con "ruedas"
figuradas que transportará a los redimidos a "la nueva
Jerusalén"[18]— que había sido
transportado el Padre, también fue separado de los santos
nuestro Abogado, y trasladado al "santísimo"; que es el
"trono", el "santuario" y el "templo" celestial. "Satanás
parecía estar al lado del
trono"[19].

Entonces nos preguntamos: Si el trono real es uno
sólo (Sal.11:4; 45:6; 47:8; 89:14,29,36; 97:2; 103:19;
Eze. 1:26; Zac. 6:13; Mat. 5:34; Heb.4:16; 8:1; Apoc. 4:9,12; 5:
1,6,7,11; 7:9,11, 15,17; 8:3,4; 12:5; 14:5; 22:2,3),
¿cómo se pudo transportar al Padre y al Hijo por
separado y estar los dos en el trono? Porque no fueron
trasladados sobre el trono: "Vi al Padre levantarse del trono
[dice la pluma inspirada en la misma página…].
Jesús se levantó del trono". Y al entrar al
santísimo, "el Juez se sentó, y los libros fueron
abiertos".

Entonces, si no aceptamos que la visión
señale cosas figuradas, tenemos que explicar por
qué aquí hay dos tronos con dos asientos cada uno;
por qué Satanás se encontraba allí
después que fue expulsado, y por qué esa multitud
indiferente estaba en el lugar santo del cielo antes de la
segunda venida de Cristo. En Primeros Escritos
página 92, la pluma inspirada confirma que la
visión del Padre y del Hijo en el trono fue real, pero
niega como real lo demás que destaqué.
¿Cuál fue, entonces, el objeto de la visión?
Enseñarnos, principalmente, que el Lugar Santísimo
del templo celestial está en el único trono de
Dios; y el Lugar Santo, donde ahora están los santos de la
iglesia de Cristo.

En una visión posterior, la sierva del
Señor vio que el traslado de Jesús al
santísimo fue en un vuelo hacia arriba, es decir vertical
("winging our way apward"), para
"penetrar"[20] en "la sala del trono del Rey de
reyes"[21]; y que ese viaje fue hecho de "la
ciudad allá abajo"[22]. Aquí se
señala la calle de la ciudad como lugar santo, y al
santísimo en "lo alto de su santuario", como dice el
salmista (Sal. 102:19); o "sobre un trono alto", como lo explica
Isaías (Isa. 6:1). Pero con respecto a la visión de
Primeros Escritos, páginas 54 y 55, en la
página 92 la sierva del Señor aclara que esos
creyentes que parecían estar en la santa ciudad con el
Padre y el Hijo, en realidad "estaban en este estado mortal,
en la tierra, y sin embargo me fue representado como
postrada delante del trono"—es decir en la calle de la
ciudad.

Esta revelación es muy importante, pues aclara
que el lugar santo celestial ahora está en la iglesia del
Señor "en la tierra", mientras Cristo oficia como
"mediador de un mejor pacto" directamente en "el trono de la
gracia" (Heb. 8:6; 4:16); y desde 1844, el mismo y único
trono como "trono de juicio" (Prov. 20:8). Entonces, el cambio de
ministerio se lo representa con el traslado del "trono" al
"trono", que realmente no son dos, sino uno y el
mismo.

De esta manera podemos entender por qué
Malaquías dice que el Señor se trasladó
súbitamente al "templo" (heykal). Exactamente: si
el trono es el "de la gracia" y del "juicio", es el trono de los
dos lugares santos. O sea que es el templo (heykal), y
no un departamento de él. Esto explica por qué en
la visión de Isaías el trono es todo el "santuario
celestial"; y por qué al santísimo del terrenal se
lo llamaba "santuario", lo mismo que al trono celestial. Esto
también explica por qué desde 1844, Cristo realiza
la obra de mediación y de juicio al mismo tiempo y en el
mismo lugar del trono o santísimo. Los que sostienen esta
quinta posición lo admiten junto con la pluma
inspirada[23]Pues, entonces, si ahora el
Señor puede ejercer la obra del lugar santo en el
santísimo, sin necesidad de cambiar de departamento,
¿por qué antes de 1844 el trono no podía ser
el "trono de la gracia"?

Sabemos que cuando los sacerdotes oficiaban en el lugar
santo, ni el arca del testimonio, ni la shekinah, es
decir la presencia de Dios en el santísimo, se trasladaban
al lugar santo. Aunque hay una posición que sostiene que
la mesa de la presencia era la representación del trono en
el lugar santo, la Revelación afirma que "más
allá del velo interior estaba el lugar santísimo
que era el centro del servicio de expiación e
intercesión"[24]. No había un centro
en cada departamento, sino sólo en el santísimo,
desde donde el Señor administraba para los dos lugares
santos; es decir para interceder y para expiar. Por eso la obra
de intercesión en el lugar santo era para que llegara
siempre al santísimo. Habría sido una total falta
de respeto para con el Señor, que los sacerdotes no
rociaran la sangre sobre la mesa de los panes, sino
dándole la espalda para oficiar hacia el santísimo
–donde supuestamente no se encontraría en ese
momento la santa shekinah–, para ensuciar el velo
y los cuernos del altar, cuyo perfume se dirigía
sólo al santísimo.

