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David Bohm, un físico heterodoxo



Partes: 1, 2

  1. Niñez y
    juventud
  2. La guerra y sus
    primeros trabajos
  3. Problemas
    políticos
  4. Publicación
    de Quantum Theory y el artículo sobre las variables
    ocultas
  5. Exilio en Brasil y
    mal recibimiento a su teoría
  6. Estancia en Israel
    y matrimonio
  7. Definitivamente en
    Europa
  8. Relación con
    Krishnamurti
  9. Sobre el
    diálogo y últimos
    años
  10. Bibliografía

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J. C. Ruiz Franco

http://www.jcruizfranco.es

Niñez y
juventud

David Bohm nació el 20 de diciembre de 1917 en
Wilkes-Barre, Pennsilvania, Estados Unidos, una pequeña
ciudad cuya principal ocupación por aquella época
era la minería. Sus padres, de origen judío,
procedían de Europa: el padre, Samuel, de la ciudad
húngara de Munkacs, y la madre, Frieda, de Lituania. El
apellido originariamente no era Bohm, sino Düm, pero al
llegar el padre al país, un agente de inmigración
se lo cambió porque dim significa
"estúpido" en inglés. Samuel se estableció
en Wilkes-Barre con los Popky, originarios de Lituania, y el
cabeza de familia, Harry, pronto consiguió que se
prometiera con su hija, Frieda, que desde su llegada a
Norteamérica tenía problemas mentales que debieron
comenzar con su falta de dominio del idioma y el consiguiente
aislamiento. Además de casarle con su hija, Harry Popky
traspasó a su yerno una tienda-almacén de
muebles.

Samuel era bastante inteligente, el negocio pronto
prosperó, y en 1917 nació el primer hijo del
matrimonio, David, y cuatro años después el
segundo, Robert. Frieda, cuyo trastorno iba en aumento, se
mostró incapaz de llevar la casa y la responsabilidad
recayó sobre su madre, Hanna, quien se hacía cargo
de las comidas y de la limpieza. Pero la señora
murió pronto y a partir de entonces fue Samuel quien tuvo
que dar de comer a sus hijos y prepararlos para que se marcharan
al colegio cada mañana. Mientras tanto, Frieda se
encontraba en un estado de depresión que en ocasiones
devenía en agitación o clara violencia. A pesar de
su inestabilidad, David quería a su madre y se
sentía más cercano a ella que a su padre, quien le
parecía excesivamente preocupado por el dinero y por los
aspectos materiales de la vida. Esa cercanía y el hecho de
que ella mostrara una preocupación neurótica cada
vez que David salía de casa, hizo que éste
desarrollara una personalidad pesimista y que tuviera una
preocupación enfermiza por su salud. Poco a poco, debido a
la personalidad neurótica de la madre y a las aventuras
amorosas del padre, el ambiente familiar se fue haciendo cada vez
más insoportable.

Cuando tenía diez años, David
descubrió el mundo de la ciencia gracias a una historia de
ciencia ficción que leyó en una revista. En el
colegio, que en general sentía como un lugar represivo, le
gustaba estudiar astronomía. Desde muy pequeño
salía a caminar por los bosques y los montes, sitios donde
su mente se expandía y lograba olvidarse del mal ambiente
familiar. En lo que respecta a los juegos con sus amigos, siempre
tuvo problemas de coordinación y de expresión
corporal que le hacían muy difíciles las
actividades físicas. Se resarcía inventando
historia científicas y construyendo pequeños
artilugios; su padre se burlaba de esas pretensiones, y en cambio
elogiaba el amor por los deportes del hermano, Bobby. Samuel
quería que sus hijos se dedicaran al mismo negocio que
él, pero David rechazaba su inclinación por el
dinero, lo material y lo meramente práctico. En cualquier
caso, tal como sucede con todos los hijos, deseaba la
aprobación de su padre, así que su objetivo era
demostrarle que la ciencia podía ser útil y que la
gente normal podía entender incluso las ideas
científicas más complejas. Lo conseguiría en
una fecha tan tardía como 1950, con treinta y tres
años, cuando publicó su libro Quantum
Theory
y recibió un homenaje en su honor en
Princeton.

En 1929 llegó la Gran Depresión, y
además las calderas neoyorquinas comenzaron a alimentarse
con aceite, en lugar de con carbón procedente de las
minas. La consecuencia fue que Wilkes-Barre sufrió un
marcado empobrecimiento y malestar social, lo cual
despertó el interés de David por la
política; unos años después comenzó a
leer periódicos de tendencia izquierdista. Cuando los
demás jóvenes leían comics y revistas de
deporte, él leía libros de texto de ciencia. Lo que
más le interesaban eran las demostraciones: le asombraba
ver que la mente humana podía crear patrones
lógicos puramente abstractos, aplicables al mundo
real.

