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Psicología IV. El fenómeno de la conciencia y su funcionamiento



Partes: 1, 2

  1. Impulsos y
    desdoblamiento de impulsos
  2. La conciencia, la
    atención y el "yo"
  3. Espacialidad y
    temporalidad de los fenómenos de
    conciencia
  4. Estructuras de
    conciencia
  5. Estructuras,
    estados y casos no habituales
  6. La "conciencia
    perturbada"
  7. La "conciencia
    inspirada"
  8. Fenómenos
    accidentales y fenómenos deseados
  9. El desplazamiento
    del yo. La suspensión del yo
  10. El acceso a los
    niveles profundos

Conferencia dada por Silo en Parque
La Reja, Buenos Aires, a mediados de Mayo de 2006

1. Impulsos y
desdoblamiento de impulsos

Se afirmó en Psicología
III[1]que el trabajo de un impulso en cualquier
circuito termina por dar registro interno al sujeto. Uno de los
circuitos comprende la percepción, la
representación, la nueva toma de la representación
y la sensación interna en general. Otro circuito nos
muestra el recorrido de impulsos que terminan en las acciones
lanzadas hacia el mundo externo, de las cuales el sujeto tiene
también sensación interna. Esta toma de
realimentación es la que permite aprender de las propias
acciones por perfeccionamiento de la acción anterior o por
descarte del error cometido. Todo esto quedó claro con el
ejemplo de aprendizaje en el uso de un
teclado[2]

Por otra parte, todo impulso que termina en el
intracuerpo o en el exterior del cuerpo, da registros de
distintos emplazamientos en el espacio de representación,
pudiendo señalarse que los impulsos del intracuerpo se
emplazan en el límite táctil – cenestésico
hacia "adentro" y los impulsos que terminan en acciones en el
mundo externo se registran en el límite táctil-
kinestésico hacia "afuera" del cuerpo. Cualquiera sea la
dirección del impulso que necesariamente cuenta con un
correlato de información o sensación interna,
siempre modificará el estado general del circuito. Con
respecto a esta aptitud transformadora de los impulsos, podemos
considerar dos tipos: 1.- aquellos capaces de liberar tensiones o
hacer descarga de energía psicofísica, a los que
llamaremos "catárticos" y 2.- los que permiten trasladar
cargas internas, integrar contenidos y ampliar las posibilidades
de desarrollo de la energía psícofísica, a
los que llamaremos "transferenciales". Por tanto, todo impulso,
independientemente de su dirección, tendrá una
aptitud predominantemente catártica o transferencial.
Además, en todo impulso existirá una cuota de
gratificación o malestar, de agrado o desagrado, que
permitirá al sujeto hacer selección de sus actos de
conciencia o de sus acciones corporales.

Los impulsos se "desdoblan" a través de
realimentaciones diversas como las que permiten cotejar registros
de percepciones con registros de representaciones y a las que
necesariamente acompañan "retenciones" o memorizaciones de
las mismas. Existen otros desdoblamientos que "enfocan"
más o menos voluntariamente, a las percepciones y a las
representaciones. Estos desdoblamientos han sido designados como
"apercepciones", es decir como selección y
dirección de la conciencia hacia las fuentes de
percepción y como "evocaciones", es decir como
selección y dirección de la conciencia hacia las
fuentes de retención. La voluntaria e involuntaria
dirección y selección de la conciencia hacia sus
distintas fuentes constituye la función que
genéricamente ha sido llamada
"atención".

2. La conciencia,
la atención y el "yo"

Llamamos "conciencia" al aparato que coordina y
estructura las sensaciones, las imágenes y los recuerdos
del psiquismo humano. Por otra parte, no se puede ubicar a la
conciencia en un lugar preciso del sistema nervioso central, o en
algún punto y profundidad cortical o subcortical. Tampoco
es el caso de confundir puntos de trabajo especializado, tales
los casos de los "centros", con estructuras de funcionamiento que
se verifican en la totalidad del sistema nervioso.

Para una mayor claridad expositiva, designamos como
"fenómenos conscientes" a todos los que ocurren en los
diferentes niveles y estados de vigilia, semisueño y
sueño, incluidos los subliminales (que suceden en el
límite del registro de lo percibido, de lo representado y
de lo recordado). Desde luego, al hablar de lo "subliminal", no
nos estamos refiriendo a un supuesto "subconsciente" o
"inconsciente".