Como también se argumenta que desde 1844 se puede
obrar al mismo tiempo ambos ministerios en el mismo lugar, porque
el velo ha sido corrido y los dos lugares son ahora uno, la pluma
inspirada nos hace entender, que "cuando el Sumo Sacerdote
entraba en el lugar santísimo […] no se ofrecía
afuera sacrificios expiatorios"[25]. Esos
sacrificios los realizaba el sacerdocio antes de la
expiación de juicio (Núm. 29:7-11). Y el
último sacrificio era del macho cabrío "por
Jehová", que daba la expiación final del año
para que su sangre se rociara sobre el propiciatorio (Lev.
16:9,15) y expiara todas las dependencias del tabernáculo.
Durante esa expiación no se ofrecía la
intercesión particular (16:16-34).

Nunca se realizó la intercesión y el
juicio al mismo tiempo, sino en momentos y departamentos
distintos. Y por eso está el pasaje que dice: "Esto dice
el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que
abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre" (Apoc. 3:7).
Cuando se abre el juicio para un creyente, éste no puede
abrir la primera puerta para suplicar misericordia. Y si ahora
Cristo oficia ambos ministerios, no es porque la puerta se abre y
se cierra al mismo tiempo millones de veces al día, para
responder a cada pedido de los arrepentidos del mundo, y volver
al santísimo. Por eso se trata de una puerta figurada
(parabolé) e individual hasta el fin del tiempo
de gracia. Una puerta real cerrada desde 1844 no dejaría
pasar a nadie. Entonces, dejemos a un lado la creencia de velos o
puertas reales y hablemos de cambios de "ministerio", como
prefirió llamar Elena G. de White luego que
entendió la doctrina de la "puerta
cerrada".[26]

Pero entonces tenemos que saber, por qué el
santuario terrenal estaba dividido por un velo que formaba dos
lugares santos. El velo del santísimo no tenía este
propósito, sino para proteger al sacerdocio de la
condenación divina (Éxo. 40:3). Esta verdad es tan
importante en la Revelación, que al referirse al santuario
de Moisés —que es el único que siguió
con fidelidad el "modelo" celestial— no se habla de este
segundo "velo" con expresiones como puerta (pethach), o
cortina (yeriy"ah), sino únicamente como "velo"
(poreketh) (Éxo. 26: 31, 33,35; 27:21; 30:6;
35:12; 36:35; 38:27; 39:34; 40: 3,21,26; Lev. 4:6,17; 16:2,
12,15; 21:23; 24:3; Núm. 4:5; 18:7; 2 Crón. 3:14).
Siempre que se hace referencia al primer velo y a las
demás cortinas del tabernáculo, se usan las
palabras hebreas pethach (Éxo.26:36; 29:
4,11,31,42; 33:8-10; 36:37; 38: 8,30; 39: 38; 40:5,6,12, 28,29;
Lev.1:3,5,etc.) y yeriy"ah (Éxo. 26:2, 5,8,
9,10,12; 36:9,11,12,15, 17). También se habla de
"cortinas" (en plural) al referirse a todo el cortinaje del
tabernáculo (Éxo. 26:1,2,3,6-9,12,13; 36:8-10,
etc.), pero no cuando se habla del segundo velo en particular. En
este caso se habla del "velo" (santísimo) y "la entrada
para la puerta" (santo: Éxo.
36:35-37[27]26:31-37; 40: 3,6,21); y
también "velo" y "cortina para la entrada del
tabernáculo" (Éxo. 39: 3438).

Algunos creen que la palabra hebrea poreketh no
siempre señala a la cortina que da al santísimo,
pues dicen que en Números 18:7 se habla del primer velo.
Pero cuando poreketh se relaciona con la
expresión "velo adentro", siempre se refiere al que da al
santísimo (Éxo. 26:33; Lev. 16:15). Ellos
argumentan que si se habla del "altar" y del "velo adentro", el
velo más cercano al altar es el primero. Pero el texto
está hablando del ministerio del sacerdocio, que no se
limitaba al servicio diario, sino también al anual, que en
este caso el profeta habría escrito velos en plural.
Así que lo más razonable es interpretar aquí
que se habla de la obra diaria del altar, con la sangre que se
rociaba en el lugar santo, y el servicio anual "detrás del
velo". Ellos creen tener apoyo de Elena G. de White, cuando en
El conflicto de los siglos, pág. 473, lo usa
también para el primer velo. Pero ella está
aplicando allí la figura del santuario terrenal para que
llegue a ser el celestial. Por eso habla de un "atrio exterior"
que existe en el cielo, pero no en el tabernáculo del
desierto; y al "verdadero santuario" lo ubica junto con Pablo
directamente "a la diestra" de Dios "como mediador" en el
"trono"; también llamado "el cielo mismo", que ella
menciona en la misma página (Heb. 8:1,2,6; 9:24). "Cielo
mismo" significa "trono" (Sal. 102:19; Isa. 66:1). Por eso, en
Hebreos 6:19, Pablo relaciona la expresión "dentro del
velo" con las revelaciones de Salmos 110:1,4, donde el sumo
sacerdote del orden de Melquisedec intercede –lo que era en
el altar, primer velo y lugar santo– a la "diestra" de Dios
–el segundo velo y lugar santísimo–. Luego
volveremos a esto.

Desde que el tabernáculo llegó a ser un
templo, el primer velo llegó a ser una "puerta" (Eze.
8:14,16; 10:19; 40:13; 41:2, 3,etc.) que se cerró con
"llaves" (Isa. 22:22; Jue. 3:25; Mat. 27:19, etc.). Así
que, cuando en el N.T. se habla de "velo"
(katapétasma) del santuario (Mat. 27:51;
Mar.15:38; Luc. 10:20; 23: 45) —salvo en Hebreos 9:3, donde
después veremos por qué Pablo le da un sentido
particular—, se habla de ese único "velo" que da al
santísimo.

Partes: 1, 2

Página siguiente 

Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.

Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.

Categorias
Newsletter