A Samuel no le gustaba mucho el amor de su hijo por la
ciencia, pero con gusto pagó sus estudios superiores en el
Pennsylvania State College. Allí David se dio cuenta de
que se daba más importancia a asignaturas prácticas
como la ingeniería o la química, y que el
departamento de física apenas contaba con recursos. De
hecho, la física no se tomó muy en serio en los
Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX. Lo
que tuvo que hacer para recibir la formación que él
deseaba fue leer por su cuenta, y esas lecturas le proporcionaron
la base necesaria para rendir al máximo al cursar sus
estudios de postgrado. Su ciencia favorita ya era la
física, y era durante sus largos paseos cuando mejor
reflexionaba sobre temas científicos, gracias a la
oxigenación que le proporcionaba estar al aire
libre.

En esta época terminó por apasionarse por
la política. Creía que era necesaria una sociedad
totalmente nueva, pero que debía conseguirse mediante
procedimientos racionales, con el uso de la ciencia. Ya se
inclinaba por el comunismo, pero aún no estaba convencido
del todo porque no aprobaba los métodos violentos para
conseguir el poder.

Se graduó en ciencias en 1939 y decidió
cursar sus estudios de postgrado en el California Institute of
Technology (Caltech), lo cual pudo hacer gracias a una beca que
le ofreció su universidad de origen. Su nuevo centro de
enseñanza le decepcionó porque había
exámenes todo el tiempo y el ambiente era muy competitivo;
no había espacio para la creatividad y el pensamiento,
sino que todo consistía en resolver problemas. Esto le
hizo sentirse muy deprimido, aunque pudo rendir al máximo
sin dificultades. Para hacernos una idea de su buena
disposición para la física teórica, podemos
recordar que en 1936 Arthur Eddintong publicó
Relativity Theory of Protons and Electrons, con una
teoría unificada para la relatividad y el mundo de las
partículas elementales y que, dado que el libro era
excesivamente matemático, David logró elaborar una
versión no matemática de la
teoría.

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David Bohm

En su segundo año David debía realizar su
primer proyecto de investigación, pero le adjudicaron un
tema que debía resolverse de un modo puramente
mecánico. Esto no le agradaba en absoluto, así que
decidió buscar un centro de enseñanza más
acorde con sus inclinaciones. Le recomendaron la escuela de
física teórica que Oppenheimer había
establecido en el campus de Berkeley de la Universidad de
California. Tuvo una entrevista con Oppenheimer e ingresó
en Berkeley gracias a una beca, que por otra parte no era
excesivamente generosa. Pero eso le tenía sin cuidado, ya
que por fin había encontrado el lugar de estudios
soñado. Había una gran amplitud de intereses, el
ambiente era relajado y se sentía fascinado por la figura
de Oppenheimer, quien había estudiado y trabajado con los
mejores físicos de la vieja Europa. Cuando llegó el
momento de iniciar su proyecto de investigación,
Oppenheimer le sugirió que estudiara lo que sucede al
colisionar protones con deuterones. Era un tema que le
interesaba, y lo expuso satisfactoriamente en un seminario que
ofreció. Sin embargo, poco después comenzó a
desvalorizar su trabajo, cayó en una profunda
depresión que duró casi un año, no fue capaz
de proseguir su trabajo creativo y buscó ayuda
psiquiátrica. Oppenheimer se sintió decepcionado,
posiblemente porque se tomó ese menosprecio de David hacia
sí mismo como una afrenta personal, una especie de rechazo
del proyecto que él mismo había elegido. Fue en
esta época cuando Bohm comenzó a ver a Oppenheimer
de forma distinta: solía elogiar a los recién
llegados, haciéndoles creer que tenían mucho
talento, hasta que en algún seminario les hacía un
comentario crítico, con un desdén que era en
realidad desprecio hacia su persona y que les dejaba paralizados.
No obstante, siguió considerándole una figura
paterna.

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Robert Oppenheimer

Meses después mejoró e incluso
empezó a interesarse por las mujeres. Hasta ese momento,
sus compañeros le consideraban más bien asexual. Su
problema era su falta de experiencia y su timidez, no una falta
de deseo sexual. También en esta época se hizo
amigo de algunos de los estudiantes de Oppenheimer; por ejemplo,
Richard Feynman, Rossi Lomanitz y Joe Weinberg. Con éste
solía debatir sobre teoría cuántica.
Weinberg insistía en la corrección de la
teoría y de la interpretación de Niels Bohr; David,
por su parte, estaba convencido de la precisión de sus
predicciones, pero mantenía reservas sobre el enfoque en
general, que le parecía poco satisfactorio.