A menudo se confunde la conciencia con el "yo" cuando en
realidad este no tiene una base corporal como ocurre con aquella
a la que se puede ubicar como "aparato" registrador y coordinador
del psiquismo humano. En su momento dijimos: "… Ese registro de
la propia identidad de la conciencia está dado por los
datos de sentidos y los datos de memoria más una peculiar
configuración que otorga a la conciencia la ilusión
de permanencia no obstante los continuos cambios que en ella se
verifican. Esa configuración ilusoria de identidad y
permanencia es el yo
"[3]. En los estados
alterados de conciencia se comprueba frecuentemente que esta se
mantiene en vigilia al tiempo que determinados impulsos que
deberían llegar a su registro han sido bloqueados,
sufriendo la noción del yo una alteración o
extrañamiento; se pierde reversibilidad, sentido
crítico y a veces, las imágenes descontextualizadas
toman "realidad" externa alucinatoria. En esa situación,
el yo es registrado como emplazándose en zonas
límites externos del espacio de representación y a
cierta "distancia" del yo habitual. El sujeto se puede
experimentar registrando y sintiendo fenómenos que
provienen del mundo externo cuando en rigor, los fenómenos
mencionados no son de percepción sino de
representación. A estos fenómenos en los que la
representación sustituye a la percepción y, por
tanto, se los sitúa en un "espacio externo" hacia cuyo
límite se desplaza el yo, solemos llamarlos
"proyecciones".

3. Espacialidad y
temporalidad de los fenómenos de
conciencia[4]

En vigilia activa, el yo se ubica en las zonas
más externas del espacio de representación,
"perdido" en los límites del tacto externo, pero si hago
apercepción de algo que veo, el registro del yo sufre un
corrimiento. En ese momento puedo decirme a mí mismo: "veo
desde mí al objeto externo y me registro adentro de mi
cuerpo". Aunque estoy conectado con el mundo externo por medio de
los sentidos, existe una división de espacios y es en el
interno donde me emplazo yo. Si posteriormente apercibo mi
respiración, podré decirme a mí mismo:
"experimento desde mí el movimiento de los pulmones, estoy
adentro de mi cuerpo pero no adentro de mis pulmones".
Está claro que experimento una distancia entre el yo y los
pulmones, no solamente porque al yo lo registro en la cabeza que
está alejada de la caja torácica sino porque en
todos los casos de percepción interna (como ocurre con un
dolor de muelas o un dolor de cabeza), los fenómenos
estarán siempre a "distancia" de mí como
observador. Pero aquí no nos interesa esta "distancia"
entre el observador y lo observado, sino la "distancia" desde el
yo hacia el mundo externo y desde el yo hacia el mundo interno.
Por cierto que podemos destacar matices muy sutiles en la
variabilidad de las posiciones "espaciales" del yo, pero
acá estamos resaltando las ubicaciones diametrales del yo
en cada caso mencionado. Y, en esta descripción, podemos
decir que el yo se puede ubicar en la interioridad del espacio de
representación pero en los límites táctiles
kinestésicos que dan noción del mundo externo y
opuestamente, en los límites táctiles
cenestésicos que dan noción del mundo
interno[5]En todo caso, podemos usar la figura de
una película bicóncava (como límite entre
mundos), que se dilata o contrae y con ello focaliza o difumina
el registro de los objetos externos o internos. La
atención se dirige, más o menos intencionadamente,
hacia los sentidos externos o internos en la vigilia y pierde el
manejo de su dirección en el semisueño, el
sueño y aún en la vigilia de los estados alterados,
ya que en todos esos niveles y estados la reversibilidad es
afectada por fenómenos y registros que se imponen a la
conciencia. Es muy evidente que en la constitución del
yo intervienen no solamente la memoria, la percepción y la
representación, sino la posición de la
atención en el espacio de representación. No se
está hablando, por consiguiente, de un yo substancial sino
de un epifenómeno de la actividad de la
conciencia.

Este "yo-atención" parece cumplir con la
función de coordinar las actividades de la conciencia con
el propio cuerpo y con el mundo en general. Los registros del
transcurrir y de la posición de los fenómenos
mentales se imbrican en esta coordinación a la que se
independiza de la misma coordinación
. Y así,
la metáfora del "yo" termina por cobrar identidad y
"substancialidad" independizándose de la estructura de
funciones de la conciencia.

Por otra parte, los reiterados registros y
reconocimientos de la acción de la atención se van
configurando en el ser humano muy tempranamente, a medida que el
niño dispone de direcciones más o menos voluntarias
hacia el mundo externo y el intracuerpo. Gradualmente, con el
manejo del cuerpo y de ciertas funciones internas, se va
robusteciendo la presencia puntual y también una
copresencia en la que el registro del propio yo se constituye en
concentrador y trasfondo de todas las actividades mentales.
Estamos en presencia de esa gran ilusión de la conciencia
a la que llamamos "Yo".