En esta época comenzó a estudiar las obras
de Marx y Engels. Había un ambiente político muy
intenso y algunos estudiantes se alistaron en las Brigadas
Internacionales que defendieron a la república en la
Guerra Civil española. El mismo Oppenheimer tuvo
relación con intelectuales de izquierda, especialmente
comunistas, y donó fondos al partido comunista. En
noviembre de 1942, Bohm ingresó en el partido comunista,
pero muy pronto le aburrieron los largos debates y las
interminables reuniones, de modo que sólo fue miembro
durante nueve meses. Aunque dejó de pertenecer al partido,
siguió estudiando a Marx, Engels y Lenin. El marxismo le
parecía una filosofía realmente holística,
basado en la dialéctica, un movimiento dinámico por
el que nada permanece fijo. Creía que si la sociedad se
organizara según lo postulado por Marx, todas las acciones
serían racionales y todos se beneficiarían.
También creía que si en la Unión
Soviética no se había llegado a una
situación ideal era por los ataques que sufría: con
el tiempo mostraría al mundo una sociedad mejor. Los
relatos de las matanzas y los campos de concentración de
Stalin los atribuía a la prensa capitalista, aunque
más difícil era justificar el pacto de no
agresión acordado con la Alemania nazi.

La guerra y sus
primeros trabajos

En septiembre de 1939 estalló la Segunda Guerra
Mundial, y después del bombardeo japonés a Pearl
Harbour los Estados Unidos entraron en la contienda. Convencidos
de que los alemanes podían utilizar la energía
atómica para construir una potente bomba, los aliados
inauguraron el Proyecto Manhattan para la construcción de
un arma nuclear y Oppenheimer fue nombrado director
científico del mismo, a pesar de su tendencia izquierdista
y del temor, por parte de las autoridades, de que hubiera
filtraciones a la Unión Soviética. Por eso, desde
el principio, Oppenheimer fue sometido a vigilancia.
También se creía que en el Radiation Laboratory,
uno de los centros que participaba en el proyecto y que se
encargaba de obtener el isótopo U-235, el único
activo del uranio para construir una bomba atómica,
había una célula comunista dedicada al espionaje en
favor de los rusos. Rossi Lomanitz era el principal sospechoso
por haber organizado la rama de un sindicato de
científicos, pero también lo eran Bohm y Joe
Weinberg. La investigación que Bohm estaba haciendo sobre
protones y deuterones era útil para el Proyecto Manhattan,
razón por la que le negaron el acceso a su propio trabajo
y no le permitieron defender su tesis. Para cumplir el
expediente, Oppenheimer certificó que Bohm había
realizado con éxito la investigación y se le
concedió el doctorado en 1943.

En esta época Bohm comenzó a trabajar en
la física de los plasmas y descubrió que los
electrones apartados de los átomos no se comportan como
partículas individuales separadas, sino como parte de un
todo organizado y de mayor entidad. Grandes cantidades de
electrones producían efectos altamente organizados, como
si algún proceso orgánico dirigiera su
comportamiento colectivo. Pensaba que esos movimientos
colectivos, actualmente conocidos como "difusión de Bohm"
daban la impresión de que el conjunto de electrones estaba
vivo de algún modo. Los plasmas eran para él una
metáfora perfecta de la sociedad: están hechos de
partículas, cada una de las cuales se desplaza
individualmente con su propio movimiento; pero hay una
relación sutil entre cada partícula y el plasma en
su conjunto, lo mismo que sucedería en una sociedad
marxista ideal. Las sociedades humanas, igual que los plasmas,
son una síntesis de opuestos, lo que permite tanto la
libertad del individuo como el colectivismo del conjunto. Para
él, política y física eran inseparables, y
ciencia, sociedad y conciencia humana eran aspectos de un
conjunto de mayor entidad. Además de –o a pesar
de– estar influido por sus ideas políticas, su
trabajo sobre los plasmas pudo ofrecer una descripción
matemática completa de los mismos. Prosiguió este
creativo trabajo cuando, una vez finalizada la guerra,
Oppenheimer volvió al departamento de física de
Berkeley y Bohm regresó a su lado.

También realizó un estudio sobre la
superconductividad del que quería redactar un
artículo. Se lo explicó a Oppenheimer, pero
éste le dijo que no merecía la pena. A pesar de
ello, escribió el artículo; pero el informe del
árbitro fue negativo, así que no se molestó
en revisarlo para su publicación. De tocas formas, algunos
físicos llegaron a conocerlo; por ejemplo, John Wheeler,
que había sido asistente de Einstein. Wheeler,
impresionado por el trabajo, ofreció a Bohm un puesto de
profesor asistente en Princeton, en 1947. Al saber que
Oppenheimer iba a ser el director del Instituto para los Estudios
Avanzados de Princeton, aceptó la oferta.

Al principio no le gustó el ambiente de Princeton
y su estilo de enseñanza era bastante deficiente, debido a
su timidez; no obstante, los alumnos le encontraron más
accesible que a los demás profesores. Volvió a los
problemas de la superconductividad y se afianzó en su
enfoque de que no le satisfacía resolver problemas, que
deseaba considerar la física en su conjunto y desarrollar
teorías más radicales. Expresó sus
inquietudes a Oppenheimer, quien no mostró ningún
interés y le sugirió que siguiera las tendencias
convencionales. Su compañero Victor Weisskopf, queriendo
darle un consejo, le dijo que los colegas a veces se preguntaban
si no se estaría volviendo un poco loco. Bohm, enfadado,
le contestó que no quería pasarse la vida haciendo
cálculos de manera masoquista. Comenzaba a darse cuenta de
que no pertenecía a la corriente convencional de la
física. En ella, tal como decía John von Neumann,
todo estaba organizado como una iglesia, con un Papa –Niels
Bohr–, cardenales y obispos, de forma jerarquizada. Frente
a esta situación, Bohm decidió seguir su propio
camino.

Logró tener un grupo de amigos con el que charlar
y relajarse. La mujer de uno de ellos, Miriam Yevick, que se
dedicaba a las matemáticas, se convirtió en su
amante. La calidez de esta mujer contrarrestaba la tendencia de
Bohm a la depresión y la ansiedad; también
compartían ideas políticas. Miriam se separó
de su marido, pero no quiso divorciarse.

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Albert Einstein

Su trabajo en física siguió progresando,
de nuevo en el ámbito los plasmas, en colaboración
con Eugene Gross y David Pines. Decidió escribir un libro
sobre teoría cuántica, en parte porque la comunidad
de físicos parecía despreciar las cuestiones
filosóficas y preocuparse sólo por demostrar su
habilidad matemática. De nuevo Oppenheimer le
comentó que la tarea era una pérdida de tiempo e
incluso criticó directamente el libro, una vez publicado.
En esta época –finales de los años
cuarenta–, Bohm tuvo una relación amorosa con Hanna
Loewy, que había estudiado filosofía, por lo que
pudo ayudarle en la elaboración del libro. El objetivo de
la obra era explicar la teoría cuántica de forma
simple, clara y concisa, a pesar de las dificultades que
conllevaba ese ámbito de la física, especialmente
por la interpretación de Copenhague, elaborada por Bohr,
Born y Heisenberg, que no convencía a Bohm. El libro,
Quantum Theory, sigue siendo un clásico en este
campo. En él logra explicar la teoría
cuántica sin complicaciones matemáticas, y cuando
aparecen tienen un nivel no excesivamente complejo. Demuestra que
los resultados de la teoría cuántica pueden
describirse con el lenguaje de la física clásica y
explica la paradoja EPR (Einstein, Podolsky, Rosen) de una manera
más clara que sus propios autores. El libro tuvo
reseñas muy favorables y fue adoptado por varias
universidades como libro de texto. Wolfgang Pauli mostró
su conformidad y Einstein lo acogió muy bien, dijo que
nunca había visto explicada de un modo tan claro la
teoría cuántica, aunque afirmaba que seguía
sin aceptar la interpretación de Copenhague. Otro
beneficio añadido es que de las conversaciones con
Einstein tomó la inspiración para ofrecer una
alternativa a la interpretación de Copenhague de los
fenómenos cuánticos, que explicaremos más
adelante.

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Niels Bohr

Problemas
políticos

En 1950 comenzó la peor época de la vida
de David Bohm. Ya hemos dicho que, durante la guerra, los
servicios secreton creyeron que había una célula
comunista en el Radiation Laboratory de Berkeley. También
durante la guerra, Oppenheimer fue interrogado y dio los nombres
de David Bohm, Rossi Lomanitz, Bernard Peters y Joe Weinberg como
potencialmente peligrosos. Se llegó a sospechar que
alguien del laboratorio había pasado información a
Steve Nelson. El supuesto "científico X" supuestamente
habría copiado una fórmula para Nelson, quien
después se la habría entregado al vicecónsul
soviético, Peter Ivánov. La cuestión era
saber quién era el científico X, por lo que
Lomanitz, Bohm y Weinberg fueron puestos bajo vigilancia
constante