Debemos considerar ahora al emplazamiento del yo en los
distintos niveles de conciencia. En vigilia el yo ocupa una
posición central dada por la disponibilidad de la
atención y de la reversibilidad. Esto varía
considerablemente en el semisueño, cuando los impulsos que
provienen de los sentidos externos tienden a debilitarse o
fluctuar entre el mundo externo y una cenestesia generalizada.
Durante el sueño con imágenes, el yo se
internaliza. Es, por último, durante el sueño
vegetativo cuando el registro del yo se
esfuma[6]Las transformaciones de los impulsos en
los ensueños vigílicos aparecen en las secuencias
de asociaciones libres con numerosas traducciones
alegóricas, simbólicas y signicas, que conforman el
especial lenguaje de imágenes de la cenestesia. Por
cierto, nos estamos refiriendo a las secuencias imaginarias sin
control, propias de las vías asociativas y no a las
construcciones imaginarias que siguen un desarrollo más o
menos premeditado[7]o a las traducciones de los
impulsos canalizados en las vías abstractivas que
también se manifiestan como imágenes
simbólicas y signicas. Los impulsos,
transformándose en distintos niveles, también hacen
variar el registro del yo en la profundidad o superficialidad del
espacio de representación. Usando una figura, podemos
señalar que los fenómenos psíquicos se
registran siempre entre coordenadas "espaciales" x e
y, pero también con respecto a z, siendo
"z" la profundidad del registro en el espacio de
representación. Desde luego, el registro de cualquier
fenómeno se experimenta en la tridimensionalidad del
espacio de representación (en cuanto a altura vertical,
lateralidad horizontal y profundidad de los impulsos, conforme
mayor externalidad o mayor interioridad), cosa que podemos
comprobar al apercibir o representar impulsos provenientes del
mundo externo, del intracuerpo, o de la memoria.

Sin complicarnos con descripciones propias de la
Fenomenología, debemos considerar ahora algunos
tópicos estudiados exhaustivamente por
ella[8]Así, decimos que en vigilia los
campos de presencia y copresencia permiten ubicar los
fenómenos en sucesión temporal,
estableciéndose la relación de hechos desde el
momento actual en el que estoy emplazado, con los momentos
anteriores de los que proviene el fluír de
mí conciencia y con los posteriores hacia los que se lanza
ese fluir. En todo caso, el instante presente es la barrera de la
temporalidad y si bien no puedo dar razón de él
porque al pensarlo solo cuento con la retención
de lo ocurrido en la dinámica de mi conciencia, su
aparente "fijeza" me permite ir hacia el "atrás" de los
fenómenos que ya no son, o hacia el "adelante" de los
fenómenos que todavía no son. Es en el
horizonte de la temporalidad de la conciencia donde se
inscribe todo acontecimiento. Y en el horizonte restringido que
fija la presencia de actos y objetos, siempre
estará actuando un campo de copresencia en el que se
conectarán todos ellos.

A diferencia de lo que ocurre en el transcurrir del
mundo físico, los hechos de conciencia no respetan la
sucesión cronológica sino que regresan, perduran,
se actualizan, se modifican y se futurizan, alterando al instante
presente. El "instante presente" se estructura por el
entrecruzamiento de la retención y de la
protención. Ejemplificando: un acontecimiento doloroso
imaginado a futuro, puede actuar sobre el presente del sujeto
desviando la tendencia que llevaba su cuerpo en dirección
a un objeto previamente querido. Así, las leyes que se
cumplen en la espacio-temporalidad del mundo físico sufren
un desvío considerable en los objetos y los actos
mentales. Esta independencia del psiquismo, por
"desviación" de las leyes físicas, hace recordar la
idea de "clinamen" que presentara Epicuro para
introducir la libertad en un mundo dominado por el
mecanicismo[9]

Dando por comprendida la estructuralidad de la
conciencia en la relación entre los "aparatos" y las
diferentes vías por la que circula el impulso, podemos
considerar a este en sus distintas transformaciones como el
"átomo" básico de la actividad psíquica. Sin
embargo, tal átomo no se presenta aislado sino en "trenes
de impulsos", en configuraciones que dan lugar a la
percepción, al recuerdo y a la representación. De
este modo, la inserción de lo psíquico en la
espacialidad externa comienza por los impulsos que, convertidos
en protenciones de imágenes kinestésicas, se
desplazan hacia el exterior de la tridimensionalidad del espacio
de representación moviendo al cuerpo. Es claro que las
imágenes cenestésicas y las correspondientes a los
sentidos externos actúan de modo auxiliar (como
"señales compuestas"), en todo fenómeno en el que
se va seleccionando y regulando la dirección e intensidad
motriz. En definitiva, en ese fluir de impulsos relativos al
tiempo y al espacio de conciencia, ocurren los primeros eventos
que terminarán modificando al mundo.

No es ociosa aquí una reflexión general
sobre los hechos en los que el psiquismo actúa desde y
hacia su externidad. Para comenzar, observamos que los objetos
materiales se presentan como espacialidad a la captación
"táctil" de los sentidos externos que diferencian el
corpúsculo, la onda, la molécula, la
presión, la termicidad, etc. Para terminar, decimos que
estas "impresiones", o impulsos externos al psiquismo, ponen en
marcha un sistema de interpretación y respuesta que no
puede operar sino en un espacio interno.

Estamos afirmando del modo más amplio que por
variación de impulsos entre "espacios", el psiquismo es
penetrado y penetra al mundo. No estamos hablando de circuitos
cerrados entre estímulos y respuestas, sino de un sistema
abierto y creciente que capta y actúa por
acumulación y protención temporal. Por otra parte,
esta "apertura" entre espacios no ocurre por franquear las
barreras de una mónada[10]sino porque la
conciencia, ya en su origen, se constituye desde, en y para el
mundo.