En 1946, Lomanitz había sido obligado a acudir a
un interrogatorio sobre el tema, pero Bohm, ya bien establecido
en Princeton en 1950, pensaba que ese tema estaba ya olvidado.
Sin embargo, el Comité de Actividades Antiamericanas
decidió descubrir qué había ocurrido en el
Radiation Laboratory durante la guerra, así que el 21 de
abril David recibió una citación para testificar;
Lomanitz también recibió otra. Decidió
comparecer ante el tribunal para evitar males mayores, y utilizar
la primera y la quinta enmiendas a la constitución para
defenderse (la primera garantiza la libertad de expresión
y la quinta el derecho a no incriminarse a sí mismo).
Después de dos aplazamientos, declaró el 25 de
mayo. Su abogado fue Clifford Durr, recomendado por Edward
Condon, un destacado personaje de la política
científica de aquella época que luchó contra
el acoso que tuvo que sufrir la comunidad de físicos. El
comité, en el que estaba presente Richard Nixon,
quería saber si se había pasado alguna
fórmula atómica secreta a los rusos. Bohm,
acogiéndose a las citadas enmiendas, no contestó
directamente a la pregunta de si había pertenecido al
partido comunista, ni tampoco a la de si conocía a Steve
Nelson. Dos días después, la Universidad de
Princeton publicó una declaración de apoyo hacia
él, afirmando que su trabajo era muy bueno y que se
había ganado el respeto de sus colegas. Volvió a
comparecer ante el tribunal el 10 de junio y la
investigación se pospuso hasta que se le volviera a
notificar. Bohm pensaba que el asunto se olvidaría y que
se podría dedicar tranquilamente a investigar. Pero el
ambiente político estaba enrarecido por la
fabricación soviética de la bomba atómica,
la detención de los espías Alger Hiss y Julius y
Ethel Rosemberg, y el comienzo de la guerra de Corea. Bohm y
Lomanitz fueron acusados por un juez federal, y el 4 de diciembre
nuestro protagonista fue arrestado. La fianza se fijó en
1.500 dólares y Bohm la pagó para evitar la
prisión. Mientras tanto, el presidente de la Universidad
de Princeton, Harold Dodds, le suspendió de su empleo como
profesor y de sus demás labores mientras no se celebrara
el juicio; la nota que recibió añadía que su
contrato expiraría en junio de 1951. Además,
recibió una carta prohibiéndole acudir al campus y
dar clase a sus estudiantes. La razón de estas medidas era
que las instituciones –entre ellas algunas
universidades– que recibían contratos de
investigación por parte del gobierno estaban deseosas de
demostrar su lealtad política. El presidente del
departamento de física le aseguró que
seguiría cobrando todo su sueldo, y una semana
después de su suspensión, treinta y ocho de los
cuarenta y siete estudiantes graduados del departamento firmaron
una carta de apoyo. El delito del que se le acusaba era desacato
al tribunal por haberse negado a contestar las preguntas sobre
Weinberg y Nelson, y se enfrentaba a la posibilidad de una
condena de cárcel. En el juicio, celebrado el 31 de mayo
de 1951, fue absuelto de todos los cargos. Sin embargo, la
universidad no anunció que se le restituyera su puesto, y
cuando en junio expiró su contrato no se lo renovaron. Era
evidente que la decisión era política;
además, los colegas de su departamento no hicieron
demasiado por apoyarle.

Publicación de Quantum Theory y el
artículo sobre las
variables ocultas

Una vez sin su trabajo en Princeton, Bohm buscó
trabajo en otra universidad o en algún laboratorio de
física, pero no lo logró por haber quedado
políticamente marcado. Einstein intentó que fuera
su asistente en el Instituto de Estudios Avanzados, pero
Oppenheimer le disuadió porque con ello
comprometería su propia posición. Trabajó
durante un breve tiempo para un pequeño laboratorio
industrial, pero era un empleo muy frustrante para él.
Esta fue una de las peores épocas de su vida y no
contrarrestó sus sufrimientos la exitosa
publicación de su libro Quantum
Theory
.

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Poco después de tener que renunciar a Princeton,
antes de decidir su futuro, comenzó a trabajar en otra de
sus grandes aportaciones a la física. Después de
haber estudiado la teoría cuántica en profundidad,
a Bohm, como marxista que era, le costaba abandonar la causalidad
clásica (la relación causa-efecto) en favor del
azar y la probabilidad que defienden Bohr y Heisenberg en la
interpretación de Copenhague, la dominante en el
ámbito de lo microscópico. Esta postura tiene dos
postulados básicos: la realidad coincide con la totalidad
de los fenómenos observados, lo que implica que la
realidad no existe en ausencia de observación, y la
mecánica cuántica es una descripción
completa de la realidad, sin la posibilidad de una
comprensión más profunda: cualquier
especulación sobre una realidad subyacente no tiene
sentido.

Bohm pensó si no sería posible que los
resultados probabilísticos de la teoría
cuántica se originaran a partir del movimiento subyacente
de otras partículas menores que las del nivel
cuántico, es decir, unas variables ocultas. Se
trataría, por tanto, de un nivel subcuántico de
carácter determinista que explicara el nivel
cuántico, no determinista y probabilista. Éste
podría explicarse de forma completamente causal y las
partículas seguirían caminos bien definidos.
Sustituiría la confusa interpretación de Copenhague
por otra más racional, que además sería
acorde con el programa marxista, su filosofía predilecta.
Toda su vida se lamentó de que a los físicos les
preocuparan principalmente los temas relacionados con la
predicción, en lugar ocuparse por buscar la verdad del
mundo.

Dicen de él Basil Hiley y David Peat, en
Quantum Implications – Essays in honour of David
Bohm
:

Cuando comenzó a estudiar física
seriamente, en repetidas ocasiones se sorprendió de lo
que, para una mirada superficial, parecían
fenómenos totalmente sin relación. A medida que
profundizaba en la subestructura de la materia y su movimiento,
la característica de una subestructura rica y altamente
interconectada se hacía más y más evidente.
Además, como bien observó Bohm, estas estructuras
más profundas parecían poseer propiedades que no
reflejaban la forma en que los físicos hablaban de la
materia. En la mecánica cuántica, por ejemplo,
parecía que esta interconexión era vital, y no
obstante la presentación habitual del asunto
parecía minimizar este aspecto de los
fenómenos.

Precisamente porque todas las teorías que
enunció a lo largo de su vida aportaban muy poco en
términos de predicción, la mayor parte de la
comunidad científica no se interesó por su trabajo
y le consideró más bien un bicho raro, en lugar de
un científico serio. Otra crítica que se le hizo
fue que sus teorías no eran parsimoniosas, en el sentido
de ese principio que dice que, a igualdad de condiciones, siempre
es preferible la teoría más simple. Bohm
contestó que la rígida adhesión a la navaja
de Occam implica imponer restricciones y puede servir para
ocultar una realidad más profunda, subyacente a los
fenómenos observados.

Los factores causales propuestos por Bohm
operarían en el ámbito que se encuentra entre la
distancia más pequeña detectable en los
experimentos físicos (del orden de 10-17 cm) y la
distancia menor, más allá de la cual el espacio
deja de tener sentido (10-33 cm). Entre estos dos ámbitos
se encuentra otro de una magnitud comparable a la diferencia de
tamaño entre nuestro mundo macroscópico ordinario y
la menor distancia detectable físicamente. Dado que no
tenemos conocimiento empírico de ese ámbito, no
podemos rechazar la posibilidad de que haya factores causales que
operen en él y que expliquen los fenómenos
cuánticos; es decir, lo que Bohm propone es una
explicación basada en la existencia de variables ocultas.
En cuanto a las predicciones del sistema, la alternativa de Bohm
es equivalente a la interpretación de Copenhague; la
diferencia consiste en la estructura profunda subyacente y en la
concepción filosófica de todo el conjunto. Con
ello, Bohm estaba desafiando la interpretación de
próceres de la ciencia como Bohr, Born, Heisenberg y
Schrödinger.

Decía Louis de Broglie en el prólogo a
Casuality and Chance in Modern Physics:

Es posible que en el futuro, examinando hasta un nivel
más profundo la realidad física, estaremos en
condiciones de interpretar las leyes de la probabilidad y la
física cuántica, como resultados
estadísticos del desarrollo de valores de variables
completamente determinados, que al prsente desconocemos. Puede
ser que los poderosos medios que empezamos a usar para
desintegrar la estructura del núcleo y para hacer que
aparezcan nuevas partículas, algún día nos
den un conocimiento directo, que ahora no tenemos, de este nivel
más profundo.

Escribió a algunos de los físicos
más destacados, y Louis de Broglie le contestó que
él había tenido una idea similar en 1927 y que la
había propuesto en la conferencia de Solvay;
también le explicó las objeciones que por aquel
entonces le había hecho Pauli. Teniendo todo esto en
cuenta, Bohm elaboró dos artículos que se
publicarían en 1952 en Physical Review ("A
Suggested Interpretation of the Quantum Theory in Terms of Hidden
Variables I" y la segunda parte del mismo
artículo).

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El senador Joseph
McCarthy

Exilio en Brasil
y mal recibimiento a su teoría

Esperando la publicación de su novedosa
teoría, su futuro laboral era incierto. Dos estudiantes
graduados en Princeton estaban trabajando en la universidad de
Sao Paulo, Brasil, así que les escribió para
preguntarles sobre la posibilidad de encontrar un puesto
allí. La respuesta fue satisfactoria y en agosto de 1951
pidió a Einstein una carta de recomendación para el
departamento de física de esa universidad; también
obtuvo una recomendación de Oppenheimer. Le aceptaron como
profesor, por lo que ya sólo quedaba la tarea de conseguir
el pasaporte, lo cual logró sin problemas. En octubre
partió para Sao Paulo, Brasil, donde llegó con muy
buen ánimo. No obstante, muy pronto se dio cuenta de que
ese país no era para él. La ciudad era muy ruidosa,
el clima era demasiado caluroso o demasiado frío, y la
política de la universidad era en ocasiones irritante.
Además, no lograba acostumbrarse a la comida y
sufrió diarreas e infecciones que tuvieron que ser
tratadas en un hospital.

Para colmo de males, a finales de noviembre
recibió la visita de un agente que le pidió que le
acompañara al consulado para registrar el pasaporte. Al
llegar allí, tras entregarlo, lo que hicieron fue
requisárselo, diciéndole que se lo
devolverían sólo si volvía a los Estados
Unidos. A continuación veremos que tuvo que renunciar a su
condición de ciudadano estadounidense; sólo mucho
después la recuperó, ya en 1986. Además,
pudo comprobar que le tenían bajo vigilancia, por lo que
evitó a las amistades con tendencia izquierdista, temiendo
que le deportaran para encarcelarle en su país.