4. Estructuras de
conciencia

Los diferentes modos de estar el ser humano en el
mundo[11]las diferentes posiciones de su
experimentar y hacer, responden a estructuraciones completas de
conciencia. Así: la "conciencia desdichada", la
"conciencia angustiada", la conciencia emocionada", la
"conciencia asqueada", la "conciencia nauseada", la "conciencia
inspirada", son casos relevantes que han sido descritos
convenientemente [12]Es aquí pertinente
anotar que tales descripciones se pueden aplicar a lo personal, a
lo grupal y a lo social. Por ejemplo, para describir una
estructura de conciencia en pánico, se debe arrancar de
una situación colectiva, como se reconoce en los
orígenes (legendarios e históricos) de la palabra
"pánico" que designa un especial estado de conciencia. Con
el paso del tiempo, la vocablo "pánico" se usó cada
vez más frecuentemente para explicar una alteración
de conciencia individual[13]

Ahora bien, los casos anteriormente citados pueden ser
entendidas individualmente o en un conjunto (en atención a
la intersubjetividad constitutiva de la conciencia). Siempre que
ocurran variaciones en esas estructuraciones globales,
ocurrirán también variaciones en los
fenómenos concurrentes, tal es el caso del yo. Así,
en plena vigilia pero en estados de conciencia diferentes,
registramos al yo ubicado en distintas profundidades del espacio
de representación.

Para comprender lo anterior, debemos apelar a las
diferencias entre niveles y estados de conciencia. Los niveles
clásicos de vigilia, semisueño, sueño
profundo paradojal y sueño profundo vegetativo, no ofrecen
dificultades de comprensión. Pero en cada uno de esos
niveles tenemos la posibilidad de reconocer posiciones variables
de los fenómenos psíquicos. Poniendo ejemplos
extremos: decimos que cuando el yo mantiene contacto sensorial
con el mundo externo pero se encuentra perdido en sus
representaciones o evocaciones, o se tiene en cuenta a sí
mismo sin intereses relevantes sobre su acción en el
mundo, estamos en presencia de una conciencia vigílica
en estado de ensimismamiento.
El cuerpo actúa
externamente en una suerte de "irrealidad" que
profundizándose, puede llegar a la desconexión y la
inmovilidad. Se trata de un "corrimiento" del yo hacia una
presencia constante de los registros de evocación,
representación, o percecpción táctil
cenestésica y por tanto, la distancia se "alarga" entre el
yo y el objeto externo. En el caso opuesto, el yo perdido en el
mundo externo, se desplaza hacia los registros táctil
kinestésicos sin crítica ni reversibilidad sobre
los actos que realiza. Estamos ante un caso de conciencia
vigílica en estado de alteración
como puede
ocurrir en la llamada "emoción violenta". En este caso, la
importancia que cobra el objeto externo es decisiva,
acortándose la distancia entre el yo y el objeto
percibido.

a. Estructuras,
estados y casos no habituales

Llamamos "no habituales" a los comportamientos que
muestran anormalidades respecto a parámetros del individuo
o del grupo que se esté considerando. Es claro que si la
población de un país o un grupo humano enloquecen,
no dejamos de considerar a esos casos dentro de los
comportamientos "no habituales" por el hecho de contar con
numerosos representantes. En todo caso, ese conjunto humano debe
ser comparado con situaciones estables en que ha vivido y en las
que la reversibilidad, el sentido crítico y el control de
sus actos, tiene características previsibles. Por otra
parte, hay casos "no habituales" que son fugaces y otros que
parecen arraigarse o aún desplegarse a medida que pasa el
tiempo. No es de nuestro interés tipificar esas conductas
sociales desde el punto de vista del Derecho, de la
Economía, o de la Psiquiatría. Tal vez
encontraríamos más motivos de reflexión
sobre estos casos en la Antropología y en la
Historia

Si nuestro interés por los comportamientos "no
habituales" nos lleva al campo de lo personal, o a lo sumo de lo
interpersonal inmediato, seguirán siendo válidos
los criterios de reversibilidad, sentido crítico y control
de los propios actos en relación a esa historia personal o
interpersonal. Aquí también es aplicable lo
comentado anteriormente con respecto a los casos "no habituales"
fugaces y los que parecen arraigarse o aún desplegarse en
su anormalidad a medida que pasa el tiempo.

Llevemos pues nuestro estudio sobre los comportamientos
"no habituales" fuera del terreno de la patología para
concentrarnos, dentro de nuestra Psicología, en dos
grandes grupos de estados y casos a los que hemos llamado el
grupo de la "conciencia perturbada" y el grupo de la "conciencia
inspirada"

b. La "conciencia
perturbada"

Existen diametrales posiciones del yo entre estados
alterados que van desde la actividad cotidiana a la
emoción violenta y estados ensimismados que van desde la
calma reflexiva hasta la desconexión con el mundo externo.
Hay, sin embargo, otros estados alterados en los que las
representaciones se externalizan proyectivamente, de tal modo que
realimentan a la conciencia como "percepciones" provenientes del
mundo externo y otros, de ensimismamiento, en los que la
percepción del mundo externo se internaliza
introyectivamente.