Las primeras semanas de su estancia en Brasil las
pasó intentando informarse sobre la respuesta de la
comunidad científica a su artículo sobre las
variables ocultas. Temía que los grandes de la
física contestaran con el silencio, como si el asunto no
tuviera interés, y acertó casi por completo. El
primero en dar su opinión fue Feynman, con motivo de una
conferencia que fue a dar en Belo Horizonte: su impresión
fue buena, pero se trataba de un físico que, al contrario
de Bohm, sólo trabajaba en un tema cuando detectaba
algún problema en él. No era un físico de
teorías abstractas; por tanto, no trabajó en la
teoría propuesta por Bohm. Wolfgang Pauli, uno de los
padres de la cuántica, argumentó que, dado que no
se podían detectar las variables ocultas propuestas por
Bohm, la teoría no ofrecía nada nuevo, aunque fuera
consistente y con ella se obtuvieran los mismos resultados que
con la interpretación de Copenhague. Otros, como Bohr, no
se molestaron en leer los artículos y se limitaron a decir
que von Neumann había demostrado que la cuántica no
podía reducirse o transformarse a ninguna teoría
que utilizara variables ocultas. En realidad, esa supuesta
demostración no probaba nada, pero todos la tomaron como
definitiva. Leon Rosenfeld, asociado de Bohr en Copenhague, le
escribió en tono condescendiente, sin entrar a discutir
ningún punto en concreto. Además, se tomó el
asunto como si fuera algo personal –trabajando en favor de
su jefe, Niels Bohr– y movilizó a otros
físicos en contra de Bohm, solicitó a la revista
Nature que no publicara un artículo suyo y
recomendó a las editoriales que no tradujeran al
inglés uno de los libros de Louis de Broglie dedicado a la
interpretación causal de la teoría
cuántica.

Otros, como por ejemplo Eugene Gross, exigieron que Bohm
ofreciera resultados, que no se limitara a exponer una
teoría abstracta. Schrödinger, que ni siquiera
leyó el artículo, afirmaba que el modelo era
irrelevante. Por su parte, Einstein pensaba que lo propuesto por
Bohm parecía demasiado fácil para ser verdad. Max
Dresden, que trabajaba en Princeton, se tomó en serio la
propuesta de Bohm, pero Oppenheimer le contestó que se
trataba de un simple desviacionismo juvenil con el que no
merecía la pena perder tiempo. Cuando Dresden
ofreció un seminario sobre la teoría, los
compañeros de Princeton, en lugar de debatirla, rechazaron
la teoría de Bohm por tratarse de un marxista y un traidor
a su país. Oppenheimer dejó muy claro que
simplemente había que ignorarle. Efectivamente, Bohm fue
ignorado hasta el extremo de que las interpretaciones
alternativas a la teoría cuántica más
extrañas se explicaron en los libros de texto en las
décadas siguientes, y en cambio la suya no apareció
mencionada hasta los años noventa del siglo XX. Hay varias
interpretaciones de los fenómenos cuánticos, todas
ellas consistentes. La elección entre una u otra no
depende de razones científicas, y la interpretación
convencional, o de Copenhague, es la considerada canónica
porque fue la que postularon las grandes figuras de Bohr y
Heisenberg, no porque sea correcta y las demás no. James
Cushing estudió a fondo el tema y llegó a la
conclusión de que la interpretación de Copenhague
es la aceptada mayoritariamente no por algún mérito
intrínseco a la teoría, sino por contingencias
históricas. En cambio, el carácter de exiliado y de
marxista declarado, por parte de Bohm, fue la razón del
rechazo a su modelo.

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Wolfgang Pauli

Bohm sabía que la solución para que la
teoría consiguiera el reconocimiento que merecía
pasaba por viajar a Estados Unidos y Europa, ofrecer conferencias
y obligar a debatir a sus compañeros de profesión,
pero era algo que no podía hacer en su situación de
exiliado político y sin pasaporte. Pasó por unos
meses de depresión, pero pronto volvió a trabajar y
a elaborar nuevas ideas. Redactó su libro Causality
and Chance in Modern Physics
, donde expone su visión
dialéctica del universo, junto con la existencia de una
infinidad de niveles en él, con lo que ampliaba su
afirmación de un nivel subcuántico que explica los
fenómenos que aparentemente no obedecen a las leyes de la
causalidad. A este respecto, Bohm afirma que la visión
determinista y la visión
indeterminista-probabilística son las dos caras
inseparables de una estructura más extensa y profunda, del
universo en su totalidad, que escapa a esos intentos de
encerrarle en una fórmula de carácter
limitado.