Hemos escuchado y leído historias e informes
seriamente controlados, sobre las alucinaciones que padecen
quienes se encuentran en situaciones de compromiso en las altas
montañas, en las soledades polares, en los desiertos y en
los mares. El estado físico de fatiga, anoxia y sed; el
estado psiquico de abandono en la monotonía del silencio y
la soledad; las condiciones ambientales térmicas extremas,
son elementos que han llegado a conformar casos de alteraciones
alucinatorias y mucho más frecuentemente, casos de
alteraciones ilusorias puntuales.

Por otra parte, del lado del ensimismamiento
introyectivo, la sensación externa llega a la conciencia
pero la representación correspondiente opera desconectada
del contexto general perceptivo realimentando a la conciencia que
interpreta y registra el fenómeno como interioridad
"significativa", como representación que parece
"dirigirse" a la interioridad del sujeto de modo directo. En un
ejemplo: las luces coloreadas de los semáforos de una gran
ciudad, comienzan de pronto, a los ojos de un angustiado
peatón, a "enviar" misteriosos códigos y claves. El
sujeto, a partir de ese momento, se considera como la
única persona capaz de "recibir" y comprender el
significado de esos mensajes.

Los estados alterados proyectados y los estados
ensimismados introyectados corresponden a transitorias o
permanentes perturbaciones de la conciencia vigílica

que mencionamos acá como casos de emplazamientos
diametrales en la ubicación del yo. Por lo demás,
debemos mencionar también a los estados de
alteración y ensimismamiento en el nivel de sueño
con imágenes y en el semisueño.

En Psicología III pasamos revista a numerosos
casos de perturbaciones transitorias de
conciencia[14]Se mencionó la
situación de alguien que proyecta sus representaciones
internas y queda fuertemente sugestionado por ellas, de modo
parecido a lo que ocurre en pleno sueño cuando se padece
la sugestión de las imágenes oníricas. Se
trata de alucinaciones que también ocurren por estados
febriles intensos; por acción química (gases,
drogas y alcohol); por acción mecánica (giros,
respiraciones forzadas, opresión de arterias); por
supresión de sentidos externos (cámara de silencio)
y por supresión de sentidos internos (ingravidez en
cosmonautas).

Debemos considerar también las perturbaciones
accidentales cotidianas. Estas se manifiestan en los cambios de
humor súbito, tales como los accesos de cólera y
las explosiones de entusiasmo que en mayor o menor medida, nos
permiten experimentar el deplazamiento del yo hacia la periferia
mientras cae la reversibilidad y el estado se hace más
alterado. Observamos lo contrario frente a un peligro
súbito, ante el cual el sujeto se contrae o huye tratando
de poner distancia entre él y el objeto amenazante. En
todo caso, el desplazamiento del yo es hacia la interioridad.
También podemos comprobar, en la misma dirección,
ciertas conductas infantiles curiosas. En efecto, los
niños suelen utilizar juguetes monstruosos con los que
"frenan" o "combaten" a otros monstruos que están al
acecho, o se acercan en la noche… Y, cuando esa
tecnología no da resultado, siempre queda el recurso de
las sábanas que ocultan el cuerpo ante las atroces
amenazas. Es claro, en estos casos, que el yo se ensimisma e
introyecta.

c. La "conciencia
inspirada"

La conciencia inspirada es una estructura global, capaz
de lograr intuiciones inmediatas de la realidad. Por otra parte,
es apta para organizar conjuntos de experiencias y para priorizar
expresiones que se suelen transmitir a través de la
Filosofía, la Ciencia, el Arte y la
Mística.

En orden a nuestro desarrollo, podemos preguntar y
responder un tanto escolarmente: ¿Es la conciencia
inspirada un estado de ensimismamiento o de alteración?
¿Es la conciencia inspirada un estado perturbado, una
ruptura de la normalidad , una extrema introyección, o una
extrema proyección? Sin duda que la conciencia inspirada
es más que un estado, es una estructura global que pasa
por diferentes estados y que se puede manifestar en distintos
niveles. Además, la conciencia inspirada perturba el
funcionamiento de la conciencia habitual y rompe la
mecánica de los niveles. Por último, es más
que una extrema introyección o una extrema
proyección ya que alternativamente se sirve de ellas, en
atención a su propósito. Esto último es
evidente cuando la conciencia inspirada responde a una
intención presente o, en algunos casos, cuando responde a
una intención no presente pero que actúa
copresentemente.

En la Filsofía no son de importancia los
sueños inspiradores, ni las inspiraciones súbitas,
sino la intuición directa que aplican algunos pensadores
para aprehender las realidades inmediatas del pensamiento sin
intermediación del pensar deductivo o discursivo. No se
trata de las corrientes "intuicionistas" en Lógica y en
Matemáticas, sino de pensadores que privilegian la
intuición directa como en el caso de Platón con la
Ideas, de Descartes con el pensar claro y distinto, descartando
el engaño de los sentidos y de Husserl con las
descripciones de las nóesis, "suspendiendo el juicio"
(epojé)[15]

En la historia de la Ciencia se rescatan ejemplos de
inspiraciones súbitas que permitieron avances importantes.
El caso más conocido, aunque dudoso, es el de la famosa
"caída de la manzana de Newton"[16]. Si
así hubiera ocurrido, deberíamos reconocer que la
súbita inspiración fue motivada por una lenta pero
intensa búsqueda orientada hacia el sistema cósmico
y la gravedad de los cuerpos. A modo de ejemplo, podemos tener en
cuenta otro caso como el ocurrido al químico
Kekulé[17]Éste soñó
una noche con varias serpientes entrelazadas que le sirvieron de
inspiración para desarrollar las notaciones de la
química orgánica. Sin duda que su
preocupación constante por formular los enlaces entre
substancias siguió actuando aún en el nivel de
sueño paradojal, para tomar la vía de la
representación alegórica.

En el Arte hay muchos ejemplos de sueños
inspiradores. Tal el caso de Mary Shelley[18]Esta
había declarado ante sus amigos, que sentía esa
"…vacía incapacidad de invención que es la mayor
desdicha del autor", pero esa noche vió en sus
sueños al horrendo ser que motivó su novela de
"Frankenstein o el Prometeo moderno". Otro tanto ocurrió
con el sueño de R. L. Stevenson[19]que puso
en marcha su relato fantástico "El extraño caso del
doctor Jekyll y Mr. Hyde". Por cierto que las inspiraciones
vigílicas de escritores y poetas son las más
abundantemente conocidas del campo de las artes. Sin embargo, por
otros medios hemos llegado a conocer inspiraciones de pintores
como Kandinsky[20]que en "Lo espiritual en el
arte", describe la necesidad interior que se expresa como
inspiración en la obra artística. Artistas
plásticos, literatos, músicos, danzarines y
actores, han buscado la inspiración tratando de colocarse
en ambientes físicos y mentales no habituales. Los
diferentes estilos artísticos, que responden a las
condiciones epocales, no son simplemente modas o modos de
generar, captar e interpretar la obra artística, sino
maneras de "disponerse" para recibir y dar impactos sensoriales.
Esta "disposición" es la que modula la sensibilidad
individual o colectiva y es, por tanto, el pre
dialogal[21]que permite establecer la
comunicación estética.

En la Mística encontramos vastos campos de
inspiración. Debemos señalar que cuando hablamos de
"mística" en general, estamos considerando
fenómenos psíquicos de "experiencia de lo sagrado"
en sus diversas profundidades y expresiones. Existe una copiosa
literatura que da cuenta de los
sueños[22]las "visiones" del
semisueño[23]y las intuiciones
vigílicas[24]de los personajes
referenciales de religiones, sectas y grupos místicos.
Abundan, además, los estados anormales y los casos
extraordinarios de experiencias de lo sagrado que podemos
tipificar como Éxtasis o sea, situaciones mentales en que
el sujeto queda absorto, deslumbrado dentro de sí y
suspendido; como Arrebato, por la agitación emotiva y
motriz incontrolable, en la que el sujeto se siente transportado,
llevado fuera de sí a otros paisajes mentales, a otros
tiempos y espacios; por último, como "Reconocimiento" en
que el sujeto cree comprenderlo todo en un instante.
En este
punto estamos considerando a la conciencia inspirada en su
experiencia de lo sagrado que varía en su modo de estar
frente al fenómeno extraordinario, aunque por
extensión se han atribuido también esos
funcionamientos mentales a los raptos del poeta o del
músico, casos en que "lo sagrado" puede no estar
presente.

Hemos mencionado estructuras de conciencia a las que
llamamos "conciencia inspirada" y las hemos mostrado en grandes
áreas conocidas como la Filosofía, la Ciencia, el
Arte y la Mística. Pero en la vida cotidiana, la
conciencia inspirada actúa con frecuencia en las
intuiciones o en las inspiraciones de la vigília, del
semisueño y el sueño paradojal. Ejemplos cotidianos
de inspiración son los del "pálpito", del
enamoramiento, de la comprensión súbita de
situaciones complejas y de resolución instantánea
de problemas que perturbaron durante mucho tiempo al sujeto.
Estos casos no garantizan el acierto, la verdad, o la
coincidencia del fenómeno respecto a su objeto, pero los
registros de "certeza" que los acompañan, son de gran
importancia.