En verano de 1952 comenzó a dar clases en
portugués, entabló amistad con otros profesores de
tendencia izquierdista y se sintió sorprendido por el
ambiente anticomunista del gobierno y de algunos sectores de la
universidad. Su trabajo recibió un nuevo impulso cuando de
Broglie envió a su asistente, Jean-Pierre Vigier, a que
trabajara con Bohm y que después le presentara informes
sobre sus resultados. En especial, se dedicaron a contestar la
principal objeción de Pauli: que la teoría causal
de la teoría cuántica no aportaba nada nuevo. La
idea era ampliar la teoría hasta que sus predicciones
pudieran confrontarse con las de la teoría cuántica
convencional. Sin embargo, no pudieron dar con esos resultados
que le exigían sus críticos. La elección
entre su modelo y el convencional, la interpretación de
Copenhague, se convertía, por tanto, en una
cuestión filosófica.

Recuperó el buen ánimo y el entusiasmo por
el trabajo, e incluso pensó en tener una relación
sentimental, pero las mujeres brasileñas de aquella
época deseaban llegar vírgenes al matrimonio.
Cuando Vigier se marchó, se sintió un tanto
abatido, pero poco después llegó el físico
Mario Schönberg, que había estado en la cárcel
por sus actividades comunistas. A pesar de su difícil
carácter, hicieron muchas cosas juntos. También
recibió la visita del filósofo de la ciencia
argentino Mario Bunge, quien permaneció con él casi
un año.

Estancia en
Israel y matrimonio

En 1954, en pleno auge del macartismo y la paranoia
anticomunista, Oppenheimer tuvo que comparecer ante un jurado por
su antiguo pasado comunista y Joe Weinberg fue acusado de
espionaje, ya que se decidió que él había
sido el científico X que había pasado secretos a
los soviéticos. El ambiente en Brasil tampoco era muy
bueno, así que Bohm tomó la decisión de
marcharse a otro sitio. Pensó en trasladarse a Israel, al
Technion de Haifa, pero no tenía pasaporte. Dado que no le
convenía remover sus antiguos problemas, la única
opción era convertirse en ciudadano brasileño, y
como tal partir para Israel. Así hizo en enero de 1955,
haciendo escala en Argentina para conversar con Mario Bunge.
También hizo escala en París, donde pasó
tres semanas con de Broglie y Vigier.

Al poco de llegar a Israel, Bohm conoció a Sarah
Woolfson, una fisioterapeuta que había acudido a ese
país para trabajar como voluntaria en un hospital y que
decidió quedarse allí porque le encantó su
nueva ocupación. Congeniaron bien, muy pronto se fueron a
vivir juntos y se casaron en 1956. Desde el principio fue una
buena influencia para David, ya que el optimismo de ella
sirvió para contrarrestar el carácter depresivo y
ansioso de nuestro físico. Además, gracias a Sarah
por fin pudo comer buena comida y librarse de sus problemas
gástricos.

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David y Sarah Bohm, ya en su
vejez

En 1957, en colaboración con su alumno Yakir
Aharonov, elaboró una nueva versión de la paradoja
Einstein-Podolsky-Rosen (EPR). En ese mismo año,
después de un viaje a Gran Bretaña, logró un
puesto de profesor en la Universidad de Bristol. Bohm
decidió marcharse de Israel porque allí el ambiente
científico no era demasiado bueno; en cambio, en Europa se
encontraría cerca de las grandes figuras de la
física.

Definitivamente
en Europa

En 1959, de nuevo en colaboración con Aharonov,
descubrieron el efecto que lleva el nombre de los dos. En 1961 le
nombraron profesor de física teórica en el Birkbeck
College, de la Universidad de Londres, donde permaneció
hasta su jubilación y donde fue después profesor
emérito hasta su fallecimiento. En 1990 fue nombrado
miembro de la Real Sociedad Científica
Británica.

En lo que respecta a la filosofía, Bohm
sufrió una crisis cuando se hicieron públicos los
abusos, matanzas y deportaciones de Stalin. Si bien al principio
no podía creer lo que le contaban sobre el país que
intentaba poner en práctica los postulados marxistas, poco
a poco fue aceptando la realidad. La consecuencia fue que
abandonó el marxismo por sistemas más idealistas,
como por ejemplo el de Hegel; posteriormente se aproximó a
tendencias espirituales, como la de Krishnamurti, y a algunas
teorías propias de la New Age. En cuanto a su actividad
científica, aunque siguió practicando y
enseñando física, Bohm se inclinó por
posturas cada vez más heterodoxas. Lo cierto es que
nuestro protagonista a veces pecaba de crédulo e ingenuo.
Por ejemplo, llevaba con él una llave doblada por Uri
Geller, como si fuera una reliquia. Además, creía
firmemente en los poderes telequinéticos del
israelí. Cuando perdía la llave, lo achacaba a los
poderes de Geller, y cuando volvía a encontrarla de nuevo
creía que se trataba de otro evento paranormal.

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