d.
Fenómenos accidentales y fenómenos
deseados

La conciencia puede estructurarse en distintas formas
variando por acción de estìmulos puntuales
(internos y externos), o por situaciones complejas que operan de
modo no querido, de modo accidental. La conciencia es
"tomada"[25] en una situación en que la
reversibilidad y la autocrítica practicamente quedan
anuladas. En el caso que nos ocupa, la "inspiración"
irrumpe en mecanismos y niveles, actuando a veces, de un modo
menos evidente como "trasfondo" de conciencia. Por otra parte,
también la angustia, la náusea, el asco y otras
configuraciones pueden manifestarse subitamente o mantenerse como
trasfondo mental más o menos prolongado. Ejemplificando:
cuando accidentalmente, levanto una piedra y en ella descubro el
bullir de minúsculos insectos que pueden pegarse a mi
mano, que me pueden invadir, experimento repulsión hacia
esa vida informe que me acomete. Tambien registro una sorda
aversión cuando percibo algo pegajoso, húmedo y
tibio que avanza hacia mí. Pero la reacción
inmediata va más allá del reflejo motriz que
responde a lo peligroso, ya que me compromete visceralmente
provocando un rechazo que puede terminar en el reflejo de asco,
en la arcada, en la salivación excesiva de mi boca y en el
extraordinario registro de la distancia que se ha "acortado"
entre yo y el objeto, o entre yo y la situación asquerosa.
Ese acortamiento del espacio en la representación, pone al
objeto en un tipo de existencia que le permite "tocarme" e
"introducirse" en mi, suscitando la arcada como rito de
expulsión desde mi intracuerpo. Es tan poco real el
"acercamiento" mencionado, como el reflejo de arcada que le
corresponde. Por eso, la relación entre el objeto
asqueroso y la respuesta de la arcada toman
características propias fuera de los objetos reales en
juego. Se convierten en un ritual en el que objeto y acto forman
una estructura particular, la estructura del asco. También
ocurre esa configuración accidental de conciencia ante un
objeto moral o esteticamente repugnante, como es el caso de una
novela plagada de ingeniosidad artificiosa, de juegos de
palabras, de sensiblería tibia, dulzona y cargada de
vitalidad difusa. Todo eso temina provocando la defensa visceral
que evita una "invasión" profunda de mi cuerpo. Estas
estructuras de conciencia comprometen mi unidad, afectando no
solamente ideas, emociones, o reacciones motrices, sino mi
totalidad somática.

Creo oportuno hacer aquí una pequeña
digresión. Es posible considerar configuraciones de
conciencia avanzadas en las que todo tipo de violencia provocara
repugnancia con los correlatos somáticos del caso. Tal
estructuración de conciencia no violenta podría
llegar a instalarse en las sociedades como una conquista cultural
profunda. Esto iría más allá de las ideas o
de las emociones que debilmente se manifiestan en las sociedades
actuales, para comenzar a formar parte del entramado psico
somático y psico social del ser humano.

Volviendo a nuestro cauce. Hemos reconocido estructuras
de conciencia que se configuran accidentalmente. También
observamos que ocurren configuraciones que responden a deseos, o
a planes de quien se "pone" en una particular situación
mental para hacer surgir el fenómeno. Desde luego, tal
cosa a veces funciona y a veces no, como ocurre con el deseo de
inspiración artìstica, o con el deseo de
enamoramiento. La conciencia inspirada, o mejor aún, la
conciencia dispuesta a lograr inspiración se muestra en la
Filosofía, en la Ciencia, en el Arte, y también en
la vida cotidiana con ejemplos variados y sugestivos. Sin
embargo, es en la Mística especialmente donde la
búsqueda de inspiración ha hecho surgir
prácticas y sistemas psicológicos que han tenido y
tienen desparejo nivel de desarrollo.

Reconocemos a las técnicas de
"trance"[26] como pertenecientes a la
arqueología de la inspiración mística.
Así, al trance lo encontramos en las formas más
antiguas de la magia y la religión. Para provocarlo, los
pueblos han apelado a la preparación de
bebidas[27]de vegetales más o menos
tóxicos y a la aspiración de humos y
vapores[28]Otras técnicas más
elaboradas, en el sentido de permitir al sujeto controlar y hacer
progresar su experiencia mística, se han ido depurando a
lo largo del tiempo. Las danzas rituales, las ceremonias
repetitivas y agotadoras, los ayunos, las oraciones, los
ejercicios de concentración y meditación han tenido
considerable evolución.

e. El
desplazamiento del yo. La suspensión del
yo

La sibila de Cumas, no queriendo ser tomada por la
terrible inspiración se desespera y retorciéndose,
grita: "¡Ya viene, ya viene el dios!" . Y al dios Apolo le
cuesta poco bajar desde su bosquecillo sagrado hasta el antro
profundo, en donde se apodera de la
profetiza[29]En este caso y en diferentes
culturas, la entrada al trance ocurre por interiorización
del yo y por una exaltación emotiva en la que está
copresente la imagen de un dios, o de una fuerza, o de un
espíritu, que toma y suplanta la personalidad humana. En
los casos de trance, el sujeto se pone a disposición de
esa inspiración que le permite captar realidades y
ejercitar poderes desconocidos para él en la vida
cotidiana[30]Sin embargo, leemos a menudo que el
sujeto hace resistencia y hasta lucha con un espíritu o un
dios tratando de evitar el arrebato en unas convulsiones que
hacen recordar a la epilepsia, pero eso es parte de un ritual que
afirma el poder de la entidad que doblega la voluntad
normal[31]

En Centroamérica, el culto del Vudú
haitiano[32]nos permiten comprender
técnicas de trance que se realizan con danzas apoyadas con
pócimas producidas en base a un pez
tóxico[33]En Brasil, la
Macumba[34]nos muestra otras variantes
místicas del trance logradas mediante danzas y apoyadas
con una bebida alcohólica y tabaco.

No todos los casos de trance son tan vistosos como los
citados. Algunas técnicas indias, las de los "yantras",
permiten llegar al trance por interiorización de
triángulos cada vez más pequeños en una
figura geométrica compleja que ocasionalmente, termina en
un punto central. También, en la técnica de los
"mantrams", por repetición de un sonido profundo que el
sujeto va profiriendo, se llega al ensimismamiento. En esas
contemplaciones visuales o auditivas, muchos practicantes
occidentales no tienen éxito porque no se preparan
afectivamente limitándose a repetir figuras o sonidos sin
interiorizarlos con la fuerza emotiva o devocional que se
requiere para que la representación cenestésica
acompañe al estrechamiento de la atención. Estos
ejercicios se repiten tantas veces como sea necesario hasta que
el practicante experimente la sustitución de su
personalidad y la inspiración se haga plena.

El desplazamiento del yo y la sustitución por
otras entidades puede ser verificado en los cultos mencionados y
hasta en las más recientes corrientes Espíritas. En
estas, el "médium" en trance es tomado por una entidad
espiritual que sustituye a su personalidad habitual.

No ocurre algo tan diferente con el trance
hipnótico cuando el sujeto interioriza profundamente las
sugestiones del operador, llevando la representación de la
voz al "lugar" que normalmente ocupa el yo habitual. Desde luego,
para ser "tomado" por el operador, el sujeto debe ponerse en un
estado receptivo de "fe" y seguir sin dudar las instrucciones
recibidas [35]Este punto muestra una
característica importante de la conciencia. Estamos
diciendo que mientras se realiza una operación
vigílica atenta, aparecen ensueños que a veces
pasan inadvertidos o terminan por desviar la dirección de
los actos mentales que se llevaban a cabo. El campo de
copresencia actúa siempre aunque los objetos de conciencia
presentes se muestren en el foco atencional. La gran cantidad de
actos automáticos que se realizan en vigilia muestra esta
aptitud de la conciencia para realizar diferentes trabajos
simultáneos. Ciertamente, la disociación puede
alcanzar cotas patológicas pero también se puede
manifestar con fuerza en casi todos los fenómenos de
inspiración. Por otra parte, el desplazamiento del yo
puede no ser completo en el trance espírita o la hipnosis,
como se comprueba en la llamada "escritura automática" que
se efectúa sin tropiezos aunque la atención del
sujeto esté puesta en el diálogo o en otras
actividades. Con frecuencia, encontramos esta disociación
en la "critografía" en que la mano dibuja mientras el
sujeto desarrolla una conversación telefónica muy
concentrada.

Avanzando hacia el ensimismamiento, podemos llegar a un
punto en que los automatismos queden superados y ya no se trate
de desplazamientos ni sustituciones del yo. Tenemos a mano el
ejemplo que nos da la práctica de la "oración del
corazón" realizada por los monjes ortodoxos del monte
Athos[36]La recomendación de Evagrio
Pontico[37]resulta muy adecuada para eludir las
representaciones (por lo menos las de los sentidos externos): "No
imagines la divinidad en ti cuando oras, ni dejes que tu
inteligencia acepte la impresión de una forma cualquiera;
mantente inmaterial y tú comprenderás". En grandes
trazos, la oración funciona así: el practicante en
retiro silencioso se concentra en su corazón y tomando una
frase corta inhala suavemente llevando la frase con el aire hasta
el corazón. Cuando ha terminado la inhalación,
"presiona" para que llegue más adentro. Después va
exhalando muy suavemente el aire viciado sin perder la
atención en el corazón. Esta práctica era
repetida por los monjes muchas veces al día hasta que
aparecían algunos indicadores de progreso como la
"iluminación" (del espacio de representación).
Siendo precisos, hemos de admitir el pasaje por el estado de
trance en algún momento de las repeticiones de las
oraciones usadas. El pasaje por el trance no es muy diferente al
que se produce en los trabajos con los yantras o mantrams, pero
como en la práctica de la "oración del
corazón", no se tiene la intención de ser "tomado"
por entidades que reemplacen la propia personalidad, el
practicante termina superando el trance y "suspendiendo" la
actividad del yo. En este sentido, en las prácticas del
Yoga se puede pasar también por distintos tipos y niveles
de trance, pero se debe tener en cuenta lo que nos dice
Patanjali[38]en el Sutra II del Libro I : " el
yoga aspira a la liberación de las perturbaciones de la
mente", La dirección que lleva ese sistema de
prácticas va hacia la superación del yo habitual,
de los trances y de las disociaciones. En el ensimismamiento
avanzado, fuera de todo trance y en plena vigilia se produce esa
"suspensión del yo" de la que tenemos indicadores
suficientes. Es evidente que ya desde el principio de su
práctica, el sujeto se orienta hacia la
desaparición de sus "ruidos" de conciencia amortiguando
las percepciones externas, las representaciones, los recuerdos y
las espectativas. Algunas prácticas del
yoga[39]permiten aquietar la mente y colocar al yo
en estado de suspensión durante un breve lapso.

Partes: 1, 2

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